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Universo de pocos

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martes, 10 de febrero de 2026

“La estirpe de Lilith", de Octavia E. Butler

Portada de “La estirpe de Lilith", de Octavia E. Butler

Mi idea inicial era reseñar las novelas que integran la trilogía La estirpe de Lilith, de Octavia Butler, por separado y hacer una pausa entre cada lectura, sin embargo, cuando terminé la primera vi que aquello más que un final era un principio y no pude evitar ponerme a leer la siguiente. Las tres partes tienen muchos elementos en común, se podría  considerar que son variaciones sobre un mismo tema, la dificultad del ser humano en aceptar a los que son diferentes. Me apresuro a aclarar que el libro no es sólo eso, hay mucho más pero digamos que es el tema principal que vertebra la trama.

Para entender lo que sucede en el libro es conveniente conocer antes algunos detalles de la biología oankali, los alienígenas que ha concebido Butler para contar su historia. Entre sus muchas peculiaridades cabe destacar que poseen tres sexos, masculino, femenino y ooloi. Este último juega un papel decisivo en la reproducción oankali ya que se ocupa de escoger el ADN  de los hijos. Su cuerpo es en realidad un prodigioso laboratorio que le permite explorar los cuerpos de otros individuos, humanos u oankali, e incluso subsanar cualquier deficiencia detectada. Esto es posible gracias a unos perturbadores tentáculos semejantes a serpientes que cubren gran parte de su cuerpo (también los machos y las hembras lo poseen aunque con menos funcionalidades) algo que los convierte en tremendamente desagradables a los ojos humanos. Los tentáculos resultan imprescindibles para comunicarse entre ellos y con el entorno, en este sentido proporcionan un sentido extra que complementa a los otros cinco, lo que hace que la percepción que tienen del mundo sea mucho más compleja y pormenorizada que la de los humanos.

En Amanecer, primera parte de la trilogía, Lilith, una de las pocas personas que ha sobrevivido a la guerra mundial que ha destruido la Tierra, es despertada tras años de hibernación por los oankali. La han elegido para hacer de intermediaria entre los humanos y los extraterrestres. Su deber consistirá en persuadir a los demás supervivientes rescatados por los oankali para repoblar la Tierra.

El segundo libro, Ritos de madurez, tiene como protagonista a Aki, al primer niño construido, híbrido de humanos y de oankali. Antes de alcanzar la maduración es secuestrado por un grupo de rebeldes humanos que se niegan a confraternizar con los oankali. Su aspecto por completo de niño humano, en un mundo en el que los humanos no pueden procrear si no forman parte de una familia oankali, lo hace muy valioso. Tras una estancia prolongada con los rebeldes, Aki acaba por comprender la enorme frustración que sienten los humanos.

En el tercer libro de la trilogía, Imago, surge el primer ooloi construido, un súper ooloi capaz incluso de modificar su cuerpo no siempre a voluntad. A pesar del inmenso poder del que dispone necesita de los seres humanos para sobrevivir.

Butler se ha especializado en inventar vínculos sentimentales complejos entre extraterrestres y seres humanos. Ya lo hizo en el conocido relato Hijo de sangre, y en los tres libros que componen La estirpe de Lilith vuelve a presentarnos una relación igual de ambivalente, aunque en esta ocasión lo hace de una forma menos cruda. Diríase que es una constante en la obra de Butler, porque en su excelente novela sobre la esclavitud, Parentesco, aborda una vez más el tema presentándonos una relación de amor y odio, en este caso entre amo y esclava.

