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Universo de pocos

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lunes, 13 de noviembre de 2017

"La casa del callejón" de David Mitchell

La casa del callejón de David Mitchell            Siempre es un placer encontrarse con un nuevo libro de David Mitchell y más aún cuando apenas sobrepasa las 200 páginas. Acostumbrados como estamos a leer tochos suyos de 600 ó incluso de 700 páginas, como tenía su último libro, Relojes de hueso, esta disminución de tamaño supone una grata sorpresa. Llama también la atención que Mitchell haya optado por el  terror de corte fantástico y aún más que se haya ceñido al subgénero de casas encantadas. La literatura está llena de valiosos ejemplos de relatos de este tipo, clásicos como La caída de la casa Usher de Allan Poe, Otra vuelta de tuerca de Henry James o La casa en el confín del mundo de William Hope Hodgson y los que más repercusión han tenido en la literatura más reciente de casas encantadas: La maldición de Hill House de Shirley Jackson, La casa infernal de Richard Matheson y El resplandor de Stephen King. Con todos estos títulos (estos son sólo unos pocos), cabría pensar que queda muy poco margen para innovar en el género. A mí, que siempre me ha gustado la literatura de terror, he de confesar que las historias sobre casas encantadas nunca me han atraído en exceso. Mi impresión personal es que se trata de un subgénero muy gastado en el que queda poco o nada por inventar.

            Lo que sucede es que hablamos de un autor como David Mitchell cuya versatilidad ya quedó suficientemente acreditada en sus libros de historias conectadas (Escritos fantasma o El atlas de la nubes). Nos encontramos ante un escritor que destaca por su facilidad para crear personajes, no hablo sólo de los principales, hasta la figura más secundaria de sus libros suele mostrar una personalidad diferenciada. Sus tramas polifacéticas, engarzadas entre sí para componer una historia más compleja han acabado por constituir el distintivo de su obra. En este caso, sin embargo, Mitchell ha optado por escribir una historia mucho más sencilla, con menos personajes y más fácil de seguir. Podría decirse que en La casa del callejón se ha esmerado especialmente en que todo encaje a la perfección, como si quisiera dejar bien claro que aunque los sucesos que se relatan se desarrollan en el terreno de lo fantástico se rigen por una lógica inexorable. Al final del libro, como en las novelas de Agatha Christie, todo es perfectamente explicado de manera que no queda ningún misterio sin esclarecer, algo que puede sorprender en un relato de terror. El género de terror suele aprovecharse del miedo que todos tenemos a  lo desconocido, a lo imprevisible, a lo que no podemos controlar. Mitchell, sin embargo, en su penúltimo capítulo descubre sus cartas y apenas deja nada a nuestra imaginación. Todos los capítulos previos hasta ahora habían comenzado con alguien adentrándose en la misteriosa casa llamada “Slade House” y ocasionando que toda la parafernalia de apariciones y de sucesos extraños  habitual en este tipo de relatos se ponga  en marcha, pero en el penúltimo capítulo Mitchell rompe parcialmente con esta estructura, al tiempo que pone al descubierto la trama. Como consecuencia de ello el capítulo final pierde gran parte de su capacidad para sorprendernos.

            En La casa del callejón, como que suele ser habitual en los libros de Mitchell, nos  reencontramos con algunos de los personajes de sus libros anteriores. Concretamente en éste volvemos a toparnos con los enigmáticos Uróforos y Anacoretas que hicieron su presentación en Relojes de hueso. No desvelaré quienes son y pienso que cuanto menos se sepa de ellos mayor será el disfrute del libro, por lo que quizás sea mejor no haber leído su anterior novela.

            La casa en el callejón es una obra de una sencillez sorprendente, ingeniosa y amena en la que Mitchell vuelve a demostrarnos su gran talento. Se trata de una novela menos ambiciosa que las anteriores, pero impecable en su ejecución y con un final digno. Sin embargo para tratarse de una novela de terror echo en falta ese misterio del que hablaba antes. Además el autor ha prescindido casi por completo del enorme poder de la sugerencia a la hora de atemorizarnos, puede que en aras de una mayor verosimilitud. En cualquier caso una buena manera de introducirse en la obra de este autor inglés.

