Blog ciencia-ficción

Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

Universo de pocos

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miércoles, 27 de julio de 2016

"El gran retrato" de Dino Buzzati

El gran retrato de Dino Buzzati            Con El gran retrato Dino Buzzati, conocido sobre todo por su novela El desierto de los tártaros, realizó una pequeña aunque interesante incursión en la ciencia-ficción. El libro fue publicado en 1960 y curiosamente ahora que está tan de moda hablar de la transhumanidad podría decirse que el escritor italiano sin pretenderlo se adelantó con esta obra varias décadas a muchos autores modernos de ciencia ficción. De todos modos no parece que el propósito de Buzatti al escribir esta novela corta fuera el de reflexionar sobre el futuro de la humanidad o de especular sobre la evolución del ser humano, sus inquietudes parecen dirigirse más bien en desvelar la auténtica naturaleza del alma humana.
            La novela es muy breve, unas ciento cincuenta páginas, y más de la mitad del libro está dedicado, a la manera de El desierto de los Tártaros, a crear expectación demorando muchas explicaciones hasta el límite. Comienza el relato con la misteriosa propuesta que le hace el ministerio de defensa al profesor Ermanno Ismani, un apocado catedrático de Electrónica en la Universidad X, para trabajar en un proyecto militar secreto. Poco más puedo contar sin el riesgo de arruinar la tenaz labor de contención de la información que realiza Buzzati. Sobre todo al principio hay que tener un poco de paciencia con la lectura de El gran relato, después, una vez que Ismani llega a las instalaciones militares y averiguamos para qué lo han traído, los acontecimientos se precipitan hasta el punto de que la novela cambia de repente de protagonista y nuestro profesor de electrónica pasa a un segundo plano siendo su mujer la que le roba el protagonismo.
            Una novela agradable, fácil de leer, en la que Buzzati, mediante este cuento fantástico, que en cierta manera recuerda al Frankenstein de Mary Shelley, nos  habla de las imperfecciones que conlleva la humanidad, defectos a los que no podemos renunciar según el autor si no queremos desistir de ser humanos. También es la historia de un amor y de la obsesión por recuperar al ser amado. Una obra menor de Dino Buzzati con el aliciente y la peculiaridad de pertenecer a la ciencia-ficción.

miércoles, 13 de julio de 2016

"La polilla en la casa del humo" de Guillem López

La polilla en la casa del humo de Guillem López            Challenger, la novela anterior de Guillem López, fue alabada por todos los blogs y ensalzada hasta el punto de llamar la atención de muchos lectores y la mía en particular. He de decir que no la he leído, de manera que La polilla... ha constituido mi primer acercamiento a la obra de este escritor. El libro que nos ocupa está obteniendo también muy buenas críticas a lo largo y ancho de la red, y si no miren en “goodreads”. Una vez más, y muy a mi pesar, voy a discrepar con el resto de la humanidad y seguramente que también con el resto de razas alienígenas que pueblan el universo. Y no crean que no lo siento, me hubiera encantado poner por las nubes esta novela, y me hubiera gustado sobre todo porque apoyaría la idea de que los autores españoles de género fantástico pudieran estar al mismo nivel que los norteamericanos o británicos. En Universo de pocos medimos a todos los autores con la misma vara, independientemente de su nacionalidad o género. Y en nuestro afán de ser cada vez menos y reducirnos hasta la nada más absoluta no nos importa llevar la contraria a todos. Llegados a este punto la mitad de los lectores habrán dejado de leer la reseña. Soy consciente de ello, no obstante debo justificar mi disconformidad.

