Blog ciencia-ficción

Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

Universo de pocos

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miércoles, 10 de junio de 2026

“Tu utopía”, de Bora Chung

“Tu utopía”, de Bora Chung

Tu utopía de la escritora de Corea del Sur Bora Chung se compone de ocho relatos que pertenecen sin que quepa lugar a dudas al género de ciencia ficción. Lo que sorprende es que haya sido publicado por una editorial al margen del género como Alpha Decay. También sorprende que lo haga con una portada bastante arriesgada, que es una manera eufemística de decir que poco atractiva. La pregunta que surge de inmediato es qué poseen estos relatos para que se haya fijado en ellos. No quiero que esto se interprete como una crítica, en absoluto, todo lo contrario. Si me hago la pregunta, es porque me gustaría saber qué les ha hecho decidirse por esta escritora de entre todos los autores de ciencia ficción que podrían haber elegido, tanto nacionales  como del resto del mundo.

 El libro comienza con los dos relatos más decepcionantes de la colección. Tanto Centro de investigación de la inmortalidad como Conocerla adolecen de los mismos fallos. Se trata de textos escritos de una manera atropellada, el resultado es una concatenación de acciones sin demasiada relación entre sí. Sin apenas dar respiro al el lector, éste tiene que hacer frente a todo ese chorro de datos en un contexto en el que uno nunca sabe si los personajes jugarán un papel relevante en la historia o no. Para colmo de males, las dos historias terminan yendo por derroteros del todo imprevisibles, como si Chung no tuviera claro cuando comenzara a escribirlos lo que quería contar.

El final del viaje es al menos más entretenido. No es una historia del todo original, pueden encontrarse elementos comunes con Supervivencia, relato que escribió John Wyndham en los años cincuenta, en el que los tripulantes de una astronave esperan en el espacio a ser rescatados pero no disponen de suficientes provisiones hasta que llegue la ayuda. La escritora coreana urde una trama mucha más alocada y cruenta que incluye caníbales pero que a pesar de todo no logra el impacto final que consiguió Wyndham.

Con el relato Un matrimonio muy ordinario empiezo a comprender por dónde van los tiros con esta escritora. La historia trata de un hombre que comienza a desconfiar de su mujer con la que lleva casado varios años. Un día, debido a una serie de llamadas telefónicas a las que ella atiende en un idioma que nunca había oído antes, el marido sospecha que no es quien dice ser. Como en el cuento anterior no puede decirse que la idea sea del todo original, lo que hace Chung es darle una vuelta de tuerca más y descolocar al lector. Autores como Richard Matheson, Fredric Brown o Robert Sheckley, clásicos de la ciencia ficción breve, hicieron lo mismo, con derroche de ingenio y rigiéndose por una lógica irrebatible. Con algo menos de coherencia y de ingenio Chung aspira sesenta años después a lo  mismo en una colección al margen del género. No encuentro que sus relatos sean un «espejo lúcido y perturbador de nuestras propias distopías» ni tampoco «una invitación a cuestionar la utopía prometida» como dice la contraportada, no percibo nada de eso, desde mi punto de vista son puro divertimiento, lo que me parece estupendo. Pero una editorial «sería» no puede quedarse sólo con eso y tiene que justificarse.

 Maria, gratia plena parte de una idea interesante, la posibilidad de extraer imágenes del cerebro de una persona, en este caso para resolver un crimen. El relato no estaría mal pero no acabo de entender a qué viene el  «María, llena eres de gracia» que repite constantemente uno de los personajes ni tampoco la relación con la sonda Cassini.

En el conocido cuento de Ray Bradbury, Vendrán lluvias suaves, las máquinas continúan funcionando tras la desaparición de la vida humana. Algo similar sucede en el sexto relato de Chung, titulado Tu utopía. El escritor estadounidense hace que todo suceda entre las cuatro paredes de una casa, la autora coreana por el contrario nos monta en un coche inteligente para mostrarnos la devastación del mundo. Menos poético que el relato de Bradbury y más acorde con los tiempos que corren pero resultón.

Sin embargo, el relato que me ha parecido más redondo de toda la colección es One more kiss, dear. Curiosamente es uno de los más sobrios y menos alocados del libro. En esta ocasión la autora parece tener claro desde el principio lo que se propone contar y remata una historia realmente conmovedora, destacable por su sencillez, sobre un ascensor inteligente que se encariña con una anciana que vive en el edificio.

El último relato, Semilla, es uno de los pocos de denuncia que contiene el libro. En concreto, su crítica se dirige a las empresas dedicadas a la biotecnología y a la fabricación de agroquímicos. Una nave con representantes de una de estas empresas llega a un planeta porque según ellos ha violado los derechos de explotación de las tierras. Al aterrizar se encuentran con algo muy diferente a lo que esperaban. Se trata de una fábula ecologista, amena y con un mensaje esperanzador: la naturaleza recupera lo que es suyo.

