Blog ciencia-ficción

Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

Universo de pocos

Universo de pocos

jueves, 30 de diciembre de 2021

Lecturas recomendadas del 2021


            No soy muy dado a esto de hacer balance de lo leído en el último año como suelen hacer muchos otros blogs, tanto es así que hasta ahora nunca lo había hecho. Realizar listas con lo mejor del año siempre me ha parecido algo presuntuoso porque para ello habría que haberse leído todo lo que se ha publicado, una tarea por completo imposible. Por tanto, me limitaré a recomendar algunos de los títulos que he leído por primera vez este año. No incluyo relecturas, y el orden en que aparecen los libros es completamente casual:                              

El rebaño ciego de John Brunner con su visión pesimista del futuro es un clásico en plena forma, que yo no había leído hasta ahora intimidado por su tamaño. Sin lugar a duda merecería una reedición en condiciones.

Señor del espacio y el tiempo de Rudy Rucker es lo más divertido que he leído en mucho tiempo. No hace falta decir más.

La policía de la memoria de Yoko Ogawa la recomiendo a todo al que le gusta leer. Se trata de una novela maravillosa de un lirismo único, surrealista por momentos y llena de imaginación que esconde una sorpresa tras otra.

Piranesi de Susanna Clarke es en pocas palabras una delicia. Se trata de uno de esos libros que da pena terminar, de los que uno se despide con la misma tristeza con la que se deja a un buen amigo.

Klara y el sol de Kazuo Ishiguro con la apariencia de un cuento infantil es una novela  elegante que ofrece más de los que parece.

Snow Crash de Neal Stephenson sin comerlo ni beberlo y gracias a Zuckerberg está de plena actualidad. De acción frenética y llena de imágenes legendarias es uno de esos libros imprescindibles de la ciencia ficción.

La chica de al lado de Jack Ketchum es una novela durísima no apta para estómagos delicados, exasperante en ocasiones por la impasibilidad del protagonista. Ketchum nos muestra lo peor del ser humano y a pesar de la aversión que provoca lo que narra resulta imposible dejar de leer.

La parábola del sembrador y La parábola de los talentos de Octavia Butler a pesar de los años transcurridos desde su publicación constituyen en su conjunto uno de los retratos más certeros de unos EE.UU en plena decadencia con claros vínculos con el estado actual.

Un verdor terrible de Benjamín Labatut, ¿novela?, ¿ensayo? No lo sé pero lo que está claro es que resulta fascinante.

En cuanto a lo que se publica, desde mi perspectiva de lector que no tiene contacto con el mundo editorial, tengo la impresión de que cada vez se publica más novela fantástica y sobre todo de terror en detrimento de la ciencia ficción. En los últimos años han ido surgiendo muchas editoriales pequeñas dedicadas al género fantástico, se trata de sellos que lanzan tiradas reducidas, que cuidan la edición con esmero y que intentan atraer con vistosas portadas a los lectores. Curiosamente en estos tiempos de crisis y de sueldos bajos muchas apuestan por la pasta dura y se olvidan de las ediciones de bolsillo. En este sentido resulta llamativa la decisión de Gigamesh que ha pasado a duplicar el tamaño de sus libros. Los precios acabaron siendo tan prohibitivos que para reducirlos ha dejado de vender en librerías (salvo en la propia Gigamesh). La determinación no deja de tener sus riesgos y podría ser un augurio de lo que suceda en el futuro en el mundo editorial. A mí, que siempre he sido un enamorado de las librerías, es algo que me entristece.