            El mundo subterráneo en el que tiene lugar La polilla en la casa del humo es lo mejor de la novela. La imagen de sus habitantes, obligados a cavar túneles y más túneles sin saberse muy bien con qué objetivo y a renunciar a partes de su cuerpo en pos del dios de la mecánica, tiene una gran fuerza simbólica y augura una trama enormemente atractiva, sin embargo el autor opta por contarnos la historia de un personaje marginal que no cumple con mis expectativas y se olvida de todo lo demás. La novela se podría haber titulado perfectamente “Auge y caída de un pringao”. La historia de Veintiuno, protagonista absoluto de la novela, se ha contado en muchas ocasiones en películas y novelas de género policiaco sin la necesidad de crear todo un mundo subterráneo para ello y además, siento decirlo, se ha hecho mejor. Personajes como éste y más complejos llenan los libros de Jim Thompson o las películas de Martin Scorsese por poner algunos ejemplos. Uno de los problemas que para mí tiene la novela es que los tejemanejes que Veintiuno se trae entre manos no me resultan convincentes. Los rumores que lanza desde un lugar tan poco respetable como la casa del humo (un tugurio donde se reúnen los drogatas), son aceptados por todos sin la sombra de una duda. La débil trama se sustenta únicamente en ese pulular de aquí para allá de Veintiuno y en las mentiras que logra deslizar en las breves conversaciones que mantiene con otros marginales: Ñam, Lazo, o su hermana Ancas. A la novela además le falta acción, una vez conocido el escenario pierde gran parte del interés.

            El gusto de Guillem López, cuyo aspecto físico recuerda mucho a China Miéville, escritor al que admira, por regodearse en la náusea y en el vómito me recuerda más a Chuck Palahniuk que al escritor británico. Desde luego no puede decirse que La polilla... sea un libro para paladares delicados. Comprendo que el autor quisiera darle un tono iracundo al libro, pero con tanta mierda, orina, mocos y felaciones, tenía que cerrar el libro de vez en cuando para darme una buena ducha. Esto, sin embargo, no parece haber importado a muchos lectores a la vista de los comentarios positivos en “goodreads”. Encuentro muchas similitudes entre esta novela con Plop de Rafael Pinedo: los nombres breves y expresivos de los personajes, la historia violenta contada sin ahorrar los detalles más escabrosos, un personaje principal igual de repulsivo, incluso cuenta  prácticamente lo mismo, el auge y la caída del protagonista. La prosa de Guillem López es menos telegráfica que la de Pinedo, aunque comparten ese tono oscuro y malsano.

            Si no te importa que cada palabra estalle en tu cara como un grano de pus, si además posees un traje de neopreno, si los concursos de televisión en los que a los participantes los entierran entre montañas de gusanos no te provocan la más mínima mueca de asco, éste es tu libro.

            Yo por mi parte, como carezco de traje de neopreno, creo que voy a darme una ducha ahora mismo.

domingo, 26 de junio de 2016

"Relojes de hueso" de David Mitchell

Relojes de Hueso de David Mitchell
            Crispin Hershey, protagonista de uno de los capítulos de Relojes de hueso, recibe por su último libro una crítica demoledora: “¿Qué por qué «Eco debe morir» es una porquería tan desagradable? Primero, porque Hershey está tan preocupado por evitar los clichés que tortura todas y cada una de sus frases como si fuesen yanquis soplones. Segundo, porque la subtrama fantástica choca de forma tan violenta con las pretensiones de ser un “Informe sobre el estado del planeta” que da miedo verlo. Tercero, porque ¿qué mayor muestra de que un acuífero creativo se ha secado que el hecho de que el escritor cree un personaje que sea escritor?” ¿Juego de espejos? ¿Una muestra más del sentido del humor de David Mitchell? Porque de alguna manera, aunque parcialmente, las razones que argumenta el crítico podrían atribuirse a Relojes de Hueso. Puede que Mitchell se esfuerce más que en otras ocasiones en encontrar la metáfora justa. Es verdad que el libro contiene una arriesgada trama fantástica y también es cierto que uno de sus protagonistas es escritor, sin embargo la novela está muy lejos de ser una porquería. Al parecer, y aunque Mitchell dice que se ha mirado a sí mismo y exagerado sus peores defectos para crear a Crispin Hershey, muchos han creído ver en el personaje creado por el autor un trasunto de Martin Amis. El libro está lleno de referencias a personajes reales y  también a viejos conocidos de sus libros anteriores, yo he identificado solo a unos pocos, pero forma parte del atractivo del libro descubrirlos por uno mismo.

