Blog ciencia-ficción

Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

Univrso de pocos

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jueves, 25 de junio de 2020

"Qualityland” de Marc-Uwe Kling

Portada de "Qualityland” de Marc-Uwe Kling            Quiero hacerles partícipes de un hecho extraordinario, de un descubrimiento increíble, de algo que muy pocos aficionados conocen y que las editoriales olvidan y que podría abrir una puerta a un universo de autores desconocidos. Sí, no se lo van creer, pero les juro que es verdad, más allá de nuestras fronteras, aquí en este continente europeo también existen escritores de ciencia-ficción. En concreto en Alemania, donde además de fabricarse coches y de beberse cantidades ingentes de cerveza, se publica desde hace años ciencia-ficción. Tanto es así que tienen sus propios premios como el Deutscher Science Fiction Preis, un premio que entre otros muchos fue otorgado a Andreas Eschbach, uno de los pocos autores alemanes de ciencia-ficción conocidos en España, y que en 2018 fue concedido a Marc-Uwe Kling por  Qualityland.

            Lo curioso es que esta novela no la ha publicado una de las editoriales especializadas en el género sino una generalista como Tusquets. Ha sido necesario que HBO se interesara por el libro para que llegara a nuestro país. Sí, una vez más ha vuelto a suceder, me parece justo que la industria editorial se quiera aprovechar de ello, pero lo que me apena y me irrita es que sólo se venda (digo vender porque no estoy seguro de que luego se lea) lo que tiene éxito en los cines o en televisión. En cualquier caso, bienvenido sea el libro en este mundo copado por escritores anglosajones. Bueno, reconozco que últimamente han surgido también autores chinos aunque estos llegaron de EE.UU de rebote gracias a que Ken Liu decidió traducirlos. Resulta sorprendente que sepamos tan poco de nuestros países vecinos, desde Julio Verne nada sabemos de Francia, y de Italia, ¿hemos sabido algo a alguna vez? Sin embargo, blogs, revistas y editoriales miran siempre hacia los países anglosajones.

            Pero dejémonos de lloriqueos y pataletas y hablemos de Qualityland. Habría que empezar por decir que se trata de una distopía, un término tan desgastado en los últimos años que sólo con oírlo hará que muchos se arranquen matas enteras de pelos de la cabeza. A su favor cuenta con que no se trata de la enésima distopía feminista del año, ¿qué más atrocidades queda por hacerles a las mujeres? En su lugar podríamos considerarla una sátira del sistema interconectado en el que vivimos y de la sociedad de consumo, lo que quizás no sea la mejor manera de salvar cabelleras teniendo en cuenta que son temas recurrentes de la ciencia-ficción reciente. Kling al menos lo hace con sentido del humor y desde un punto de vista europeo, al que paradójicamente estamos menos acostumbrados.

            Al principio la novela parece una sucesión de viñetas más o menos divertidas de la vida en Qualityland, un mundo muy parecido al nuestro pero en el que el consumismo y la dependencia de internet se han exagerado hasta extremos paródicos. El mundo que Kling imagina posiblemente no sea un prodigio de imaginación, mucho de lo que nos presenta ya lo anticipó Black Mirror, a decir verdad la ciencia-ficción de los últimos diez, qué digo diez, veinte, cien años se lo debe todo a esta serie. (¿Cómo pudo Wells concebir los viajes en el tiempo antes de que lo hiciera esta serie?) Por ejemplo, el que a cada persona se le asigne un nivel según ciertos condicionantes (edad, salud, ingresos, éxito, etc.) no puede decirse que sea lo más original del mundo, es algo que se lleva aplicando en China, esa máquina devoradora de ficciones distópicas, desde hace algún tiempo.

            Las dos tramas que vertebran el libro tardan en tomar forma, a partir de entonces la novela deja de ser algo más que un encadenamiento de chistes más o menos ingeniosos. Todo empieza con un paquete de la multinacional TheShop que le llega a Peter y que contiene un consolador con forma de delfín que no ha pedido. El libro, además de contar la odisea que vive Peter para devolver este objeto que considera que no tiene nada que ver con su personalidad, relata las andanzas de John of Us, el robot elegido por la oposición para ser candidato a las elecciones generales. En Qualityland todo es muy fácil siempre que tu nivel no descienda demasiado y no te conviertas en un indeseable. Peter no tiene que pensar en nada, los algoritmos lo hacen por él: qué comprar, dónde comer o qué pareja le conviene es algo que decide su QualityPad o las correspondientes aplicaciones de las empresas en las que está registrado. La llegada del paquete le hace poner todo en duda: ¿Realmente el perfil que manejan los algoritmos le representa?

