Blog ciencia-ficción

Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

Universo de pocos

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lunes, 17 de diciembre de 2018

"Ciudad nómada y otros relatos”, selección de Mariano Villarreal

"Ciudad nómada y otros relatos”, selección de Mariano Villarreal            Con el cuento Siete cumpleaños, de Ken Liu, se abre la segunda entrega de cuentos seleccionados por Mariano Villarreal titulada Ciudad nómada y otro relatos, que se publicó al mismo tiempo que El viento soñador y otros relatos. Se trata del clásico relato de Liu, mezcla de especulación científica y drama sentimental, en el que el escritor de origen chino parece seguir un patrón preestablecido. Lo cierto es que la formula le resulta rentable a tenor del entusiasmo que genera entre muchos de sus lectores. La primera mitad consigue interesarme, pero la descripción del lejano futuro que realiza en la última parte me resulta fatigosa.
            Blue, de Víctor Selles, es un bienintencionado relato en el que se aborda un tema tan actual como es el de los refugiados. La imagen final es muy potente, pero por desgracia la realidad supera a la ficción.
            Colapso, de Kameron Hurley, es un rutinario relato de aventuras protagonizado por un personaje de brazos musculosos, duro y tenaz, que intenta sobrevivir en un mundo inhóspito. Supongo que su mérito estriba en que dicho personaje en lugar de un héroe es una heroína. Como además la protagonista carece de piernas la autora ha de recurrir a una gran elipsis para que el final sea medianamente verosímil.
            One Hit, de Josué Ramos, es por la originalidad del tema y también por la forma en que es narrado uno de los relatos que más he disfrutado. Una historia que se sale de lo normal y que se aleja de la ciencia-ficción más manida.
            Movimiento, de Nancy Fulda, me produce sentimientos encontrados. Por un lado el tema que propone, el de hasta qué punto podemos inmiscuirnos en la mente de una persona para “sanarla” me resulta muy interesante; por otro lado no comparto del todo su discurso en favor de la no intervención y de lo que es normal. En cualquier caso, un relato con contenido lo cual ya es mucho.
            Tableaux Vivants, de Elain Vilar Madruga, tiene un comienzo inquietante y prometedor, pero luego la historia pierde garra, algo de lo que la autora parece ser consciente porque hasta su escritura se resiente y se vuelve insegura. El final un tanto folletinesco tampoco ayuda.
            Nave nodriza, de Caroline M. Yoachim, es un magnífico y brevísimo cuento sobre una nave inteligente. Imaginativo, conciso y bien escrito. Muy diferente al otro relato escogido por Villarreal de esta misma autora para  El viento soñador y otros relatos titulado La verdad del muro de piedra.
            Felicidad, de Bandinelli, es lo más flojo de la antología. Un relato con una trama deslavazada que no parece conducir a ningún sitio y, entre otros muchos defectos, repleto de símiles a destiempo.
            Con Tras el apocalipsis, de Maureen F. McHugh, volvemos a encontrarnos con una historia postapocalíptica. A pesar de lo trillado del tema la autora logra en ese ambiente de decadencia y barbarie construir una inusual historia entre madre e hija. McHugh consigue darle la vuelta a La carretera de Cormack McCarthy.
            Protocolos de desconexión, de Andrea Prieto, es un interesante relato, sobrio, muy teatral en las formas, cuyo final puede resultar algo abrupto pero que plantea cuestiones morales de relevancia.
            Ciudad nómada, rebaño miseria, de Pablo Loperena, pertenece a ese tipo de relatos de ambientación abigarrada, poblada de multitud de grupúsculos con nombres altisonantes y personajes de mal vivir que se dedican a embaucar o hurtar para salir adelante. Normalmente la trama es lo de menos y lo que se trata es de encandilar al lector con un escenario lleno de colorido pero también rebosante de mugre. Lo cierto es que Loperena no pone las cosas fáciles y nos obliga a sumergirnos en su mundo desde las primeras páginas. Su intrincada creación tiene su merito, pero me deja sensación de "deja vu".