            Crispin Hershey es sólo uno más de los personajes que desfilan por la voluminosa novela. En el primer capítulo conoceremos a Holly Sykes siendo todavía una adolescente que se cree, como la mayoría de los chicos a esa edad, más madura de lo que realmente es. El segundo capítulo está dedicado a Hugo Lamb, un joven universitario sin demasiados escrúpulos y a sus trapicheos por ascender en la escala social. En la tercera parte Ed Brubeck, reportero enviado a Iraq, se ve obligado a escoger entre su familia y su labor como periodista. El siguiente capítulo está dedicado Crispin Hershey al que la feroz crítica con la que he comenzado la reseña le cambia la vida. Además, en todos estos capítulos aparecen unos misteriosos personajes que se hacen llamar anacoretas y horologistas que dotan a la novela de contenido fantástico. En el quinto capítulo Mitchell se desmelena y la trama fantástica explota con una intensidad sorprendente en una novela publicada fuera de una colección de género. En un equilibrio circense el autor, gracias a su humor y a su habilidad narrativa, logra superar la prueba, aunque a veces esté a punto de precipitarse y caer en el ridículo. Y es que la batalla final entre el bien y el mal tiene un aire a película retro o a Harry Potter que a muchos puede pillar por sorpresa. Sin embargo, David Mitchell consigue integrar todos estos componentes dentro de la narración sin que la maquinaria chirríe y además se permite inventar una serie de simpáticas palabras como psicoduelo, suasinar, acto de hiato o cineticar para describir algunas de estas acciones fantásticas que practican los anacoretas y los horologistas.

            David Mitchell ha querido confeccionar una obra similar a El atlas de las nubes y a la vez no repetirse, sin embargo Relojes de hueso pierde en las comparaciones. Lo que en El atlas de las nubes eran relatos que podían leerse por separado en Relojes de hueso son crónicas de determinados momentos de la vida de unos personajes que no funcionan por completo independientemente; en este sentido Relojes de hueso puede considerarse más novela que El Atlas de las nubes. Esto no tendría que ser algo malo, lo que ocurre es que al relatar la historia a través de tantos personajes la trama principal queda un tanto deslavazada, algo que en El atlas de las nubes o Escritos fantasma carecía de importancia ya que cada parte tenía suficiente entidad propia. La exhibición de virtuosismo de la que hacía gala con cada relato no se repite en Relojes de hueso. En El atlas de la nubes Mitchell repasaba casi todos los géneros: de aventuras, de viajes, histórico, policiaco, humorístico, cyberpunk, apocalíptico creando para cada uno de ellos una pequeña y fulgurante joya.

             Relojes de hueso mejoraría bastante con algunas páginas menos. Aún así es un buen libro del que quiero resaltar su perfecta construcción de personajes, algo a lo que Mitchell ya nos tiene acostumbrados y es que este hombre posee una capacidad especial para ponerse en la piel de sus protagonistas. Sin embargo, a pesar de todo, no he podido evitar sentirme algo decepcionado tras terminarlo. Además de que las diferentes tramas que lo componen me han resultado menos imaginativas que en sus libros precedentes, para mí carecen de la frescura de la novedad. Por último quiero señalar que Mitchell ha escrito posteriormente otra novela titulada Slade  House que tiene relación con Relojes de hueso. Espero que pronto la traduzcan, no pienso perdérmela.

martes, 14 de junio de 2016

"Aurora" de Kim Stanley Robinson

Aurora de Kim Stanley Robinson             Algunos fragmentos de Aurora, con sus descripciones rigurosas, sugestivas y hermosas del cosmos me han evocado al Clarke de hace muchos años que ya casi había olvidado, al de Cita con Rama o al de 2010: odisea dos. Con Aurora Robinson parece haberse propuesto escribir la novela definitiva sobre naves generacionales, pero como veremos en esta reseña la historia sigue un derrotero bastante diferente al de otras novelas.
 
           La epopeya que narra Robinson está protagonizada por los descendientes de los voluntarios que ciento setenta años antes se embarcaron en una gran nave rumbo al sistema Tau Ceti. Allí les aguarda Aurora, una luna con muchas posibilidades de ser habitable. Ninguno de ellos escogió estar en la nave, fueron sus tatarabuelos los que decidieron por ellos y Robinson deja claro en la novela que fueron unos irresponsables y se muestra en contra de este tipo de proyectos que considera experimentos con escasas probabilidades de éxito. Este manifiesto pesimismo para el público que lee sus libros, fundamentalmente aficionados a la ciencia-ficción que sueñan con que el hombre pueda vivir algún día en otros planetas, resulta provocador, una bofetada en pleno rostro.
 
