Blog ciencia-ficción

Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

sábado, 14 de julio de 2018

“La casa de las arenas movedizas” de Carlton Mellick III

“La casa de las arenas movedizas” de Carlton Mellick III
            Es la primera vez que me enfrento a la lectura de esto que vienen a llamar "Bizarro" o al menos algo publicado con esa etiqueta. Conozco novelas escritas antes de que la etiqueta bizarro" existiera  que, supongo, podrían ser clasificadas dentro de dicho género. Por ejemplo, algunas novelas de Farmer como La imagen de la bestia, (novela que, por cierto, creo haber mencionado en otra reseña) o incluso mucho de lo que escribe Palahniuk.  Lo cierto es que no tengo muy claro todavía lo que es esto del bizarro. Supongo que lo que buscan es sorprender sin ponerse ningún tipo de  limitación, describiendo sin tapujos tanto escenas cruentas como con contenido sexual además de atracción por lo grotesco y por las tramas descabelladas. A decir verdad, un poco lo que buscamos todos los amantes de los fantástico pero con un par de vueltas de tuerca más.

            Parece ser que uno de los mayores representantes de esto de lo bizarro es Carlton Mellick III. La foto de la solapa del libro nos presenta un tipo de patillas generosas y cabeza rapada que bien podría ser el batería de una banda de rock. No sé si existe un Carlton Mellick I, II o si son versiones de sí mismo… rastreando por internet no he logrado descubrirlo. Pero centrémonos en La casa de las arenas movedizas. El argumento en principio resulta irresistible. Dos hermanos, chico y chica, viven confinados en una casa donde son cuidados exclusivamente por una niñera. No conocen a sus padres aunque sueñan con ellos y se les asegura que en cualquier momento van a venir. Sólo abandonan su hogar para "teletransportarse" al colegio donde conocen a otros niños como ellos. La casa les proporciona todo lo que necesitan para vivir, pero sólo pueden visitar una parte mínima de ella y es que según la niñera, el resto de las habitaciones no son recomendables. En un momento dado de la novela, no creo que destripe nada, es algo que se intuye desde el principio, no les queda más remedio que salir y explorar la casa e ir en búsqueda de sus padres. Mellick cuenta todo esto en pocas páginas, y le bastan poco más hasta llegar a 249 páginas para ponerle fin. Otros necesitarían un tocho de quinientas, y dos o tres tomos más.

            Se trata de uno de esos libros en que uno no puede parar de leer, en que la trama nos absorbe de tal manera que es imposible desprenderse del libro. Hay momentos mientras exploran la casa que me recuerdan a la estupenda novela de Brian W. Aldiss La nave estelar publicada también bajo el titulo Viaje al infinito. En ambos libros sus protagonistas viven confinados en un recinto cerrado y el viaje de exploración es también el viaje de la búsqueda de sus orígenes. Es verdad que Mellick no puede evitar como buen "bizarro" regodearse en lo morboso y de cierta  exaltación del arte de la chacinería, pero lo describe de una manera que resulta soportable y uno tiene la impresión muchas veces de estar contemplando una escena sacada de una película de dibujos animados. El libro está lleno de contrastes. Aunque parte de una idea grotesca se trata de una historia de enorme ternura. Es soez a la vez que ingenuo y alterna entre lo disparatado y el acierto.

            Escrita sin complejos, con frescura, sencillez y desinhibición supone una original aportación al panorama fantástico actual. Si bien es cierto que todos los misterios se aclaran al final siguiendo una lógica demasiado pueril, el poso que deja, sobre todo gracias a una de las escenas finales, trasciende lo que es una novela de mero entretenimiento.

martes, 19 de junio de 2018

“La extraordinaria familia Telemacus” de Daryl Gregory

“La extraordinaria familia Telemacus” de Daryl Gregory            A decir verdad nunca he sido muy amigo de los superhéroes, me refiero a héroes con super poderes como Superman, Spiderman, o como los que proliferan ahora en los cines. Incluso siendo niño prefería otro tipo de héroes como Tarzán o el Capitán Trueno, porque jugaban sin ventaja con respecto a los demás y porque me parecía que tener un superpoder hacía todo demasiado fácil. Daryl Gregory con La extraordinaria familia Telemacus nos demuestra que la vida de alguien con “superpoderes” puede ser todo menos fácil.
 