            Qualityland fue en su origen una nación europea (se deduce que podría ser Alemania) que se cambió el nombre para evitar un pasado poco glorioso y que mediante este golpe de efecto quiso ganarse la confianza de los mercados tras una profunda crisis económica mundial. En Qualityland todo es «lo más» por lo que sólo están permitidos los adjetivos superlativos. La novela, sin destacar por sus valores literarios, se lee sin dificultad y tiene algunas ideas divertidas y sugerentes, entre las que destacaría el beso con el que se certifican los pagos. Este curioso modo de identificación se debe a que un hacker robó las huellas digitales de toda la población y como no hay mal que por bien no venga establece una mayor conexión emocional con el cliente. Los capítulos del libro vienen intercalados con anuncios, comentarios en foros y noticias disparatadas de carácter jocoso. En ocasiones Kling cae en la caricatura y parece que en lugar de leer un libro estemos viendo una película de Pixar, sin embargo en otras ocasiones mete el dedo de lleno en la llaga.

            No sé si es algo premeditado pero los ataques más duros del libro no se los llevan los políticos o el sistema capitalista sino la sociedad que los tolera, superficial y manipulable. En este contexto, el robot que se presenta a las elecciones parece el más cabal  de todos. En fin, una curiosa mezcla de ideas más o menos subversivas, de humor a veces pueril y otras ingenioso ideal para estos días de calor que vienen y una oportunidad de conocer ciencia-ficción escrita en alemán. La crítica de Kling no debe suponer una amenaza muy sería al status quo cuando empresas como HBO o grandes editoriales se lanzan a su promoción. El libro acabará fagocitado por el propio sistema al que critica.


domingo, 14 de junio de 2020

"La disonancia de las esferas” de Sergio Mars

Portada de "La disonancia de las esferas”  de Sergio Mars            No recuerdo los años que llevo frecuentando el blog de Sergio Mars, Rescepto indablog. Es uno de los blogs de ciencia-ficción más importantes de nuestro país, imprescindible para cualquier aficionado a éste género y al fantástico, y con un fondo envidiable de reseñas y artículos de una profundidad muy poco frecuente. Mi curiosidad por conocer también su ficción era por tanto máxima y aún más al saber que había sido merecedora de varios premios como el Ignotus o el Domino Santos. La ocasión me ha venido que ni pintada con la publicación de La disonancia de las esferas, un libro de relatos que toma el título de uno de los cuentos que lo integran.

            Se trata éste de un libro en el que Sergio Mars deja patente su amor y respeto por la ciencia, nada que sorprenda a quien haya leído las críticas literarias y los artículos que publica en su blog. El mismo rigor y verosimilitud que Mars exige a los demás se lo aplica a sí mismo a la hora de escribir ciencia-ficción. Los escenarios y los avances por muy imaginativos y sorprendentes que puedan parecer se apoyan en sólidos conocimientos científicos. Mars, como hombre de ciencias (licenciado en biología), no teme abordar temas complejos de la ciencia moderna como las burbujas de vacío o el principio holográfico, a veces incluso aún cuando no sea del todo necesario para lo que quiere contar como ocurre en el relato titulado Horror Vacui. En este primer cuento del libro lo de menos es el motivo por el que se va a producir el final del mundo, la originalidad estriba en lo que ocurre después, sin embargo el autor en lugar de recurrir al típico meteorito opta por un suceso más enrevesado. Lo cierto es que la trama principal de la mayoría de los relatos, tal y como comenta Juan Miguel Aguilera en el prólogo que acompaña al libro, no está supeditada a una idea científica, se apoya en ella o se sirve de ella para hacerla creíble, pero no es esencial.

            En La disonancia de las esferas podemos encontrarnos con dos tipos de relatos, por un lado los pensados a propósito para un concurso o selección, y que por lo tanto han tenido que ceñirse a un tema y a una extensión determinada, y los escritos con plena libertad. Sin menospreciar los primeros debo decir que me han gustado más los segundos. Entre los primeros podemos encontrar el ya mencionado Horror Vacui, escrito para la antología temática que suele publicar Calabazas en el trastero con cierta periodicidad y que en este caso versaba sobre «Horror cósmico». Otro de estos relatos es  Museion, que fue finalista del premio L’Iber 2019 y cuya tema es la Historia Militar, el miniaturismo histórico o el propio Museo de los soldaditos de plomo L’Iber. Mars se lo tomó al pie de la letra y consiguió un relato muy meritorio con todo estos condicionantes, una sutil alegoría sobre cómo es tergiversada la historia.