            Se esté de acuerdo o no con la tesis del autor, la novela logra que nos lo creamos. Y ahí radica el mérito del autor, en hacer verosímil el grandioso escenario en el que transcurre la historia. Robinson se toma su tiempo describiendo pormenorizadamente la nave, los dos anillos que la forman con sus diferentes biomas y los problemas que surgen derivados del aislamiento y del inevitable deterioro sufrido tras navegar durante más de un siglo por el espacio. Porque lo cierto es que ni los personajes que habitan en la nave son especialmente interesantes ni la escritura de Robinson, que tiene cierta tendencia a divagar, resulta destacable. En ocasiones el mismo autor parece que fuera víctima del algoritmo voraz del que tanto habla en su novela y quedara atrapado en un agujero negro de verbosidad del que no pudiera salir hasta vaciar su mente contándonos con pelos y señales lo que en ese momento le absorbe el seso. Robinson dedica varias páginas a explicar la construcción de una rampa necesaria para que los vehículos puedan continuar su ruta por la inexplorada Aurora. Con notorio afán didáctico nos aclara cómo cortan la roca, la forma que deben darle, cómo deben colocarla, el cambio de sierra..., se trata de varias párrafos que pueden saltarse sin ningún problema.
 
            Sin duda la gran protagonista de la novela es la nave y la inteligencia que la maneja. Ella es la que a instancias de Devi, otro personaje significativo, narra la mayor parte de la historia. Con su creciente verborrea, su particular sentido del humor, y su desvelo por todos los que viven en su interior acaba por convertirse en el personaje que mejor me cae del libro. Desde luego, mucho más simpática que la eternamente descontenta Devi, encargada de que en la nave todo funcione, o incluso que Freya, su esforzada hija, que intenta seguir sus pasos. Por desgracia la inteligencia artificial en ciertos momentos parece haber heredado la tendencia a divagar de Robinson y nos regala también algunos párrafos bastante tediosos sobre la consciencia y sobre la forma de enfocar el encargo de resumir su historia desde que partieron de la Tierra.
 
            A pesar de sus defectos y de su final excesivamente largo, Aurora es un gran libro que yo recomiendo sobre todo a los que les gustan las novelas sobre viajes en el espacio basados rigurosamente en la ciencia. La dilatada aventura de los viajeros, aunque su desenlace pueda parecer decepcionante, no deja de ser asombrosa y resultar fascinante. Lástima que no esté narrada con la garra que merecería. Lean y juzguen.

sábado, 14 de mayo de 2016

"Inversiones" de Iain M. Banks

Inversiones de Iain M. Banks El primer libro que leí de Banks fue La fábrica de las avispas, un libro impactante que me gustó tanto que me empujó a hacerme con todo lo que se podía encontrar traducido del autor escocés en España. Novelas como Pasos sobre el cristal, El puente (mi preferido después de La fabrica...) Un jardín de piedra, etc. fueron cayendo ante mis ávidos ojos, mientras no podía creerme que hubiera encontrado semejante filón literario. Entre lectura y lectura, en algún momento, no sé exactamente cuando, supe que Banks además escribía ciencia-ficción. Aquello parecía un sueño hecho realidad, sin embargo, como suele ocurrir a menudo el destino no pone las cosas fáciles y para entonces las novelas de ciencia ficción que se habían publicado de Banks estaban descatalogadas. Años después, cuando volvieron a ser editadas por "La Factoría de Ideas", mi entusiasmo por Banks se había templado tras la decepción que supuso El Negocio o el poco interés que me habían suscitado sus últimas novelas mainstream publicadas en España. Tampoco ayudaron a avivar la vieja pasión el hecho de que la mayoría de las novelas de ciencia-ficción de Banks pertenecieran a una serie, la de La Cultura.
 
