Blog ciencia-ficción

Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

Universo de pocos

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sábado, 14 de mayo de 2016

"Inversiones" de Iain M. Banks

Inversiones de Iain M. Banks El primer libro que leí de Banks fue La fábrica de las avispas, un libro impactante que me gustó tanto que me empujó a hacerme con todo lo que se podía encontrar traducido del autor escocés en España. Novelas como Pasos sobre el cristal, El puente (mi preferido después de La fabrica...) Un jardín de piedra, etc. fueron cayendo ante mis ávidos ojos, mientras no podía creerme que hubiera encontrado semejante filón literario. Entre lectura y lectura, en algún momento, no sé exactamente cuando, supe que Banks además escribía ciencia-ficción. Aquello parecía un sueño hecho realidad, sin embargo, como suele ocurrir a menudo el destino no pone las cosas fáciles y para entonces las novelas de ciencia ficción que se habían publicado de Banks estaban descatalogadas. Años después, cuando volvieron a ser editadas por "La Factoría de Ideas", mi entusiasmo por Banks se había templado tras la decepción que supuso El Negocio o el poco interés que me habían suscitado sus últimas novelas mainstream publicadas en España. Tampoco ayudaron a avivar la vieja pasión el hecho de que la mayoría de las novelas de ciencia-ficción de Banks pertenecieran a una serie, la de La Cultura.
 
Al parecer Banks había escrito varias de estas novelas con anterioridad a La fábrica de las avispas aunque no consiguió publicarlas. Pensó que tendría más posibilidades con una novela fuera del género y con esa intención escribió La Fábrica de las avispas. Lo curioso es que la concibió como si se tratara de una obra de ciencia-ficción protagonizada no por un alienígena sino por un adolescente perturbado que vive en una isla en lugar de en otro planeta. La novela fue un éxito rotundo y Banks consiguió su propósito de ver publicadas sus otras obras, aunque tuvo que añadir a su nombre una M y convertirse en Iain M. Banks para distinguir su carrera como escritor de género de la de escritor mainstream.
 
La primera novela de ciencia-ficción que leí de Banks fue El Artefakto y he de reconocer que se me atragantó lo suficiente como para que pospusiera mi primer contacto con La Cultura varios años más. Con El jugador, ya perteneciente a la serie, Banks volvió a conquistarme. Se dice que esta obra e Inversiones son las novelas menos representativas de la serie.
 
La verdad es que si la portada no indicara que Inversiones pertenece a La Cultura yo no me habría dado cuenta de ello. El mundo en el que se desarrolla la historia consta de dos soles, también se mencionan algunos animales desconocidos... todo esto nos hace comprender que lo que se cuenta no transcurre en un lejano pasado de la Tierra que se asemeja a la Edad Media sino en otro planeta. Sin embargo, aunque su pertenencia a La Cultura apenas se perciba en la narración, este dato es importante para poder interpretar los hechos, sobre todo en su conclusión. La novela tiene dos partes que se intercalan capítulo a capítulo. Una de ellas está narrada por Oelph, ayudante de la doctora Vossil, médico del rey de Haspidus. A pesar de la admiración que Oelph siente por su mentora, trabaja para alguien al que se refiere como Amo, quien, como muchos otros miembros de la corte, parece desconfiar de la doctora. La otra parte está protagonizada por DeWar, fiel guardaespaldas del Urleyn, protector de Tassasen. La relación que existe entre estas dos tramas aparentemente inconexas y entre Vossil y de DeWar se va infiriendo poco a poco de una manera muy sutil pero muy eficaz gracias al buen trabajo de Banks. Generalmente las intrigas palaciegas suelen aburrirme, pero Banks con su elaborada composición de personajes consigue cautivarme. Quizás haya un exceso de secundarios muy parecidos entre sí que con sus alambicados nombres no facilitan el trabajo al lector.
 