            Matt Telemacus a sus catorce años mientras observa a su prima a través de un agujero en el armario logra un grado tal de excitación sexual que llega incluso a salirse de su propio cuerpo. Gracias precisamente a poderes como el que Matt acaba de descubrir la familia Telemacus vivió tiempos mejores. Irene, su madre, los dos hermanos de ésta y sobre todo Maureen, la abuela, eran cada uno de ellos poseedores de un talento paranormal que los hacía únicos. Una ocasión que un timador profesional como Teddy, el patriarca de la familia, no podía desaprovechar para intentar triunfar en la tele de los años sesenta. Sin embargo, todo se va al traste cuando son ridiculizados en un conocido show ante millones de telespectadores por G. Randall Archibald, una especie de cazador de farsantes de lo paranormal. A partir de aquí todo va de mal en peor en la familia Telemacus hasta llegar a los años 90, momento en los que se desarrolla la historia que se narra en el libro.

            Lo que hace de La extraordinaria familia Telemacus una novela inolvidable son sus  personajes. Se trata de unos personajes que, aunque poseedores de poderes paranormales, resultan enormemente creíbles, seres humanos de carne y hueso cuya manera de ser es coherente con su peripecia personal y con sus dones extraordinarios. A través de los cinco protagonistas, que se van alternando en cada capítulo, vamos conociendo el pasado y el presente de la familia hasta llegar al desenlace final. Otra gran baza del libro son sus diálogos, la mayoría de las veces son brillantes, sobre todo los que mantiene Teddy con los gangsters o con el servicio secreto. El humor está muy presente en la novela y se hace más evidente en el tramo final del libro cuando el enredo en el que la familia se ve envuelto llega al borde del delirio. Pero aunque la novela acaba decantándose por la comedia podemos encontrar también momentos de vibrante tensión y de honda ternura. Se trata de una de esas novelas en que todos los acontecimientos que se narran parecen encaminados a dirigirnos a un final apoteósico. Eso siempre conlleva el riesgo de no cubrir las expectativas y acabar por decepcionar al lector. No es el caso. El final es completamente consecuente y además el camino hasta llegar a él resulta de lo más entretenido.

            Un libro muy recomendable (sobre todo ahora que llega el verano) protagonizado por una familia que, aunque en el día a día se lleva mal, a la hora de la verdad y como suele ocurrir forma una piña. Léanlo y pasen un buen rato antes de que hagan una mala película de él.

