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miércoles, 19 de julio de 2023

"Herederos del caos", de Adrian Tchaikovsky

Portada de "Herederos del caos", de Adrian Tchaikovsky

            Con Herederos del caos Adrian Tchaikovsky ha querido repetir el éxito que obtuvo con Herederos del tiempo. En la nave espacial La viajera se desplaza una representación de humanos y de las arañas evolucionadas que conocimos en Herederos del tiempo, el propósito de la misión es buscar sobrevivientes huidos de una Tierra al borde del colapso. Las aventuras de estas especies tan diferentes se prolongan de esta manera más allá del mundo en el que surgieron las arañas. La novela, por tanto, prosigue la trama exactamente donde la dejó el libro precedente pero no sólo eso, Tchaikovsky emplea la misma fórmula que tan buenos resultados le dio y vuelve a imaginar una sociedad formada por una especie de origen terrestre que con la intervención de los humanos ha evolucionado en un entorno extraterrestre hasta alcanzar la inteligencia. Lo que en Herederos del tiempo eran las arañas en Herederos del caos lo son los pulpos.

No del todo satisfecho Tchaikovsky ha querido añadir un elemento más para animar la trama y se inventa un planeta con una ecología muy extraña, algo que los lectores de ciencia ficción siempre solemos agradecer. Se trata de un buen candidato a ser terraformado por una de las naves de exploración enviadas por la Tierra que lo ha descubierto varios siglos antes que La viajera. La novela alterna entre estas dos tramas, entre pasado y presente, la una proporciona pistas sobre lo que sucede en la otra hasta que finalmente se centra en el presente. Esto le permite al autor incrementar la tensión y el suspense interrumpiendo de manera deliberada el relato en los momentos en que los personajes se ven más comprometidos. Al principio le funciona más o menos bien pero le obliga, como ya le ocurrió en Herederos del tiempo, aunque aquí magnificado, a estirar algunos de los hilos narrativos menos interesantes más de lo necesario para mantener este juego de alternancia.

Me ha parecido un libro muy irregular con momentos realmente emocionantes y otros de lo más farragosos. La sociedad de pulpos inteligentes que imagina Tchaikovsky tal vez no resulte muy creíble pero hay que reconocer su poder de fascinación. La incapacidad de la especie para organizarse y para ponerse de acuerdo hasta en lo más trivial, la imposibilidad que tienen de ocultar sus emociones, su volubilidad propician un mundo caótico y sorprendente. Como idea loca está bien pero no veo la necesidad de contar con tanto detalle la historia de la civilización «pulpesca» a lo largo de varios siglos. A ratos se me ha hecho mortalmente aburrido. No soy de los que recuerda citas pero resulta que en el libro que estoy leyendo en estos días me he encontrado con una de Voltaire que me viene al pelo: «El secreto de aburrir es contarlo todo». ¡Y qué razón tiene! Tchaikovsky además acaba por repetirse, sobre todo cuando menciona rasgos de la personalidad de sus diferentes creaciones, por ejemplo, la veleidad de los pulpos o la sumisión de los machos frentes a las hembras en el caso de las arañas. A lo largo de toda la novela estas y otras peculiaridades de unos y de otros son recordadas al lector de una manera constante y machacona.

La dificultad para comunicarse entre especies diferentes, el tema principal de Solaris, de Stanislaw Lem, tiene en Herederos del caos también cierta relevancia, sin embargo lo que para Lem era una preocupación filosófica para Tchaikovsky es un elemento más para crear tensión. Para ser sinceros esta incapacidad de entenderse ha acabado en más de una ocasión por desesperarme y de sacarme de mis casillas. Considero que la mayoría de las veces esto ha entorpecido más que ayudado en los momentos de más acción de la novela, instantes en los que precisamente la historia pedía más que nada dinamismo. Porque no deberíamos de olvidarnos de que estamos ante una novela de aventuras y al decir esto no quiero quitarle mérito, sólo evidenciar que no estamos ante una disquisición profunda sobre la otredad como, por ejemplo, podríamos hallar en un libro de Lem o de Peter Watts.

En otro orden de cosas he encontrado grandes diferencias en cómo han sido redactadas ambos libros. Estoy seguro de que el estilo de Tchaikovsky no fue lo que más me llamó la atención de Herederos del tiempo cuando lo leí hace unos años, lo encontré correcto y funcional, pero de lo que estoy seguro es de que no me sucedió lo que me ha ocurrido con Herederos del caos. Con frecuencia he tenido que releer las frases para entender lo que se decía. No sé si el hecho de que hayan sido traducidos por diferentes personas, Luis G. Prado se ocupó de la primera entrega y Carlos Pavón de la última, ha tenido algo que ver. Es difícil saber en estos casos dónde radica el problema, si en el autor o en el traductor, en cualquier caso la lectura de Herederos del caos no ha sido la lectura fácil, cómoda y vertiginosa que yo esperaba encontrar.