De la misma autora la editorial ha publicado otro libro de relatos, Conejo maldito, que es con el que se dio a conocer internacionalmente. No lo he leído pero por los comentarios parece que a Chung se le va bastante la olla. Uno de los cuentos trata de una cabeza que surge en un inodoro y que se ha formado pues de eso, sí de eso que estáis pensando. En estos tiempos de sobreabundancia de estímulos lo que parece valorarse es el exceso frente a la coherencia, no basta con una idea original, tal vez porque cada vez resulta más difícil encontrar una que en verdad lo sea, hay que acumular más de una y no importa que sean recicladas. En Tú utopía la autora se muestra mucho más comedida, por lo que puede que decepcione a los que disfrutaron con Conejo maldito. El libro aunque entretenido está muy lejos de la excelencia. Me ha hecho recordar a esos autores, algunos de los cuales he mencionado antes. ¡Qué lástima que en su momento no tuvieran una Alpha Decay que los publicara!


miércoles, 29 de abril de 2026

“La división de antimemética no existe ”, de QNTM

La división de antimemética no existe ”, de QNTM

A pesar de lo mucho que se publica en la actualidad, no resulta fácil encontrar libros de ciencia ficción recientes que se salgan de lo corriente. Me refiero a obras escitas por autores que se arriesguen a abrir nuevas vías, que estimulen la imaginación del lector y no a la enésima distopía o al consabido apocalipsis climático. Las razones de esta penuria son diversas, por un lado podría pensarse que es culpa de las editoriales, que buscan la rentabilidad económica y prefieren ir a lo seguro. Sin embargo, esto es algo que ha sucedido siempre y que, por lo tanto, no explica la escasez actual, sobre todo cuando existen más sellos editoriales dedicados al género fantástico que nunca. Otra explicación que se me ocurre es que se han agotado las ideas, y que las más brillantes, las que dieron lugar a temas clásicos de la ciencia ficción, como los viajes en el tiempo, los mundos post apocalípticos, los robots, los viajes interestelares o lo futuros distópicos, por mencionar algunos de los más representativos, han quedado desgastadas de tanto uso.

La ciencia ficción que llega a nuestro país procede cada vez con más frecuencia de autores que no se dedican habitualmente al género. A ello puede que contribuya el hecho de que la tecnología esté cada vez más presente en nuestro día a día, y es por tanto comprensible que haya cada vez más escritores que se pregunten a dónde nos puede llevar esto. Muchos además parecen haber descubierto de manera tardía lo extraordinariamente útil que puede llegar a ser la ciencia ficción para analizar el presente. Todo esto ha propiciado una avalancha de distopías —cada vez más simplonas— y de thrillers en los que las tecnologías y las IA tienen cada vez más protagonismo, en definitiva una ciencia ficción rutinaria que ha perdido su capacidad de maravillar. En este panorama tan poco estimulante es comprensible que La división de antimemética no existe, de QNTM haya sido tan bien recibida por los aficionados a la ciencia ficción. He de reconocer por mi parte que hacía tiempo que un libro de ciencia ficción no me sorprendía tanto. 

Se trata de una historia repleta de ideas delirantes al mismo tiempo que excitantes por lo que la novela te atrapa desde la primera página. Es necesario hacer un ejercicio de contención para dejar de leer y aguantarse las ganas de averiguar hasta dónde es capaz de llegar el autor. Los hechos son descritos de una manera tan precisa y convincente que por muy inverosímiles que sean, uno acaba tragando aunque eso sí, con una sonrisa en la boca. Hace falta, por tanto, cierta complicidad y sentido del humor por parte del lector. El ritmo que imprime a la trama Sam Hughes, que es el nombre tras el que se oculta QNTM, es además vertiginoso, lo que la hace aún más adictiva. Podría ser perfectamente un episodio alargado de la serie Expediente X, aunque más excitante, divertido y escrito por un guionista con menos ínfulas. No parece casual que uno de los personajes de la novela haga un comentario no demasiado favorable acerca de la serie.

La división de antimemética, que da título al libro, es una organización internacional que estudia fenómenos ocultos e inaprensibles por medio de métodos ordinarios de estudio. Pero mejor dejo que la propia novela lo explique a través de uno de sus personajes:

«Hay entidades y fenómenos que recolectan y consumen información, en particular la referida a ellos mismos. Le sacas una foto Polaroid a una y nunca se revelará. Escribes con bolígrafo una descripción en un papel y se lo entregas a alguien, pero las palabras resultan ser jeroglíficos y no las entiende nadie, ni siquiera uno mismo. Uno puede mirar directamente a una de ellas y ni siquiera será invisible, pero no percibirá nada. Sueños que uno no puede conservar y secretos que uno no puede compartir, y mentiras y conspiraciones vivas. Se trata de un ecosistema conceptual de ideas que consumen otras ideas y..., a veces..., segmentos de realidad. A veces, personas.»