            Mariano Villarreal realiza una gran labor acercándonos a la ciencia-ficción y a la fantasía que se escribe en la actualidad tanto en España como fuera de ella. La mayoría de los relatos escogidos han obtenido un premio o han quedado finalistas, por lo tanto he de pensar que nos hallamos ante algunas de las mejores narraciones publicadas en los últimos años. Es verdad que los relatos tienen un buen nivel con relevantes aportaciones de la escena de la ciencia-ficción actual como Ken Liu, Kameron Hurley, Tim Pratt o Mike Resnick, sin embargo muy pocos de los relatos pueden considerarse rompedores o innovadores. Y no estoy pensando en la forma, los experimentos los carga el diablo, sino en los temas que se abordan. Evidentemente, los zombis y los vampiros deberían ser ya relegados al olvido y buscarse argumentos que enlacen con los temores de la sociedad actual. Cierto es también que el mundo acelerado y cambiante en el que vivimos incorpora cada vez más elementos que hasta ahora hemos considerado pertenecientes a la ciencia-ficción. Supongo que descubrir ideas que no se queden obsoletas a los dos segundos no es fácil y mirar hacia el lejano futuro lo es aún menos.

             En cualquier caso, con sus defectos y su virtudes tanto El viento soñador y otros relatos como Ciudad Nómada y otros relatos suponen una magnífica oportunidad de conocer literatura fantástica breve reciente por lo que recomiendo su lectura.

lunes, 11 de septiembre de 2017

"El zoo de papel y otros relatos" de Ken Liu

El zoo de papel y otros relatos de Ken Liu            Oriente está de moda.  Desde hace unos años todo lo que venga de China o de Japón atrae cada vez a más público. Al decir esto no descubro nada nuevo. Nada tengo que objetar a este hecho, incluso me parece estupendo dado que llevamos demasiado tiempo dominados por la cultura anglosajona, sin embargo lo más probable es que se trate de una moda más que el ávido mercado intenta aprovechar. Existe incluso una editorial, Satori Ediciones, muy interesante por cierto, dedicada exclusivamente a la literatura Japonesa. Esta moda, al igual que la creciente fascinación por los sushis, proviene como en la mayoría de las ocasiones de EEUU.
 
            La concesión a Cixin Liu en 2015 del premio Hugo (si es que eso significa algo) por su novela El problema de los tres cuerpos ha extendido este auge de la cultura oriental a la literatura fantástica. Gran parte de la culpa de este fervor lo tiene el escritor de origen chino Ken Liu, autor del libro que nos ocupa. Con sólo once años se trasladó a EEUU, pero la cultura china ya había calado hondo en él. Precisamente Ken Liu tradujo al inglés la popular novela de Cixin Liu y recientemente ha reunido en una antología titulada Invisible planets lo mejor de la ciencia-ficción china contemporánea, que será publicada en la colección Runas de Alianza Editorial. De Ken Liu se habían publicado en España varios relatos así como su novela de fantasía La gracia de los reyes. Yo sólo conocía dos de sus relatos, Quedarse atrás y Algoritmos para el amor; el primero publicado en la web de Marcheto “Cuentos para Algernon” y el segundo en la recopilación de Mariano Villarreal titulada A la deriva en el mar de las lluvias. Dos relatos que están bien (me gustó más el primero), pero que por sí solos no pueden explicar la enorme expectación que ha originado El zoo de papel y otros relatos. Es verdad que no he leído La gracia de los reyes, (la fantasía épica no me seduce) y a lo mejor es tan rematadamente buena que por eso ha logrado captar el interés de tantos aficionados a la literatura  fantástica. Lo cierto es que mis expectativas al empezar este libro eran también muy altas, algo que la magnífica edición en pasta dura y la bonita portada no hacían sino alimentar. Expectativas que por desgracia se han cumplido a medias.
 