jueves, 24 de mayo de 2018

"Ondina o la ira del fuego" de Irene Gracia

“Ondina o la ira del fuego” de Irene Gracia
            Según la tradición germana Ondina es una ninfa del agua que perdió su inmortalidad tras  enamorarse de un caballero. A partir de esta leyenda Friedrich de la Motte Fouqué escribió un cuento en 1811 que utilizaría Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, más conocido por sus iniciales, E.T.A Hoffmann, para componer la ópera Undine. Sí, porque Hoffmann antes de dedicarse a la literatura compuso música y su obra  llegó incluso a ser elogiada por el mismísimo Beethoven. No es una faceta muy conocida del autor prusiano; yo, por ejemplo, lo ignoraba. Afortunadamente Irene Gracia la descubre para nosotros y aprovecha la que sería la primera ópera romántica y los diversos personajes que intervinieron en ella para articular esta curiosa novela.
            Al comienzo del libro, además de los prolegómenos al estreno de la ópera de Hoffman, se nos cuentan las disparatadas disputas que tienen lugar en las diversas representaciones, ya sea por celos o por egocentrismo entre sopranos, barítonos o tenores, el director de orquesta, escenógrafos..., en fin de todos los que toman parte en la obra. Los peleas no sólo se producen antes  de las actuaciones, sino incluso en medio de ellas hasta llegar al fatídico incendio que pone punto final a las representaciones. Es a partir del incendio cuando el libro arranca en realidad. Hoffman cree que el incendio ha sido provocado y sospecha de todos los que participaron en la ópera, excepto de la protagonista, Johanna Eunicke. Sus dudas le llevan a organizar un banquete en el cual pretende desenmascarar al culpable. Durante la cena los invitados cuentan historias fantásticas de autómatas, de estatuas que cobran vida, de pianos embrujados, de amores satánicos, maldiciones... muy en la línea de los relatos que escribió el propio Hoffmann, pero también de los relatos que los hermanos Grimm publicaron precisamente en esa misma época. Resulta divertido ver cómo Gracia se vale de los relatos que cuentan los personajes del libro para dar a conocer al lector su forma de pensar y de ser. Unos personajes, que todo hay que decirlo, son excesivos, volubles, enamoradizos y contradictorios como los que suelen protagonizar muchas óperas. De todos los relatos en particular me ha divertido el cuento titulado Clarisa, reina de Sirgén, no tanto por su enrevesada historia (hay otros relatos que me han gustado más como El piano negro), sino por el hecho original de ser contado sucesivamente por diferentes personajes del libro. El relato lo comienza a narrar el propio Hoffmann y es terminado bruscamente por una hastiada Johanna Eunicke después de pasar por más de diez narradores. 
            Ondina o la ira del fuego ha supuesto para mí una agradable sorpresa, más aún por tratarse de una escritora cuya existencia desconocía por completo. Un libro fresco, divertido, terrorífico, a veces hasta erótico pero por encima de todo romántico y con los que de vez en cuando da gusto toparse. Antes de terminar quiero agradecer a la librería “Colette Letras y Tragos” su amable recomendación. Es bueno que todavía queden librerías que den cabida a un  tipo de literatura más minoritaria.

lunes, 30 de abril de 2018

“Estación Central” de Lavie Tidhar


"Estación Central” de Lavie Tidhar            Después de setenta reseñas uno ya no sabe qué hacer para no repetirse y atraer a los lectores. Así que después de tres años haciendo reseñas voy a darme el gustazo de comentar este libro a través de una auto-entrevista. Algunos se hacen selfis, pues yo me entrevisto a mí mismo. ¿Quién va a entrevistarme sino?

