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Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

Univrso de pocos

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viernes, 6 de noviembre de 2020

"Exhalación" de Ted Chiang

Pocos autores con una obra tan escasa concitan la expectación que despierta Ted Chiang, una circunstancia que resulta aún más sorprendente por tratarse de un escritor de un género tan poco «distinguido» como es el de la ciencia-ficción. El escritor de ascendencia China se ha convertido en una especie de Salinger dentro del género, la publicación de cada libro suyo es celebrada como un acontecimiento literario. Es verdad que la popularidad de Salinger se debe sobre todo a El guardián entre el centeno pero su producción se compone a excepción de esta novela de unos pocos relatos. Chiang, por su parte, no se ha estrenado aún en el relato largo y su obra se circunscribe a la ficción corta, menos abundante incluso que la del autor de Un día perfecto para el pez plátano. El conjunto de sus relatos no ocupan más que dos libros: Exhalación (2019) y La historia de tu vida (2002). En casi treinta años (su primer relato La torre de Babilonia data de 1990) ha publicado sólo dieciocho relatos. Su fama se vio notablemente incrementada tras el estreno de la película de gran éxito La llegada de Denis Villeneuve y que adaptaba el cuento La historia de tu vida.

Cada relato de Chiang es una joya única. El autor parte siempre de una materia prima excelente: las ideas en las que se inspira para escribir sus relatos son siempre gemas de la máxima calidad, diamantes en bruto, esmeraldas o rubíes que luego talla y pule con esmero y paciencia para realzar al máximo su fulgor interior. Esta búsqueda de la perfección a veces juega en su contra, sus relatos de tan trabajados pueden resultar en ocasiones desprovistos de espontaneidad y naturalidad y podrían hacernos pensar que han sido escritos por uno de esos algoritmos o uno de esos «digientes» especializados que describe en el relato El ciclo de vida de los elementos de software. En esta narración Chiang toma una idea, en este caso la creación de un software de animación para un personaje virtual, y la despliega y desarrolla hasta sus últimas consecuencias. No hay eventualidad o circunstancia que el escritor no contemple en este relato en el que especula sobre cómo podría ser la relación entre humanos e inteligencias artificiales, de la responsabilidad que tendrían los primeros sobre los segundos y de su evolución en un dilatado espacio de tiempo. Chiang, como comenta él mismo en las esclarecedoras notas finales del libro, cree que cualquier inteligencia necesitaría de un largo y lento aprendizaje del mismo modo que lo necesita un niño para alcanzar la madurez.

Esta prolijidad y detallismo se aprecian también en el relato La verdad del hecho, la verdad del sentimiento, también incluido en la antología de Mariano Villarreal A la deriva en el mar de las lluvias y otros relatos, que ya comenté en este blog. Chiang reflexiona sobre una eventualidad que suele pasar desapercibida y que condiciona en gran medida nuestra vida diaria y que tiene efectos decisivos en nuestras relaciones humanas: el poco crédito que se le puede conceder a nuestra memoria tanto por su subjetividad como por las enormes lagunas que presenta. ¿Qué sucedería si pudiéramos archivar cada instante de nuestras vidas de manera que nadie pudiera poner nunca en duda los hechos? Chiang no teme abordar temas de trascendencia, ya sea filosóficos, científicos o relacionados con el comportamiento humano y lo hace siempre con gran rigor y minuciosidad; este exceso de celo tiene, sin embargo, como consecuencia que la trama quede en ocasiones demasiado al servicio del concepto. La niñera automática, patentada por Dacey es un ejemplo de ello; en esta ocasión Chiang sitúa la historia en un pasado alternativo en que la técnica de construcción de autómatas mecánicos se ha perfeccionado hasta el punto de que se han podido fabricar niñeras mecánicas. Un punto de partida que sirve al autor para mostrarnos la importancia del contacto humano en la educación. A pesar de lo comentado con anterioridad el relato es una delicia.

Muy diferente es el cuento El comerciante y la puerta del alquimista en el que Chiang funde una historia que parece surgir del maravilloso mundo de las mil y una noches con una narración de viajes en el tiempo. Mediante este elaborado relato el autor  consigue demostrar que aunque pudiéramos conocer el futuro y este fuera inalterable aún quedaría espacio para las sorpresas. Una exhibición de virtuosismo del autor.

Chiang es un maestro a la hora de concebir nuevas cosmogonías. En el cuento que da título al libro, Exhalación, imagina un mundo de seres mecánicos, muy similar por otra parte al nuestro, en el que el aire es la energía que hace que todo funcione. Las dudas surgen cuando sus pobladores comienzan a darse cuenta de que  en los últimos años su percepción del tiempo se está viendo alterada. Para encontrar una explicación a este fenómeno inexplicable un científico decide desmontar su propio cerebro y comprobar la manera en que los recuerdos son archivados en él. La escena es realmente prodigiosa y está narrada por un Chiang pletórico. La historia no deja de ser una bella analogía de nuestro mundo; al final no somos más que aire y nuestra vida se esfuma en una breve exhalación. En un ámbito similar se mueve Ónfalo. En este caso en lugar de realizar una elaborada analogía sobre la entropía, concibe un mundo en el que la labor de los científicos está al servicio de sus creencias religiosas y todos sus esfuerzos están encaminados a demostrar la grandiosidad de la obra de Dios. Poco más de treinta páginas para resumir la historia de la lucha entre fe y ciencia y el ocaso del antropocentrismo.

Chiang toca todos los palos, cavila sobre el libre albedrío (Lo que se espera de nosotros), se pregunta si seríamos capaces de reconocer otras inteligencias (El gran silencio) o especula sobre la posible existencia de mundos alternativos  (La ansiedad es el vértigo de la libertad), pero sea el tema que sea sus relatos se desarrollan siempre con una lógica implacable. Lo que hace interesante a este autor es que por abstrusos o técnicos que puedan ser los conceptos que maneja su mirada es profundamente humana. Un perfecto ejemplo de ello es el relato con el que pone fin al libro, La ansiedad es el vértigo de la libertad, una historia fascinante con física cuántica de por medio, que permite al autor hablar de cómo muchas de nuestras decisiones se producen algunas veces por simple azar.

        Puede que también el azar te haya llevado a este blog, puede que estuviera escrito que así lo hicieras o cabe la remota posibilidad de que seas un seguidor y hayas accedido por propia decisión, sea cual sea la razón que te haya traído, hazme caso y no dejes pasar la oportunidad de leer este admirable libro lleno de inteligencia y de maravilla. Es muy posible que después debas esperar otros veinte años a que Chiang vuelva a escribir otro, pero eso ya depende de su libre albedrío o de que las moléculas de oxígeno estuvieran en el lugar adecuado en el momento en que fue engendrado.


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