            A medio camino entre estos dos tipos de relatos que he mencionado tenemos otros cuentos por los que Mars ha obtenido un premio pero cuya participación no obligaba a ajustarse a un tema concreto. Entre ellos tenemos el cuento titulado 161,62 en el que Mars vuelve a hacer uso de las últimas teorías de la física para crear una trepidante aventura en un mundo extraterrestre que deja con ganas de más y que le sirvió para ganar el premio Pascual Enguídanos en 2019. El segundo cuento de este tipo es el titulado Ruedas dentadas de un reloj imaginario con el que ganó el Domingo Santos en 2017. Se trata de un relato en el que Mars hace algo parecido a lo que Ted Chiang en  Setenta y dos letras (incluido en La historia de tu vida), aplicar el método científico a algo que tiene que ver más con la superstición o la religión. En concreto, parte de la astrología para crear una historia bastante delirante con la que no he sintonizado del todo.

            Mucho más me ha gustado La teoría de la metaconspiración, que a pesar de su disuasivo comienzo es una excitante reflexión sobre la ciencia actual y lo descabelladas que parecen algunas de sus hipótesis más recientes, todo ello sazonado con extravagantes teorías de la conspiración. En resumen, un gran relato que podría haber firmado perfectamente Ted Chiang, con lo que obviamente me vuelvo repetir.

            Mytolítico es un relato simpático que con mucho humor habla de la rivalidad entre aficionados a la fantasía y a la ciencia-ficción. Con Gancho en el cielo, que se desarrolla en el conocido mundo de Akasa-Puspa creado por Juan Miguel Aguilera y Javier Redal, Mars vuelve a demostrarnos su sentido del humor. Se trata de una historia que va mejorando según avanza y con un agradable tono “pulp” que ha hecho que lo disfrute por encima de los debates religiosos sobre el hinduismo entre sus protagonistas que me resultan algo ajenos.

            Con La bestia humana de Birkenau Mars obtuvo una vez más el premio Ignotus, sin embargo da la impresión de haber sido escrito antes de que Mars depurara su estilo. La narración de uno de los hombres que trabajó con Mengele tiene mucho interés, el problema es que Mars entorpece el desarrollo del relato con constantes interrupciones sobre los cambios de postura o los gestos del interlocutor que aportan muy poco.

            Con el relato que da título a la antología, La disonancia de las esferas, Mars demuestra todo su potencial; es el más largo de todos y el que más me ha gustado, una aventura en el espacio bien contada, equilibrada en el contenido científico, con unos personajes bien perfilados y con una interesante reflexión sobre la decadencia de las democracias actuales. Un relato de ciencia-ficción clásica excelente.

            Mars sin ser un estilista demuestra ser un narrador eficaz que se muestra más preocupado (al igual que otros escritores clásicos de ciencia-ficción) por el fondo que por la forma. En cualquier caso, La disonancia de las esferas ofrece una magnífica oportunidad para conocer a un escritor que creo que dará que hablar en el futuro.


martes, 26 de mayo de 2020

"El océano al final del camino” de Neil Gaiman

Portada de "El océano al final del camino”  de Neil Gaiman
            A veces los libros más fáciles de leer son los más difíciles de reseñar. Eso es lo que me ocurre con El océano al final del camino de Neil Gaiman. Tal vez sea porque se trata de una novela muy sencilla que llega directamente al corazón con un argumento mínimo en la que no suceden muchas cosas. Para explicarla hay que dejar a un lado la razón y dejarse llevar por las emociones, convertir luego esas sensaciones que el relato nos ha transmitido en palabras ya es más complicado, al fin y al cabo al autor le ha supuesto escribir todo el libro.

            Gaiman es un escritor de sobra conocido por todos, que empezó su carrera literaria como escritor de cómics, una carrera que iría ampliando con la escritura de novelas y de guiones para series de televisión. Mi primer contacto con él es de hace poco tiempo, a través de un libro de cuentos titulado Humos y espejos, una antología que contiene algunos relatos muy buenos junto a otros que se notan claramente de encargo. No debe ser su mejor libro, en cualquier caso me gustó su manera limpia de escribir y su particular modo de enfocar la fantasía. Hasta entonces lo había rehuido por considerar que su obra estaba dirigida a un público sobre todo infantil.

            Debo decir además, que soy un tanto puntilloso a la hora de escoger lecturas de género fantástico. Hay un cierto tipo de literatura fantástica de la que huyo como alma que lleva el diablo. Hay temas (siempre queda algún resquicio para las excepciones) que no dan más de sí como los vampiros, los dragones o los escenarios medievales con reyes, princesas y vasallos. Tampoco me gusta que los hechos sobrenaturales sucedan sólo cuando le conviene al autor, ex profeso para salir de un atolladero argumental. Lo que quiero decir es que huyo de relatos con embrujamientos, con magos y brujos omnipotentes en los que el conflicto se prolonga de manera artificiosa cuando al final todo podría resolverse con una varita mágica. Esto reduce bastante las posibilidades y me hace descartar grandes clásicos de la literatura fantástica que prefiero no mencionar. Pero ante todo busco que, por muy fantástica que sea la historia, tenga que ver con la realidad que vivimos, que no sea un mero ejercicio hueco de creatividad.