Para protegerse de estas, denominadas por la organización, incógnitas utilizan medidas bastante paranoides y con unos efectos secundarios muy drásticos. En la novela se narran varios enfrentamientos con estos fenómenos y cada uno de estos episodios puede leerse como si se tratara de un relato, que sirve además a modo de presentación de los distintos personajes que intervienen a lo largo del libro.

QNTM o Sam Hughes es un escritor británico que participa en la fundación SCP (Special Containment Procedures), una organización ficticia de la que, por cierto, no había oído hablar nunca antes y que por lo visto se dedica a «la investigación y contención de fenómenos paranormales». Se trata de un universo de ficción colaborativa en el que los miembros aportan nuevas anomalías sobre las que luego escriben relatos o inventan medidas para contenerlas. Como puede verse un entretenimiento muy «friki».

Este curioso pasatiempo ha servido para que  La división de antimemética no existe vea la luz,  un soplo de aire fresco dentro del desganado panorama actual de la ciencia ficción, una obra lúdica y sin pretensiones de trascender, muy entretenida y que no aspira a mostrarnos el oscuro porvenir que nos aguarda. Bastante tenemos ya con la mierda de tiempo que nos ha tocado vivir. En todo caso no es un libro perfecto, tras un comienzo arrollador y estimulante, una vez que el efecto sorpresa se mitiga, la novela pierde garra. Su carácter episódico hace además que la tensión sufra de algunos altibajos. Es un libro que puede que no guste a todo el mundo y quizás haya que ser un poco raruno para disfrutarlo en su justa medida. Pero para todos aquellos a los que les gusten las teorías desquiciadas, los monstruos imposibles de novelas de terror de tercera o el horror cósmico pero sin tomarse nada de ello demasiado en serio, ésta es su novela. 

martes, 24 de marzo de 2026

“El Vado de los Zorros ”, de Anna Starobinets

Portada de “El vado de los Zorros ”, de Anna Starobinets

Después de años sin saber nada de Anna Starobinets, esperaba con muchas ganas su nuevo libro con el que regresaba a la fantasía adulta. Su última novela, Tienes que mirar, data de 2021 y es de carácter autobiográfico por lo que desde La glándula de Ícaro, en 2013, no  había vuelto a publicar una novela para adultos de género fantástico. En ese largo período de tiempo, marcado por grandes cambios en su vida y en el que se ha visto obligada a huir de su Rusia natal, ha publicado, no obstante, varios libros infantiles.

El Vado de los Zorros es un libro muy diferente a lo que me esperaba. Me ha descubierto una Starobinets distinta a la que conocí hace años a través de los libros de relatos, esa que con sus perturbadoras pesadillas contemporáneas me removía las entrañas. Por de pronto, se trata de una novela mucho más gruesa que las que había publicado hasta ahora, más sorprendente si cabe, en una autora que había destacado sobre todo en el relato corto. Lo peor que se puede hacer al empezar un libro es leerlo con una idea preconcebida. Si además se trata de una autora a la que se admira profundamente y la historia transcurre por senderos imprevistos, lo normal es que uno  acabe por decepcionarse. Algo así me ha sucedido en los primeros capítulos, sin embargo, he seguido adelante, confundido a veces, irritado otras, con la esperanza de reencontrarme con la autora que yo recordaba. Poco a poco, sin darme cuenta, he comenzado a disfrutar de esta intrincada fantasía que a ratos me ha recordado a esas viejas películas de aventuras, esos seriales a los que homenajeó Spielberg en Indiana Jones. Starobinets reúne lo más tópico del género en su novela, lo hace sin avergonzarse, con frescura y total desparpajo. Exprime estos clichés y los retuerce hasta extraer lo mejor, el resultado final es un relato original imposible de dejar.

Empecemos por los villanos. Obviamente son unos completos desalmados, unos tipos que no se detienen ante nada ni nadie con tal de conseguir sus objetivos. Entre todos ellos destaca un nazi versado en mitos ancestrales, y un mentalista capaz de entrar en los sueños ajenos y de hacerse obedecer únicamente con su voz, pero además podemos encontrar científicos que experimentan con humanos, bandidos y agentes rusos. Lo típico, vamos. Lo que mueve a todos estos villanos tampoco es especialmente original, resulta ser lo de siempre, la búsqueda de la inmortalidad y el poder absoluto.