Los oankali viajan a lo largo y ancho del universo, de planeta en planeta recopilando información genética de otras especies que utilizan para mejorarse. Han alcanzado un avanzado estado de desarrollo sin el uso de máquinas, sólo a través de la manipulación genética y la hibridación con otras especies. Modelan la naturaleza a su gusto adaptándola a sus necesidades para que les proporcione alimentos y refugio. Sus hogares, sus naves y los medios de transporte que utilizan son organismos vivos. No sufren pobreza, no existen clases sociales ni por tanto explotación social, y su manera de comunicarse a través de los tentáculos hace imposible el engaño. Las únicas tensiones se producen al alcanzar la madurez sexual, cuando llega el momento de buscar una pareja y fundar una familia formada por tres miembros. Los oankali han conseguido construir una sociedad pacífica y siempre en evolución, en pocas palabras: una utopía. Como detalle curioso me gustaría  comentar que carecen de algo tan valioso para nosotros y que consideramos una muestra de nuestra inteligencia y de nuestra superioridad como es el arte en todas sus disciplinas, literatura, pintura, música arquitectura, etc.

Desde el principio hay algo que los oankali tienen muy claro: la raza humana no tiene futuro por sí sola. Y, según ellos, no lo tiene debido a dos factores: a su inteligencia y a su comportamiento jerárquico. Es algo que han constatado tras leer nuestro ADN, la humanidad está condenada de manera irremediable a la autoextinción. Lo cierto es que la mayoría de los humanos que asoman la cabeza entre las páginas del libro son violentos, mezquinos y crueles, no parece que merezcan ser salvados. Los hombres son los peores, además de ejercer la violencia contra las mujeres son los que más obstáculos ponen a la hora de convivir con los extraterrestres. Sobre todo en lo que se refiere a mantener relaciones sexuales y sentimentales con ellos.

Butler tiene una opinión nefasta de la humanidad. Hay ocasiones en el libro en que los seres humanos parecen incluso más marcianos que los propios oankali. Carecen de valores que solemos asociar con la humanidad, como la compasión o la generosidad de las que los oankali en cambio hacen derroche a lo largo de las tres novelas. Cuando un oankali ve a alguien enfermo se siente obligado a sanarlo sin importarle que sea amigo o enemigo. No obstante, a pesar de lo majos y de lo muy estupendos que parezcan, debo confesar que no he conseguido que me caigan bien. Es verdad que no ejercen la violencia a no ser que no les quede otra alternativa —tampoco la necesitan, ya que pueden someter a los humanos con drogas, alterando su química o con la promesa de placer —pero en definitiva lo que hacen no deja de ser una forma de vasallaje. Está científicamente demostrado que tanto en el cuerpo de la mujer como en la del hombre se producen al inicio de una relación amorosa importantes cambios hormonales que afectan a nuestra manera de pensar y que nos impelen a estar con la persona deseada. Sucede de una manera inconsciente, sin embargo los oankali lo hacen con absoluta premeditación. Butler  viene a decir que este padrinazgo es inevitable si queremos salvarnos. Los seres humanos padecemos algo así como una enfermedad incurable de la que sólo podríamos curarnos perdiendo parte de nuestra humanidad. Es una visión de la conducta humana muy materialista que afirma que está en nuestra naturaleza comportarnos como lo hacemos y que deja al margen causas de tipo cultural.

Como suele sucederme con cada libro de Butler que leo, y La estirpe de Lilith no es una excepción, su lectura ha despertado en mí una gran variedad de emociones y sensaciones. En las más de novecientas páginas que he ido pasando, a veces con un exceso de premura debido al afán por conocer lo que sucedía después, he sentido rabia, pena, ternura, curiosidad, desprecio, asco, miedo, asombro, decepción, alegría, escepticismo, incredulidad y en ocasiones, ¿por qué negarlo? también aburrimiento. Las relaciones sentimentales entre los oankali, humanos y construidos pueden llegar a agotar pero Butler sabe enseguida reconducir la trama por la senda adecuada. La vida en definitiva no es otra cosa que sentir y experimentar, si es así, Butler nos hace vivir de lleno otras vidas.

Quiero terminar con algo que Lilith le dice a otro personaje, que resume a la perfección el espíritu del libro y del que se desprende un mensaje que está de plena actualidad:

«Los seres humanos temen a lo diferente. Los oankali anhelan la diferencia. Los seres humanos persiguen a sus diferentes, y sin embargo los necesitan para ganar ellos definición y estatus. Los oankali buscan la diferencia y la recopilan. La necesitan para evitar el estancamiento y la especialización excesiva».

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