Con éste ya son tres los
libros de Daryl Gregory que reseño en Universo de pocos. El hecho de repetir un
autor no es una señal inequívoca de que me guste, ya que por lo general procuro dar una segunda oportunidad. No voy a dar nombres pero hay más
de un escritor con el que lo he intentado hasta tres veces, en parte por
cabezonería pero en muchas ocasiones movido también por el ruido de fondo que
generan las redes sociales. No es el caso de Gregory, del que puedo afirmar que
no me ha defraudado todavía. Se trata de un escritor que mantiene un nivel
medio alto y que desde mi punto de vista alcanzó su cota máxima con La
extraordinaria familia Telemacus (2017) (enlace). Vida y milagros de Stony
Mayhall (2011) fue escrita unos años antes y en ella ya puede observarse la
atención que Gregory dedica a los personajes y el sentido del humor con el que
aborda las historias.
Vida y milagros
de Stony Mayhall es una novela de zombis con todos los tópicos y
componentes habituales del subgénero pero que así y todo pretende ser algo
completamente diferente. Gregory no ha sido el único en acometer un desafío así,
Colson Whitehead quiso hacerlo, curiosamente en el mismo año, con Zona Uno, un libro que si bien es más ambicioso es también el doble de
aburrido que el de Gregory. Además carece de su sentido del humor, un elemento
por otra parte bastante necesario en un subgénero que ha sido explotado hasta
la saciedad y que parecía agotado. Unos años más tarde, en concreto en 2014,
otro escritor, M.R. Carey, retomaría la temática zombi con Melanie, una novela en la que la protagonista, al igual que sucede en Vida
y milagros de Stony Mayhall, es un zombi. Resulta curioso que en ambos
libros el personaje principal sea el que sostiene casi por sí solo la novela y
que sea el que marca la diferencia con respecto a otras novelas de la misma temática.
También coinciden en que sus respectivos protagonistas, Melanie y John, son dos
seres que, a pesar de lo que son, de lo que su naturaleza les impulsa a hacer,
se ganan desde el principio la simpatía del lector.
John es
encontrado siendo un bebé junto al cadáver de su madre en una cuneta. En medio
de una tormenta de nieve Wanda Mayhall y sus tres hijas se lo llevan a casa y
deciden ocuparse de él. Es un MV, un muerto viviente o un «viviente alternativo»
como algunas facciones zombis reclaman ser denominados. Precisamente es esta
guasa la que hace que la novela no sea una historia de zombis convencional. Al
principio Alice, la mayor de las hijas, se opone a su madre por el peligro que
supone cobijar a una criatura así. Años antes una epidemia causada por algo que
todavía se desconoce convirtió a miles de personas en zombis y aunque pudo ser
sofocada, el miedo persiste en la población.
Debido a la
pasmosa resistencia que muestra el cuerpo de John a todo tipo de agresiones sus
hermanas prefieren llamarlo Stony. Durante su infancia lo someten a todo tipo
de perrererías que luego Alice deberá enmendar a escondidas de su madre. Esto
se cuenta en la primera parte del libro, la más divertida de todas y que nos
dará a conocer a un Stony niño tremendamente humano, tal y como comenta Elías
F. Combarro, más conocido como Odo, en el prólogo. A este rasgo de humanidad yo
añadiría la ausencia de maldad y la voluntad de hacer siempre lo que considera
más justo. La novela está dividida en cuatro partes que nos relatan diferentes
períodos de la vida de John. La primera está dedicada a su infancia en casa de
Wanda con su hermana, y las siguientes a su etapa de adulto, en la que convivirá
con otros como él, aunque su familia verdadera —siente él — será siempre la
familia humana que lo acogió.
En el libro que
nos ocupa, al igual que sucede en otras novelas de Gregory, la familia juega un
papel de gran importancia. Como he mencionado no se trata de la familia biológica
de Stony aunque sea tratado siempre como un miembro más. El hecho indiscutible
de que Stony sea diferente y de que fuera de la familia sea considerado un
peligro no cuenta para su madre y su hermanas y no afecta al cariño que le
tienen, si acaso su singularidad despierta en ellos una enorme curiosidad. A
pesar de todo, la vida de Stony no es como la de los demás, él no puede salir
de la granja donde vive ni ir tampoco a la escuela por lo que encuentra refugio
en los libros, en concreto le gusta una serie de novelas protagonizadas por
alguien con el que puede identificarse: un zombi.
Otro elemento
recurrente en las novelas de Gregory son los personajes poseedores de una capacidad
o habilidad especial. Así sucede en Afterparty (2014) (enlace) en la que
su protagonista creía ver a su ángel de la guarda o en La extraordinaria
familia Telemacus en la que cada uno de los miembros de la familia estaba
dotado de un poder extrasensorial. En cierta manera, a su pesar, Stony es un
superhéroe porque además de su invulnerabilidad es capaz de hacer cosas que no
están al alcance de los seres humanos. Lo curioso es que estas habilidades
especiales que poseen muchos de los personajes de Gregory raramente sirven de
consuelo a sus protagonistas y no ayudan a mitigar el profundo sentimiento de
alienación que pesa sobre ellos.
Vida y milagros de Stony Mayhall, a pesar de su grosor (algo también habitual en las novelas de Gregory), se lee de un tirón. El estilo sencillo, unos personajes entrañables, una trama que nunca se sabe por dónde va a tirar y un poco de humor son los que lo hacen posible. El libro además nos hace reflexionar sobre algo tan prodigioso como es la vida; lo curioso es que lo hace a través de un personaje que precisamente carece de pulso y cuyo corazón ha dejado de latir para siempre, en definitiva de alguien que está muerto. Ni Stony ni nadie se explica cómo es posible que, a pesar de todo, tenga consciencia de su existencia. Se trata de una cuestión nada trivial, muy similar a la que nosotros, los que nos creemos vivos, nos hacemos y que tampoco hemos sabido responder.
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