            Antes de empezar con el libro me gustaría hacerte una pregunta. ¿Tienes tendencias masoquistas?
            No me parece una pregunta muy oportuna en este momento. ¿Qué te hace creer eso?
            Lo pregunto porque las dos reseñas que has escrito de Lavie Tidhar no fueron muy favorables y sin embargo aquí estás, reseñando “Estación Central”.
            Comprendo lo que quieres decir, pero no se trata de masoquismo. Tanto en “Osama” como en “Un hombre sueña despierto” Tidhar eligió a dos personajes deleznables de la historia para contarnos dos relatos que además de disparatados no llegaban a ningún lado. En parte me parecieron un engaño, novelas de a duro disfrazadas de alta literatura. La primera es una extravagante reflexión sobre el terrorismo que no logra cuajar y la segunda un absurdo y poco elegante ajuste de cuentas. Estación Central parecía algo completamente distinto, no se trata de una ucronía, el libro está constituido a base de historias que se desarrollan en la Estación Central, en Tel Aviv, algo muy diferente a lo que había leído hasta ahora de este autor. Reconozco que mis reseñas anteriores fueron duras; cuando el resto de opiniones que podían leerse eran más bien entusiastas, yo me arriesgué a dar una opinión desfavorable. Si se discrepa de tal manera con los demás se empieza a dudar de uno mismo y supongo que por eso y porque la sinopsis me parecía interesante he querido darle una nueva oportunidad a este premiado autor. Volviendo a la pregunta que me hacías al principio, creo que algo de eso hay que tener para leer a Tidhar.
            Intuyo que no te ha gustado mucho.
            Digamos que ha habido momentos en que hubiera preferido emplear mi tiempo haciendo otra cosa, como poner la lavadora, por ejemplo.
            ¡No me digas! ¿Puedes resumirnos de qué va el libro?
            No es fácil hacerlo porque como te decía antes se compone de varios relatos, en concreto de trece, que están interconectados entre sí. Todos se desarrollan en la Estación central, que es una especie de aeropuerto gigante que permite conectar a los viajaros con el espacio. Alrededor de la estación se ha formado una especie de ciudad multicultural dentro de la misma Tel Aviv, llena de comercios, de cafeterías, lugares de ocio o para la oración. El autor más que contarnos una historia intenta transmitirnos el ambiente extraño y complejo en el que moran sus habitantes. Para crear esa atmósfera de extrañeza Tidhar apenas esboza los muchos prodigios que colman el libro y deja cosas sin explicar.
            Sin embargo, en muchas ocasiones te has quejado de libros en los que su autor no deja nada a la imaginación del lector.
            Supón que te dan las piezas para construir un coche, cualquier coche. No te dan ningún plano ni manual ni instrucciones para que lo montes. Con esas piezas, vamos a suponer que son muy maleables, que son como piezas de lego, puedes construir desde un maravilloso deportivo a un armatoste que no anda, el resultado final depende por completo de ti. Si con ese material logras construir un fabuloso deportivo, ¿de quién es el mérito? ¿De ti o de quién ha concebido las piezas?
            Es de suponer que quien ha concebido las piezas lo haya hecho con una función precisa...
            O puede que no. Puede ser el primer sorprendido al ver los diferentes coches que se pueden montar con sus piezas.
            Sin embargo, un libro no es lo mismo que  un coche. Y además la grandeza de una obra literaria está precisamente en que puede dar lugar a diferentes interpretaciones.
            Ya, pero así como un coche tiene que servir de transporte para que pueda considerarse un coche, una obra literaria debe transmitir algo al que lo lee.
            Y "Estación Central" no lo consigue...
            Algunos relatos tienen más interés que otros, pero muchos me han aburrido y las peripecias que viven sus personajes me han provocado la mayoría de las veces indiferencia. También debo reconocer que hay un pequeño deseo de provocar con mis respuestas... Lo cierto es que el autor deja las cosas más claras de lo que parece en un principio. Para mí el mayor problema de la novela es que las historias costumbristas de ese futuro más o menos lejano apenas logran seducirme.
            El libro ha recibido muy buenas críticas y ha ganado el premio  “John W. Campbell Memorial ” a la mejor novela de ciencia-ficción, ¿qué puedes decir?
            Bueno, a muchos lectores parece haberles gustado esos sueños de un futuro afable, esas fantasías optimistas sobre un mundo “hiperconectado” en las que el autor ha dejado volar libremente su imaginación sin importarle demasiado que el resultado sea plausible o no. Lo curioso es que muchos de los relatos se publicaron por separado en revistas de ciencia-ficción; y si como novela el libro adolece de no tener una trama central, en general los cuentos tampoco se caracterizan por contar una estructura argumental definida.
            Muchas gracias por dedicarnos unos minutos para comentar esta novela.
            Gracias a ti por entrevistarme.