Su apariencia de fantasía medieval no debe engañar a los posibles lectores. Nada tiene que ver con otras novelas de género heroico-fantástico tan de moda últimamente. Aquí no encontrarán grandes batallas, ni dragones, ni luchas encarnizadas a espada, Banks se inclina más por crear unos personajes de carne y hueso en un escenario delimitado, sin realizar esos grandes alardes de imaginación a los que nos tiene acostumbrados. Pienso que no sería difícil convertir Inversiones en una obra de teatro. Da la sensación de que quisiera demostrar que es capaz de escribir una novela de La Cultura más contenida y también más introspectiva. Seguramente no gustará a todos, sobre todo a los más acérrimos de la space-opera. Yo he disfrutado con la lectura de las dos bellas historias de amor y admiración que la componen. Iain Banks demuestra que es un gran escritor, capaz de hacer mucho con muy poco. Por suerte me quedan aún bastantes libros por leer de él. Habrá que darse prisa en comprarlos ahora que "La Factoría de Ideas" se ha ido al garete. Creo que El uso de las armas será el siguiente, y luego.., luego ya veremos. ¡Y quedan aún tantos por traducir! ¡Qué alguien traduzca The Crow Road o Transition!

miércoles, 27 de abril de 2016

"El Sistema" de Ricardo Menéndez Salmón

Portada de "El sistema" de Ricardo Ménendez Salmón Con un título tan pétreo y tan poco atrayente como El Sistema Ricardo Menéndez Salmón parece querer advertirnos de que no vamos a encontrarnos con un texto complaciente y efectivamente así es. Por cierto, la novela ganó el premio Biblioteca Breve 2016.
 
En un futuro indeterminado el protagonista del libro, que se denomina a sí mismo el Narrador, con mayúscula, trabaja como vigía en una de las islas del archipiélago que constituyen el "Sistema". Su vida en la Estación Meteorológica 16 aunque solitaria es cómoda, y aparte de estudiar Historia Moderna y de leer los numerosos informes que llegan del "Dado", organismo un tanto esotérico y misterioso del que emana el poder y que dicta las leyes de "Sistema" su misión principal es la de vigilar la llegada de "Ajenos". Los "Ajenos" no pertenecen al "Sistema" por lo que son rechazados por los "Propios", que temen que con su llegada masiva por mar puedan propiciar la caída de su mundo. El "Sistema" está formado por varias islas: "Realidad" (en la que vive el Narrador), "Empiria" y la "Innombrable", además de otras que no se mencionan. Es fácil establecer una correspondencia entre cada una de estas islas con países de nuestra realidad. Todo en esta novela es simbólico, desde los nombres de las islas hasta los nombres de los personajes pasando por la historia que se cuenta. A veces este simbolismo es evidente, como en el caso de los países a los que se alude con las islas o en el caso de los "Propios" y los "Ajenos", en otros la relación resulta mucho más inasequible como veremos más adelante.
 
El Sistema es una especie de distopía. Como suele ocurrir en este tipo de obras el protagonista pasa de ser un convencido del sistema a poner en duda sus intenciones y sus resultados. En las primeras páginas se nos dice que el objetivo del "Sistema" es la seguridad y que la felicidad, libertad y justicia sólo son posibles mediante un férreo control del sistema. ¿A que esto nos suena? Todo es tan evidente que se me escapa qué pretende el autor con este simbolismo tan obvio, a no ser que quiera hacernos ver que la historia se repite constantemente. Sin embargo, el libro es todo menos claro, porque aparte de los paralelismos antes mencionados, la novela está llena de elementos más oscuros cuyos significados resbalan entre mis resignadas neuronas. Por ejemplo el de una misteriosa caja que instalan en la Estación Meteorológica 16 o el de un juego al que obligan a jugar al protagonista en la tercera parte del libro.
 
La actualidad del mundo está muy presente así como el destino de la humanidad, sin embargo me queda la sensación de que se quieren tocar demasiados temas. La novela consta de tres partes constituidas por los cuatro cuadernos que el Narrador ha ido escribiendo y que denomina "El cuaderno de él", "El cuaderno de yo" y El cuaderno de tú", escritos sucesivamente en tercera, primera y segunda persona. Además de una cuarta parte con la que la novela concluye.
 