Las series y las sagas copan el mercado y las editoriales parecen acordarse de los clásicos sólo cuando son adaptados previamente al cine o la televisión. Debo reconocer que de lo nuevo que se publica en las colecciones dedicadas al género hay poco que me llame la atención. Para terminar quiero hacerlo con un dato positivo como es que las editoriales parecen haber perdido el miedo a publicar a autores españoles.


jueves, 9 de diciembre de 2021

“Los extraños” de Jon Bilbao

Portada de "Los extraños" de Jon Bilbao

  En Los extraños Jon Bilbao recupera a Jon (alter ego del autor) y a Katharina, dos de los protagonistas de Basilisco, su novela anterior. La pareja no vive su mejor momento y con el propósito de aclarar sus ideas pasan una temporada en la casa de los padres de él en Ribadesella. Tras haber dejado su puesto como ingeniero de minas Jon trabaja de momento como redactor de una enciclopedia temática, una labor que puede desempeñar desde la casa. Mientras tanto Katharina se dedica a traducir con desgana un manual de Odontología al alemán. Su fría relación con Jon, la presencia de la asistenta doméstica y la falta de otras amistades con las que relacionarse hacen que su estancia en la vieja casa no sea todo lo cómoda que desearía. De repente una noche aparecen unas luces muy extrañas en el cielo que aparentemente no despiertan demasiado interés en el pueblo. A Jon el extraño fenómeno le provoca una agitación tan fuerte que más tarde le impide conciliar el sueño, tanto es así que se levanta a mitad de la noche para anotar la experiencia en un cuaderno. El hecho en sí no resulta especialmente extraordinario, lo verdaderamente insólito es que admita que la llegada de las misteriosas luces le haya emocionado más que la noticia del embarazo de Katharina.

 Al día siguiente los deseos de Katharina de tener compañía parecen hacerse realidad con la llegada de Markel, un primo de Jon que éste ni siquiera recuerda. Le acompaña Virginia, una  peculiar joven, que apenas les dirige la palabra. Su presencia en la casa da un vuelco a la aburrida vida diaria de Jon y Katharina, pero se trata de una circunstancia demasiado fugaz y de poca relevancia para que pueda alterar el destino de sus vidas.

Poco a poco el comportamiento de los recién llegados comienza a despertar la curiosidad de sus anfitriones y también la nuestra. Su conducta es de lo más chocante pero no lo es menos la manera en que los dos protagonistas responden a todo esto, sobre todo Jon que parece tomárselo todo con una calma y una frialdad exasperante. Bilbao vuelve a demostrar su capacidad para crear atmósferas desasosegantes a través de las pequeñas cosas de la vida cotidiana. La habilidad de Bilbao para transmitir extrañeza y convertir las situaciones comunes en irreales con esa manera de contar desapasionada es insuperable. No se le puede poner un pero a cómo escribe Bilbao, que como ya dije en la reseña que hice de Basilisco, me gusta especialmente. El problema reside en que en esta ocasión la trama no parece conducir a ningún lado. Al terminar la novela es como si hubiéramos vuelto al punto de partida con el mismo equipaje que traíamos al comienzo y la sensación de que nos podíamos haber ahorrado el viaje. Bilbao ha querido volver a jugársela con un relato arriesgado en el que de nuevo mezcla elementos difíciles de combinar como son la historia de una relación de pareja en crisis, un misterio familiar y la aparición de un ovni. En Basilisco le salió bien el experimento y eso que trataba de hacer algo  aún más osado que en Los extraños. En la novela presente se echa de menos algo que amalgame todos estos elementos diversos, algo a lo que poder asirse y que dé sentido al relato.

No hay mucho más que pueda decir de Los extraños, y no por miedo a hacer un spoiler, que no podría hacerlo aunque quisiera, porque hay poco que desvelar. Bilbao no proporciona respuestas a los misterios que plantea, y al final la novela es como el juego de luces con el que empieza, unas luces que nos dejan con la enojosa sospecha de que todo ha sido un artificio, en este caso literario.

