Blog ciencia-ficción

Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

Universo de pocos

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domingo, 16 de octubre de 2016

"Luna. Luna nueva" de Ian McDonald

Luna nueva de Ian McDonald            Resulta que me compré este libro cuando tenía todas las papeletas para tirarlo por la ventana. Es el primero de una trilogía, serie o lo que vaya a convertirse, porque estas cosas nunca se sabe en qué derivan. Las primeras páginas consisten en un mapa de la cara visible de la luna y en el dramatis personae, una clara advertencia de la ardua tarea que nos espera. Como remate final, y como no podía ser de otra manera, nos obsequian con un glosario. No hay mayor placer que saltar página atrás y página adelante para buscar palabras desconocidas. Se trata de un glosario como en las novelas tipo Dune, o cualquier serie de fantasía de esas que llenan las librerías. Por si esto no fuera suficiente para defenestrar el libro, en muchas reseñas lo comparan (juro que lo indican como algo positivo) con viejas series de tv tipo Dallas o Falcon Crest.
 
            Buena manera de comenzar una novela con todos estos prejuicios. Y con razón me diréis, ¿por qué narices lo compraste entonces? Buena pregunta. A la que intentaré responder sin enrollarme demasiado. Desde hace algún tiempo tenía interés por leer algo del autor de El río de dioses (libro descatalogado desde hace tiempo), además Luna nueva se ha convertido en uno de los libros más importantes del año: ha optado al British Science Fiction Awards y al John W. Campbell Memorial Award (aunque finalmente no ha ganado ninguno), y yo me debo a mi blog por reducido que sea. Así que, básicamente lo he hecho por vosotros, mis queridos lectores.
 
            Dicho esto he de admitir que me lo he pasado moderadamente bien leyendo esta historia, que me ha recordado a algunas viejas películas del oeste; esas con rancias familias muy numerosas enfrentadas entre sí, encabezadas por tercos patriarcas o tenaces matriarcas rivales que se odian a muerte. Líderes que en el ocaso de sus vidas quieren legar toda su fortuna y su poder a sus hijos de la manera más justa, pero sin que su emporio se resienta. Supongo que de ahí vienen las comparaciones con series como Dinastía. Luna nueva lo tiene todo. Sospecho que McDonald lo ha hecho con toda intención escogiendo los ingredientes más efectistas para crear un Best-Seller: hermanos enfrentados por el poder, hijos malcriados, personajes heroicos, juicios por combates, matrimonios fracasados, malos malísimos, traiciones, bodas concertadas, un entorno inhóspito y mucho sexo además de variado. Y le ha salido bien (tan bien que lo van a convertir en serie de tv).  Contada con muy buen ritmo sobre todo en su último tercio, cuando los personajes resultan reconocibles y cercanos y ya no es necesario consultar el listado del principio, McDonald nos empuja hacía un vibrante final lleno de tensión que nos deja con ganas de más.
 
            Desde luego, no es el tipo de novela que yo suela leer. En general, las intrigas familiares y de poder me aburren bastante, sin embargo reconozco el mérito del autor al lograr atrapar a un lector receloso y escéptico como yo con su escritura. Aún así, desde mi punto de vista, la novela tiene varios defectos. McDonald sacrifica en aras de un mayor dinamismo una descripción más diáfana y menos impresionista del escenario, con la importancia que tiene en una novela como ésta. Las ciudades de la luna con sus “prospekt” y sus “quadra” quedan bastante desdibujadas y en más de una ocasión me ha sido imposible visualizar los hechos que se me contaban. Tampoco resulta de mi agrado el folclorismo (he tachado de pacotilla), en este caso brasileño, con el que el autor nos atosiga durante todo el libro con la pretensión de enriquecer su relato. Al parecer McDonald tiene cierta querencia por las culturas exóticas, su libro El río de los dioses se sitúa en la india y ya os podéis imaginar dónde se desarrolla Brasyl. No le encuentro mucho sentido a colocar un “paizinho”, una “madrinha”, una “senhora” o un “mamae” de vez en cuando en medio del texto sobre todo si están hablando entre ellos en portugués. Una corporación, la LDC,  cobra a todos los habitantes de la luna por el aire que respiran, y todos los residentes permanentes llevan un implante (el resto lleva unas lentillas) que les permite saber lo que han consumido, pero en ningún momento del libro se explica cómo impiden que la gente continúe inhalando oxígeno en caso de no poder pagarlo.
 