La novela está escrita con una prosa fría y desapasionada que me recuerda a veces a un Ballard al que Menéndez Salmón le hubiera incorporado su gusto por las expresiones cultas y a veces incluso arcaicas. Es al primero que he visto en muchos años escribir quilómetro en lugar de kilómetro. Queda claro que es un tipo culto, al que probablemente le ha costado lo suyo adquirir tamaño saber por lo que no duda en ningún momento en deleitarnos con su erudición. Como muestra un botón. En un momento de la novela varios personajes se proponen escribir una nota, que posteriormente será lanzada al mar dentro de una botella, con las mayores maravillas dejadas por el hombre. ¿Pues qué creen que anotan? Las pirámides, la música de Schubert, Ilíada, Edipo en Colono, Fedro, etc. Se ve que en los últimos siglos la humanidad ha creado muy poca cosa. Y luego para darle un tono más jocoso el autor añade la bullabesa. Podía haber sido la tortilla de patatas o el cochinillo asado, pero seguramente no quedaba igual de glamuroso que la bullabesa y probablemente desentonaría frente a Edipo en Colono.
Menéndez Salmón es un escritor con evidente talento y recursos, aunque a veces suene algo excesivo:
El resto del día mientras imaginas a los viajeros concentrados en la cubierta del Aurora, unidos por su carne destinada a la extinción, puedes escuchar el desplazamiento de los titanes (se refiere a unos icebergs), su materia invisible, muchos metros por debajo de las aguas, espléndida, violenta, una cornucopia del asombro y del poder.

Un libro a ratos apasionante, con momentos de resonancias míticas, en otras cargante, pretencioso, hermético e incomprensible. Da la impresión de que el mismo autor se perdiera en algunos momentos entre sus profundas reflexiones y sus brillantes metáforas. Por último, todo parece perfectamente planificado para llegar a la alegórica escena final, que a mí personalmente me resulta rebuscada y muy poco satisfactoria.

sábado, 16 de abril de 2016

"Nexus" de Ramez Naam

Portada de "Nexus" de Ramez NaamLa acción con la que arranca la novela es prometedora, mediante una escena sexual muy divertida Ramez Naam nos adelanta lo que la droga Nexus es capaz de hacer. Una escena, por la verosimilitud con la que es narrada, digna de un Greg Egan, aunque eso sí contada con bastante más humor del que suele hacer gala el australiano. A partir de ahí la trama se vuelve bastante convencional y lo que queda es un Greg Egan retocado al gusto de Hollywood. Una vez explicado cómo funciona la droga, y esto ocurre muy al principio, para mí la novela pierde interés. Como suele ser habitual en este tipo de historias la droga es codiciada por gobiernos autoritarios y mafias, lo que sirve de pretexto para desplegar todos los tópicos habituales de esto que se ha venido en llamar tecno-thrillers: persecuciones, mamporros, gobiernos sin escrúpulos, entrenadores que además son sabios conocedores de alguna pseudo-filosofía asiática, más mamporros, veteranos de guerra traumatizados y la consabida visita a un exótico país del sureste asiático.
 
He de confesar que la tremenda simplicidad con la que está escrita la novela, así como el candor que demuestran algunos de sus protagonistas me resultan incluso encantadores. La novela es entretenimiento y no hay que pedirle más, aunque algunos quieran ver en ella una sesuda reflexión sobre el futuro de la humanidad. Por otro lado es de agradecer que Ramez Naam con Nexus no intente escribir la obra maestra de su vida como parecen pretender muchos autores actuales con cada uno de sus libros, escritores a los que muchas veces les puede la ambición por querer abarcarlo todo. Un buen ejemplo sería Neal Stephenson, al que le salen unos tochos que son compendios de la sabiduría humana habida y por haber. Escribir una novela con grandes ideas originales basadas en los últimos avances científicos, protagonizadas por personajes profundos dignos de Balzac y que además se desarrollen en mundos alucinantes pero verosímiles es casi imposible de hacer sin aburrir al lector.
 
Naam al menos es mucho más humilde y renuncia a algunos de esos objetivos. Tal vez a demasiados, sobre todo al prescindir de una trama de mayor profundidad. El tema principal, la evolución de los seres humanos gracias a la droga y los escrúpulos por permitir su libre uso, queda relegado a un segundo lugar con tantas intrigas, disparos y patadas. La acción violenta acaba apoderándose de la historia.
"Alguien golpeó a Lee en el costado. Era Kade, con una patada voladora que lanzó al agente contra la pared. Sam sintió que Lee estampaba la culata de su arma en la cara de Kade y lo tiraba al suelo. Pero por un momento sólo hubo dos hombres a su lado, ambos con la mirada fija en Chuan y las armas en posición de disparar. Sam alargó los dos brazos y los agarró por los cinturones, tiró con fuerza para levantarse de un salto y simultáneamente los tumbó"
Tras varías páginas así uno ya no sabe de quién es el puño que golpea y de quién es el estómago golpeado, pero es que llega un momento que da igual y lo único que desea uno es que se maten de una vez y que termine la escena.
 