En este tipo de aventuras los episodios terminan siempre con el héroe al borde de la muerte o incluso presuntamente muerto, o en su lugar con eso que los anglosajones llaman «cliffhanger», un gancho para obligarnos a seguir leyendo. Starobinets lo hace sin disimulos, pero  lo hace muy bien, de manera que los capítulos terminan siempre dejándonos perplejos y con ganas de averiguar cómo arreglará la autora el desaguisado.

La acción acostumbra a desarrollarse en escenarios exóticos. La novela transcurre prácticamente en el mismo lugar, en una población pérdida en Manchuria, entre China y Rusia, llamada el Vado de los Zorros. Al ubicarla en este escenario, la autora tiene a su disposición un tesoro de una riqueza enorme. Mitología china, rusa e incluso japonesa se entrecruzan con tradiciones milenarias de estas culturas. Por la novela transitan magos, mujeres zorros, hombres lobo, guerreros de terracota, junto a elementos de la ficción moderna como nazis, hipnotizadores, agentes secretos o cobayas humanas.

La historia arranca con un hombre, Maxim Cronin, que intenta escapar del gulag en el que se encuentra preso. No sabemos por qué ni cómo ha llegado hasta allí, él tampoco. Lo poco que recuerda es que ha trabajado en el circo como lanzador de cuchillos y que su esposa ha desaparecido. En su mente late una única idea, encontrarla. En paralelo, un individuo con unas capacidades que se salen de lo común va en su busca, así lo que comienza siendo un relato sencillo de persecución, se va complicando cada vez más. La novela está llena de giros inesperados y de personajes con mucho que ocultar.

El gran mérito de Starobinets es haber logrado dar sentido a todo este raudal de tramas, de personajes y de tópicos. Lo normal hubiera sido que todo este exceso, esta sobreabundancia de tradiciones y de personajes insólitos, se le fuera de las manos; no es el caso, la autora no pierde las riendas del relato en ningún momento y además logra finalizarlo de una manera que a mí me ha parecido brillante.

El origen de El Vado de los Zorros fue una serie para televisión que nunca se llegó a rodar y que Starobinets escribió junto a su marido Alexander Garros, ya fallecido. Esto se nota en el carácter episódico de la novela. Lo que diferencia El Vado de los Zorros de este tipo de ficción es su calidad literaria. En estos años la escritora rusa ha pulido su estilo, su escritura se ha vuelto más compleja sin que la lectura pierda fluidez. Algo que me ha llamado la atención es la manera en la que afronta las escenas de acción. Lo hace sin detenerse demasiado en ellas, como si no le interesaran demasiado, con ligereza y al mismo tiempo de una manera elegante.

Mientras escribía esta reseña, me he dado cuenta de que El Vado de los Zorros discurre muchas veces entre fronteras, en esa zona intermedia que no pertenece ni a uno ni otro. Estas fronteras son  físicas —la acción transcurre entre China y Rusia—, temporales —sucede al final de la segunda guerra mundial— y morales —los personajes caminan por la cuerda floja entre el bien y el mal—. Es también una novela que se mueve entre diversos géneros: el de aventuras, el fantástico y el terror sin que se le pueda adscribir a ninguno de ellos en particular.

Se trata, en definitiva, de una novela muy recomendable, excelentemente escrita y que a pesar de su extensión, se hace corta.

martes, 10 de febrero de 2026

“La estirpe de Lilith", de Octavia E. Butler

Portada de “La estirpe de Lilith", de Octavia E. Butler

Mi idea inicial era reseñar las novelas que integran la trilogía La estirpe de Lilith, de Octavia Butler, por separado y hacer una pausa entre cada lectura, sin embargo, cuando terminé la primera vi que aquello más que un final era un principio y no pude evitar ponerme a leer la siguiente. Las tres partes tienen muchos elementos en común, se podría  considerar que son variaciones sobre un mismo tema, la dificultad del ser humano en aceptar a los que son diferentes. Me apresuro a aclarar que el libro no es sólo eso, hay mucho más pero digamos que es el tema principal que vertebra la trama.

Para entender lo que sucede en el libro es conveniente conocer antes algunos detalles de la biología oankali, los alienígenas que ha concebido Butler para contar su historia. Entre sus muchas peculiaridades cabe destacar que poseen tres sexos, masculino, femenino y ooloi. Este último juega un papel decisivo en la reproducción oankali ya que se ocupa de escoger el ADN  de los hijos. Su cuerpo es en realidad un prodigioso laboratorio que le permite explorar los cuerpos de otros individuos, humanos u oankali, e incluso subsanar cualquier deficiencia detectada. Esto es posible gracias a unos perturbadores tentáculos semejantes a serpientes que cubren gran parte de su cuerpo (también los machos y las hembras lo poseen aunque con menos funcionalidades) algo que los convierte en tremendamente desagradables a los ojos humanos. Los tentáculos resultan imprescindibles para comunicarse entre ellos y con el entorno, en este sentido proporcionan un sentido extra que complementa a los otros cinco, lo que hace que la percepción que tienen del mundo sea mucho más compleja y pormenorizada que la de los humanos.