            En resumen, un libro un poco lioso por la gran cantidad de personajes que lo integran, pero que una vez superados los dos primeros capítulos (por cierto bastante extensos) resulta entretenido y en alguna ocasión hasta consigue deslumbrarnos. El hecho de que en la luna en lugar de derecho penal exista un derecho contractual da mucho juego para una trama de este tipo. La labor de los jueces consiste en establecer si los demandados han cumplido el contrato firmado previamente por ambas partes. De modo que en este mundo creado por McDonald lo que impera es el negocio y no la justicia. No me gustaría vivir en un mundo así, aunque imaginarlo resulte enormemente atractivo.

viernes, 30 de septiembre de 2016

"Cuchillo de agua" de Paolo Bacigalupi

Cuchillo de agua de Paolo Bacigalupi           Desde que en 2013 Penguin Random House inaugurara flamantemente su colección Fantascy con La bomba número seis y otros relatos no había podido leer nada nuevo de Paolo Bacigalupi, y tras la magnífica La chica mecánica (2009, en EEUU, 2011 en España), reseñada en este blog, aguardaba con mucho interés su obra más reciente. Lo cierto es que la nueva novela del escritor norteamericano, un intenso y trepidante thriller lleno de acción y de violencia, no me ha decepcionado. Por lo tanto en líneas generales puede decirse que la espera ha merecido la pena.
 
            En esta ocasión Bacigalupi, en lugar de situar la acción del relato en un lejano país del sudeste asiático, decide quedarse más cerca de su terruño natal (Colorado) y someter a sus personajes a toda clase de penalidades en los alrededores de Fénix, Arizona. Porque Bacigalupi no escatima calamidades y crueldades a Ángel, Lucy y María, nombres de los tres  protagonistas de Cuchillo de Agua. El primero es el típico duro forjado a base de peleas, un matón a sueldo que trabaja para una mujer adinerada sin escrúpulos que mercadea con el agua. La segunda, Lucy, es una indómita periodista con conciencia social. Por último, María es una refugiada que malvive trapicheando como puede para sobrevivir. Personajes, todo hay que decirlo, no excesivamente originales aunque muy bien plasmados. Pero donde Bacigalupi destaca sobre el resto de escritores es en la ambientación de sus mundos. El futuro en el que se desarrolla la historia, con la escasez de agua, las luchas más o menos legales por mantener los derechos sobre la más mínima fuente del preciado elemento, las movimientos migratorios, los refugiados, los Merry Perry [1], las diferencias sociales, las arcologías... todo es de un realismo que a veces tengo la sensación de no estar leyendo ficción y de que aquello pudiera estar sucediendo ahora mismo en EEUU. Bacigalupi ya se había asomado a ese mundo desértico y empobrecido en su relato El cazador de tamariscos que puede encontrarse en La bomba número seis y otros relatos. Toda esta minuciosidad a la hora de crear el escenario (mientras lo pueda decir en mi idioma me niego a usar la palabra de moda que utilizan en tantas reseñas [2]) paradójicamente perjudica el comienzo del libro haciendo que la acción se resienta y la historia tarde más de lo esperado en arrancar. Además Bacigalupi nos sumerge en este mundo sin explicaciones preliminares o extemporáneas (esquivo de nuevo otro vocablo muy “cool” [3]) con lo que la lectura al principio se hace algo laboriosa. En cualquier caso, el autor introduce los nuevos términos poco a poco y con oficio de manera que la acción se sigue sin problema.
 
