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lunes, 24 de marzo de 2025

“Las huellas del sol”, de Walter Tevis

Portada de “Las huellas del sol”, de Walter Tevis

Las huellas del sol fue la última incursión de Walter Tevis en la novela de ciencia ficción, lo que sólo por esa razón la convierte en algo especial. No fue su último libro, antes de morir escribió dos novelas más fuera del género, Gambito de dama y El color del dinero. Estamos ante una novela mucho más ligera que las que había escrito hasta ahora, con un Tevis que se muestra mucho menos taciturno que en otras ocasiones, más lúdico y desenvuelto pero por otra parte también menos atinado.

El libro narra las aventuras de un multimillonario norteamericano llamado Ben Benson que viaja al espacio con el pretexto de encontrar uranio, material imprescindible que se ha agotado en una Tierra en la que es cada vez más difícil obtener energía. En esta expedición que emprende hay además un claro propósito de huir, de aislarse del mundo y de búsqueda de algo más. Se trata de una huida de la realidad muy similar a la que pretenden los que consumen drogas. El alcohol y las drogas están presentes en Las huellas del sol al igual que en otras novelas del autor aunque con resultados menos trágicos. La adicción es un tema recurrente en la obra de Tevis.

Ben es el centro de la novela, toda la historia gira a su alrededor de manera que el que la novela guste o interese depende en gran medida de que guste o interese dicho personaje. No puede decirse que sea un dechado de virtudes, más bien al contrario es un tipo egoísta, acostumbrado a dar órdenes, lascivo, en ocasiones presuntuoso y que se cree el centro del universo. A pesar de todos esos defectos es apreciado por los que trabajan con él, no está falto de compasión y como sus padres siempre lo desdeñaron necesita desesperadamente el reconocimiento de los demás. Podría decirse que es un compendio de muchos de los personajes de las novelas de Tevis. Como Spofforth, el robot de Sinsonte, Ben se cree irremplazable y al igual que a Thomas Jerome Newton, el extraterrestre de El hombre que cayó en la Tierra, ha logrado acaparar una riqueza enorme gracias al éxito de sus negocios. Sin embargo, todo ese dinero y ese poder que ha conseguido no le bastan, no le sirven para alcanzar la paz, lo que le induce como al extraterrestre a buscarla en el alcohol pero también en la morfina.

«Lo único que hago es ganar dinero y perseguir mujeres. Y viajar. “¡No he hecho nada en mi vida!”, diré en esa suite, retorciéndome en la cocina con el último estertor; y luego caeré muerto sobre la trucha ahumada.»

Tevis convierte la travesía por el espacio en una suerte de viaje onírico en el que se hacen realidad los deseos más codiciados de Ben. Los mundos que descubre parecen colocados a propósito para él, en ellos no sólo encontrará la serenidad y el bienestar que estaba buscando y que la morfina sólo en parte lograba proporcionarle sino también la solución a los problemas urgentes de la humanidad.

En la novela no cesan de suceder cosas, Ben no sólo cruza el universo de un lado a otro  sino que también navega de EE.UU a China. Entretanto rememora escenas de su infancia solitaria, de su matrimonio fracasado, de su vida con Isabel a la que ama pero con la que no puede convivir, y se lamenta de su impotencia. Es un libro muy entretenido, contiene escenas muy divertidas, momentos imbuidos de ese fatalismo propio del autor pero hay también episodios  prescindibles. Mientras se van pasando las páginas la sensación que se tiene es la de navegar en un barco sin rumbo, la de ir de un lado a otro, la de ser arrastrado por la corriente sin saber en ningún momento adónde nos va a llevar. La parte final, que sucede en China, es en la que el autor desbarra más; en concreto todo lo que involucra a Tórtola Soong, una mujer importante dentro del gobierno chino, se encuentra entre lo más flojo de la novela.

Con todo el libro contiene momentos memorables e imágenes que se quedan grabadas en la retina, imágenes como la de la ciudad de Nueva con los pisos superiores de sus rascacielos abandonados (los ascensores no funcionan por falta de energía), la de un mundo que ha vuelto a explotar el carbón o la del planeta en el que crece una hierba cantarina. La hermosa escena final con la que concluye la novela, una arrebatada declaración de amor a la ciudad de Nueva York, logra en gran medida que nos olvidemos de los errores de la última parte.

