Blog ciencia-ficción

Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

Universo de pocos

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miércoles, 10 de junio de 2026

“Tu utopía”, de Bora Chung

“Tu utopía”, de Bora Chung

Tu utopía de la escritora de Corea del Sur Bora Chung se compone de ocho relatos que pertenecen sin que quepa lugar a dudas al género de ciencia ficción. Lo que sorprende es que haya sido publicado por una editorial al margen del género como Alpha Decay. También sorprende que lo haga con una portada bastante arriesgada, que es una manera eufemística de decir que poco atractiva. La pregunta que surge de inmediato es qué poseen estos relatos para que se haya fijado en ellos. No quiero que esto se interprete como una crítica, en absoluto, todo lo contrario. Si me hago la pregunta, es porque me gustaría saber qué les ha hecho decidirse por esta escritora de entre todos los autores de ciencia ficción que podrían haber elegido, tanto nacionales  como del resto del mundo.

 El libro comienza con los dos relatos más decepcionantes de la colección. Tanto Centro de investigación de la inmortalidad como Conocerla adolecen de los mismos fallos. Se trata de textos escritos de una manera atropellada, el resultado es una concatenación de acciones sin demasiada relación entre sí. Sin apenas dar respiro al el lector, éste tiene que hacer frente a todo ese chorro de datos en un contexto en el que uno nunca sabe si los personajes jugarán un papel relevante en la historia o no. Para colmo de males, las dos historias terminan yendo por derroteros del todo imprevisibles, como si Chung no tuviera claro cuando comenzara a escribirlos lo que quería contar.

El final del viaje es al menos más entretenido. No es una historia del todo original, pueden encontrarse elementos comunes con Supervivencia, relato que escribió John Wyndham en los años cincuenta, en el que los tripulantes de una astronave esperan en el espacio a ser rescatados pero no disponen de suficientes provisiones hasta que llegue la ayuda. La escritora coreana urde una trama mucha más alocada y cruenta que incluye caníbales pero que a pesar de todo no logra el impacto final que consiguió Wyndham.

Con el relato Un matrimonio muy ordinario empiezo a comprender por dónde van los tiros con esta escritora. La historia trata de un hombre que comienza a desconfiar de su mujer con la que lleva casado varios años. Un día, debido a una serie de llamadas telefónicas a las que ella atiende en un idioma que nunca había oído antes, el marido sospecha que no es quien dice ser. Como en el cuento anterior no puede decirse que la idea sea del todo original, lo que hace Chung es darle una vuelta de tuerca más y descolocar al lector. Autores como Richard Matheson, Fredric Brown o Robert Sheckley, clásicos de la ciencia ficción breve, hicieron lo mismo, con derroche de ingenio y rigiéndose por una lógica irrebatible. Con algo menos de coherencia y de ingenio Chung aspira sesenta años después a lo  mismo en una colección al margen del género. No encuentro que sus relatos sean un «espejo lúcido y perturbador de nuestras propias distopías» ni tampoco «una invitación a cuestionar la utopía prometida» como dice la contraportada, no percibo nada de eso, desde mi punto de vista son puro divertimiento, lo que me parece estupendo. Pero una editorial «sería» no puede quedarse sólo con eso y tiene que justificarse.

 Maria, gratia plena parte de una idea interesante, la posibilidad de extraer imágenes del cerebro de una persona, en este caso para resolver un crimen. El relato no estaría mal pero no acabo de entender a qué viene el  «María, llena eres de gracia» que repite constantemente uno de los personajes ni tampoco la relación con la sonda Cassini.

En el conocido cuento de Ray Bradbury, Vendrán lluvias suaves, las máquinas continúan funcionando tras la desaparición de la vida humana. Algo similar sucede en el sexto relato de Chung, titulado Tu utopía. El escritor estadounidense hace que todo suceda entre las cuatro paredes de una casa, la autora coreana por el contrario nos monta en un coche inteligente para mostrarnos la devastación del mundo. Menos poético que el relato de Bradbury y más acorde con los tiempos que corren pero resultón.

Sin embargo, el relato que me ha parecido más redondo de toda la colección es One more kiss, dear. Curiosamente es uno de los más sobrios y menos alocados del libro. En esta ocasión la autora parece tener claro desde el principio lo que se propone contar y remata una historia realmente conmovedora, destacable por su sencillez, sobre un ascensor inteligente que se encariña con una anciana que vive en el edificio.