            Cuchillo de agua es una buena novela y también un buen thriller y como tal utiliza los tópicos y la parafernalia habitual en este tipo de género con crueles esbirros, hampones endiosados, policías corruptos, frenéticas persecuciones, sangrientas torturas, traiciones y un algo (que no quiero desvelar) que todos desean y por lo que son capaces de eliminar a quien se les ponga delante. Como lector de ciencia ficción si algo echo en falta en la novela son más elementos imaginativos y fantásticos que me hagan abrir los ojos como a un niño la primera vez que mira al firmamento, tal y como consiguió con los relatos recopilados en La bomba número seis. El autor se revela muy comprometido con los problemas ecológicos, no hace concesiones a la política del despilfarro y lanza una dura advertencia sobre el futuro que nos espera si no le ponemos freno. Por otro lado su visión pesimista y sanguinaria del ser humano me ha recordado al mejor Cormack McCarty. Como digo, la novela es buena, sin embargo echo en falta más ciencia ficción. Reconozco que ese puede ser mi problema.
           
[1]       Una especie de secta que se basa en las ocurrencias del gobernador de Tejas Rick Perry, republicano y retrógrado, que durante una fuerte sequía en su estado en el 2011 tuvo la feliz idea de animar a la gente a rezar para que lloviera.
 
[2]       El palabro de moda es “worldbuilding”, término que no puede faltar en ningún blog dedicado a la ciencia ficción que se precie.
 
[3]       “Infodump”.   

lunes, 19 de septiembre de 2016

"Anna" de Niccolò Ammaniti

Anna de Niccolò Ammaniti            Ahora, después de releer la sinopsis de la contraportada, me pregunto por qué me decidí a comprar este libro. Desde el principio el breve resumen ya me hacía sospechar que pudiera  tratarse de una historia apocalíptica más con el enésimo virus causando estragos en la humanidad. Tal vez fuera la irresistible fascinación que supone para mí la sola mención de El señor de las moscas lo que me hizo escoger esta novela entre las muchas otras obras que me ofrecía la librería a la que acudí este verano con cierta excitación tras más de un mes sin pisar un establecimiento de este tipo. Es posible que me atrajera conocer la visión de un escritor no anglosajón de un mundo acosado por una plaga. No resulta fácil, si no imposible, encontrar obras de ciencia-ficción que no sean traducciones del inglés, y como cualquier lector curioso siempre ando en busca de nuevos estímulos y descubrimientos. Además, la literatura italiana, de la que me reconozco un gran desconocedor, siempre me ha atraído: Italo Calvino o Dino Buzzati son autores que tengo en gran estima. Pero lo cierto es que me había quedado sin libros y en lugar de echar mano de mi ebook, cosa que siempre me da una pereza enorme, me fui a la librería más cercana y me dejé llevar por mi intuición.
 
            Nada sabía de Niccolò Ammaniti cuando comencé la lectura de Anna, a excepción de lo que se decía en las solapas del libro. Por otra parte no creo que haya una mejor manera de evitar cualquier prejuicio que empezar un libro con total ignorancia de su contenido y de su autor. Sin embargo, tras las primeras páginas apenas encontré algo original, algo que distinguiera a Anna de otras muchas novelas apocalípticas que han proliferado en los últimos años. Los protagonistas entran en casas abandonadas y en supermercados arrasados por otros supervivientes en busca de alimentos, de ropa y de medicamentos, recorren pueblos y ciudades en ruinas, se encuentran con coches cuyos dueños han quedado reducidos a meros esqueletos. Su horizonte es la desolación y en esos paisajes calcinados o campos infestados de matojos en ocasiones se tropiezan con otras víctimas enfermas, sucias y desnutridas. Lo de siempre en estos casos. La gran novedad en la novela de Ammaniti radica en que los supervivientes son niños, inmunes al virus hasta que alcanzan la adolescencia. De esta forma el autor puede contarnos una historia sin adultos en la que unos niños deben valerse por sí mismos sin la protección de sus padres. Con Anna, su hermano Astor, Pietro y un perro sarnoso como únicos protagonistas Ammaniti se propone reflexionar sobre la infancia y las relaciones a esa edad, las cuales parecen oscilar siempre entre extremos.
 