            Concluyo así esta reseña esquizofrénica con la que inauguro una nueva forma de comentar libros. Ahora sólo queda ponerle un nombre a este engendro. ¿Entrevieña? ¿Reseñivista? ¿Reseñavíu? A ustedes les dejo la elección.

jueves, 19 de abril de 2018

"La súbita aparición de Hope" de Claire Northon

"La súbita aparición de Hope" de Claire Northon            Que la sociedad es cada vez más superficial es un hecho comprobado. Sólo hay que fijarse en los periódicos digitales y comprobar cómo cada vez predominan más las noticias insustanciales, lo que está de moda, el “trending topic”... A la estulticia tampoco escapan el resto de medios de comunicación. Twitter es un buen ejemplo de ello y supongo que también Instagram, aunque por el momento no he sentido la llamada de las más que indiscutibles ventajas de este último. Lo cierto es que la gente publica toda clase de estupideces, fotos de lo que come, de lo que compra, de su gato haciendo monerías o de lo que un buen día descubre en su ombligo; las situaciones más peregrinas son sacadas del ámbito privado y exhibidas sin recato alguno... y lo peor de todo es que hay personas que se interesan por ello. A veces uno tiene la sensación de que si no está en las redes sociales no existe. Algo así le ocurre a Hope, la protagonista de la novela de Claire Northon.
 
            En un mundo en el que una aplicación de móvil llamada “Perfección” decide lo que es ser perfecto y concede puntos a los que más se aproximan a ese dudoso modelo establecido por la empresa, Hope es olvidada por todos a los pocos minutos. Nadie la recuerda, para la gente es como si no existiera y en esas condiciones a Hope le resulta imposible mantener la más mínima relación con nadie. Llega un momento en que ni siquiera sus padres la echan de menos. Como sucedía en Las primeras quince vidas de Harry August nos volvemos a encontrar con una protagonista que posee un don especial que no siempre le beneficia.
 
            A raíz del suicidio de una chica con la que simpatizaba y que utilizaba “Perfección”, Hope decide investigar a los propietarios de la empresa creadores de la aplicación. Dicha aplicación, que goza de gran popularidad, determina los ideales de belleza, lo que es saludable o no, lo que es interesante y finalmente la manera en que uno debe comportarse para pertenecer al Club 1x106, un club al que sólo los que más puntos acumulan pueden pertenecer, una élite a la que el resto del mundo admira y quiere parecerse. Para acumular puntos los usuarios deben comprar productos que benefician a la empresa y someterse a un caro tratamiento. Se trata de una clara metáfora del mundo en el que vivimos en el que todos quieren parecerse a las estrellas de Hollywood, a las modelos de Victoria’s Secret o a los futbolistas del Barcelona o del Real Madrid. Un mundo dominado por esa superficialidad a la que hacía referencia al comienzo. Hay un momento muy revelador en el libro en el que culpan a Hope de ser muy profunda, algo que a ojos de los demás la hace diferente y por tanto indigna de ser recordada.
 
            Durante todo el libro su protagonista derrocha conocimientos de todo tipo, en este párrafo que extraigo se retrata perfectamente a la sociedad actual:
            En el transcurso del siglo XX, las oportunidades que concedió el avance tecnológico redefinieron las aspiraciones sociales. La humanidad siempre aspira a más, es algo inherente a ella. La historia está repleta de «celebridades», aquellas personas que son aclamadas por una hazaña. Pero, durante el último siglo, nos hemos dedicado a celebrar el consumo.”
            Pero no piensen que la novela es un análisis profundo y desolador del mundo en que vivimos. La súbita aparición de Hope es ante todo una novela de intriga, de misterio, con una dinámica protagonista que no para de viajar de un lado a otro (Londres, Estambul, Tokio, Corea, Edimburgo...) y de emprender misiones imposibles aprovechando su facultad para ser olvidada.
 
            La prosa chispeante de Northon te hace avanzar páginas sin darte cuenta, sin embargo, a pesar de su gran esfuerzo, de su apreciable inspiración y de su originalidad sus algo más de seiscientas páginas acaban por hacerse repetitivas. Algo que no sólo se refleja en sus hallazgos literarios (algunos discutibles como su afición a separar palabras de una frase en líneas diferentes) sino también en las situaciones que vive una y otra vez su protagonista.
 