            Pues bien, precisamente muchos de estos elementos negativos que he mencionado antes son los que emplea Gaiman para escribir El océano al final del camino. En la novela todo parece suceder por antojo del autor, las luchas entre las fuerzas del bien y del mal a las que asistimos se rigen por leyes que Gaiman da la impresión de improvisar según su conveniencia. Y tampoco parece que haya un propósito claro para lo que sucede, un trasfondo alegórico que lo enlace con el presente, que como he dicho antes es por lo que me atrae la fantasía. Digamos que la novela tiene todo lo que me disgusta y, sin embargo, debo decir que funciona. ¿Y cómo es eso posible?

            El mundo fantástico en el que nos sumerge Gaiman no es un fin en sí mismo sino un sugerente vehículo con el que trasladarnos a la infancia y hacer que pensemos y sintamos como si fuéramos niños. En fin, que nos despojemos de la piel encallecida de adulto y creamos que esas cosas maravillosas y siniestras que imagina: polillas, pájaros del hambre, agujeros de gusano.., son posibles. Como decía al principio de esta reseña Gaiman aparta a un lado la razón y se emplea a fondo en despertar en nosotros esas emociones de nuestra niñez que habíamos olvidado, y además quiere que las sintamos con la intensidad de un niño. Es un poco como lo que hacía Bradbury en muchos de sus relatos, impregnados de una nostalgia a veces un tanto sentimental y llenos de esos iconos de la infancia norteamericana como son halloween, los porches al atardecer y las ferias ambulantes.            

            En El océano al final del camino no encontraremos porches ni ferias ambulantes pero si a una abuela entrañable que prepara las mejores tortitas a la plancha para desayunar, a una niña intrépida y mágica y a una niñera completamente detestable. Nos reencontraremos con el miedo a la oscuridad y a lo desconocido y nos encontraremos también, y eso resulta más inesperado en este tipo de relatos, con el recelo de un niño hacia su padre. Gaiman no parece echar de menos su infancia, lo que de verdad echa de menos es volver a sentir como cuando era niño. Al cerrar las últimas páginas de este no muy extenso libro uno no puede sino participar de ese mismo sentimiento.

viernes, 15 de mayo de 2020

"Regreso a Belzagor” de Robert Silverberg


Portada de "Regreso a Belzagor”  de Robert Silverberg            Con la pila bajo mínimos debido al confinamiento toca releer. Es algo que quería hacer de todos modos debido a que las novedades que llegan están en exceso subordinadas a los premios y por más que los blogs se rindan ante ellas a mí me resultan la mayoría de las veces decepcionantes. He escogido esta novela de Silverberg porque tengo la impresión de que en su día no la supe apreciar como merecía. Es posible que sus alusiones al cristianismo siendo yo un estudiante de ciencias me causaran rechazo o puede que echara de menos más acción. No lo recuerdo, en cualquier caso debo decir que su relectura ha supuesto para mí un enorme placer.
            Regreso a Belzagor es una especie de revisitación en clave de ciencia-ficción a El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. El confinamiento nos vuelve un poco locos a todos, así que he cogido mi viejo ejemplar de Alianza Editorial de la estantería, que me costó 250 pesetas, le he quitado el polvo y me he enfrascado en esas páginas de letra diminuta, a veces emborronada, en ese texto denso e intrincado como la selva que recorre Marlow en busca de Kurtz y creo que yo también he visto el horror, sí, el horror. O eso, o he cogido el coronavirus. Bueno, en resumen, que me he leído los dos libros de seguido con el propósito de escribir esta reseña.
            Llama la atención que los personajes de Regreso a Belzagor sean hombres y mujeres pertenecientes por completo a la época en que fue escrita la novela. Silverberg la publicó en 1969 y transcurre en un futuro lejano en que el hombre ha alcanzado otros planetas, sin embargo las motivaciones que les impulsan no se alejan demasiado de las nuestras. El autor no está interesado en este caso en predecir cómo será el hombre del futuro, lo que quiere es hablarnos del deseo del ser humano por trascender, de la culpa y del amor y lo hace desde la perspectiva de un escritor de los años sesenta. Sus protagonistas no son desde luego esos completos extraños que imagina Peter Watts en Visión ciega o esos individuos deshumanizados que protagonizan muchos de los relatos de Greg Egan. Es posible que a los jóvenes de hoy las preocupaciones de un escritor nacido en 1935 les resulten igual de chocantes y que temas como la expiación de la culpa o el pecado les parezcan algo del pasado. Más aún en un mundo como el nuestro en el que impera la iniquidad y en el que las mentiras de nuestros gobernantes elegidos democráticamente no tienen consecuencias.