Las razones que mueven a los protagonistas, como suele ocurrir en este tipo de novelas, son esquemáticas y primarias. Por ejemplo, la agente de las fuerzas especiales ERD convirtiéndose en adalid de los que luchan contra las drogas, o el protagonista empeñado en convertirse en post-humano a toda costa gracias a Nexus. Por otro lado, la droga además de milagrosa y fantástica, es demasiado perfecta y buen rollista para ser verosímil.
 
Nexus es una novela que parece pensada para ser llevada al cine. Ya puedo imaginarme la película protagonizada por el guaperas de turno, plena de escenas de acción, con caídas desde edificios de veinte pisos rebotando de aquí para allá o peleas en las que atravesar muros provoca sólo unos pocos rasguños. ¡Ah, pero si eso ya ocurre en cualquier película de acción y sin que tengan que drogarse con Nexus!

sábado, 26 de marzo de 2016

"Fuera de quicio" de Karen Joy Fowler

Portada de "Fuera de quicio" de Karen Joy Fowler ¿Qué tienen en común Claire North, Lauren Beukes, Sarah Pinborough, Emily St. John Mandel, Ann Leckie o Rosa Montero? Aparte de tener el dudoso honor de haber sido reseñadas en este blog, todas ellas son mujeres. De las diez últimas entradas que he publicado en Universo de pocos seis corresponden a obras escritas por mujeres, tres a libros escritos por hombres y una es una antología. De las reseñas de autores masculinos sólo una, Trece monos de César Mallorquí es una obra reciente. ¿Se debe todo a un plan para reivindicar a las escritoras? ¿Es que he decidido cambiarme de sexo? (Mi mujer no me lo perdonaría) Nada de eso. He escogido obras más o menos recientes del mercado, que me interesaban y que me parecieron de mayor calidad. ¿Entonces a qué se debe esta proliferación de literatura femenina en el blog? En todas las estadísticas se constata que las mujeres leen más que los hombres, por lo tanto es lógico que cada vez existan más escritoras con cierta notoriedad. También podría tratarse de una mera casualidad. Toda esta concienzuda e inútil reflexión viene a cuento de que una vez más me propongo reseñar una novela escrita por una mujer.

Como se dice en la contraportada del libro es mejor abordar la lectura de Fuera de quicio sabiendo lo menos posible de la trama. El título con el que ha sido publicado en España, We Are All Completely Beside Ourselves, me parece muy discutible, pero no esperen que yo se lo traduzca. La protagonista es Rosemary la hija menor en una familia de tres hermanos. Una familia muy peculiar, con un padre que estudia el comportamiento de los animales y una madre que pasa por períodos de depresión. Rosemary es muy pequeña cuando todo sucede y sus recuerdos se confunden, pero lo que está claro es que su hermana desparece y posteriormente también su hermano. Desde el principio intuimos que algo extraño sucede con la familia de Rosemary y es que Karen Joy Fowler juega "sucio", nos hurta datos importantes que luego, pasado un tercio de la novela, nos revela. La narradora, que no es otra que la protagonista, se disculpa por ello. Sin embargo, es gracias a esa ingeniosa treta que la novela cobra fuerza y logra agitar nuestras conciencias. Desde luego no voy a ser yo quién arruine la sorpresa.

En el resumen que se hace en la primera página del libro se dice que Karen Joy Fowler ha escrito varios relatos de ciencia-ficción. Lo cierto es que su nombre me sonaba vagamente, pero no he conseguido encontrar en mis estanterías nada de dicha autora, así que poco puedo aportar sobre esta faceta suya como escritora. Fuera de quicio no es ciencia ficción, sin embargo la ciencia está muy presente en la novela y un tema muy querido para el género como es el de la comunicación entre diferentes especies constituye una parte primordial de la historia, aunque en este caso no se trate de extraterrestres. Tras terminarla nos queda claro que determinados comportamientos de los seres humanos son muy similares al de algunos animales. La posesión, los celos, la competencia e incluso la revancha no son patrimonio exclusivo nuestro sino que tienen un origen claramente animal. A veces con ironía, en otras a través del drama la autora nos muestra que la diferencia entre hombres y animales es mucho más pequeña de lo que pensamos. También es un duro alegato contra el maltrato animal y la inexplicable crueldad de ciertas empresas cuando prueban sus productos comerciales.