Para terminar esta reseña quiero aprovechar la oportunidad que me brindo generosamente  a mí mismo para mostrar mi irritación ante esta manía que tienen cada vez más editoriales de publicar en pastas duras, de convertir los libros en objetos inmanejables y carísimos que no sólo se apropian de la mitad de la estantería sino que llegan a poner en peligro los mismo cimientos del edificio que los alojan. Puedo entenderlo cuando se trata de reediciones de grandes clásicos, pensadas sobre todo para coleccionistas pero en el caso de este tipo de novelas preferiría que valieran la mitad y que no me combaran el estante. Por otra parte no me lo pensaría tanto antes de comprar el libro. 



viernes, 15 de febrero de 2019

"Herederos del tiempo” de Adrian Tchaikovsky

"Herederos del tiempo” de Adrian Tchaikovsky            Herederos del tiempo es la primera incursión en la ciencia-ficción del escritor inglés Adrian Tchaikovsky y es también la primera novela suya en ser publicada en España. Su irrupción en el género fue todo un éxito puesto que su obra fue premiada con el premio Arthur C. Clarke en 2016. El acierto de la novela estriba sobre todo en haber sabido contar la historia de una civilización extraterrestre, creíble, coherente y muy diferente a la nuestra pero que al mismo tiempo no resulta del todo insondable. El truco de Tchaikovsky se debe a que las criaturas alienígenas que nos presenta no lo son del todo, sino que son el resultado de la evolución acelerada de una especie terrestre.
            La humanidad ha alcanzado en el futuro grandes avances tecnológicos, sin embargo, en otros aspectos aún no ha progresado lo suficiente y sigue sin saber resolver sus desavenencias de una manera pacífica conduciéndola al borde de la guerra. Una guerra que probablemente sería catastrófica para la Tierra y condenaría a la raza humana al exterminio. La doctora Kern para garantizar su supervivencia ha concebido un controvertido proyecto que consiste en terraformar varios planetas en los que una vez que resulten habitables pretende desembarcar familias de simios. No se trata de monos normales, Kern les ha inoculado un virus que acelerará su evolución hasta la inteligencia. Su misión será preparar el camino a los futuros colonos humanos que más adelante se asienten en el planeta. Como es de imaginar las cosas no sucederán como estaba previsto.
            La novela está formada por dos tramas que se entrecruzan. En una de ellas se nos narra el progreso de los extraterrestres desde que comienzan a utilizar la primera herramienta hasta culminar en una sociedad avanzada y cooperativa. La otra trama está protagonizada por los únicos seres humanos que quedan y que a bordo de la Gilgamesh buscan un planeta en el que poder establecerse. Es cierto que la trama con los extraterrestres es la más original y fascinante de las dos, pero también es cierto que cuando confluyen la novela alcanza los momentos más excitantes y emocionantes.
            Algo que me ha sorprendido ha sido el narrador escogido por Tchaikovsky para contar  la trama alienígena. Un narrador en tercera persona que es claramente humano y que cuenta y explica todo para hacerlo comprensible a un lector que también lo es. Tanto es así, que hasta los nombres que se asignan a los personajes principales proceden de la cultura humana. Al principio esto me impidió sumergirme del todo en la historia, pero la imaginación de Tchaikovsky para recrear esta curiosa civilización, las soluciones tecnológicas que inventa, la descripción de cómo evoluciona esta sociedad al final consiguieron que me olvidara de este obstáculo y que me quedara enganchado.
            Menos sólido se muestra el autor en el tratamiento y elección de los personajes humanos, que por lo general están poco desarrollados y carecen de carisma. También parece evidente que la trama que se desarrolla en la nave espacial se ha estirado para dar tiempo a evolucionar a las criaturas de la otra historia que transcurre en paralelo. Personalmente el uso que hace de la cursiva para diferenciar los pensamientos de los personajes del texto narrativo me parece una solución muy poco elegante. A esto hay que añadir los errores de edición, de los que Tchaikovsky no tiene culpa, que se suceden con más frecuencia de la deseada, sobre todo teniendo en cuenta que el libro no es precisamente económico.
            Pero todo esto carece de importancia frente al derroche de ingenio y creatividad de la que hace gala su autor. Tchaikovsky ha creado un escenario propicio para la aventura, con inteligencias artificiales esquizofrénicas, con una civilización de criaturas de aspecto repugnante llena de imaginación e instantes de tensión insuperables. Una telaraña tejida con imaginación que te acaba atrapando.