lunes, 22 de noviembre de 2021

“Piranesi” de Susanna Clarke

Portada de “Piranesi” de Susanna Clarke

Aunque nos cueste creerlo han transcurrido ya dieciséis años desde la publicación de Jonathan Strange y el Sr. Norrell, la novela que supuso el debut de Susanna Clarke y con la que cosechó un rotundo éxito de público y crítica. Dos años después la autora reaparecería con un libro de relatos que en España se tituló Las damas de Grace Adieu pero después, nada. El tiempo no paraba de arrancar hojas del calendario y de la autora apenas llegaban noticias. Era como si hubiera desaparecido del mundo tal y como le sucede al protagonista de su reciente libro,  Piranesi. Este alejamiento de la escritora británica no fue voluntario sino que se debe a una rara enfermedad, fatiga crónica, que la ha tenido recluida en su casa de campo en Derbyshire y le ha impedido emprender grandes proyectos literarios. La expectación ante su nuevo libro era por consiguiente enorme, lo que muchas veces deriva en decepción. No es el caso, la novela no sólo no decepciona sino que su lectura ha resultado ser todo un placer.

La novela se muestra en un principio como un enigma, un enigma que se manifiesta a través de dos piezas fundamentales como son su protagonista y el escenario en que se desarrolla. ¿Quién es ese hombre que vive en ese edificio enorme? ¿Cómo ha llegado allí? ¿Por qué está solo? ¿Y qué decir del escenario, de esa construcción de infinitas salas, algunas de proporciones enormes, atestadas de arcos, de escaleras, de bóvedas y de hileras de estatuas que nunca se repiten? El edificio posee tres niveles, el inferior expuesto a las fuertes mareas del océano, el segundo más habitable y un nivel superior, que en ocasiones es engullido por las nubes.

Empecemos por el título de la novela. Piranesi hace referencia a Giovanni Battista Piranesi, un arquitecto del siglo XVIII conocido sobre todo por los grabados que hizo de edificios reales e inventados. En particular llaman la atención sus laberínticas cárceles que sirvieron de inspiración a muchos escritores. Entre otros a Borges, que lo llega incluso a mencionar en uno de sus relatos titulado There are more things, que escribió como homenaje a Lovecraft. No es sorprendente que esas arquitecturas enrevesadas dignas de la peor pesadilla impresionaran a tantos, sin embargo el edificio que nos describe Clarke no resulta ni la mitad de inquietante que los dibujos del artista italiano, al menos esa es mi percepción. Sus mármoles claros y grises, sus proporciones, su complejidad, su vastedad pueden abrumar pero no son siniestros ni provocan terror. A su protagonista tampoco se lo parece hasta el punto de decir lo siguiente de ella:

«La hermosura de la Casa es inconmensurable; su bondad, infinita».

Este hombre, una especie de Robinson Crusoe que se alimenta de lo que pesca y de algas que recoge en el nivel inferior, se dedica a registrar en un diario cada detalle de la casa con una cronología muy peculiar. Con la misma escrupulosidad anota en un catálogo la posición, tamaño y motivo de cada una de las innumerables estatuas que encuentra en sus exploraciones. Se considera a sí mismo un científico y un explorador completamente entregado al estudio de la Casa (siempre se refiere a ella en mayúsculas), para él no hay nada más:

«Fuera de la Casa no hay más que los Cuerpos Celestes: el Sol, la Luna y las Estrellas».

Sin embargo, no está solo. Hay otra persona en la Casa, el Otro, con el que mantiene periódicamente conversaciones y que desaparece en cuanto terminan de hablar. Precisamente es el Otro, el que por sus profundos conocimientos de la casa le ha apodado «Piranesi». En cada uno de estos breves encuentros «Piranesi» se fija en cómo va vestido y sorprende la atención que le dedica sobre todo teniendo en cuenta que él no lleva más que unos harapos. «Piranesi» es un personaje que por su inocencia, por su falta de maldad y por el amor que demuestra a la Casa y a todo lo que ésta contiene se hace querer enseguida. A pesar de lo poco que posee, nunca se queja y sabe apreciar las cosas que se le ofrecen. Es un hombre que disfruta de lo que tiene a su alcance: los pájaros, la casa, la luna, las estatuas... Sobre estas últimas llega a preguntar:

« ¿Las Estatuas existen puesto que representan las  Ideas y el Conocimiento que fluyeron del otro Mundo?»