Los temas que trata Fuera de quicio son variados. Además de los ya mencionados, el libro nos habla de la subjetividad de la memoria, de cómo nuestra mente maquilla nuestros recuerdos más dolorosos, del amor de hermanos, de la familia, de la infancia y de las cosas a las que hemos renunciado por querer distinguirnos de los animales. En definitiva de lo que nos hace ser humanos. Una emotiva novela, diferente, difícil de clasificar y escrita con gran convicción.

viernes, 11 de marzo de 2016

"Las primeras quince vidas de Harry August" de Claire North

Portada de "Las primeras quince vidas de Harry August" de Claire North El enorme parecido del argumento de esta novela con Volver a empezar, título poco afortunado con el que se publicó en España el libro Replay de Ken Grimwood de 1986, hizo que pasara de largo ante él. Que quede claro que la novela de Grimwood nada tiene que ver con la aburrida película de mismo título y ganadora de un Óscar de José Luis Garci.
 
Tanto en la novela de Ken Grimwood como en la de Claire North el protagonista se ve obligado tras la muerte a vivir una y otra vez su vida, pero conservando todos sus recuerdos de sus anteriores existencias. Algo muy parecido a lo que le sucedía al socarrón personaje interpretado por Bill Murray en la película de Harold Ramis Atrapado en el tiempo que revivía hasta el hastío el día de la marmota. El poco conocido escritor H. Beam Piper con su relato Una y otra vez (Time and Time Again) se adelantó varios décadas a todos ellos y ya en 1947 concibió un bucle temporal de este tipo. En su breve narración nos cuenta cómo un novelista después de morir en una guerra se despierta con todos su recuerdos intactos en su yo de trece años. (Publicado en La Edad de Oro 1946-1947, selección de Isaac Asimov y Martin H. Greenberg).
 
Las buenas críticas, especialmente la muy entusiasta de Odo en su interesante blog Sense of Wonder que declaró Las primeras quince vidas de Harry August una de las mejores novelas fantásticas publicadas el año pasado en España, lograron persuadirme. Hay que decir que a pesar de la similitud de argumentos las novelas de Ken Grimwood y de Claire North son muy diferentes. Tras un arranque muy parecido, Las primeras quince... acaba convirtiéndose en una trepidante historia de intriga y de venganza en la que el afán de superación del protagonista, eje principal sin embargo de Volver a empezar, queda relegado a un segundo plano. En cierta manera me recuerda más al Stone Junction de Jim Dodge. En ambas novelas las acciones del protagonista terminan siendo motivadas por un deseo de venganza, y en ambas existen personajes que aspiran a descubrir un gran misterio que puede ayudarlos a comprender el universo. Si bien en la novela de Dodge el protagonista no renace como Harry August, las diferentes fases de crecimiento por las que transcurre su vida recuerdan mucho a uno de esos renacimientos. En cualquier caso el sueño alucinatorio en que se transforma Stone Junction pertenece a una época muy diferente y se trata de una obra mucho más disparatada en la que el que humor tiene mayor importancia.
 
Dejemos a un lado las comparaciones y centrémonos en Las primeras quince vidas de Harry August. Claire North a pesar de su juventud (cuenta con sólo treinta años) escribe con gran soltura y parece conocerse los trucos de los narradores más experimentados. Sabe cuándo romper la secuencia de los acontecimientos y aplazar las revelaciones para forzarnos a continuar leyendo sin respiro. A veces se vale de pequeñas píldoras con las que nos adelanta de una manera imprecisa lo que va a ocurrir en el futuro, en otras ocasiones nos transporta al pasado para ilustrarnos con un suceso relacionado, tretas que enriquecen el texto y sobre todo incrementan el suspense. Las diferentes tentativas de Harry August por comprender a sus seres más próximos, sus decepcionantes experiencias con la religión, el afán por hacer justicia, el amor, la amistad y sobre todo la venganza configuran una novela con una trama que ya de por sí resulta atractiva. ¿Y es que a quién no le gustaría poder repetir su vida y cambiar algunas decisiones erróneas? La primera parte del libro es magnífica. La segunda también, aunque de una manera muy distinta debido a que North termina decantándose por escribir una novela de intriga. Una intriga muy bien llevada con excitantes aventuras más allá de la vida y de la muerte que logran que la obra gane en ligereza y amenidad, pero que por otro lado hace que pierda en trascendencia y se torne en una historia algo más habitual de buenos y malos.
 