            Ken Liu es un escritor correcto pero que a pesar de la sensibilidad que intenta mostrar  no ha logrado cautivarme. Sus relatos en general son de lectura fácil y se leen con agrado aunque poco más se puede decir de ellos, y eso que el exotismo chino que los envuelve juega en la mayoría de los casos a su favor para un lector occidental.
 
            Su primer relato Acerca de las costumbres de la elaboración de libros en determinadas especies, es uno de los más originales. Recuerda un poco a Borges y a Calvino, aunque el hecho de estar escrito a modo de tratado científico lo hace un tanto pesado. Le gustan estos títulos largos y pseudo-académicos a Ken Liu.
              Cambio de estado, es un relato bastante original lastrado por un final moralizante en exceso.
            A Como anillo al dedo le sucede lo que a muchos de los relatos de la antología, le falta garra y capacidad de inquietar y puede que su planteamiento naif no juegue a su favor.
            Buena caza es un bello relato de fantasía en el que me molesta ese tono nostálgico de un pasado lleno de supersticiones frente al mundo moderno.
            El literomante es desde mi punto de vista uno de los mejores relatos de la antología. En él se nos narra unos hechos poco conocidos sobre la colaboración de EEUU durante la guerra fría con el gobierno de Taiwán y de la psicosis comunista existente en el momento.
            Simulacro parte de una idea interesante, pero su final se intuye con demasiada facilidad.
            Regulada es un relato policial apañado, aunque malogrado a causa de un típico final de telefilme en el que a su protagonista se le brinda una nueva oportunidad para superar un viejo trauma.
            El zoo de papel es un relato cruel, perjudicado por un exceso de melodrama.
            Manual comparativo ilustrado de sistemas cognitivos para lectores avanzados (como decía, le gustan estos títulos a Ken Liu) y Las olas son representativos de lo que menos me gusta del libro. Un tono en exceso sensiblero que Ken Liu parece confundir con lo que es auténtica  poesía. A estos dos relatos podríamos añadir el titulado Mono no aware historia típica de héroe que se sacrifica para salvar a todos y en la que el autor se emplea a fondo para crear un final lacrimógeno.
            Todos los sabores es un relato agradable sobre los chinos que emigraron a EEUU creyendo que harían fortuna trabajando en la construcción del ferrocarril. Tiene la virtud de contar con unos protagonistas muy simpáticos aunque poco más puede decirse de esta narración que bien podría ser un episodio de La Casa de pradera.
            Más divertido resulta ser El maestro de litigios y el rey mono, que cuenta además con la novedad de que se desarrolla en el siglo XVIII.
            El hombre que puso fin a la historia: documental se basa en las atrocidades cometidas por el escuadrón 731 durante la segunda guerra mundial. El problema que plantea recuerda mucho al que se debate en España en los últimos años sobre el derecho de los descendientes de las víctimas de la guerra civil a recuperar los cuerpos de sus familiares. El relato es interesante  sin embargo la tediosa machaconería con que está narrado y un final forzado al melodrama lo echa a perder. 
 
            Los relatos de El zoo de papel y otros relatos resultan en general amenos, asimismo nos hacen reflexionar en muchas ocasiones sobre cuestiones interesantes y cuentan con el añadido del exotismo de oriente además de un toque fantástico o de ciencia-ficción, pero a pesar de los muchos premios recibidos no puedo decir de ninguno de ellos que sea una obra maestra.

viernes, 27 de noviembre de 2015

A la deriva en el mar de las lluvias y otros relatos

A la deriva en el mar de las lluvias y otros relatos La publicación y traducción de relatos recientes de ciencia-ficción era algo que hacía falta en el mercado español desde hacía tiempo. Parece que en los últimos años se le ha querido poner remedio con diversas antologías que han ido apareciendo en el mercado como las de Terra Nova y ésta que nos ocupa. También gracias a la encomiable labor de Marcheto y de su blog Cuentos para Algernon hemos tenido la oportunidad de vislumbrar lo que se cuece en otros lugares.
Pero vayamos con los relatos que componen el libro y que han sido seleccionados por Mariano Villarreal.