Idea que nos remite directamente a Platón. Estamos ante un protagonista muy diferente al que estamos acostumbrados a ver en la ficción actual, sobre todo televisiva, personajes muchas veces descreídos, desesperanzados por algo sucedido en el pasado, con grandes dosis de cinismo y con los que cuesta identificarse.

En cuanto a la trama, una vez resuelto el enigma, podría resumirse en pocas líneas, lo que demuestra la importancia que tiene el cómo a la hora de contar una historia. Piranesi nos guía por su mundo, el único que existe para él, y a través de sus ojos y de su mirada cándida vamos  descubriendo en qué consiste. Es cierto que la intriga se nutre de los elementos habituales de los relatos de misterio como la amnesia, hojas arrancadas de un diario o mensajes semi borrados, pero el tablero de juego que propone Clarke es tan fascinante y placentero que le seguimos el juego encantados. Y es que el laberinto que crea la autora acaba por atraparte, sus imágenes grandiosas, casi míticas dejan profunda huella en la memoria. Pero quien mejor lo explica es uno de los propios personajes del libro que se refiere al laberinto en estos términos:

«Era una imagen de grandeza cósmica, supongo, un símbolo de la mezcla de gloria y horror que supone la existencia, de la que nadie escapa con vida».

¿Qué puedo yo añadir a esto?

martes, 26 de octubre de 2021

“La capacidad de amar del señor Königsberg” de Juan Jacinto Muñoz-Rengel

Portada de “La capacidad de amar del señor Königsberg” de Juan Jacinto Muñoz-Rengel

 La última novela de Juan Jacinto Muñoz-Rengel La capacidad de amar del señor Königsberg juega al desconcierto. Parece una cosa y luego es otra. La novela muda de piel varias veces. Comienza como una narración más bien realista para luego transformarse en un relato de ciencia ficción, y una vez instalado en este género recorrer varios de sus subgéneros. Y todo esto en sólo 200 páginas. Su largo título con el apellido Königsberg al final no hace más que incrementar el desconcierto. ¿Por qué señor Königsberg y no señor Williams o señor Johnson si la historia se sitúa en Nueva York? Esto tiene fácil explicación. La ciudad de Königsberg, ahora Kaliningrado, es la que vio nacer al famoso filósofo Immanuel Kant, como muy bien sabe Muñoz-Rengel que estudió la carrera de filosofía. A través de su protagonista y sin que falte cierto cachondeo el autor hace que la ética Kantiana esté presente en la novela.

Este señor Königsberg que se menciona en el título tendrá que hacer frente a una invasión extraterrestre, deberá sobrevivir en un Nueva York deshabitado, se librará de un mal que sólo aqueja a los hombres... En fin, es mejor no desvelar todas las sorpresas que la mente de Muñoz-Rengel ha concebido. Königsberg a pesar de todas sus manías y de las férreas obligaciones que se impone a sí mismo supera cada una de las pruebas a las que es sometido mientras que a su alrededor sus compañeros de trabajo y sus vecinos en apariencia más capacitados que él son vencidos por las calamitosas e inusuales circunstancias que asolan al mundo.

Con esta novela Muñoz-Rengel parece dispuesto a romper las barreras entre los géneros. No le ha importado saltarse las vallas establecidas y pacer un poco en cada una de las parcelas con la libertad que da desprenderse de prejuicios literarios. Esta opción elegida de no ceñirse a las reglas de los géneros incluye los llamados subgéneros dramáticos. Así parece puesto que flirtea con la comedia aunque su trama enloquecida y el comportamiento de su protagonista hagan que en ocasiones parezca una farsa. Pero de lo que no hay duda es de que no es un drama a pesar de los desastres que se suceden a lo largo de la novela. Su ritmo rápido y sus diálogos concisos no incitan a la reflexión profunda que se esperaría de un libro llamado «serio». No lo es, pero tampoco es una novela para morirse risa. No me lo ha parecido, por más que algunas de las situaciones resulten chocantes y me hayan arrancado alguna sonrisa. Muñoz-Rengel evita cargar las tintas en este sentido aunque el relato discurra por caminos cada vez más descabellados y acabe al final disfrazándose de pulp o bolsilibro. ¿Qué es entonces La capacidad de amar del señor Königsberg? Precisamente esta imposibilidad de etiquetarlo creo que es su mayor atractivo.