El último relato, Semilla, es uno de los pocos de denuncia que contiene el libro. En concreto, su crítica se dirige a las empresas dedicadas a la biotecnología y a la fabricación de agroquímicos. Una nave con representantes de una de estas empresas llega a un planeta porque según ellos ha violado los derechos de explotación de las tierras. Al aterrizar se encuentran con algo muy diferente a lo que esperaban. Se trata de una fábula ecologista, amena y con un mensaje esperanzador: la naturaleza recupera lo que es suyo.

De la misma autora la editorial ha publicado otro libro de relatos, Conejo maldito, que es con el que se dio a conocer internacionalmente. No lo he leído pero por los comentarios parece que a Chung se le va bastante la olla. Uno de los cuentos trata de una cabeza que surge en un inodoro y que se ha formado pues de eso, sí de eso que estáis pensando. En estos tiempos de sobreabundancia de estímulos lo que parece valorarse es el exceso frente a la coherencia, no basta con una idea original, tal vez porque cada vez resulta más difícil encontrar una que en verdad lo sea, hay que acumular más de una y no importa que sean recicladas. En Tú utopía la autora se muestra mucho más comedida, por lo que puede que decepcione a los que disfrutaron con Conejo maldito. El libro aunque entretenido está muy lejos de la excelencia. Me ha hecho recordar a esos autores, algunos de los cuales he mencionado antes. ¡Qué lástima que en su momento no tuvieran una Alpha Decay que los publicara!


miércoles, 29 de abril de 2026

“La división de antimemética no existe ”, de QNTM

La división de antimemética no existe ”, de QNTM

A pesar de lo mucho que se publica en la actualidad, no resulta fácil encontrar libros de ciencia ficción recientes que se salgan de lo corriente. Me refiero a obras escitas por autores que se arriesguen a abrir nuevas vías, que estimulen la imaginación del lector y no a la enésima distopía o al consabido apocalipsis climático. Las razones de esta penuria son diversas, por un lado podría pensarse que es culpa de las editoriales, que buscan la rentabilidad económica y prefieren ir a lo seguro. Sin embargo, esto es algo que ha sucedido siempre y que, por lo tanto, no explica la escasez actual, sobre todo cuando existen más sellos editoriales dedicados al género fantástico que nunca. Otra explicación que se me ocurre es que se han agotado las ideas, y que las más brillantes, las que dieron lugar a temas clásicos de la ciencia ficción, como los viajes en el tiempo, los mundos post apocalípticos, los robots, los viajes interestelares o lo futuros distópicos, por mencionar algunos de los más representativos, han quedado desgastadas de tanto uso.

La ciencia ficción que llega a nuestro país procede cada vez con más frecuencia de autores que no se dedican habitualmente al género. A ello puede que contribuya el hecho de que la tecnología esté cada vez más presente en nuestro día a día, y es por tanto comprensible que haya cada vez más escritores que se pregunten a dónde nos puede llevar esto. Muchos además parecen haber descubierto de manera tardía lo extraordinariamente útil que puede llegar a ser la ciencia ficción para analizar el presente. Todo esto ha propiciado una avalancha de distopías —cada vez más simplonas— y de thrillers en los que las tecnologías y las IA tienen cada vez más protagonismo, en definitiva una ciencia ficción rutinaria que ha perdido su capacidad de maravillar. En este panorama tan poco estimulante es comprensible que La división de antimemética no existe, de QNTM haya sido tan bien recibida por los aficionados a la ciencia ficción. He de reconocer por mi parte que hacía tiempo que un libro de ciencia ficción no me sorprendía tanto. 

Se trata de una historia repleta de ideas delirantes al mismo tiempo que excitantes por lo que la novela te atrapa desde la primera página. Es necesario hacer un ejercicio de contención para dejar de leer y aguantarse las ganas de averiguar hasta dónde es capaz de llegar el autor. Los hechos son descritos de una manera tan precisa y convincente que por muy inverosímiles que sean, uno acaba tragando aunque eso sí, con una sonrisa en la boca. Hace falta, por tanto, cierta complicidad y sentido del humor por parte del lector. El ritmo que imprime a la trama Sam Hughes, que es el nombre tras el que se oculta QNTM, es además vertiginoso, lo que la hace aún más adictiva. Podría ser perfectamente un episodio alargado de la serie Expediente X, aunque más excitante, divertido y escrito por un guionista con menos ínfulas. No parece casual que uno de los personajes de la novela haga un comentario no demasiado favorable acerca de la serie.