             Los pecados en los que incurrió Gundersen, protagonista de la novela, en su primera visita  a Belzagor y de los que desea redimirse después de ocho años de ausencia palidecen frente a los cometidos por el Kurtz de El corazón de las tinieblas. Kurtz tampoco parece que tuviera la menor intención de expiarlos. El horror en el que el que cae y del que habla al final de la novela me recuerda a esa regresión al salvajismo que sufren muchos de los personajes de las novelas de Ballard. Esa selva oscura,sofocante, amenazadora y primigenia actúa como un catalizador sobre la mente de los que se internan en ella. Ballard utilizaría años después ese recurso en muchas de sus novelas catastrofistas, en las que una inundación o una sequía propician que los individuos retornen a la barbarie. El horror parece estar dentro de todos nosotros, sólo hay que darle la ocasión para que salga.

             Portada de la edición alemana de "Regreso a Belzagor" Volviendo al libro de Silverberg, en él también nos encontramos, y no por mera casualidad, con un personaje que se llama Kurtz. Se trata de un hombre sin escrúpulos ni inhibiciones que es condenado a su propio infierno, un trasunto claro del Kurtz original. En cambio Gundersen tiene poco que ver con el Marlow contradictorio de Conrad, alguien fascinado y repelido al mismo tiempo por la figura de Kurtz y con una actitud ante los nativos y la compañía que explota los recursos muchas veces de una irritante ambigüedad. Silverberg hace que su protagonista sea mucho más transparente, un hombre que en el pasado se vio cohibido por las convenciones sociales y que creyó como muchos otros que su cultura era superior, un hombre que siente que fue injusto con los seres oriundos de Belzagor y que ahora a su regreso desea ganarse su perdón. Parecidos físicamente a los elefantes, los nildores fueron utilizados en el pasado como bestias de carga. Son capaces de comunicarse con los humanos pero el hecho de carecer de tecnología, de tener un aspecto vulgar y de que se pasan el día pastando favoreció su menosprecio y maltrato. Cuando Gundersen al comienzo del libro regresa a Belzagor, el planeta está gobernado por los nildores, que ahora gozan del respeto de los pocos humanos que quedaron después de la descolonización. Además de los nildores existe en Belzagor otra especie inteligente, los sulidores, con un aspecto que se asemeja más al de los humanos. Son también bípedos, pero sus garras y sus tres metros de altura no los hacen especialmente entrañables. A pesar de sus notables diferencias los nildores son herbívoros mientras que los sulidores son carnívoros, ambas especies mantienen una sorprendente relación de concordia.

Portada de la edición inglesa de "Regreso a Belzagor"

             Gundersen emprende un viaje a la región de las Brumas para asistir a una ceremonia esencial a la que se someten los nildores. Se trata de un rito del que apenas se sabe nada y al que los nildores deben acudir en precisos momentos de su vida. La novela cuenta ese viaje, que no es sólo un sugestivo recorrido por la selva y por el macizo de Belzagor sino también un viaje introspectivo y al pasado. El mundo que nos ofrece Silverberg es deslumbrante, colmado de vida, de una vida pertinaz que puede resultar terrorífica por lo extraña que es; sin embargo es un mundo mucho menos amedrentador que el África de Conrad: un infierno que vuelve locos a todos los que se adentran en él. A lo largo del recorrido Silverberg nos ofrece imágenes inolvidables de la selva con su protagonista cabalgando sobre los nildores, que nos evocan de inmediato las aventuras de Edgar Rice Burroughs. Silverberg logra aunar la ciencia-ficción de paisajes exóticos de la época “pulp” con una ciencia-ficción intimista y de mayor ambición literaria.

            La conclusión de la novela (aquí se aleja por completo del libro de Conrad) me recuerda a otros libros de Silverberg como La faz de las aguas y en cierta manera también a Tiempo de cambios pero sobre todo me trae a la mente un conocido relato de George R. R. Martin titulado Una canción para Lya. En ese sentido la novela de Silverberg es un claro exponente de su tiempo. La comunión entre conciencias era entonces lo que ahora es la digitalización de la mente. El cielo al que aspiraban los hippies frente al deseo de evadirse a otras realidades de los “geeks” de la actualidad. Dos maneras de lograr en definitiva lo mismo: liberarse de la carne.