Tengo la impresión de que el autor se lo ha pasado en grande escribiéndolo. En una lectura apresurada podría dar la impresión de que el texto es el resultado de ese juego (no sé si lo habéis jugado alguna vez) en que cada uno de los participantes debe continuar el relato donde lo dejaron los demás y así alternativamente. El texto final suele ser por lo general incoherente y desquiciado. Sin embargo, los cambios continuos con los que Muñoz-Rengel sacude la trama son más deliberados de lo que pueda parecer. La pista nos la dan los extractos escogidos por el autor para comenzar el libro, uno de ellos es este firmado por Kurt Vonnegut:

«Me enseñaron que el cerebro humano era el culmen de la evolución hasta el momento, pero creo que es un sistema muy pobre para la supervivencia».

Y de esto va el libro, de la posibilidad de que ante los cambios no siempre los más fuertes o los más listos sean los que salen adelante. Paul Königsberg, un tipo molesto y blanco de las burlas de sus compañeros de oficina, con su marcado sentido del deber, su cabezonería y su falta de empatía logra vencer a todos. Se ha comparado al protagonista con el Bartleby de Melville, sin embargo, Königsberg no está envuelto en el mismo misterio que rodeaba al personaje que respondía con un «Preferiría no hacerlo» al requerírsele hacer algo que se saliera de lo habitual. Königsberg es como un autómata que tiene un objetivo fijo y que no se detiene ante nada para llevarlo a cabo. Hay quien dice que en toda novela los personajes deben evolucionar como consecuencia de un conflicto. Muñoz-Rengel demuestra que esto no es imprescindible aunque al final acabe cediendo un poco. Esta renuncia a llevar la propuesta hasta sus últimas consecuencias dotando al final a su esquivo y poco sociable protagonista de algo de humanidad y la manera en que concluye la novela a modo de chiste son las únicas pegas que puedo ponerle  a este entretenido libro que además se devora en dos tardes.


viernes, 22 de octubre de 2021

”Refugio del Viento” de George R. R. Martin y Lisa Tuttle

Portada de ”Refugio del Viento” de George R. R. Martin y Lisa Tuttle
      Antes que nada debo decir que no he leído ninguno de los libros que componen la monumental y aún sin acabar serie Canción de hielo y fuego (1996-). He visto, eso sí, la adaptación que se hizo para la televisión y por eso me permitiré más adelante destacar ciertas semejanzas que me han parecido observar con respecto a Refugio del Viento (1981).

 Mi primer contacto con la obra de George R. R Martin fue a través de relatos cortos, en concreto con la antología que publicó Caralt en 1982 titulada Una canción para Lya. Años después leería otro libro de relatos, Canciones que cantan los muertos (1983) que en esta ocasión publicó Martínez Roca y que contenía uno de sus mejores relatos: Reyes de la arena. La impresión que tuve es la de que Martin es un estupendo contador de relatos, y lo cierto es que disfruté más con ellos que con su novela Muerte de la luz (1977), aunque no estoy con eso diciendo que no me gustara. En ésta, su primera novela, ya aparecen sus temas más queridos alrededor de los cuales giran también las historias que suceden en Canción de hielo y fuego como son la lealtad, la ruptura con las tradiciones, el amor o los complejos vínculos familiares.

Refugio del viento en este sentido no es diferente. Por otra parte, también nos encontraremos con personajes muy sólidos rodeados de un escenario grandioso. Las geografías extremas con nombres altisonantes como Nido de Águilas, Amberly Menor, Hacha de Hierro nos evocan de inmediato Juego de tronos. Cada una de las islas del planeta posee sus propias costumbres, su propia indumentaria y los habitantes se diferencian los unos de los otros tal y como sucedía en la célebre serie. Refugio del viento bien podría ser una más de las narraciones que integran Canción de hielo y fuego.

