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Universo de pocos

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miércoles, 29 de abril de 2026

“La división de antimemética no existe ”, de QNTM

La división de antimemética no existe ”, de QNTM

A pesar de lo mucho que se publica en la actualidad, no resulta fácil encontrar libros de ciencia ficción recientes que se salgan de lo corriente. Me refiero a obras escitas por autores que se arriesguen a abrir nuevas vías, que estimulen la imaginación del lector y no a la enésima distopía o al consabido apocalipsis climático. Las razones de esta penuria son diversas, por un lado podría pensarse que es culpa de las editoriales, que buscan la rentabilidad económica y prefieren ir a lo seguro. Sin embargo, esto es algo que ha sucedido siempre y que, por lo tanto, no explica la escasez actual, sobre todo cuando existen más sellos editoriales dedicados al género fantástico que nunca. Otra explicación que se me ocurre es que se han agotado las ideas, y que las más brillantes, las que dieron lugar a temas clásicos de la ciencia ficción, como los viajes en el tiempo, los mundos post apocalípticos, los robots, los viajes interestelares o lo futuros distópicos, por mencionar algunos de los más representativos, han quedado desgastadas de tanto uso.

La ciencia ficción que llega a nuestro país procede cada vez con más frecuencia de autores que no se dedican habitualmente al género. A ello puede que contribuya el hecho de que la tecnología esté cada vez más presente en nuestro día a día, y es por tanto comprensible que haya cada vez más escritores que se pregunten a dónde nos puede llevar esto. Muchos además parecen haber descubierto de manera tardía lo extraordinariamente útil que puede llegar a ser la ciencia ficción para analizar el presente. Todo esto ha propiciado una avalancha de distopías —cada vez más simplonas— y de thrillers en los que las tecnologías y las IA tienen cada vez más protagonismo, en definitiva una ciencia ficción rutinaria que ha perdido su capacidad de maravillar. En este panorama tan poco estimulante es comprensible que La división de antimemética no existe, de QNTM haya sido tan bien recibida por los aficionados a la ciencia ficción. He de reconocer por mi parte que hacía tiempo que un libro de ciencia ficción no me sorprendía tanto. 

Se trata de una historia repleta de ideas delirantes al mismo tiempo que excitantes por lo que la novela te atrapa desde la primera página. Es necesario hacer un ejercicio de contención para dejar de leer y aguantarse las ganas de averiguar hasta dónde es capaz de llegar el autor. Los hechos son descritos de una manera tan precisa y convincente que por muy inverosímiles que sean, uno acaba tragando aunque eso sí, con una sonrisa en la boca. Es necesario, por tanto, cierta complicidad y sentido del humor por parte del lector. El ritmo que imprime a la trama Sam Hughes, que es el nombre tras el que se oculta QNTM, es además vertiginoso, lo que la hace aún más adictiva. Podría ser perfectamente un episodio alargado de la serie Expediente X, aunque más excitante, divertido y escrito por un guionista con menos ínfulas. No parece casual que uno de los personajes de la novela haga un comentario no demasiado favorable acerca de la serie.

La división de antimemética, que da título al libro, es una organización internacional que estudia fenómenos ocultos e inaprensibles por medio de métodos ordinarios de estudio. Pero mejor dejo que la propia novela lo explique a través de uno de sus personajes:

«Hay entidades y fenómenos que recolectan y consumen información, en particular la referida a ellos mismos. Le sacas una foto Polaroid a una y nunca se revelará. Escribes con bolígrafo una descripción en un papel y se lo entregas a alguien, pero las palabras resultan ser jeroglíficos y no las entiende nadie, ni siquiera uno mismo. Uno puede mirar directamente a una de ellas y ni siquiera será invisible, pero no percibirá nada. Sueños que uno no puede conservar y secretos que uno no puede compartir, y mentiras y conspiraciones vivas. Se trata de un ecosistema conceptual de ideas que consumen otras ideas y..., a veces..., segmentos de realidad. A veces, personas.»

Para protegerse de estas, denominadas por la organización, incógnitas utilizan medidas bastante paranoides y con unos efectos secundarios muy drásticos. En la novela se narran varios enfrentamientos con estos fenómenos y cada uno de estos episodios puede leerse como si se tratara de un relato, que sirve además a modo de presentación de los distintos personajes que intervienen a lo largo del libro.

QNTM o Sam Hughes es un escritor británico que participa en la fundación SCP (Special Containment Procedures), una organización ficticia de la que, por cierto, no había oído hablar nunca antes y que por lo visto se dedica a «la investigación y contención de fenómenos paranormales». Se trata de un universo de ficción colaborativa en el que los miembros aportan nuevas anomalías sobre las que luego escriben relatos o inventan medidas para contenerlas. Como puede verse un entretenimiento muy «friki».

Este curioso pasatiempo ha servido para que  La división de antimemética no existe vea la luz,  un soplo de aire fresco dentro del desganado panorama actual de la ciencia ficción, una obra lúdica y sin pretensiones de trascender, muy entretenida y que no aspira a mostrarnos el oscuro porvenir que nos aguarda. Bastante tenemos ya con la mierda de tiempo que nos ha tocado vivir. En todo caso no es un libro perfecto, tras un comienzo arrollador y estimulante, una vez que el efecto sorpresa se mitiga, la novela pierde garra. Su carácter episódico hace además que la tensión sufra de algunos altibajos. Es un libro que puede que no guste a todo el mundo y quizás haya que ser un poco raruno para disfrutarlo en su justa medida. Pero para todos aquellos a los que les gusten las teorías desquiciadas, los monstruos imposibles de novelas de terror de tercera o el horror cósmico pero sin tomarse nada de ello demasiado en serio, ésta es su novela.