            Pocos autores de ciencia-ficción pueden presumir de una obra con tantas novelas memorables como Robert Silverberg. Lo curioso es que su brillante carrera, que obtuvo el respaldo de la crítica, no cosechó los premios que cabría esperar. A pesar de las numerosas ocasiones en que fue nominado no llegó a ganar nunca el Hugo a la mejor novela. Regreso a Belzagor es una novela imprescindible en la biblioteca de cualquier aficionado a la buena ciencia-ficción, un libro fascinante e intenso que no ha perdido vigencia.




lunes, 27 de abril de 2020

"La colina de Watership” de Richard Adams


"La colina de Watership”  de Richard Adams            Me siento culpable. Mientras el resto del mundo estaba pendiente del coronavirus yo me preocupaba por unos conejos, unos conejos que ni siquiera son reales, que son tan sólo unos personajes de ficción surgidos de la pluma del escritor británico Richard Adams. En momentos como los que estamos viviendo en que las cifras de muertos han excedido todo lo imaginable, en que el comportamiento de algunos que se llaman políticos es deleznable y el capitalismo parece estallar en las narices del mundo globalizado es bueno contar con libros así y poder abstraerse durante unas horas de la deprimente realidad.

            La colina de Watership es el libro ideal para ello. No vengo a descubrir nada, la novela fue publicada en 1972 y se convirtió rápidamente en un éxito en el Reino Unido. Una fama que por cierto no llegó a España, donde sigue siendo un libro bastante desconocido. Supongo que el hecho de que esté protagonizada por conejos ha podido influir en que muchos lectores lo descartaran creyendo que se trata de literatura infantil. Puede que el libro estuviera en un principio destinado a un público infantil, aunque visto ahora con la perspectiva del siglo XXI en que los niños están sobreprotegidos y existe una desmesurada preocupación por lo que es o no adecuado para ellos (aunque luego puedan acceder desde sus móviles a cosas peores) cuesta un poco creerlo, sobre todo porque el libro no evita la violencia y algunas de las escenas que se narran pueden llegar a ser bastante cruentas. Desde luego no se trata de la típica historia edulcorada protagonizada por animales a las que nos ha acostumbrado Walt Disney.

            La novela está protagonizada por unos conejos muy humanizados. Hablan, sienten como los humanos, valoran la amistad, son compasivos con los que sufren, poseen sentido del humor y disfrutan como el que más con una historia bien contada, pero al mismo tiempo el autor los ha dotado de una entrañable y convincente idiosincrasia conejil. Por poner un ejemplo, a los pobres conejos no les resulta nada fácil controlar su miedo, un miedo que los supera y que los puede llegar a paralizar, algo que supone una enorme desventaja cuando tienen que salir huyendo con rapidez. Además su inteligencia es limitada, resolver problemas que para un humano no más inteligente que Trump no revestiría ninguna dificultad supone para ellos todo un reto. Cruzar una carretera, un bosque o a atravesar un río se convierte en una arriesgada aventura. Cada uno de los protagonistas posee una cualidad que lo hace único e insustituible dentro del grupo: Avellano es un líder indiscutible, su hermano Quinto, un visionario, Pelucón es el fortachón y bonachón escudero, Zarzamora es quien se ocupa de resolver los problemas más complejos y Diente de León es el contador de historias que necesita toda sociedad para olvidarse de los problemas por unos instantes. Todos ellos se acaban convirtiendo en héroes aunque para ello deban primero encontrar su lugar en el grupo y comprender que hay tareas que deben delegar en favor de los que están mejor preparados.

            El relato comienza con la visión terrorífica de Quinto, un conejo menudo y asustadizo,  que presiente el fin de la madriguera. Él y su hermano, Avellano, no logran convencer al consejo pero sí a unos pocos conejos para buscar más allá de donde nadie ha llegado el lugar propicio para cavar una nueva madriguera. Para los conejos este viaje por tierras inexploradas (en realidad la inofensiva campiña inglesa) es como viajar a otro planeta. En su periplo descubren plantas desconocidas, espeluznantes líneas de alta tensión, ven pasar un tren, que para ellos es un objeto inexplicable, y contactan con otros conejos que se comportan como verdaderos marcianos. Hay escenas realmente memorables, momentos de enorme tensión y dramatismo que merecen la pena, sobre todo al final del libro cuando tienen que defenderse en los túneles de los invasores. Menos me han gustado las descripciones poéticas con las que arrancan algunos capítulos, algo afectadas, que por suerte no se prolongan demasiado.