Los personajes son otra gran baza del libro; poco convencionales, realmente interesantes y bien descritos. En particular cabe destacar a los dos protagonistas principales entre los que se establece una intensa y ambigua relación que perdura durante sus múltiples y agitadas vidas.
 
Sólo puedo ponerle una pega al libro. Al final queda la sensación, repetida en muchas otras obras de ficción, de que debe ponerse un límite al conocimiento científico. La figura del científico sin escrúpulos capaz de lo que sea por alcanzar su objetivo es un tópico en el que la autora cae y, aunque no simpatizo especialmente con el villano, al final del libro casi estoy deseando que se salga con la suya.
 
En definitiva, un libro que recomiendo por las razones que he explicado y porque a pesar de sus más de quinientas páginas se hace corto. Lástima que en lugar de Las primeras quince vidas de Harry August no se titulara "Las primeras veinte vidas.." o mejor "Las primeras veinticinco vidas de Harry August".

viernes, 26 de febrero de 2016

"El Kraken despierta" de John Wyndham

Portada de "El Kraken despierta" de John Wyndham Las expectativas cuando se lee una novela del autor de El día de los trífidos son siempre muy altas, algo quizás injusto para el autor puesto que no se puede escribir siempre una obra maestra. Que quede claro que El Kraken despierta, publicada anteriormente bajo el título de Kraken acecha, no es desde luego El día de los trífidos ni Los cuclillos de Midwich, ni tampoco Las crisálidas, obras que constituyen grandes clásicos de la ciencia-ficción.
 
Wyndham narra con gran verosimilitud y minuciosidad periodística el ataque que sufre la Tierra de unas criaturas llegadas del espacio. No se trata de la típica invasión contada en muchos otros libros de la época, la originalidad de Wyndham reside en que los alienígenas se refugian en el fondo de mar y que desde allí comienzan la batalla. Da la impresión de que el autor hubiera vivido en su propia carne alguna de las catástrofes que suceden en sus libros por la precisión y realismo con que las cuenta. Después de más de medio siglo desde su publicación las reacciones de los gobernantes, de los poderes económicos y de la población ante estos desastres son enormemente creíbles.
 
La obra fue escrita en 1953 y aunque se trate de ciencia-ficción tengo la sensación de leer una novela de época al reencontrarme con personajes conocidos de viejas películas de Hollywood. Los diálogos que mantienen la pareja protagonista me recuerdan, por su humor e ingenio a los duelos dialécticos de Katharine Hepburn y Spencer Tracy en películas como "La costilla de Adán", etc. No recuerdo que en otros libros Wyndham hiciera gala de su humor británico. El telón de fondo de la guerra fría y el temor atávico al comunismo no dejan lugar a dudas de que Wyndham es un escritor occidental de su tiempo. En cualquier caso, hay que ponerse en situación cuando se leen obras escritas hace tantos años.
 
Lo que hace que el libro no brille como los que he mencionado al principio de esta entrada es la forma en que está contado. La pareja protagonista está formada por periodistas y muchos de los hechos que suceden les son referidos por otros compañeros de profesión o los escuchan por la radio, esto provoca que la historia sea menos intensa y que en ocasiones se haga más pesada. Sin embargo, cuando los acontecimientos son vividos por los propios protagonistas Wyndham demuestra su buen pulso como narrador y nos recuerda al autor de El día de los trífidos.
 