            Un libro entretenido, bien escrito, tal vez excesivamente largo, cuya premisa inicial y su posterior desarrollo nos hace esperar que a su término nos encontraremos con una importante revelación que remate adecuadamente la novela, algo que por desgracia no ocurre. Para que el libro no decepcione debe leerse como lo que es, un sofisticado y original “thriller”.

viernes, 23 de marzo de 2018

"Parentesco" de Octavia E. Butler

"Parentesco" de Octavia E. Butler            “La última vez, al volver a casa perdí un brazo. El brazo izquierdo. Perdí también un año de mi vida, aproximadamente, y buena parte de la comodidad y la seguridad que había tenido – y no había valorado – hasta entonces. Kevin fue al hospital en cuanto le soltó la policía y se quedó conmigo para que supiera que a él no le había perdido.”
             Así comienza esta magnífica novela, con este sencillo párrafo, emotivo a la vez que repleto de misterio, ejemplo de pericia a la hora de atrapar a un lector con unas pocas palabras bien colocadas. Si ya resulta difícil resistirse a este comienzo aún más lo es hacerlo a su prólogo de tres páginas, que me parece fascinante.
 
            Parentesco es una novela intensa, a veces dura, emotiva, que no da tregua, contada con sencillez y convicción y que aún perteneciendo al género de ciencia-ficción no pretende ser un prodigio de imaginación. No es lo que busca la autora, si se vale del viaje en el tiempo es para enfrentar a una persona del presente con lo que es la esclavitud, y en ningún momento se aparta de su propósito. Los que esperen un relato lleno de inventiva y de complejas e ingeniosas paradojas temporales se llevaran una gran decepción, porque lo que se van a encontrar es una historia sobre todo humana. 
 
             Dana, la protagonista de la novela, mientras habla con su marido en su casa de 1976 es transportada de manera inexplicable al año 1815, en plena época de la esclavitud. Butler no se complica en ningún momento la vida buscando explicaciones científicas y se centra en los personajes y en mostrarnos con gran realismo la vida que llevaban los esclavos en esa terrible época. En ese sentido es interesante la relación contradictoria que mantenían los esclavos con sus amos, algo que Butler sabe plasmar muy bien en la novela y en el que el complejo vínculo que se establece entre Dana y Rufus, su antepasado, le sirve de espejo en el que poder reflejar magnificados esos sentimientos contrapuestos.
 
            Octavia E. Butler es una escritora que por desgracia no ha tenido mucha fortuna en el mercado español. El hecho de ser mujer y encima negra (¿o debería de decir afroamericana?) seguramente no la ha favorecido. Que yo sepa en España sólo se ha publicado su trilogía Xenogénesis, que fue publicada en los lejanos ochenta por “Ultramar”. Yo no la he leído, pero las opiniones que pueden leerse en la web Tercera Fundación son en su mayoría elogiosas. Su libro  más valorado Wild Seed (1980), que aparece incluso en Ciencia Ficción las 100 mejores novelas de David Pringle sigue sin traducirse al castellano. Después de leer Parentesco, pienso que es una lástima que no puedan encontrarse más libros de esta interesante autora de la que me han quedado ganas de leer más.
 
            Un clásico de 1979 hasta ahora olvidado, que no debe pasar desapercibido entre otras rutilantes, la mayoría de ellas fugaces, novedades.