La señora astronauta de Marte de Mary Robinette Kowal es un relato que me desconcierta. La historia se sitúa en una realidad alternativa en que se ha colonizado Marte en los años sesenta y se utilizan ordenadores que funcionan con tarjetas perforadas. Siempre he visto las ucronías como un juego de extrapolación cuyo fin último es analizar una época histórica, o la de entretener sin más. Sin embargo, Kowal parece servirse de ella con el único propósito de poder escribir la frase final con la que termina el relato. Toma elementos de aquí y de allá, un poco de Crónicas Marcianas, un poco de ucronía, un enfermo terminal... para escribir un relato que a mí me resulta artificial. La autora mezcla estos ingredientes de forma deliberada para lograr el tono nostálgico de la narración y arrancarnos unas lágrimas al final.

Algoritmos para el amor de Ken Liu es un inquietante relato en el que el autor se vale de unas muñecas inteligentes para hablar de la mente humana. La protagonista después de aplicar la lógica hasta sus últimas consecuencias llega a una conclusión aterradora. Relato correcto, con buenas ideas al que puede que le falte algo de chispa.

Frigonovia de Will McIntosh parte de una idea original y atrayente pero el autor no sabe dar con el tono del relato. En ocasiones, sobre todo en su parte final con todos esos pasajeros (me temo que deberéis leer el relato para entenderlo), parece más bien un vodevil y en cambio otras veces uno duda de que pretenda ser cómico. Además, la protagonista, ante un hecho tan insólito como ser reanimada, no parece sorprenderse demasiado.

Regreso a casa de Mike Resnick es un gran relato, el mejor de toda la selección según mi opinión. Es una historia muy bien concebida, en el que nada sobra y que logra conmover sin caer en sentimentalismos. Buena ciencia ficción que trata del abismo generacional en un futuro en el que los viajes espaciales son posibles. El autor además nos regala el esbozo de algunos de los extraños mundos a los que viaja el protagonista.

En La verdad de los hechos, la verdad del corazón Ted Chiang realiza un análisis de lo que supondría sustituir nuestra memoria por un registro de datos obtenido mediante una cámara personal y un software de búsqueda. La cuestión que se aborda es la de pasar de una memoria subjetiva, que vamos alterando con el tiempo a conveniencia de nuestra conciencia y que por lo tanto no es de fiar, por otra objetiva e invariable. El autor realiza un paralelismo entre este avance y lo que supuso en el pasado la llegada de la escritura a un pueblo que carecía de ella. Un interesante relato aunque su tono a veces discursivo lo hace algo denso.

Si fueras un dinosaurio, amor mío de Rachel Swirsky, es un curioso relato mezcla de inquietante poema infantil y denuncia social. Un relato cautivante a pesar de su brevedad.

La Amaryllis de Carrie Vaughn es un relato post-apocalíptico bien escrito y correcto que no creo que levante entusiasmos. Tiene cierto interés el futuro en el que se desarrolla la historia, aunque suena a ya visto y la trama que se narra es bastante anodina.

A la deriva en el mar de las lluvias de Ian Sales es el más extenso de los relatos. Cayendo en la parodia fácil podría decirse que es una extraña mezcla de CFH con algún EE que bien podría haber salido de una PIJ. Y es que el relato es un batiburrillo de siglas. Del autor puede decirse que además de instruido es generoso ya que no tiene inconveniente en compartir con los lectores sus extraordinarios conocimientos en aeronáutica y desde las primeras páginas nos demuestra que se sabe al dedillo el manejo de los diferentes Apolo. Con todo esto Sales logra que la lectura se convierta en una tarea bastante ardua, aunque, eso sí, muy instructiva. A pesar de todo, y gracias a que son sólo cincuenta páginas, merece la pena leerlo.

CFH : ciencia ficción hard
EE: elemento esotérico
PIJ: película de Indiana Jones

En conclusión una interesante selección que acaba sabiendo a poco. Espero que pronto lleguen más.