La división de antimemética, que da título al libro, es una organización internacional que estudia fenómenos ocultos e inaprensibles por medio de métodos ordinarios de estudio. Pero mejor dejo que la propia novela lo explique a través de uno de sus personajes:

«Hay entidades y fenómenos que recolectan y consumen información, en particular la referida a ellos mismos. Le sacas una foto Polaroid a una y nunca se revelará. Escribes con bolígrafo una descripción en un papel y se lo entregas a alguien, pero las palabras resultan ser jeroglíficos y no las entiende nadie, ni siquiera uno mismo. Uno puede mirar directamente a una de ellas y ni siquiera será invisible, pero no percibirá nada. Sueños que uno no puede conservar y secretos que uno no puede compartir, y mentiras y conspiraciones vivas. Se trata de un ecosistema conceptual de ideas que consumen otras ideas y..., a veces..., segmentos de realidad. A veces, personas.»

Para protegerse de estas, denominadas por la organización, incógnitas utilizan medidas bastante paranoides y con unos efectos secundarios muy drásticos. En la novela se narran varios enfrentamientos con estos fenómenos y cada uno de estos episodios puede leerse como si se tratara de un relato, que sirve además a modo de presentación de los distintos personajes que intervienen a lo largo del libro.

QNTM o Sam Hughes es un escritor británico que participa en la fundación SCP (Special Containment Procedures), una organización ficticia de la que, por cierto, no había oído hablar nunca antes y que por lo visto se dedica a «la investigación y contención de fenómenos paranormales». Se trata de un universo de ficción colaborativa en el que los miembros aportan nuevas anomalías sobre las que luego escriben relatos o inventan medidas para contenerlas. Como puede verse un entretenimiento muy «friki».

Este curioso pasatiempo ha servido para que  La división de antimemética no existe vea la luz,  un soplo de aire fresco dentro del desganado panorama actual de la ciencia ficción, una obra lúdica y sin pretensiones de trascender, muy entretenida y que no aspira a mostrarnos el oscuro porvenir que nos aguarda. Bastante tenemos ya con la mierda de tiempo que nos ha tocado vivir. En todo caso no es un libro perfecto, tras un comienzo arrollador y estimulante, una vez que el efecto sorpresa se mitiga, la novela pierde garra. Su carácter episódico hace además que la tensión sufra de algunos altibajos. Es un libro que puede que no guste a todo el mundo y quizás haya que ser un poco raruno para disfrutarlo en su justa medida. Pero para todos aquellos a los que les gusten las teorías desquiciadas, los monstruos imposibles de novelas de terror de tercera o el horror cósmico pero sin tomarse nada de ello demasiado en serio, ésta es su novela. 

martes, 24 de marzo de 2026

“El Vado de los Zorros ”, de Anna Starobinets

Portada de “El vado de los Zorros ”, de Anna Starobinets

Después de años sin saber nada de Anna Starobinets, esperaba con muchas ganas su nuevo libro con el que regresaba a la fantasía adulta. Su última novela, Tienes que mirar, data de 2021 y es de carácter autobiográfico por lo que desde La glándula de Ícaro, en 2013, no  había vuelto a publicar una novela para adultos de género fantástico. En ese largo período de tiempo, marcado por grandes cambios en su vida y en el que se ha visto obligada a huir de su Rusia natal, ha publicado, no obstante, varios libros infantiles.

