Después de años sin saber nada de Anna Starobinets,
esperaba con muchas ganas su nuevo libro con el que regresaba a la fantasía
adulta. Su última novela, Tienes que mirar, data de 2021 y es de
carácter autobiográfico por lo que desde La glándula de Ícaro, en 2013,
no había vuelto a publicar una novela
para adultos de género fantástico. En ese largo período de tiempo, marcado por
grandes cambios en su vida y en el que se ha visto obligada a huir de su Rusia
natal, ha publicado, no obstante, varios libros infantiles.
El Vado de los Zorros es un libro muy diferente a lo que me esperaba. Me
ha descubierto una Starobinets distinta a la que conocí hace años a través de
los libros de relatos, esa que con sus perturbadoras pesadillas contemporáneas
me removía las entrañas. Por de pronto, se trata de una novela mucho más gruesa
que las que había publicado hasta ahora, más sorprendente si cabe, en una
autora que había destacado sobre todo en el relato corto. Lo peor que se puede
hacer al empezar un libro es leerlo con una idea preconcebida. Si además se
trata de una autora a la que se admira profundamente y la historia transcurre
por senderos imprevistos, lo normal es que uno
acabe por decepcionarse. Algo así me ha sucedido en los primeros capítulos,
sin embargo, he seguido adelante, confundido a veces, irritado otras, con la
esperanza de reencontrarme con la autora que yo recordaba. Poco a poco, sin
darme cuenta, he comenzado a disfrutar de esta intrincada fantasía que a ratos
me ha recordado a esas viejas películas de aventuras, esos seriales a los que
homenajeó Spielberg en Indiana Jones. Starobinets reúne lo más tópico del género
en su novela, lo hace sin avergonzarse, con frescura y total desparpajo.
Exprime estos clichés y los retuerce hasta extraer lo mejor, el resultado final
es un relato original imposible de dejar.
Empecemos por los villanos. Obviamente son unos
completos desalmados, unos tipos que no se detienen ante nada ni nadie con tal
de conseguir sus objetivos. Entre todos ellos destaca un nazi versado en mitos
ancestrales, y un mentalista capaz de entrar en los sueños ajenos y de hacerse
obedecer únicamente con su voz, pero además podemos encontrar científicos que
experimentan con humanos, bandidos y agentes rusos. Lo típico, vamos. Lo que
mueve a todos estos villanos tampoco es especialmente original, resulta ser lo
de siempre, la búsqueda de la inmortalidad y el poder absoluto.
En este tipo de aventuras los episodios terminan
siempre con el héroe al borde de la muerte o incluso presuntamente muerto, o en
su lugar con eso que los anglosajones llaman «cliffhanger», un gancho para
obligarnos a seguir leyendo. Starobinets lo hace sin disimulos, pero lo hace muy bien, de manera que los capítulos
terminan siempre dejándonos perplejos y con ganas de averiguar cómo arreglará
la autora el desaguisado.
La acción acostumbra a desarrollarse en escenarios
exóticos. La novela transcurre prácticamente en el mismo lugar, en una población
pérdida en Manchuria, entre China y Rusia, llamada el Vado de los Zorros. Al ubicarla
en este escenario, la autora tiene a su disposición un tesoro de una riqueza
enorme. Mitología china, rusa e incluso japonesa se entrecruzan con tradiciones
milenarias de estas culturas. Por la novela transitan magos, mujeres zorros,
hombres lobo, guerreros de terracota, junto a elementos de la ficción moderna
como nazis, hipnotizadores, agentes secretos o cobayas humanas.
La historia arranca con un hombre, Maxim Cronin, que
intenta escapar del gulag en el que se encuentra preso. No sabemos por qué ni cómo
ha llegado hasta allí, él tampoco. Lo poco que recuerda es que ha trabajado en
el circo como lanzador de cuchillos y que su esposa ha desaparecido. En su
mente late una única idea, encontrarla. En paralelo, un individuo con unas
capacidades que se salen de lo común va en su busca, así lo que comienza siendo
un relato sencillo de persecución, se va complicando cada vez más. La novela
está llena de giros inesperados y de personajes con mucho que ocultar.
El gran mérito de Starobinets es haber logrado dar
sentido a todo este raudal de tramas, de personajes y de tópicos. Lo normal
hubiera sido que todo este exceso, esta sobreabundancia de tradiciones y de
personajes insólitos, se le fuera de las manos; no es el caso, la autora no
pierde las riendas del relato en ningún momento y además logra finalizarlo de
una manera que a mí me ha parecido brillante.
El origen de El Vado de los Zorros fue una
serie para televisión que nunca se llegó a rodar y que Starobinets escribió
junto a su marido Alexander Garros, ya fallecido. Esto se nota en el carácter
episódico de la novela. Lo que diferencia El Vado de los Zorros de este
tipo de ficción es su calidad literaria.
En estos años la escritora rusa ha pulido su estilo, su escritura se ha vuelto
más compleja sin que la lectura pierda fluidez. Algo que me ha llamado la
atención es la manera en la que afronta las escenas de acción. Lo hace sin
detenerse demasiado en ellas, como si no le interesaran demasiado, con ligereza
y al mismo tiempo de una manera elegante.
Mientras escribía esta reseña, me he dado cuenta de
que El Vado de los Zorros discurre muchas veces entre fronteras, en esa
zona intermedia que no pertenece ni a uno ni otro. Estas fronteras son físicas —la acción transcurre entre China y
Rusia—, temporales —sucede al final de la segunda guerra mundial— y morales —los
personajes caminan por la cuerda floja entre el bien y el mal—. Es también una
novela que se mueve entre diversos géneros: el de aventuras, el fantástico y el
terror sin que se le pueda adscribir a ninguno de ellos en particular.
Se trata, en definitiva, de una novela muy
recomendable, excelentemente escrita y que a pesar de su
extensión, se hace corta.

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