Hasta ahora sólo he hablado de Martin pero el libro está firmado también por una autora como Lisa Tuttle a la que no me gustaría desdeñar. De ella he reseñado en este blog dos libros: la novela, Futuros perdidos, y el libro de relatos, Nido de pesadillas. Sin embargo, así como la presencia de Martin es manifiesta, resulta más difícil ver la mano de Tuttle en la novela. En otro orden de cosas siempre me he preguntado cómo se reparten el trabajo dos escritores a la hora de escribir una novela. Hay varios ejemplos de libros escritos a cuatro manos de autores que han sabido complementarse muy bien como Frederik Pohl y Cyril M. Kornbluth, que dieron lugar a  Mercaderes del espacio (1953), o incluso Larry Niven y Jerry Pournelle pero también ha habido colaboraciones poco exitosas entre grandes autores que no dieron el fruto esperado. Ejemplo de ello es Deus Irae (1976) firmada  por Philip K. Dick y Roger Zelazny. No es el caso de Refugio del Viento, una novela que no desmerece a las escritas por cada uno de los autores por separado.

Estamos ante una fantasía bien escrita con unos personajes magníficamente caracterizados, en la que resulta agradable sumergirse. En ella se nos cuenta la historia de Maris, una muchacha cuyo mayor deseo es convertirse en una voladora, lo que va en contra de la tradición por no ser ella hija de un volador. La acción transcurre en un planeta, que salvo unas pocas islas, está cubierto por océano. Las alas que permiten volar a los pocos privilegiados en ese mundo de vientos continuos son limitadas. Esto es debido a que se fabrican con un tejido muy resistente obtenido de los restos de la nave estelar en la que en el pasado llegaron los primeros humanos y que acabó estrellándose. El libro se compone de tres novelas cortas en las que se narran tres periodos decisivos en la vida de Maris: su comienzo como voladora, su madurez y su decadencia. Cada una de ellas concluye, aunque la que le sigue es consecuencia de la anterior. Las dos primeras podrían pertenecer, si es que existe algo así, al género deportivo. Si lo digo es porque los momentos cruciales se resuelven con competiciones entre voladores. Esto no debe hacernos pensar que estamos ante un libro de acción. Los tres relatos están contado a un ritmo pausado pero tienen como gran baza su capacidad de hacernos vivir lo que nos es relatado. Las mismas historias narradas por otros autores seguramente no producirían el mismo efecto. Tuttle y Martin nos hacen sentir el viento en la piel, hacen que disfrutemos de las corrientes de aire que alzan hacia al cielo a los personajes como si fuéramos uno de ellos. El miedo a precipitarse en el mar o a estrellarse contra las rocas lo experimentamos con la misma intensidad. En fin consiguen que deseemos con la misma pasión y anhelo que Maris tener unas alas y remontar las nubes.

martes, 28 de septiembre de 2021

“La vida secreta de los bots y otros relatos” de VV.AA

Portada de “La vida secreta de los bots y otros relatos”

       Por lo general procuro moderar mis expectativas cuando me enfrento a un nuevo libro  y prefiero no dejar que el entusiasmo, que tanto abunda en las redes, me influya. Últimamente, sin embargo, me he descuidado. El verano, la playa y las cervezas han propiciado un relajamiento que ha insuflado un optimismo poco común en mí. El caso es que llevo dos libros que no han sido todo lo que esperaba. Precisamente uno de ellos ha sido esta selección de Gigamesh con relatos escogidos de The Best Science Fiction and Fantasy of the Year Volume 12 de Jonathan Strahan, que se nos presenta bajo el título La vida secreta de los bots y otros relatos. Se trataría de lo mejor de lo mejor que se publicó en 2017 por lo que uno esperaría encontrarse con unos relatos realmente sobresalientes, con unas tramas que nos dejaran sin aliento y que permanecieran en nuestra memoria durante algo más de cinco minutos, algo que lamento decir no ha sucedido. Comentemos uno a uno.