            Bueno, ¿qué más puedo decir?  La colina de Watership es un libro de aventuras como hacía tiempo no leía. Sin duda, la mejor novela de conejos que he leído nunca.

miércoles, 8 de abril de 2020

"La luna y el sol” de Vonda McIntyre


"La luna y el sol”  de Vonda McIntyre            Con esta atípica novela de fantasía histórica Vonda McIntyre ganó el premio Nebula en 1998. No era la primera vez que se lo otorgaban, en 1978 lo había obtenido por su novela Serpiente del sueño, que un año después merecería el premio Hugo y el premio Locus. Según explica McIntyre en el comentario que aparece al final del libro la concepción de la historia también fue bastante curiosa. Nació como guión para una película en un taller de escritura en el que participaba la escritora, el Writers Film Project, impulsado por Amblin Entertainment y Universal Studios. En lugar de descartar parte del material que prolongaría en exceso el guión cinematográfico prefirió aprovecharlo y escribir en paralelo una novela que se convertiría finalmente en La Luna y el sol. Lamentablemente la película, en la que Pierce Brosnan interpretaría a Luis XIV, estaba preparada para su estreno en 2015 pero por una razón que no alcanzo del todo a comprender  (coincidió en el tiempo con La forma del agua) nunca llegó a los cines.

            La luna y el sol daría lugar a una entretenida película de amor y aventuras. No cabe duda de que la trama parece concebida para la gran pantalla, contiene los ingredientes idóneos para que así sea: un escenario espectacular, como es el Louvre durante el reinado de Luis XIV, unos personajes inolvidables como el propio Luis XIV o el papa Inocencio XII, una protagonista femenina adelantada a su época, un enano muy listo que aconseja al rey (¿no les suena?), una sirena... y un plantel larguísimo de interesantes secundarios. Por si esto no fuera suficiente, la novela cuenta con una historia de amor inolvidable.

            La novela relata el interés que despierta la llegada de una criatura marina a la corte de Luis XIV tras haber sido capturada por el padre jesuita Yves de la Croix a instancias del Rey Sol, no porque éste tenga una especial fascinación por la ciencia sino porque piensa que le permitirá alcanzar la inmortalidad. La protagonista de la novela es la hermana de Yves, Marie-Josèphe, que acaba de llegar de un convento situado en la colonia francesa de la Martinica. Se trata de una mujer muy ilustrada, versada tanto en ciencias naturales como en dibujo y en música, que se cartea hasta con el mismísimo Newton. Vamos, una joya pero que por otro lado nada sabe sobre ciertos aspectos de la vida, digamos más mundanos. Su inocencia en este punto es tal que ignora la existencia de la prostitución. La joven colabora con su hermano en sus estudios y es ella quien al final acaba  ocupándose de la bestia y de establecer una estrecha relación con ella.

            McIntyre nos relata la vida de palacio con enorme solvencia y también sentido del humor.  La novela está llena de momentos humorísticos como cuando se nos describe el despertar del rey al que deben asistir cada mañana por obligación sus más allegados, o el celo que ponen todos a su alrededor para que no vea nada que le pueda incitar o importunar, ya sea el tobillo de una joven o la boñiga de un caballo. Los retratos humanos que hace la autora tanto del rey, como de su esposa (Madame de Maintenon), de su hermano Felipe y de su amante masculino, del conde de Chrétien o del papá Inocencio XII son magníficos y son los que sustentan principalmente el relato. Menos conseguidos están los dos hermanos, Yves y Marie-Josèphe. Él es el típico sacerdote que se debate entre sus convicciones religiosas y científicas, por otra parte sus cambios de parecer o de actuar parecen estar muchas veces al servicio de la trama. Ella resulta demasiado perfecta y su desconocimiento de algunos temas, como he comentado antes, por mucho que haya sido educada en un convento resulta poco verosímil.

            La autora coquetea con la ciencia ficción, esto se ve en el interés de su protagonista por la ciencia o en el rigor con que su hermano realiza una disección, sin embargo el hecho de que la Atlántida sea el origen del pueblo del mar o de que la bestia sea una sirena me hace pensar que la intención de McIntyre es la de crear una fantasía clásica con la imaginería típica. Esto le permite además ciertas licencias como eludir dar demasiadas explicaciones sobre la forma en que Marie-Josèphe se comunica con la sirena o sobre ciertos acontecimientos prodigiosos que se producen al final de la novela. Puede que al principio la autora se detenga en exceso en la vida de palacio y que la historia tarde en despegar, lo que puede desanimar a los que busquen más acción. En definitiva, se trata de una agradable fantasía feminista, una sorprendente mezcla de cuento infantil, romance y novela histórica muy al gusto de Hollywood.

miércoles, 25 de marzo de 2020

"La Brigada de luz” de Kameron Hurley

"La Brigada de luz”  de Kameron Hurley            Una reseña.
            Un título potente. La. Brigada. De. Luz. Una autora, Kameron Hurley.
            Tropas en un futuro de mierda.
            Déjà vu.
            Viajes en el tiempo. Luz de esperanza.
         ¿Por qué tantos puntos y aparte? ¿Y por qué tantas frases sin verbo? De esta manera he querido imitar el sofisticado estilo de Kameron Hurley. Pero dejémonos de bromas y centrémonos en la reseña.