En Amanecer, primera parte de la trilogía, Lilith, una de las pocas personas que ha sobrevivido a la guerra mundial que ha destruido la Tierra, es despertada tras años de hibernación por los oankali. La han elegido para hacer de intermediaria entre los humanos y los extraterrestres. Su deber consistirá en persuadir a los demás supervivientes rescatados por los oankali para repoblar la Tierra.

El segundo libro, Ritos de madurez, tiene como protagonista a Aki, al primer niño construido, híbrido de humanos y de oankali. Antes de alcanzar la maduración es secuestrado por un grupo de rebeldes humanos que se niegan a confraternizar con los oankali. Su aspecto por completo de niño humano, en un mundo en el que los humanos no pueden procrear si no forman parte de una familia oankali, lo hace muy valioso. Tras una estancia prolongada con los rebeldes, Aki acaba por comprender la enorme frustración que sienten los humanos.

En el tercer libro de la trilogía, Imago, surge el primer ooloi construido, un súper ooloi capaz incluso de modificar su cuerpo no siempre a voluntad. A pesar del inmenso poder del que dispone necesita de los seres humanos para sobrevivir.

Butler se ha especializado en inventar vínculos sentimentales complejos entre extraterrestres y seres humanos. Ya lo hizo en el conocido relato Hijo de sangre, y en los tres libros que componen La estirpe de Lilith vuelve a presentarnos una relación igual de ambivalente, aunque en esta ocasión lo hace de una forma menos cruda. Diríase que es una constante en la obra de Butler, porque en su excelente novela sobre la esclavitud, Parentesco, aborda una vez más el tema presentándonos una relación de amor y odio, en este caso entre amo y esclava.

Los oankali viajan a lo largo y ancho del universo, de planeta en planeta recopilando información genética de otras especies que utilizan para mejorarse. Han alcanzado un avanzado estado de desarrollo sin el uso de máquinas, sólo a través de la manipulación genética y la hibridación con otras especies. Modelan la naturaleza a su gusto adaptándola a sus necesidades para que les proporcione alimentos y refugio. Sus hogares, sus naves y los medios de transporte que utilizan son organismos vivos. No sufren pobreza, no existen clases sociales ni por tanto explotación social, y su manera de comunicarse a través de los tentáculos hace imposible el engaño. Las únicas tensiones se producen al alcanzar la madurez sexual, cuando llega el momento de buscar una pareja y fundar una familia formada por tres miembros. Los oankali han conseguido construir una sociedad pacífica y siempre en evolución, en pocas palabras: una utopía. Como detalle curioso me gustaría  comentar que carecen de algo tan valioso para nosotros y que consideramos una muestra de nuestra inteligencia y de nuestra superioridad como es el arte en todas sus disciplinas, literatura, pintura, música arquitectura, etc.

Desde el principio hay algo que los oankali tienen muy claro: la raza humana no tiene futuro por sí sola. Y, según ellos, no lo tiene debido a dos factores: a su inteligencia y a su comportamiento jerárquico. Es algo que han constatado tras leer nuestro ADN, la humanidad está condenada de manera irremediable a la autoextinción. Lo cierto es que la mayoría de los humanos que asoman la cabeza entre las páginas del libro son violentos, mezquinos y crueles, no parece que merezcan ser salvados. Los hombres son los peores, además de ejercer la violencia contra las mujeres son los que más obstáculos ponen a la hora de convivir con los extraterrestres. Sobre todo en lo que se refiere a mantener relaciones sexuales y sentimentales con ellos.

Butler tiene una opinión nefasta de la humanidad. Hay ocasiones en el libro en que los seres humanos parecen incluso más marcianos que los propios oankali. Carecen de valores que solemos asociar con la humanidad, como la compasión o la generosidad de las que los oankali en cambio hacen derroche a lo largo de las tres novelas. Cuando un oankali ve a alguien enfermo se siente obligado a sanarlo sin importarle que sea amigo o enemigo. No obstante, a pesar de lo majos y de lo muy estupendos que parezcan, debo confesar que no he conseguido que me caigan bien. Es verdad que no ejercen la violencia a no ser que no les quede otra alternativa —tampoco la necesitan, ya que pueden someter a los humanos con drogas, alterando su química o con la promesa de placer —pero en definitiva lo que hacen no deja de ser una forma de vasallaje. Está científicamente demostrado que tanto en el cuerpo de la mujer como en la del hombre se producen al inicio de una relación amorosa importantes cambios hormonales que afectan a nuestra manera de pensar y que nos impelen a estar con la persona deseada. Sucede de una manera inconsciente, sin embargo los oankali lo hacen con absoluta premeditación. Butler  viene a decir que este padrinazgo es inevitable si queremos salvarnos. Los seres humanos padecemos algo así como una enfermedad incurable de la que sólo podríamos curarnos perdiendo parte de nuestra humanidad. Es una visión de la conducta humana muy materialista que afirma que está en nuestra naturaleza comportarnos como lo hacemos y que deja al margen causas de tipo cultural.