            El libro está bien escrito y aunque se lee con facilidad y resulta entretenido no posee la contundencia ni la lírica del horror de La carretera de Cormack Mcarthy ni tampoco está narrado con la sensibilidad de La casa de la muerte de Sarah Pinborough y desde luego poco o nada tiene que ver con El señor de las moscas de Golding. En una novela en la que la construcción de personajes parece ser una parte primordial de lo que se narra los protagonistas de Anna no resultan ser especialmente memorables. No es un mal libro y algunos de los episodios, especialmente en el que se cuenta el pasado de Pietro, resultan notables pero el conjunto carece de garra, y la fatalidad a la que parecen verse abocados sus protagonistas creo que habría brillado más en una trama realista fuera del género fantástico.

miércoles, 27 de julio de 2016

"El gran retrato" de Dino Buzzati

El gran retrato de Dino Buzzati            Con El gran retrato Dino Buzzati, conocido sobre todo por su novela El desierto de los tártaros, realizó una pequeña aunque interesante incursión en la ciencia-ficción. El libro fue publicado en 1960 y curiosamente ahora que está tan de moda hablar de la transhumanidad podría decirse que el escritor italiano sin pretenderlo se adelantó con esta obra varias décadas a muchos autores modernos de ciencia ficción. De todos modos no parece que el propósito de Buzatti al escribir esta novela corta fuera el de reflexionar sobre el futuro de la humanidad o de especular sobre la evolución del ser humano, sus inquietudes parecen dirigirse más bien en desvelar la auténtica naturaleza del alma humana.
            La novela es muy breve, unas ciento cincuenta páginas, y más de la mitad del libro está dedicado, a la manera de El desierto de los Tártaros, a crear expectación demorando muchas explicaciones hasta el límite. Comienza el relato con la misteriosa propuesta que le hace el ministerio de defensa al profesor Ermanno Ismani, un apocado catedrático de Electrónica en la Universidad X, para trabajar en un proyecto militar secreto. Poco más puedo contar sin el riesgo de arruinar la tenaz labor de contención de la información que realiza Buzzati. Sobre todo al principio hay que tener un poco de paciencia con la lectura de El gran relato, después, una vez que Ismani llega a las instalaciones militares y averiguamos para qué lo han traído, los acontecimientos se precipitan hasta el punto de que la novela cambia de repente de protagonista y nuestro profesor de electrónica pasa a un segundo plano siendo su mujer la que le roba el protagonismo.
            Una novela agradable, fácil de leer, en la que Buzzati, mediante este cuento fantástico, que en cierta manera recuerda al Frankenstein de Mary Shelley, nos  habla de las imperfecciones que conlleva la humanidad, defectos a los que no podemos renunciar según el autor si no queremos desistir de ser humanos. También es la historia de un amor y de la obsesión por recuperar al ser amado. Una obra menor de Dino Buzzati con el aliciente y la peculiaridad de pertenecer a la ciencia-ficción.

miércoles, 13 de julio de 2016

"La polilla en la casa del humo" de Guillem López

La polilla en la casa del humo de Guillem López            Challenger, la novela anterior de Guillem López, fue alabada por todos los blogs y ensalzada hasta el punto de llamar la atención de muchos lectores y la mía en particular. He de decir que no la he leído, de manera que La polilla... ha constituido mi primer acercamiento a la obra de este escritor. El libro que nos ocupa está obteniendo también muy buenas críticas a lo largo y ancho de la red, y si no miren en “goodreads”. Una vez más, y muy a mi pesar, voy a discrepar con el resto de la humanidad y seguramente que también con el resto de razas alienígenas que pueblan el universo. Y no crean que no lo siento, me hubiera encantado poner por las nubes esta novela, y me hubiera gustado sobre todo porque apoyaría la idea de que los autores españoles de género fantástico pudieran estar al mismo nivel que los norteamericanos o británicos. En Universo de pocos medimos a todos los autores con la misma vara, independientemente de su nacionalidad o género. Y en nuestro afán de ser cada vez menos y reducirnos hasta la nada más absoluta no nos importa llevar la contraria a todos. Llegados a este punto la mitad de los lectores habrán dejado de leer la reseña. Soy consciente de ello, no obstante debo justificar mi disconformidad.