            La autora ha tomado claramente como modelo Tropas del espacio, la famosa novela de Robert A. Heinlein y uno de sus títulos más criticados y polémicos, a la hora de escribir La brigada de luz. No es el momento de defender la novela de Heinlein, sin embargo, algo debe de tener para que sesenta años después de su publicación se siga hablando de ella, un periodo nada despreciable tratándose de una novela de ciencia-ficción. La estructura narrativa, el régimen político que se describe, las batallas, todo estos elementos están tomados de esa novela con la que Heinlein obtuvo en 1960 su segundo Hugo. Aunque Hurley en principio no parece una autora que tenga mucho en común con Heinlein (desde luego ideológicamente se diría que están en extremos opuestos) comparten, sin embargo, más cosas de las que cabría esperar. Por ejemplo, la enrevesada trama central de los viajes en el tiempo parece inspirarse en alguno de los relatos más conocidos de Heinlein como Por sus propios medios o Todos vosotros zombis. Asimismo, ambos escritores poseen una prosa rápida y directa que se demora muy poco en descripciones y que se apoya en los diálogos. Hurley lo imita incluso cuando oculta hasta el final de la novela el sexo de su protagonista aunque la revelación no creo que sorprenda a nadie, es lo mismo que hizo Heinlein en Tropas del espacio con la etnia de su personaje principal. Siempre se ha acusado al autor americano de poner en boca de sus personajes sus propias ideas, bien, pues hasta en ese detalle se asemejan ambos escritores.

            La brigada de luz es una novela trepidante, electrizante, que comienza de una manera muy sencilla y que se va complicando sin que nos demos cuenta. Cuando lo hacemos el lío es ya monumental. Esto es resultado del mayor problema que veo en la novela como comentaré más adelante y que afecta en gran medida a los personajes (no son pocos), que por esta razón resultan casi imposibles de distinguir entre sí. Su conducta apenas se diferencia y conocerlos únicamente por su apellido propicia que nos olvidemos de si son hombres o mujeres, un detalle que ayudaría a identificarlos. Es evidente que se trata de algo intencionado por parte de la autora con el objetivo de hacernos ver que el sexo es un rasgo sin importancia. En ese futuro tan chungo y embrutecido gobernado por grandes corporaciones al menos han alcanzado la igualdad de género. La diferencia entre mujeres y hombres es irrelevante y a juzgar por cómo se comportan la testosterona no parece escasear, tanto es así que se reparte de manera equitativa entre unos y otras.

            La novela de Hurley parte de una idea francamente atractiva. Tras la aniquilación de Sao Paolo, Dietz se alista en el ejército para luchar contra los colonos marcianos a los que se acusa del desastre. El mundo está regido por grandes corporaciones que luchan contra el enemigo común. Cuentan con una ventaja sobre los marcianos: el teletransporte de tropas. Por desgracia se trata de una tecnología que no es cien por cien fiable y cuyo funcionamiento no es del todo comprendido. Dietz lo experimenta en sus propias carnes en varias ocasiones al descubrir que sus viajes no coinciden con el que realizan sus compañeros. Como verán el punto de partida no podría ser más interesante. Lástima que Hurley no le saque más provecho. En parte se debe a que el futuro descrito por Hurley regido por desalmadas corporaciones carece de suficiente entidad pero más que nada por lo obvio que resulta todo, aunque no así para su protagonista, que hasta el final no se entera de nada. Por otro lado el esperanzador y en exceso fantasioso final parece más propio de un público adolescente que de uno adulto y resulta especialmente decepcionante después del cuidado puesto por la autora para encajar cada una de las piezas de la trama.

            Todo esto no tendría tanta importancia si Hurley lograra implicarte en la historia y te hiciera vibrar, pero esto ocurre en muy pocas ocasiones, lo que se debe sobre todo al problema que he mencionado antes cuando hablaba de los personajes y que no es otro que la tremenda vaguedad con la que todo es descrito. Hurley escatima en descripciones y los pocos detalles que proporciona al lector son la mayoría de las veces demasiado imprecisos. Todo esto hace que no sepamos muchas veces si los personajes se hallan en medio de un desierto, en un bosque o hacen cola para entrar en el váter. La novela es entretenida pero no le habría venido nada mal un poco más de luz.