Como suele sucederme con cada libro de Butler que leo, y La estirpe de Lilith no es una excepción, su lectura ha despertado en mí una gran variedad de emociones y sensaciones. En las más de novecientas páginas que he ido pasando, a veces con un exceso de premura debido al afán por conocer lo que sucedía después, he sentido rabia, pena, ternura, curiosidad, desprecio, asco, miedo, asombro, decepción, alegría, escepticismo, incredulidad y en ocasiones, ¿por qué negarlo? también aburrimiento. Las relaciones sentimentales entre los oankali, humanos y construidos pueden llegar a agotar pero Butler sabe enseguida reconducir la trama por la senda adecuada. La vida en definitiva no es otra cosa que sentir y experimentar, si es así, Butler nos hace vivir de lleno otras vidas.

Quiero terminar con algo que Lilith le dice a otro personaje, que resume a la perfección el espíritu del libro y del que se desprende un mensaje que está de plena actualidad:

«Los seres humanos temen a lo diferente. Los oankali anhelan la diferencia. Los seres humanos persiguen a sus diferentes, y sin embargo los necesitan para ganar ellos definición y estatus. Los oankali buscan la diferencia y la recopilan. La necesitan para evitar el estancamiento y la especialización excesiva».

martes, 16 de diciembre de 2025

“Kallocaína”, de Karin Boye

De todas las distopía clásicas Kallocaína, de la escritora sueca Karin Boye, es una de las más desconocidas y también de las más singulares. Fue publicada en Suecia en el año 1940, en plena segunda guerra mundial, cuando media Europa asistía con horror a cómo las tropas nazis avanzaban imparables. En este clima de miedo e incertidumbre, de violencia e indefensión vio la luz esta atípica novela. Un año después Boye se quitaría la vida.

La mayor parte de la acción sucede en un lugar denominado Ciudad de la Química número 4, una metrópoli enclavada dentro de un megaestado que abarca gran parte del territorio mundial y que en ningún momento queda definido. Ni siquiera sus habitantes sabrían localizarlo en un mapa ya que el estado prohíbe establecer cualquier relación geográfica entre las diferentes ciudades. Este detalle ya nos da una idea del grado de control monomaniaco al que el estado somete a la población. Estamos ante un régimen totalitario que recuerda mucho a los descritos por George Orwell en 1984 o Zamiatin en Nosotros. Si en la novela del autor ruso, modelo de la mayoría de las distopías posteriores, la gente vive en casas de cristal para que puedan ser permanentemente observadas, en Kallocaína, al igual que en la novela de Orwell, el control se realiza de una manera menos rudimentaria, haciendo uso de la tecnología y de algo parecido a cámaras de vigilancia. Sin embargo, las consecuencias en definitiva son las mismas, una sociedad sometida por el miedo, sin la más mínima libertad, deshumanizada y carente totalmente de vida privada. Gracias al descubrimiento que realiza el personaje principal de Kallocaína este control, de por sí abusivo, puede dar un paso más allá. Leo Kall ha logrado sintetizar un compuesto que permitirá desenmascarar con facilidad a quienquiera que albergue pensamientos subversivos o inmorales. Una simple inyección de kallocaína, nombre dado a la sustancia en honor a su descubridor, es suficiente para que el sujeto conteste de manera sincera y con plena consciencia a todo lo que se le pregunta. Los resultados durante las primeras pruebas con las cobayas humanas que suministra el Servicio de Víctimas Voluntarias no dejan a Kall indiferente. Sus respuestas sin filtro en un una sociedad acostumbrada a fingir junto con la presencia durante las pruebas de su ayudante, Rissen, que por alguna razón le incómoda y le irrita, trastocan por completo a Kall. Siempre se había considerado un individuo entregado al régimen, deseoso de demostrar su valía y ahora de repente las confesiones remueven algo dentro de él y le preocupa que puedan llegar a minar sus sólidos principios.

No es un personaje que brille por su simpatía. Su comportamiento es bastante psicótico, a veces da la impresión de que sufre de manía persecutoria, que se manifiesta en una desconfianza atroz hacia todos los que lo rodean, en particular hacia su mujer y hacia el ya mencionado Rissen. A juzgar por los resultados de los experimentos no es el único en estar trastornado; parece la consecuencia lógica en una sociedad que vive bajo el yugo del miedo y cuyo único aliciente es servir al estado.