            El mundo subterráneo en el que tiene lugar La polilla en la casa del humo es lo mejor de la novela. La imagen de sus habitantes, obligados a cavar túneles y más túneles sin saberse muy bien con qué objetivo y a renunciar a partes de su cuerpo en pos del dios de la mecánica, tiene una gran fuerza simbólica y augura una trama enormemente atractiva, sin embargo el autor opta por contarnos la historia de un personaje marginal que no cumple con mis expectativas y se olvida de todo lo demás. La novela se podría haber titulado perfectamente “Auge y caída de un pringao”. La historia de Veintiuno, protagonista absoluto de la novela, se ha contado en muchas ocasiones en películas y novelas de género policiaco sin la necesidad de crear todo un mundo subterráneo para ello y además, siento decirlo, se ha hecho mejor. Personajes como éste y más complejos llenan los libros de Jim Thompson o las películas de Martin Scorsese por poner algunos ejemplos. Uno de los problemas que para mí tiene la novela es que los tejemanejes que Veintiuno se trae entre manos no me resultan convincentes. Los rumores que lanza desde un lugar tan poco respetable como la casa del humo (un tugurio donde se reúnen los drogatas), son aceptados por todos sin la sombra de una duda. La débil trama se sustenta únicamente en ese pulular de aquí para allá de Veintiuno y en las mentiras que logra deslizar en las breves conversaciones que mantiene con otros marginales: Ñam, Lazo, o su hermana Ancas. A la novela además le falta acción, una vez conocido el escenario pierde gran parte del interés.

            El gusto de Guillem López, cuyo aspecto físico recuerda mucho a China Miéville, escritor al que admira, por regodearse en la náusea y en el vómito me recuerda más a Chuck Palahniuk que al escritor británico. Desde luego no puede decirse que La polilla... sea un libro para paladares delicados. Comprendo que el autor quisiera darle un tono iracundo al libro, pero con tanta mierda, orina, mocos y felaciones, tenía que cerrar el libro de vez en cuando para darme una buena ducha. Esto, sin embargo, no parece haber importado a muchos lectores a la vista de los comentarios positivos en “goodreads”. Encuentro muchas similitudes entre esta novela con Plop de Rafael Pinedo: los nombres breves y expresivos de los personajes, la historia violenta contada sin ahorrar los detalles más escabrosos, un personaje principal igual de repulsivo, incluso cuenta  prácticamente lo mismo, el auge y la caída del protagonista. La prosa de Guillem López es menos telegráfica que la de Pinedo, aunque comparten ese tono oscuro y malsano.

            Si no te importa que cada palabra estalle en tu cara como un grano de pus, si además posees un traje de neopreno, si los concursos de televisión en los que a los participantes los entierran entre montañas de gusanos no te provocan la más mínima mueca de asco, éste es tu libro.

            Yo por mi parte, como carezco de traje de neopreno, creo que voy a darme una ducha ahora mismo.