Al parecer Banks había escrito varias de estas novelas con anterioridad a La fábrica de las avispas aunque no consiguió publicarlas. Pensó que tendría más posibilidades con una novela fuera del género y con esa intención escribió La Fábrica de las avispas. Lo curioso es que la concibió como si se tratara de una obra de ciencia-ficción protagonizada no por un alienígena sino por un adolescente perturbado que vive en una isla en lugar de en otro planeta. La novela fue un éxito rotundo y Banks consiguió su propósito de ver publicadas sus otras obras, aunque tuvo que añadir a su nombre una M y convertirse en Iain M. Banks para distinguir su carrera como escritor de género de la de escritor mainstream.
 
La primera novela de ciencia-ficción que leí de Banks fue El Artefakto y he de reconocer que se me atragantó lo suficiente como para que pospusiera mi primer contacto con La Cultura varios años más. Con El jugador, ya perteneciente a la serie, Banks volvió a conquistarme. Se dice que esta obra e Inversiones son las novelas menos representativas de la serie.
 
La verdad es que si la portada no indicara que Inversiones pertenece a La Cultura yo no me habría dado cuenta de ello. El mundo en el que se desarrolla la historia consta de dos soles, también se mencionan algunos animales desconocidos... todo esto nos hace comprender que lo que se cuenta no transcurre en un lejano pasado de la Tierra que se asemeja a la Edad Media sino en otro planeta. Sin embargo, aunque su pertenencia a La Cultura apenas se perciba en la narración, este dato es importante para poder interpretar los hechos, sobre todo en su conclusión. La novela tiene dos partes que se intercalan capítulo a capítulo. Una de ellas está narrada por Oelph, ayudante de la doctora Vossil, médico del rey de Haspidus. A pesar de la admiración que Oelph siente por su mentora, trabaja para alguien al que se refiere como Amo, quien, como muchos otros miembros de la corte, parece desconfiar de la doctora. La otra parte está protagonizada por DeWar, fiel guardaespaldas del Urleyn, protector de Tassasen. La relación que existe entre estas dos tramas aparentemente inconexas y entre Vossil y de DeWar se va infiriendo poco a poco de una manera muy sutil pero muy eficaz gracias al buen trabajo de Banks. Generalmente las intrigas palaciegas suelen aburrirme, pero Banks con su elaborada composición de personajes consigue cautivarme. Quizás haya un exceso de secundarios muy parecidos entre sí que con sus alambicados nombres no facilitan el trabajo al lector.
 
Su apariencia de fantasía medieval no debe engañar a los posibles lectores. Nada tiene que ver con otras novelas de género heroico-fantástico tan de moda últimamente. Aquí no encontrarán grandes batallas, ni dragones, ni luchas encarnizadas a espada, Banks se inclina más por crear unos personajes de carne y hueso en un escenario delimitado, sin realizar esos grandes alardes de imaginación a los que nos tiene acostumbrados. Pienso que no sería difícil convertir Inversiones en una obra de teatro. Da la sensación de que quisiera demostrar que es capaz de escribir una novela de La Cultura más contenida y también más introspectiva. Seguramente no gustará a todos, sobre todo a los más acérrimos de la space-opera. Yo he disfrutado con la lectura de las dos bellas historias de amor y admiración que la componen. Iain Banks demuestra que es un gran escritor, capaz de hacer mucho con muy poco. Por suerte me quedan aún bastantes libros por leer de él. Habrá que darse prisa en comprarlos ahora que "La Factoría de Ideas" se ha ido al garete. Creo que El uso de las armas será el siguiente, y luego.., luego ya veremos. ¡Y quedan aún tantos por traducir! ¡Qué alguien traduzca The Crow Road o Transition!

miércoles, 27 de abril de 2016

"El Sistema" de Ricardo Menéndez Salmón

Portada de "El sistema" de Ricardo Ménendez Salmón Con un título tan pétreo y tan poco atrayente como El Sistema Ricardo Menéndez Salmón parece querer advertirnos de que no vamos a encontrarnos con un texto complaciente y efectivamente así es. Por cierto, la novela ganó el premio Biblioteca Breve 2016.
 