El Vado de los Zorros es un libro muy diferente a lo que me esperaba. Me ha descubierto una Starobinets distinta a la que conocí hace años a través de los libros de relatos, esa que con sus perturbadoras pesadillas contemporáneas me removía las entrañas. Por de pronto, se trata de una novela mucho más gruesa que las que había publicado hasta ahora, más sorprendente si cabe, en una autora que había destacado sobre todo en el relato corto. Lo peor que se puede hacer al empezar un libro es leerlo con una idea preconcebida. Si además se trata de una autora a la que se admira profundamente y la historia transcurre por senderos imprevistos, lo normal es que uno  acabe por decepcionarse. Algo así me ha sucedido en los primeros capítulos, sin embargo, he seguido adelante, confundido a veces, irritado otras, con la esperanza de reencontrarme con la autora que yo recordaba. Poco a poco, sin darme cuenta, he comenzado a disfrutar de esta intrincada fantasía que a ratos me ha recordado a esas viejas películas de aventuras, esos seriales a los que homenajeó Spielberg en Indiana Jones. Starobinets reúne lo más tópico del género en su novela, lo hace sin avergonzarse, con frescura y total desparpajo. Exprime estos clichés y los retuerce hasta extraer lo mejor, el resultado final es un relato original imposible de dejar.

Empecemos por los villanos. Obviamente son unos completos desalmados, unos tipos que no se detienen ante nada ni nadie con tal de conseguir sus objetivos. Entre todos ellos destaca un nazi versado en mitos ancestrales, y un mentalista capaz de entrar en los sueños ajenos y de hacerse obedecer únicamente con su voz, pero además podemos encontrar científicos que experimentan con humanos, bandidos y agentes rusos. Lo típico, vamos. Lo que mueve a todos estos villanos tampoco es especialmente original, resulta ser lo de siempre, la búsqueda de la inmortalidad y el poder absoluto.

En este tipo de aventuras los episodios terminan siempre con el héroe al borde de la muerte o incluso presuntamente muerto, o en su lugar con eso que los anglosajones llaman «cliffhanger», un gancho para obligarnos a seguir leyendo. Starobinets lo hace sin disimulos, pero  lo hace muy bien, de manera que los capítulos terminan siempre dejándonos perplejos y con ganas de averiguar cómo arreglará la autora el desaguisado.

La acción acostumbra a desarrollarse en escenarios exóticos. La novela transcurre prácticamente en el mismo lugar, en una población pérdida en Manchuria, entre China y Rusia, llamada el Vado de los Zorros. Al ubicarla en este escenario, la autora tiene a su disposición un tesoro de una riqueza enorme. Mitología china, rusa e incluso japonesa se entrecruzan con tradiciones milenarias de estas culturas. Por la novela transitan magos, mujeres zorros, hombres lobo, guerreros de terracota, junto a elementos de la ficción moderna como nazis, hipnotizadores, agentes secretos o cobayas humanas.

La historia arranca con un hombre, Maxim Cronin, que intenta escapar del gulag en el que se encuentra preso. No sabemos por qué ni cómo ha llegado hasta allí, él tampoco. Lo poco que recuerda es que ha trabajado en el circo como lanzador de cuchillos y que su esposa ha desaparecido. En su mente late una única idea, encontrarla. En paralelo, un individuo con unas capacidades que se salen de lo común va en su busca, así lo que comienza siendo un relato sencillo de persecución, se va complicando cada vez más. La novela está llena de giros inesperados y de personajes con mucho que ocultar.

El gran mérito de Starobinets es haber logrado dar sentido a todo este raudal de tramas, de personajes y de tópicos. Lo normal hubiera sido que todo este exceso, esta sobreabundancia de tradiciones y de personajes insólitos, se le fuera de las manos; no es el caso, la autora no pierde las riendas del relato en ningún momento y además logra finalizarlo de una manera que a mí me ha parecido brillante.

El origen de El Vado de los Zorros fue una serie para televisión que nunca se llegó a rodar y que Starobinets escribió junto a su marido Alexander Garros, ya fallecido. Esto se nota en el carácter episódico de la novela. Lo que diferencia El Vado de los Zorros de este tipo de ficción es su calidad literaria. En estos años la escritora rusa ha pulido su estilo, su escritura se ha vuelto más compleja sin que la lectura pierda fluidez. Algo que me ha llamado la atención es la manera en la que afronta las escenas de acción. Lo hace sin detenerse demasiado en ellas, como si no le interesaran demasiado, con ligereza y al mismo tiempo de una manera elegante.