domingo, 26 de junio de 2016

"Relojes de hueso" de David Mitchell

Relojes de Hueso de David Mitchell
            Crispin Hershey, protagonista de uno de los capítulos de Relojes de hueso, recibe por su último libro una crítica demoledora: ¿Qué por qué «Eco debe morir» es una porquería tan desagradable? Primero, porque Hershey está tan preocupado por evitar los clichés que tortura todas y cada una de sus frases como si fuesen yanquis soplones. Segundo, porque la subtrama fantástica choca de forma tan violenta con las pretensiones de ser un “Informe sobre el estado del planeta” que da miedo verlo. Tercero, porque ¿qué mayor muestra de que un acuífero creativo se ha secado que el hecho de que el escritor cree un personaje que sea escritor?” ¿Juego de espejos? ¿Una muestra más del sentido del humor de David Mitchell? Porque de alguna manera, aunque parcialmente, las razones que argumenta el crítico podrían atribuirse a Relojes de Hueso. Puede que Mitchell se esfuerce más que en otras ocasiones en encontrar la metáfora justa. Es verdad que el libro contiene una arriesgada trama fantástica y también es cierto que uno de sus protagonistas es escritor, sin embargo la novela está muy lejos de ser una porquería. Al parecer, y aunque Mitchell dice que se ha mirado a sí mismo y exagerado sus peores defectos para crear a Crispin Hershey, muchos han creído ver en el personaje creado por el autor un trasunto de Martin Amis. El libro está lleno de referencias a personajes reales y  también a viejos conocidos de sus libros anteriores, yo he identificado solo a unos pocos, pero forma parte del atractivo del libro descubrirlos por uno mismo.

            Crispin Hershey es sólo uno más de los personajes que desfilan por la voluminosa novela. En el primer capítulo conoceremos a Holly Sykes siendo todavía una adolescente que se cree, como la mayoría de los chicos a esa edad, más madura de lo que realmente es. El segundo capítulo está dedicado a Hugo Lamb, un joven universitario sin demasiados escrúpulos y a sus trapicheos por ascender en la escala social. En la tercera parte Ed Brubeck, reportero enviado a Iraq, se ve obligado a escoger entre su familia y su labor como periodista. El siguiente capítulo está dedicado Crispin Hershey al que la feroz crítica con la que he comenzado la reseña le cambia la vida. Además, en todos estos capítulos aparecen unos misteriosos personajes que se hacen llamar anacoretas y horologistas que dotan a la novela de contenido fantástico. En el quinto capítulo Mitchell se desmelena y la trama fantástica explota con una intensidad sorprendente en una novela publicada fuera de una colección de género. En un equilibrio circense el autor, gracias a su humor y a su habilidad narrativa, logra superar la prueba, aunque a veces esté a punto de precipitarse y caer en el ridículo. Y es que la batalla final entre el bien y el mal tiene un aire a película retro o a Harry Potter que a muchos puede pillar por sorpresa. Sin embargo, David Mitchell consigue integrar todos estos componentes dentro de la narración sin que la maquinaria chirríe y además se permite inventar una serie de simpáticas palabras como psicoduelo, suasinar, acto de hiato o cineticar para describir algunas de estas acciones fantásticas que practican los anacoretas y los horologistas.

            David Mitchell ha querido confeccionar una obra similar a El atlas de las nubes y a la vez no repetirse, sin embargo Relojes de hueso pierde en las comparaciones. Lo que en El atlas de las nubes eran relatos que podían leerse por separado en Relojes de hueso son crónicas de determinados momentos de la vida de unos personajes que no funcionan por completo independientemente; en este sentido Relojes de hueso puede considerarse más novela que El Atlas de las nubes. Esto no tendría que ser algo malo, lo que ocurre es que al relatar la historia a través de tantos personajes la trama principal queda un tanto deslavazada, algo que en El atlas de las nubes o Escritos fantasma carecía de importancia ya que cada parte tenía suficiente entidad propia. La exhibición de virtuosismo de la que hacía gala con cada relato no se repite en Relojes de hueso. En El atlas de la nubes Mitchell repasaba casi todos los géneros: de aventuras, de viajes, histórico, policiaco, humorístico, cyberpunk, apocalíptico creando para cada uno de ellos una pequeña y fulgurante joya.