martes, 10 de mayo de 2022

“El hombre que cayó en la Tierra”, de Walter Tevis

Portada de “El hombre que cayó en la Tierra” de Walter Tevis

Sé que no debería de darle a la portada de un libro tanta importancia pero cuando vi la edición de Contra de El hombre que cayó en la Tierra (1963) con David Bowie mirándome de manera enigmática se me quitaron las ganas de comprarlo. Una de las cosas que más me fastidian es que los libros recurran a la adaptación cinematográfica para su portada y es que no quiero que las imágenes de una película por muy buena que sea interfieran con lo que leo. Prefiero recrear a los personajes a mi manera según los detalles proporcionados por el autor y me resisto a ver al protagonista como se me induce a hacerlo, en este caso con el rostro y el cuerpo de Bowie. Además Bowie está por todo, en la sobrecubierta, en la cubierta, en la contraportada hasta incluso en el marcapáginas que viene de regalo. Cualquiera pensaría al ver el libro que se trata de una biografía del cantante británico. Es tal su presencia que se podría llegar a la conclusión de que Bowie colaboró mano a mano con Tevis en su escritura. Pero dejemos de hablar de la portada y de David Bowie, que no tiene culpa de haber sido utilizado como reclamo, y centrémonos en la novela y en su autor.

Walter Tevis era un escritor bastante olvidado hasta hace muy poco, recordado más por las películas basadas en sus libros como la versión que dirigió Robert Rossen de El buscavidas (1959) y más tarde Martin Scorsese de su continuación El color del dinero (1984), protagonizadas por estrellas como Paul Newman o Tom Cruise, que por su propia obra literaria. Sin embargo, el éxito obtenido por la serie de siete episodios producida por Netflix de otra de sus novelas, Gambito de dama (1983), ha traído a este autor norteamericano de nuevo a la actualidad literaria. En España se ha editado por primera vez dicha novela (cómo no con la portada de la serie) y se ha reeditado Sinsonte (1980) que antes había sido publicada como El Pájaro burlón por la editorial Plaza y Janés.

El hombre que cayó en la Tierra narra la llegada a la Tierra de un extraterrestre procedente de un mundo más avanzado que el nuestro. Supongo que esto la convierte en un relato de ciencia ficción pero se trata de un relato de ciencia ficción que no pretende serlo en ningún momento, un relato sobre una criatura extraterrestre, frágil y sensible que tiene muy poco de alienígena hasta el punto de que cae en un vicio tan humano como el alcoholismo. El propio protagonista de la novela bromea en un momento dado sobre lo disparatada de esta circunstancia.

El extraterrestre, que se hace llamar Thomas Jerome Newton, ha sido enviado desde el planeta Anthea con el objetivo de rescatar más adelante a los supervivientes que quedaron en su mundo y que debido a las guerras y a la sobreexplotación de recursos se ha hecho inhabitable. Para ello necesitará de un capital inmenso, que espera poder obtener gracias a diferentes negocios para los que recurrirá a los avanzados conocimientos científicos de su especie. En este dilatado proceso tiene la oportunidad de conocer a diferentes personajes como Betty Jo, que le ayuda cuando tiene un pequeño percance debido a la fragilidad de sus huesos o Nathan Bryce, un químico que acude a él estupefacto por los impresionantes avances técnicos que demuestran las empresas de Newton. Son personajes a los que les pesa la soledad, desarraigados como el propio Newton y que alivian sus penas principalmente con la bebida. Es precisamente Betty Jo la que inicia al extraterrestre en la ginebra, una dependencia a la que el extraterrestre se entregará cada vez con más fruición.

El mundo que nos describe Tevis se inspira en la clase media norteamericana de los años cincuenta que el autor extrapola a un futuro cercano. La historia arranca en 1985, a más de veinte años de cuando fue escrita la novela, y según el propio Tevis se trata de una especie de autobiografía novelada en la que Newton sería algo así como su alter ego. Al parecer Tevis debió de sentirse en su juventud tan extraterrestre, tan extraño y alejado de la humanidad como el protagonista de El hombre que cayó en la Tierra. A pesar de todo este extrañamiento Newton va pareciéndose cada vez más a los humanos, cae en sus mismos defectos, en el derrotismo, en la culpa y permite que la desazón le suma en una creciente nostalgia y le aleje cada vez más del propósito que lo trajo a la Tierra. La poesía, el arte, con la excepción de la música para la que sus sentidos extraterrestres no están dotados, y sobre todo el alcohol como ya he mencionado le ayudan a sobrellevar su pesar, su angustia vital. Al final, de ser la admiración de sus colaboradores más cercanos, Betty Jo y Bryce, Newton acaba convirtiéndose en objeto de su compasión. El hombre que cayó en la Tierra es una demostración palpable del poder que tiene la ciencia ficción, incluso para narrar aquello para lo que no parecía concebida en un principio.