Mientras escribía esta reseña, me he dado cuenta de que El Vado de los Zorros discurre muchas veces entre fronteras, en esa zona intermedia que no pertenece ni a uno ni otro. Estas fronteras son  físicas —la acción transcurre entre China y Rusia—, temporales —sucede al final de la segunda guerra mundial— y morales —los personajes caminan por la cuerda floja entre el bien y el mal—. Es también una novela que se mueve entre diversos géneros: el de aventuras, el fantástico y el terror sin que se le pueda adscribir a ninguno de ellos en particular.

Se trata, en definitiva, de una novela muy recomendable, excelentemente escrita y que a pesar de su extensión, se hace corta.

martes, 10 de febrero de 2026

“La estirpe de Lilith", de Octavia E. Butler

Portada de “La estirpe de Lilith", de Octavia E. Butler

Mi idea inicial era reseñar las novelas que integran la trilogía La estirpe de Lilith, de Octavia Butler, por separado y hacer una pausa entre cada lectura, sin embargo, cuando terminé la primera vi que aquello más que un final era un principio y no pude evitar ponerme a leer la siguiente. Las tres partes tienen muchos elementos en común, se podría  considerar que son variaciones sobre un mismo tema, la dificultad del ser humano en aceptar a los que son diferentes. Me apresuro a aclarar que el libro no es sólo eso, hay mucho más pero digamos que es el tema principal que vertebra la trama.

Para entender lo que sucede en el libro es conveniente conocer antes algunos detalles de la biología oankali, los alienígenas que ha concebido Butler para contar su historia. Entre sus muchas peculiaridades cabe destacar que poseen tres sexos, masculino, femenino y ooloi. Este último juega un papel decisivo en la reproducción oankali ya que se ocupa de escoger el ADN  de los hijos. Su cuerpo es en realidad un prodigioso laboratorio que le permite explorar los cuerpos de otros individuos, humanos u oankali, e incluso subsanar cualquier deficiencia detectada. Esto es posible gracias a unos perturbadores tentáculos semejantes a serpientes que cubren gran parte de su cuerpo (también los machos y las hembras lo poseen aunque con menos funcionalidades) algo que los convierte en tremendamente desagradables a los ojos humanos. Los tentáculos resultan imprescindibles para comunicarse entre ellos y con el entorno, en este sentido proporcionan un sentido extra que complementa a los otros cinco, lo que hace que la percepción que tienen del mundo sea mucho más compleja y pormenorizada que la de los humanos.

En Amanecer, primera parte de la trilogía, Lilith, una de las pocas personas que ha sobrevivido a la guerra mundial que ha destruido la Tierra, es despertada tras años de hibernación por los oankali. La han elegido para hacer de intermediaria entre los humanos y los extraterrestres. Su deber consistirá en persuadir a los demás supervivientes rescatados por los oankali para repoblar la Tierra.

El segundo libro, Ritos de madurez, tiene como protagonista a Aki, al primer niño construido, híbrido de humanos y de oankali. Antes de alcanzar la maduración es secuestrado por un grupo de rebeldes humanos que se niegan a confraternizar con los oankali. Su aspecto por completo de niño humano, en un mundo en el que los humanos no pueden procrear si no forman parte de una familia oankali, lo hace muy valioso. Tras una estancia prolongada con los rebeldes, Aki acaba por comprender la enorme frustración que sienten los humanos.

En el tercer libro de la trilogía, Imago, surge el primer ooloi construido, un súper ooloi capaz incluso de modificar su cuerpo no siempre a voluntad. A pesar del inmenso poder del que dispone necesita de los seres humanos para sobrevivir.

Butler se ha especializado en inventar vínculos sentimentales complejos entre extraterrestres y seres humanos. Ya lo hizo en el conocido relato Hijo de sangre, y en los tres libros que componen La estirpe de Lilith vuelve a presentarnos una relación igual de ambivalente, aunque en esta ocasión lo hace de una forma menos cruda. Diríase que es una constante en la obra de Butler, porque en su excelente novela sobre la esclavitud, Parentesco, aborda una vez más el tema presentándonos una relación de amor y odio, en este caso entre amo y esclava.