En un futuro indeterminado el protagonista del libro, que se denomina a sí mismo el Narrador, con mayúscula, trabaja como vigía en una de las islas del archipiélago que constituyen el "Sistema". Su vida en la Estación Meteorológica 16 aunque solitaria es cómoda, y aparte de estudiar Historia Moderna y de leer los numerosos informes que llegan del "Dado", organismo un tanto esotérico y misterioso del que emana el poder y que dicta las leyes de "Sistema" su misión principal es la de vigilar la llegada de "Ajenos". Los "Ajenos" no pertenecen al "Sistema" por lo que son rechazados por los "Propios", que temen que con su llegada masiva por mar puedan propiciar la caída de su mundo. El "Sistema" está formado por varias islas: "Realidad" (en la que vive el Narrador), "Empiria" y la "Innombrable", además de otras que no se mencionan. Es fácil establecer una correspondencia entre cada una de estas islas con países de nuestra realidad. Todo en esta novela es simbólico, desde los nombres de las islas hasta los nombres de los personajes pasando por la historia que se cuenta. A veces este simbolismo es evidente, como en el caso de los países a los que se alude con las islas o en el caso de los "Propios" y los "Ajenos", en otros la relación resulta mucho más inasequible como veremos más adelante.
 
El Sistema es una especie de distopía. Como suele ocurrir en este tipo de obras el protagonista pasa de ser un convencido del sistema a poner en duda sus intenciones y sus resultados. En las primeras páginas se nos dice que el objetivo del "Sistema" es la seguridad y que la felicidad, libertad y justicia sólo son posibles mediante un férreo control del sistema. ¿A que esto nos suena? Todo es tan evidente que se me escapa qué pretende el autor con este simbolismo tan obvio, a no ser que quiera hacernos ver que la historia se repite constantemente. Sin embargo, el libro es todo menos claro, porque aparte de los paralelismos antes mencionados, la novela está llena de elementos más oscuros cuyos significados resbalan entre mis resignadas neuronas. Por ejemplo el de una misteriosa caja que instalan en la Estación Meteorológica 16 o el de un juego al que obligan a jugar al protagonista en la tercera parte del libro.
 
La actualidad del mundo está muy presente así como el destino de la humanidad, sin embargo me queda la sensación de que se quieren tocar demasiados temas. La novela consta de tres partes constituidas por los cuatro cuadernos que el Narrador ha ido escribiendo y que denomina "El cuaderno de él", "El cuaderno de yo" y El cuaderno de tú", escritos sucesivamente en tercera, primera y segunda persona. Además de una cuarta parte con la que la novela concluye.
 
La novela está escrita con una prosa fría y desapasionada que me recuerda a veces a un Ballard al que Menéndez Salmón le hubiera incorporado su gusto por las expresiones cultas y a veces incluso arcaicas. Es al primero que he visto en muchos años escribir quilómetro en lugar de kilómetro. Queda claro que es un tipo culto, al que probablemente le ha costado lo suyo adquirir tamaño saber por lo que no duda en ningún momento en deleitarnos con su erudición. Como muestra un botón. En un momento de la novela varios personajes se proponen escribir una nota, que posteriormente será lanzada al mar dentro de una botella, con las mayores maravillas dejadas por el hombre. ¿Pues qué creen que anotan? Las pirámides, la música de Schubert, Ilíada, Edipo en Colono, Fedro, etc. Se ve que en los últimos siglos la humanidad ha creado muy poca cosa. Y luego para darle un tono más jocoso el autor añade la bullabesa. Podía haber sido la tortilla de patatas o el cochinillo asado, pero seguramente no quedaba igual de glamuroso que la bullabesa y probablemente desentonaría frente a Edipo en Colono.
Menéndez Salmón es un escritor con evidente talento y recursos, aunque a veces suene algo excesivo:
El resto del día mientras imaginas a los viajeros concentrados en la cubierta del Aurora, unidos por su carne destinada a la extinción, puedes escuchar el desplazamiento de los titanes (se refiere a unos icebergs), su materia invisible, muchos metros por debajo de las aguas, espléndida, violenta, una cornucopia del asombro y del poder.