La novela se acaba cuando llega lo mejor y tras terminarla me queda la sensación de que podría haber conseguido una obra más redonda si el autor se hubiera centrado más en los últimos acontecimientos que narra cuando la catástrofe es evidente. En cualquier caso las imágenes de Londres sumergida por las aguas perdurarán algún tiempo en mi mente.

martes, 16 de febrero de 2016

"Monstruos rotos" de Lauren Beukes

Portada de "Monstruos rotos" de Lauren Beukes Me animé a leer Monstruos rotos de Lauren Beukes debido a las buenas reseñas que había obtenido su anterior libro publicado en España, Las luminosas. No leí esta novela, porque la sinopsis me hizo sospechar que pudiera tratarse de un intento, a mi parecer un poco burdo, de buscar la originalidad sirviéndose de dos subgéneros bastante gastados como son el de los viajes en el tiempo y el de los asesinos en serie. Reconozco que son prejuicios, pero uno no puede leerse todo lo que se edita. La publicación hace un mes de Monstruos rotos me brindó la ocasión de darle una nueva oportunidad a esta autora sudafricana tan elogiada.
 
Se trata de nuevo de un híbrido, en este caso entre género policiaco y fantástico, siendo esto último la razón por la cual he decidido reseñar la novela en este blog. Monstruos rotos se desarrolla en Detroit y empieza con el descubrimiento de un cadáver horriblemente mutilado, que es lo que se lleva hoy en día (lejos quedan los crímenes impolutos de Agatha Christie). El comienzo, aunque no sea muy original, resulta intrigante, pero a partir de ahí la autora se dedica a presentarnos una serie de personajes que en un principio no parecen tener que ver con el asesinato: un escritor desesperado por tener éxito, un pobre desgraciado que pasó varios años en la cárcel por un desafortunado y trágico incidente y la hija adolescente de la inspectora Gabrielle Versado, y ninguno de ellos captan mi interés. Entre el numeroso reparto nos encontramos también con un tipo raro al que enseguida identificamos con el asesino y por supuesto a la policía (Versado) y madre de la molesta adolescente. He de decir que estos primeros capítulos, hasta que la acción por fin se centra de nuevo en la investigación policial, me resultaron bastante aburridos. Los detalles, muchas veces superfluos, que se proporcionan de los protagonistas son excesivos, demoran demasiado la acción y lo que es peor, me impacientan.
 
Soy consciente de que la adolescencia es una etapa difícil en la vida y hay muchos libros en los que se retrata esta época confusa de manera admirable como en El guardián entre el centeno de Salinger o El bosque del cisne negro de David Mitchell, por poner dos ejemplos. Pero en general, y sobre todo en el cine moderno, los adolescentes que se describen acaban siendo tópicos, irritantes y completamente insoportables. Layla, la hija de la inspectora, no es una excepción. Se la describe como sumamente inteligente, rebelde y con gran ingenio verbal. ¿Les suena? Pues como en cualquier telefilme de esos para sestear es capaz, no obstante, de hacer la mayor de las tonterías posibles. Según mi opinión la adolescente acaba por entrometerse demasiado en la acción, y ello revela demasiado a las claras el objetivo de la autora: lograr a toda costa una mayor tensión dramática.
 
Desde el principio queda claro que a Lauren Beukes no le interesa escribir una novela de misterio cuyo eje principal sea ir desvelando quién es el asesino, algo que se sabe casi desde el principio. Su verdadera intención es describirnos cómo viven diferentes personajes, cada uno con sus aspiraciones, en una ciudad que parece devastada por un capitalismo sin escrúpulos. La visión que nos da de Detroit junto con algunos momentos inspirados de la investigación constituyen lo mejor de la novela. El implacable mundo de internet, con sus redes sociales, youtube, etc., con los efectos que puede tener sobre la vida de una persona también queda espléndidamente reflejado.
 
Puede que la prosa ágil y desenvuelta de Beukes a veces peque de una espontaneidad un tanto artificiosa, pero no es éste el mayor problema que veo al libro. Falla en su conclusión; lo que parecía una novela policiaca con tintes sociales se convierte de repente en un relato fantástico de terror completamente inesperado y a mi parecer forzado. El final, con esa rebuscada relación que intenta establecer con el mundo de internet, me parece muy traído por los pelos. Si la autora buscaba a través de la fantasía final hallar una metáfora inspirada que penetrara directamente en nuestro inconsciente no lo ha logrado. Al menos, no conmigo.