Los oankali viajan a lo largo y ancho del universo, de planeta en planeta recopilando información genética de otras especies que utilizan para mejorarse. Han alcanzado un avanzado estado de desarrollo sin el uso de máquinas, sólo a través de la manipulación genética y la hibridación con otras especies. Modelan la naturaleza a su gusto adaptándola a sus necesidades para que les proporcione alimentos y refugio. Sus hogares, sus naves y los medios de transporte que utilizan son organismos vivos. No sufren pobreza, no existen clases sociales ni por tanto explotación social, y su manera de comunicarse a través de los tentáculos hace imposible el engaño. Las únicas tensiones se producen al alcanzar la madurez sexual, cuando llega el momento de buscar una pareja y fundar una familia formada por tres miembros. Los oankali han conseguido construir una sociedad pacífica y siempre en evolución, en pocas palabras: una utopía. Como detalle curioso me gustaría  comentar que carecen de algo tan valioso para nosotros y que consideramos una muestra de nuestra inteligencia y de nuestra superioridad como es el arte en todas sus disciplinas, literatura, pintura, música arquitectura, etc.

Desde el principio hay algo que los oankali tienen muy claro: la raza humana no tiene futuro por sí sola. Y, según ellos, no lo tiene debido a dos factores: a su inteligencia y a su comportamiento jerárquico. Es algo que han constatado tras leer nuestro ADN, la humanidad está condenada de manera irremediable a la autoextinción. Lo cierto es que la mayoría de los humanos que asoman la cabeza entre las páginas del libro son violentos, mezquinos y crueles, no parece que merezcan ser salvados. Los hombres son los peores, además de ejercer la violencia contra las mujeres son los que más obstáculos ponen a la hora de convivir con los extraterrestres. Sobre todo en lo que se refiere a mantener relaciones sexuales y sentimentales con ellos.

Butler tiene una opinión nefasta de la humanidad. Hay ocasiones en el libro en que los seres humanos parecen incluso más marcianos que los propios oankali. Carecen de valores que solemos asociar con la humanidad, como la compasión o la generosidad de las que los oankali en cambio hacen derroche a lo largo de las tres novelas. Cuando un oankali ve a alguien enfermo se siente obligado a sanarlo sin importarle que sea amigo o enemigo. No obstante, a pesar de lo majos y de lo muy estupendos que parezcan, debo confesar que no he conseguido que me caigan bien. Es verdad que no ejercen la violencia a no ser que no les quede otra alternativa —tampoco la necesitan, ya que pueden someter a los humanos con drogas, alterando su química o con la promesa de placer —pero en definitiva lo que hacen no deja de ser una forma de vasallaje. Está científicamente demostrado que tanto en el cuerpo de la mujer como en la del hombre se producen al inicio de una relación amorosa importantes cambios hormonales que afectan a nuestra manera de pensar y que nos impelen a estar con la persona deseada. Sucede de una manera inconsciente, sin embargo los oankali lo hacen con absoluta premeditación. Butler  viene a decir que este padrinazgo es inevitable si queremos salvarnos. Los seres humanos padecemos algo así como una enfermedad incurable de la que sólo podríamos curarnos perdiendo parte de nuestra humanidad. Es una visión de la conducta humana muy materialista que afirma que está en nuestra naturaleza comportarnos como lo hacemos y que deja al margen causas de tipo cultural.

Como suele sucederme con cada libro de Butler que leo, y La estirpe de Lilith no es una excepción, su lectura ha despertado en mí una gran variedad de emociones y sensaciones. En las más de novecientas páginas que he ido pasando, a veces con un exceso de premura debido al afán por conocer lo que sucedía después, he sentido rabia, pena, ternura, curiosidad, desprecio, asco, miedo, asombro, decepción, alegría, escepticismo, incredulidad y en ocasiones, ¿por qué negarlo? también aburrimiento. Las relaciones sentimentales entre los oankali, humanos y construidos pueden llegar a agotar pero Butler sabe enseguida reconducir la trama por la senda adecuada. La vida en definitiva no es otra cosa que sentir y experimentar, si es así, Butler nos hace vivir de lleno otras vidas.

Quiero terminar con algo que Lilith le dice a otro personaje, que resume a la perfección el espíritu del libro y del que se desprende un mensaje que está de plena actualidad:

«Los seres humanos temen a lo diferente. Los oankali anhelan la diferencia. Los seres humanos persiguen a sus diferentes, y sin embargo los necesitan para ganar ellos definición y estatus. Los oankali buscan la diferencia y la recopilan. La necesitan para evitar el estancamiento y la especialización excesiva».