             Relojes de hueso mejoraría bastante con algunas páginas menos. Aún así es un buen libro del que quiero resaltar su perfecta construcción de personajes, algo a lo que Mitchell ya nos tiene acostumbrados y es que este hombre posee una capacidad especial para ponerse en la piel de sus protagonistas. Sin embargo, a pesar de todo, no he podido evitar sentirme algo decepcionado tras terminarlo. Además de que las diferentes tramas que lo componen me han resultado menos imaginativas que en sus libros precedentes, para mí carecen de la frescura de la novedad. Por último quiero señalar que Mitchell ha escrito posteriormente otra novela titulada Slade  House que tiene relación con Relojes de hueso. Espero que pronto la traduzcan, no pienso perdérmela.

martes, 14 de junio de 2016

"Aurora" de Kim Stanley Robinson

Aurora de Kim Stanley Robinson             Algunos fragmentos de Aurora, con sus descripciones rigurosas, sugestivas y hermosas del cosmos me han evocado al Clarke de hace muchos años que ya casi había olvidado, al de Cita con Rama o al de 2010: odisea dos. Con Aurora Robinson parece haberse propuesto escribir la novela definitiva sobre naves generacionales, pero como veremos en esta reseña la historia sigue un derrotero bastante diferente al de otras novelas.
 
           La epopeya que narra Robinson está protagonizada por los descendientes de los voluntarios que ciento setenta años antes se embarcaron en una gran nave rumbo al sistema Tau Ceti. Allí les aguarda Aurora, una luna con muchas posibilidades de ser habitable. Ninguno de ellos escogió estar en la nave, fueron sus tatarabuelos los que decidieron por ellos y Robinson deja claro en la novela que fueron unos irresponsables y se muestra en contra de este tipo de proyectos que considera experimentos con escasas probabilidades de éxito. Este manifiesto pesimismo para el público que lee sus libros, fundamentalmente aficionados a la ciencia-ficción que sueñan con que el hombre pueda vivir algún día en otros planetas, resulta provocador, una bofetada en pleno rostro.
 
            Se esté de acuerdo o no con la tesis del autor, la novela logra que nos lo creamos. Y ahí radica el mérito del autor, en hacer verosímil el grandioso escenario en el que transcurre la historia. Robinson se toma su tiempo describiendo pormenorizadamente la nave, los dos anillos que la forman con sus diferentes biomas y los problemas que surgen derivados del aislamiento y del inevitable deterioro sufrido tras navegar durante más de un siglo por el espacio. Porque lo cierto es que ni los personajes que habitan en la nave son especialmente interesantes ni la escritura de Robinson, que tiene cierta tendencia a divagar, resulta destacable. En ocasiones el mismo autor parece que fuera víctima del algoritmo voraz del que tanto habla en su novela y quedara atrapado en un agujero negro de verbosidad del que no pudiera salir hasta vaciar su mente contándonos con pelos y señales lo que en ese momento le absorbe el seso. Robinson dedica varias páginas a explicar la construcción de una rampa necesaria para que los vehículos puedan continuar su ruta por la inexplorada Aurora. Con notorio afán didáctico nos aclara cómo cortan la roca, la forma que deben darle, cómo deben colocarla, el cambio de sierra..., se trata de varias párrafos que pueden saltarse sin ningún problema.
 
            Sin duda la gran protagonista de la novela es la nave y la inteligencia que la maneja. Ella es la que a instancias de Devi, otro personaje significativo, narra la mayor parte de la historia. Con su creciente verborrea, su particular sentido del humor, y su desvelo por todos los que viven en su interior acaba por convertirse en el personaje que mejor me cae del libro. Desde luego, mucho más simpática que la eternamente descontenta Devi, encargada de que en la nave todo funcione, o incluso que Freya, su esforzada hija, que intenta seguir sus pasos. Por desgracia la inteligencia artificial en ciertos momentos parece haber heredado la tendencia a divagar de Robinson y nos regala también algunos párrafos bastante tediosos sobre la consciencia y sobre la forma de enfocar el encargo de resumir su historia desde que partieron de la Tierra.
 
            A pesar de sus defectos y de su final excesivamente largo, Aurora es un gran libro que yo recomiendo sobre todo a los que les gustan las novelas sobre viajes en el espacio basados rigurosamente en la ciencia. La dilatada aventura de los viajeros, aunque su desenlace pueda parecer decepcionante, no deja de ser asombrosa y resultar fascinante. Lástima que no esté narrada con la garra que merecería. Lean y juzguen.