Un libro a ratos apasionante, con momentos de resonancias míticas, en otras cargante, pretencioso, hermético e incomprensible. Da la impresión de que el mismo autor se perdiera en algunos momentos entre sus profundas reflexiones y sus brillantes metáforas. Por último, todo parece perfectamente planificado para llegar a la alegórica escena final, que a mí personalmente me resulta rebuscada y muy poco satisfactoria.

sábado, 16 de abril de 2016

"Nexus" de Ramez Naam

Portada de "Nexus" de Ramez NaamLa acción con la que arranca la novela es prometedora, mediante una escena sexual muy divertida Ramez Naam nos adelanta lo que la droga Nexus es capaz de hacer. Una escena, por la verosimilitud con la que es narrada, digna de un Greg Egan, aunque eso sí contada con bastante más humor del que suele hacer gala el australiano. A partir de ahí la trama se vuelve bastante convencional y lo que queda es un Greg Egan retocado al gusto de Hollywood. Una vez explicado cómo funciona la droga, y esto ocurre muy al principio, para mí la novela pierde interés. Como suele ser habitual en este tipo de historias la droga es codiciada por gobiernos autoritarios y mafias, lo que sirve de pretexto para desplegar todos los tópicos habituales de esto que se ha venido en llamar tecno-thrillers: persecuciones, mamporros, gobiernos sin escrúpulos, entrenadores que además son sabios conocedores de alguna pseudo-filosofía asiática, más mamporros, veteranos de guerra traumatizados y la consabida visita a un exótico país del sureste asiático.
 
He de confesar que la tremenda simplicidad con la que está escrita la novela, así como el candor que demuestran algunos de sus protagonistas me resultan incluso encantadores. La novela es entretenimiento y no hay que pedirle más, aunque algunos quieran ver en ella una sesuda reflexión sobre el futuro de la humanidad. Por otro lado es de agradecer que Ramez Naam con Nexus no intente escribir la obra maestra de su vida como parecen pretender muchos autores actuales con cada uno de sus libros, escritores a los que muchas veces les puede la ambición por querer abarcarlo todo. Un buen ejemplo sería Neal Stephenson, al que le salen unos tochos que son compendios de la sabiduría humana habida y por haber. Escribir una novela con grandes ideas originales basadas en los últimos avances científicos, protagonizadas por personajes profundos dignos de Balzac y que además se desarrollen en mundos alucinantes pero verosímiles es casi imposible de hacer sin aburrir al lector.
 
Naam al menos es mucho más humilde y renuncia a algunos de esos objetivos. Tal vez a demasiados, sobre todo al prescindir de una trama de mayor profundidad. El tema principal, la evolución de los seres humanos gracias a la droga y los escrúpulos por permitir su libre uso, queda relegado a un segundo lugar con tantas intrigas, disparos y patadas. La acción violenta acaba apoderándose de la historia.
"Alguien golpeó a Lee en el costado. Era Kade, con una patada voladora que lanzó al agente contra la pared. Sam sintió que Lee estampaba la culata de su arma en la cara de Kade y lo tiraba al suelo. Pero por un momento sólo hubo dos hombres a su lado, ambos con la mirada fija en Chuan y las armas en posición de disparar. Sam alargó los dos brazos y los agarró por los cinturones, tiró con fuerza para levantarse de un salto y simultáneamente los tumbó"
Tras varías páginas así uno ya no sabe de quién es el puño que golpea y de quién es el estómago golpeado, pero es que llega un momento que da igual y lo único que desea uno es que se maten de una vez y que termine la escena.
 
Las razones que mueven a los protagonistas, como suele ocurrir en este tipo de novelas, son esquemáticas y primarias. Por ejemplo, la agente de las fuerzas especiales ERD convirtiéndose en adalid de los que luchan contra las drogas, o el protagonista empeñado en convertirse en post-humano a toda costa gracias a Nexus. Por otro lado, la droga además de milagrosa y fantástica, es demasiado perfecta y buen rollista para ser verosímil.
 
Nexus es una novela que parece pensada para ser llevada al cine. Ya puedo imaginarme la película protagonizada por el guaperas de turno, plena de escenas de acción, con caídas desde edificios de veinte pisos rebotando de aquí para allá o peleas en las que atravesar muros provoca sólo unos pocos rasguños. ¡Ah, pero si eso ya ocurre en cualquier película de acción y sin que tengan que drogarse con Nexus!