La mayor diferencia que observo con respecto a otras distopías clásicas es el marcado tono intimista y reflexivo de la novela. Lo más sustancial sucede en la mente de su protagonista, propiciado muchas veces por lo que le refieren los sujetos sometidos a la kallocaína. La lástima es que lo hagan mediante larguísimas y abstrusas parrafadas. Aquí es donde se le notan los años a la novela, en el estilo en ocasiones pedante y anticuado en el que se expresan los personajes. Es el precio a pagar a cambio de un texto de mayor profundidad al que estamos acostumbrados, sobre todo si nos fijamos en la literatura fantástica que se viene publicando en los últimos años.

La novela termina de una manera un tanto repentina dejando muchas cosas sin aclarar.  Su protagonista parece resignarse a lo poco que tiene pero lo cierto es que la novela no deja mucho lugar a la esperanza. El interés de Kallocaína es innegable, posee elementos de evidente originalidad y tiene el mérito de haberse anticipado a la distopía totalitaria por excelencia, 1984. El problema que veo es que queda empequeñecida ante una obra maestra de ese calibre.

domingo, 26 de octubre de 2025

“Los diablos”, de Joe Abercombie

         Soy bastante reacio a enzarzarme con tochos de este tamaño, de casi 800 páginas y que pasan del kilo de peso (en concreto 1'09Kg). Pero eran las vacaciones, tenía tiempo por delante y ganas de leer algo de este autor tan popular por lo que me animé a comprar Los diablos, de Joe Abercombie. Me dirigí a la librería más cercana y para mi frustración no les quedaba ningún ejemplar. Pero ya estaba por completo decidido y, a pesar de que el librero me comentó que habría que esperar a su reimpresión (las tres anteriores se habían agotado en pocos meses), lo encargué. Tardó más de una semana en llegar. Era la última semana de Agosto cuando me puse con él, algo desanimado porque las vacaciones llegaban a su fin y por las muchas páginas que quedaban por delante. Tampoco ayudaba el esfuerzo que me suponía sostenerlo a una distancia  adecuada para los ojos. Por suerte en verano hago más deporte y me encontraba en condiciones físicas inmejorables para manejar el algo más de un kilo de libro. 

Necesité un mes para leerlo y otro más para decidirme a escribir la reseña. ¿Por qué he esperado tanto? Sin darme cuenta he ido postergando el momento de sentarme ante el ordenador para poner por escrito mis impresiones. La razón de fondo, debo de reconocerlo, es que no encontraba nada interesante que decir. Dejando aparte mi falta de criterio puede que la causa radique en que se trata de un libro con una trama que no deja mucho lugar a la interpretación por lo que hay muy poco que uno pueda añadir o aclarar. Eso no es intrínsecamente malo y seguro que a los lectores habituales de Abercombie les parecerá magnífico.

No soy uno de ellos, lo cierto es que es la primera vez que me acerco a la obra de este autor al que llaman lord Grimdark. Tenía mucha curiosidad por averiguar qué era esto del grimdark. Y como suele suceder, lo que uno encuentra no coincide con lo que uno se espera. Tenía en mente una fantasía sombría, pesimista y desesperanzadora, una mezcla entre Cormack McCarthy y Robert E. Howard, y no en una siniestra sucesión de escabechinas con profusión de sangre. Cierto es que los protagonistas de la novela son gente desalmada que no tienen inconveniente alguno en matar o en perpetrar cualquier barbaridad. Entre ellos tenemos una mujer loba incapaz de controlar sus bajos instintos, un mago que revive los muertos, un vampiro (siempre hay un vampiro), un templario curtido en mil batallas que no puede morir, en fin, un variopinto elenco de los personajes más representativos de la literatura de terror. Nadie querría tenerlos como vecinos, no obstante, al final resultan ser más humanos de lo que parecen. El sabor de boca que deja el libro es mucho menos amargo de lo que me había esperado, menos oscuro y menos siniestro, menos grim y menos dark.

El grueso de la novela lo ocupa el viaje que realiza Alexia, la legítima heredera al trono de Troya,  (si entendemos que lo legítimo es que el poder pase de padres a hijos) con su séquito desde Ciudad Santa (una Roma alternativa) hasta Troya. Su tío la encuentra cuando están a punto de matarla debido a una deuda que le reclaman. Durante el camino hasta Troya tendrán que enfrentarse a los cuatro hijos de Eudoxia, que acaba de fallecer y que en el pasado asesinó a su propia hermana para arrebatarle el trono. Para proteger a Alexia han reunido una serie de personajes insólitos, entre ellos monstruos de los cuales ya he mencionado algunos, pero también integran la misión una elfa, que se hace invisible al contener la respiración, un confuso monje y una pirata que parece haber estado en todas partes. Para llegar a Troya habrán de enfrentarse con los hijos de Eudoxia, cada uno con sus armas secretas.