Zen y el arte del mantenimiento de naves espaciales de Tobias S. Buckell consigue  introducirnos en un futuro lejano que resulta convincente, porque el autor es capaz de  transmitirnos la extrañeza de un distante mañana que no se parece a nuestro presente. La trama, sin embargo, se queda en poco, una fruslería ingeniosa como las que contaba Asimov en sus primeros relatos de robots que sirve para pasar el rato pero que no deja huella.

Veredas de Maureen McHugh es un relato breve con más aspiraciones y aunque el punto de partida no sea demasiado original y puede recordar en parte a las historias que se difunden en Cuarto milenio, está bien contado y consigue enganchar. En él una logopeda trata a una mujer que habla en un idioma de otro tiempo que nadie comprende. Me chirría un poco el afán de su autora por convertirla al final y de una manera forzada en un relato de discriminación racial.

Y llegamos al relato que da título al libro: La vida secreta de los bots de Suzanne Palmer, un cuento que no tiene otra pretensión que la de entretener, cosa que consigue. Desde luego no pretende innovar ni en forma ni en contenido la ciencia ficción. El que lo premiaran con el premio Hugo no es algo que me sorprenda, lo que de verdad me sorprende es que una narración más bien discreta como ésta resulte estar entre lo mejor publicado en ciencia ficción en el año 2017.

La luna no es un campo de batalla de Indrapramit Das pertenece a ese tipo de relatos llenos de buenas intenciones de los que parecen abundar hoy en día (me viene a la mente Ken Liu). Son demasiado obvios, con un mensaje demasiado manifiesto y no me conmueven; quizás sea así porque, aunque cuenten con su público, a mí me resultan artificiosos, creados específicamente con un fin, en este caso denostar la guerra.

El obelisco marciano de Linda Nagata peca un poco de lo mismo, una vez más la narración se convierte en un vehículo para lanzar un bonito mensaje.

Al menos Una serie de chuletones de Vina Jie-Min Prasad, dentro de su vacuidad, resulta fresco y aborda un tema poco manido y de gran actualidad como es el de la fabricación de carne artificial.

Con La vida secreta de los bots y otros relatos Gigamesh nos brinda la oportunidad de conocer la ciencia ficción que se publica en el resto del mundo. La primera versión algo más reducida se regaló el Día del Libro, lo que constituye una iniciativa digna de elogio que yo no quisiera desacreditar. Por eso me duele decir que los relatos me han decepcionado y lo han hecho porque que si algo tienen en común es su falta de ambición literaria. En la introducción del libro se felicitan por las variadas procedencias de los autores escogidos. La mayoría de ellos me resultan desconocidos y poseen nombres exóticos, sin embargo aparte de añadir nuevos escenarios y unos protagonistas con orígenes étnicos diferentes a los habituales no hay nada nuevo ni en la forma ni en los contenidos. Debe ser cosa de la globalización. Procedamos de donde procedamos parece que vemos las mismas series, las mismas películas, nos calzamos zapatillas de las mismas marcas y comemos sushi y tataki. De manera que ese esperado y enriquecedor aporte de otras culturas no se refleja en las narraciones seleccionadas, tal vez porque la mayoría de estos autores parece haber desarrollado su carrera profesional o literaria en el mundo anglosajón. En fin, que no hay nada nuevo bajo el sol.

Por otro lado tengo la sensación de que la literatura fantástica y en particular la ciencia ficción está más preocupada por otros aspectos como la procedencia o naturaleza de los autores que de los meramente literarios que son los que deberían de prevalecer en cualquier obra de ficción. Juzguemos la obra por lo que es y no por su autor. Sea por la razón que sea, es una verdadera lástima que esta selección no haya cumplido con mis expectativas pero tengo la descorazonadora sospecha de que no hay mucho más donde elegir en el uniformado y políticamente correcto panorama de la ciencia ficción actual.