domingo, 26 de junio de 2016

"Relojes de hueso" de David Mitchell

Relojes de Hueso de David Mitchell
            Crispin Hershey, protagonista de uno de los capítulos de Relojes de hueso, recibe por su último libro una crítica demoledora: “¿Qué por qué «Eco debe morir» es una porquería tan desagradable? Primero, porque Hershey está tan preocupado por evitar los clichés que tortura todas y cada una de sus frases como si fuesen yanquis soplones. Segundo, porque la subtrama fantástica choca de forma tan violenta con las pretensiones de ser un “Informe sobre el estado del planeta” que da miedo verlo. Tercero, porque ¿qué mayor muestra de que un acuífero creativo se ha secado que el hecho de que el escritor cree un personaje que sea escritor?” ¿Juego de espejos? ¿Una muestra más del sentido del humor de David Mitchell? Porque de alguna manera, aunque parcialmente, las razones que argumenta el crítico podrían atribuirse a Relojes de Hueso. Puede que Mitchell se esfuerce más que en otras ocasiones en encontrar la metáfora justa. Es verdad que el libro contiene una arriesgada trama fantástica y también es cierto que uno de sus protagonistas es escritor, sin embargo la novela está muy lejos de ser una porquería. Al parecer, y aunque Mitchell dice que se ha mirado a sí mismo y exagerado sus peores defectos para crear a Crispin Hershey, muchos han creído ver en el personaje creado por el autor un trasunto de Martin Amis. El libro está lleno de referencias a personajes reales y  también a viejos conocidos de sus libros anteriores, yo he identificado solo a unos pocos, pero forma parte del atractivo del libro descubrirlos por uno mismo.

            Crispin Hershey es sólo uno más de los personajes que desfilan por la voluminosa novela. En el primer capítulo conoceremos a Holly Sykes siendo todavía una adolescente que se cree, como la mayoría de los chicos a esa edad, más madura de lo que realmente es. El segundo capítulo está dedicado a Hugo Lamb, un joven universitario sin demasiados escrúpulos y a sus trapicheos por ascender en la escala social. En la tercera parte Ed Brubeck, reportero enviado a Iraq, se ve obligado a escoger entre su familia y su labor como periodista. El siguiente capítulo está dedicado Crispin Hershey al que la feroz crítica con la que he comenzado la reseña le cambia la vida. Además, en todos estos capítulos aparecen unos misteriosos personajes que se hacen llamar anacoretas y horologistas que dotan a la novela de contenido fantástico. En el quinto capítulo Mitchell se desmelena y la trama fantástica explota con una intensidad sorprendente en una novela publicada fuera de una colección de género. En un equilibrio circense el autor, gracias a su humor y a su habilidad narrativa, logra superar la prueba, aunque a veces esté a punto de precipitarse y caer en el ridículo. Y es que la batalla final entre el bien y el mal tiene un aire a película retro o a Harry Potter que a muchos puede pillar por sorpresa. Sin embargo, David Mitchell consigue integrar todos estos componentes dentro de la narración sin que la maquinaria chirríe y además se permite inventar una serie de simpáticas palabras como psicoduelo, suasinar, acto de hiato o cineticar para describir algunas de estas acciones fantásticas que practican los anacoretas y los horologistas.

            David Mitchell ha querido confeccionar una obra similar a El atlas de las nubes y a la vez no repetirse, sin embargo Relojes de hueso pierde en las comparaciones. Lo que en El atlas de las nubes eran relatos que podían leerse por separado en Relojes de hueso son crónicas de determinados momentos de la vida de unos personajes que no funcionan por completo independientemente; en este sentido Relojes de hueso puede considerarse más novela que El Atlas de las nubes. Esto no tendría que ser algo malo, lo que ocurre es que al relatar la historia a través de tantos personajes la trama principal queda un tanto deslavazada, algo que en El atlas de las nubes o Escritos fantasma carecía de importancia ya que cada parte tenía suficiente entidad propia. La exhibición de virtuosismo de la que hacía gala con cada relato no se repite en Relojes de hueso. En El atlas de la nubes Mitchell repasaba casi todos los géneros: de aventuras, de viajes, histórico, policiaco, humorístico, cyberpunk, apocalíptico creando para cada uno de ellos una pequeña y fulgurante joya.

             Relojes de hueso mejoraría bastante con algunas páginas menos. Aún así es un buen libro del que quiero resaltar su perfecta construcción de personajes, algo a lo que Mitchell ya nos tiene acostumbrados y es que este hombre posee una capacidad especial para ponerse en la piel de sus protagonistas. Sin embargo, a pesar de todo, no he podido evitar sentirme algo decepcionado tras terminarlo. Además de que las diferentes tramas que lo componen me han resultado menos imaginativas que en sus libros precedentes, para mí carecen de la frescura de la novedad. Por último quiero señalar que Mitchell ha escrito posteriormente otra novela titulada Slade  House que tiene relación con Relojes de hueso. Espero que pronto la traduzcan, no pienso perdérmela.