Las cuatro batallas son contadas con pelos y señales en las cuatro partes que componen la novela. Es una verdadera lástima que Eudoxia fuera tan prolífica. Si no me equivoco, un hijo menos habría supuesto un cuarto de kilo menos. Todavía podría haber rascado unos gramos más Abercombie si no se hubiera extendido tanto en las batallas. Sé que muchos disfrutarán pasando páginas a lo Doom o Duke Nukem (reconozco mi obsolescencia en el ámbito de los videojuegos) cortando cabezas o despanzurrando enemigos pero desde mi punto de vista el libro hubiera quedado más equilibrado y más manejable.

Es justo reconocer que al situar la historia en una edad media alternativa, aunque reconocible, Abercombie además de ahorrarse explicaciones logra arañar unos nada desdeñables gramos al libro. Algunas de estas variantes con respecto a la historia real —las cruzadas se emprenden en contra de los elfos en lugar de contra los musulmanes, el poder máximo de la iglesia lo detenta una papisa en lugar de un papa y no hay un salvador sino una salvadora—, dotan de evidente interés a una novela, cuya trama, por otra parte, no se aparta en exceso de los estándares de la fantasía. La originalidad hay que buscarla en los personajes, Abercombie pone todo su corazón en ellos. Algo que también me ha sorprendido agradablemente es la habilidad con la que logra combinar acción, terror y humor en una misma escena.

Narrada con un vigor y un ritmo excelente Los diablos es una aventura entretenida llena de personajes inolvidables cuyo mayor defecto es alargarse en exceso y caer como suele ser habitual en el fantástico actual (más aún en el audiovisual) en la hipérbole cuando se trata de relatar cualquier
combate, ya sea cuerpo a cuerpo, a espada o a mordiscos.

martes, 17 de junio de 2025

“Orbital”, de Samantha Harvey

Muchos aficionados a la ciencia ficción se apresuraron a festejar que Orbital de Samantha Harvey ganara el año pasado el prestigioso Booker. Siento decepcionarlos. Puede que sesenta años antes esto se pudiera considerar ciencia ficción pero ahora mismo en el año 2025 en el que nos encontramos con el tonto del culo de Elon Musk enviando casi cada día cohetes al espacio no puede decirse lo mismo.

La novela narra lo que en el transcurso de un día les sucede a seis astronautas en la  Estación Espacial Internacional. Su misión dura nueve meses pero el libro se limita a lo que sucede en un día cualquiera que por otra parte no es mucho. Cada día dan dieciséis vueltas alrededor de la Tierra en dieciséis órbitas diferentes, y Harvey dedica un capítulo a cada una de ellas. No sucede nada épico sólo hermosísimos amaneceres y preciosísimas puestas de sol. La vida de los astronautas es rutinaria y no tienen mucho más que hacer que ver pasar los continentes y los mares de la Tierra por la ventana, hacer ejercicio para evitar que se debiliten sus huesos y revisar los experimentos en curso. Uno de los personajes se pasa el tiempo haciendo listas sobre cosas triviales. Anoto una muestra:

«COSAS QUE MOLESTAN

Coches que se pegan detrás

Niños cansados

Querer salir a correr

Almohadas con bultos

Hacer pis en el espacio cuando tienes prisa

Cremalleras que se enganchan

Gente que susurra

Los Kennedy»

Hay más listas como esta: «Cosas que sacan de quicio», «Cosas sorprendentes», «Cosas que espero con ilusión». He visto listas parecidas en alguna película norteamericana que no recuerdo, debe de ser algo habitual entre los anglosajones. Parecen opiniones salidas de la propia autora que por alguna razón que se me escapa ha creído conveniente compartir.

Las vistas de algunos lugares de la Tierra traen a la memoria de los tripulantes fugaces recuerdos de su vida lo que da lugar a alguna conversación entre los personajes pero la mayor parte de la novela se dedican a contemplar lo bonito que es el mundo. Sí, también hay algunas  reflexiones de poca importancia sobre el medio ambiente y sobre los desastres que el hombre está provocando. Y eso, poco más o menos, es lo que viene a ser el libro. Sé que a algunos lectores les ha gustado, que no les ha importado que no suceda nada y que se han deleitado con las descripciones embebidas en poesía que Harvey realiza de las vistas de la Tierra desde el espacio. No ha sido mi caso. Prefiero contemplar las fotos que publica la NASA de tanto en tanto o incluso me resultan más auténticas y emotivas los retratos que hacía del espacio un autor como Arthur C. Clarke, en apariencia menos preparado literariamente y que nunca llegó a ganar el Booker.