martes, 21 de septiembre de 2021

“La anomalía” de Hervé Le Tellier

Portada de "La anomalía” de Hervé Le TellierOcurre a veces, con más frecuencia de la que quisiéramos, que la historia anunciada en la contraportada del libro resulta mucho más fascinante que la novela que luego terminamos por leer. Basta con echar, por ejemplo, un vistazo al dorso del último libro de Hervé Le Tellier, titulado La anomalía, y leer lo siguiente para que nuestra mente eche a volar imparable hasta más allá del sistema solar: 

«El 10 de marzo de 2021 los doscientos cuarenta y tres pasajeros de un avión procedente de Paris aterrizan en Nueva York después de atravesar una tormenta. Ya en tierra, cada uno sigue con su vida. Tres meses más tarde, y contra toda lógica, un avión idéntico, con los mismos pasajeros y la misma tripulación, aparece en el cielo de Nueva York. Nadie se explica este increíble fenómeno que va a desatar una crisis política, mediática y científica sin procedentes en la que cada uno de los pasajeros podría encontrarse cara a cara con una versión distinta de sí mismo».

No se puede negar que la premisa resulta irresistible, más aún para alguien como yo a quien le gusta el género fantástico. Debo admitir que todo esto que se dice acaba en efecto por suceder: la contraportada no miente. El problema es que no sucede hasta bien avanzado el libro, por lo que la sinopsis, un incitante anzuelo lanzado por la editorial para atraer compradores, supone un enorme y desconsiderado «spoiler» para el lector. Por otro lado el susodicho texto crea unas expectativas que son imposibles de cumplir.

Y es que con lo primero con lo que uno se topa al leer La anomalía es con una serie de personajes variopintos a los que no queda más remedio que conocer en capítulos sucesivos cuando lo que yo querría es que me arrojaran de lleno en la trama que se me había prometido. Es verdad que el primer personaje que conocemos, un tal Blake, asesino a sueldo digno de un thriller de John Katzenbach, no es precisamente el individuo que uno espera encontrarse en una novela premiada con el Goncourt. Incluso el personaje que le sigue en el segundo capítulo, Victor Miesel, un escritor bien considerado por la crítica pero ignorado por el público no deja de tener su atractivo. Pero la imaginación es como la hojarasca en un día de calor y basta una mínima chispa para prenderla. En nuestra mente el fuego se inició en cuanto leímos la dichosa contraportada y no va ser fácil de aplacar.

El resto de protagonistas de esta novela coral no dejan lugar a dudas de que la novela pertenece a su época, de manera que además de la trillada pareja de hombre maduro y mujer  joven teniendo un romance nos encontraremos con los nuevos tópicos de la ficción moderna: un pedófilo del que no sospecha ni su mujer, un cantante que decide salir del armario y una mujer negra abogada y empoderada. La novela a pesar de todo resulta entretenida, está bien escrita y Le Tellier sabe darle un final apañado que me ha recordado a Cita con Rama de Arthur C. Clarke, novela con la que por otra parte nada tiene que ver. La historia cobra interés sobre todo a partir del momento en que acontece la anunciada anomalía. Los personajes deben enfrentarse a algo inexplicable, a unos hechos que les cambiará la vida pero de alguna manera, y como nos ha sucedido a todos en esta pandemia que se ha vuelto endémica, acaban por amoldarse a la nueva situación.

La anomalía es en ocasiones un bestseller sofisticado y ameno pero en otras parece un divertimiento concebido por el autor para su propio placer. Se trata de un libro que tiene un poco de todo, desde trama policiaca pasando por ciencia ficción hasta melodrama y humor. Las referencias metaliterarias y las reflexiones sobre la identidad que la narración despierta en el lector todo ello aderezado con un buen puñado de ironía hacen que su lectura resulte razonablemente grata y la elevan por encima de productos similares.  De todos modos debo decir que muchas de las explicaciones y especulaciones que se manejan en la novela no pillarán desprevenidos a los aficionados a la ciencia ficción. El mayor problema del libro estriba en tener una contraportada que destripa de manera inmisericorde la trama. Mi consejo es no leerla pero si ya lo has hecho, lo mejor sería dejar pasar un tiempo hasta que el argumento se difumine en la memoria.