lunes, 19 de marzo de 2018

"Zona Uno" de Colson Whitehead

Zona Uno de Colson Whitehead            Lo cierto es que tras leer el comentario que escribió Ignacio Illarregui en C (aunque su valoración final es positiva) se me quitaron bastante las ganas de leer este libro, lo malo es que ya me lo había comprado. Cuando decidí adquirirlo Whitehead acababa de recibir el Pulitzer por El ferrocarril subterráneo, una novela que trata de un tren secreto que permite escapar a los esclavos de las plantaciones del sur de EE.UU. en el siglo XIX, no obstante, aunque menos galardonada, me atrajo más Zona Uno. El “mainstream” ya no le hace ascos a nada, temas antes exclusivos de la ciencia-ficción como los viajes en el tiempo, viajes interplanetarios, la supervivencia en mundos apocalípticos o incluso la superación de la muerte mediante la tecnología se han convertido si no en habitual en algo que ha dejado de sorprender; véase La mujer del viajero en el tiempo de Audrey Niffenegger, El libro de las cosas nunca vistas de Michel Faber, La carretera de Cormac McCarthy y Zero K de Don de Lillo. Sin embargo, que un escritor de literatura general se atreva con una de Zombis además de un gran atrevimiento supone introducirse en lo más despreciable y denigrado del género fantástico. Y claro, no pude resistirme.
 
            La historia que se narra, si es que se llega a contar algo, (al terminar el libro uno tiene serias dudas de que así sea), no se aleja del patrón zombi: un virus convierte en zombis a los que enferman, muertos vivientes mordiendo a todo el que pillan y contagiando a su vez a más gente, supervivientes que intentan organizarse, pillaje, ciudades devastadas, sangre, violencia... El protagonista, conocido como Mark Spitz, es un limpiador, y junto a su grupo se dedica a “limpiar” de zombis zonas de Manhattan previamente aseguradas por los marines. Su día a día consiste en entrar en casas, garajes y comercios y comprobar si ha quedado algún zombi escondido. Mientras realiza su trabajo, en los tres días en los que transcurre la novela, el protagonista va recordando su historia pasada, los días previos al apocalipsis, la noche en que se produjo el desastre y diversos episodios cuando ya reina el caos en el mundo. Whitehead ilustra la escasa acción con algún intento de ironía y una pretendida crítica social sobre los excesos de la sociedad de consumo, sin embargo, sus reflexiones pierden su eficacia entre aburridas evocaciones de la infancia y del pasado del protagonista que tienen nulo interés.
 
            El autor además pone muy poco de su parte para atraer o cautivar al lector. Y es que todo parece hecho a propósito para aburrir. Su gusto por la enumeración resulta la mayoría de las veces fatigosa, y en raras ocasiones aporta algo:
            “En aquellos primeros tiempos, todos ellos esperaban el momentos de escapar. Todos ellos y los solitarios; los alternativos, los jóvenes que estudiaban en otra ciudad y tenían morriña, y los profesores jubilados confinados en casa, los ancianos que creían que los injustos esquemas del mundo ya no podían sorprenderlos, los recién llegados en un momento inoportuno, sin amigos...”
            Ejemplos como éste los hay por docenas. Hay reconocerle a Whitehead la habilidad especial que tiene para la elaboración de frases aburridas.
 
            El continuo ir y venir del pasado al presente y su interés por detalles muchas veces superfluos no ayuda al lector a conectar con una historia que tiene muy pocos pasajes que logren seducir. A mí lo único que logró sacarme del bostezo fueron los “scraggs”. En la novela existen dos tipos de zombis: los “skels”, el zombi habitual conocido por todos que se dedica a comerse a los demás, y los “scraggs” que permanecen en una especie de estado catatónico, paralizados repitiendo hasta el infinito una acción intrascendente con la que se sienten a gusto, como hacer fotocopias o mirar un retrato. Parecen atrapados en un pasado que nunca volverá pero muchos supervivientes, en medio del caos, parecen mirarlos con envidia.
 
            El protagonista, Mark Spitz, no sólo es un hombre mediocre, es el más mediocre de todos los hombres, un verdadero experto en mediocridad, algo que le ha permitido en el pasado salir siempre adelante. Nunca ha destacado por nada, pero el mundo tras la epidemia se ha convertido en el paradigma de la mediocridad y nadie está mejor adaptado que Mark Spitz  para sobrevivir en él. El futuro es de los mediocres, parece querer decirnos el autor y para confirmarlo se empeña (y consigue) en hacer su novela lo más aburrida posible.