Blog ciencia-ficción

Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

Universo de pocos

Universo de pocos

martes, 19 de marzo de 2019

"Doctor Rat” de William Kotzwinkle

"Doctor Rat” de William Kotzwinkle            Acabemos cuanto antes. Intentaré que sea breve, podría alargarlo un poco más si hablara de su autor, William Kotzwinkle, del que Navona Ediciones ha publicado recientemente Fata Morgana, un título que David Pringle incluye en su libro Literatura fantástica: Las 100 Mejores novelas. Sí, podría, y de paso mencionar su novela más conocida  El nadador en el mar secreto, su libro más personal, que escribió después de que su primer hijo naciera muerto, pero no voy a entretenerme.

            La sinopsis del libro la ventilo en un santiamén. Una odiosa rata de laboratorio, Doctor Rat, intenta atajar la sublevación que se ha producido en el laboratorio y con la que el resto de los animales pretende detener los crueles experimentos de los que son víctimas. Por otro lado, animales de todo el mundo son atraídos por una llamada esotérica que les impulsa a reunirse para alcanzar una especie de supra conciencia animal que permita la paz entre todas las especies, incluida la humana. Porque la naturaleza es buena y los inocentes animales son los que mejor la encarnan y todos debemos unirnos para bla, bla, bla... Esto es todo, y a veces es hasta bonito pero no hay más. Además esto es así durante las trescientas y pico páginas que tiene el libro.

            Bueno, ya queda menos. Agrego unas impresiones personales, remato con la conclusión final y santas pascuas.

            Supongo que a estas alturas está claro que el libro no me ha gustado, no obstante, he de reconocer que algunos de los capítulos, en particular los protagonizados por los animales, son  pequeñas piezas de gran belleza y lirismo. Incluso algunas partes con el doctor Rat despotricando contra los insurgentes que no comprenden el valor científico que pueda tener que les extirpen los órganos sexuales, que les trasplanten una oreja en la frente o que les quemen los sesos tiene su gracia. La voz ruin y sádica del Doctor Rat contando los descabellados experimentos que se realizan con animales es lo mejor y al principio hasta me río. Pero un buen chiste contado mil veces pierde toda su gracia.

            Tal vez mi error haya sido esperar un libro diferente, algo así como una especie de Rebelión en la granja más virulenta y mordaz, que tratara de lo humano en lugar de ser un alegato en contra de los experimentos con animales. La defensa de los animales me parece una causa muy noble pero la novela se repite, machacona, una y otra vez, sin aportar nada nuevo hasta terminar haciéndose muy cuesta arriba. En fin, un libro que estaba deseando terminar cuanto antes, como me está sucediendo ahora con esta maldita reseña.

domingo, 3 de marzo de 2019

"Los tiempos del odio” de Rosa Montero

"Los tiempos del odio” de Rosa Montero            Comienzo esta reseña con una nueva definición de ciencia-ficción que va a ser difícil que nadie me discuta. Ahí va. Ciencia-ficción es todo lo que los aficionados a dicho género consideran que es ciencia-ficción. ¿A cuento de qué viene este Perogrullo digno de Mariano Rajoy? Pues viene a que me he dado cuenta de que en blogs, twitter, etc. relacionados con la ciencia-ficción muchas novelas que no pertenecen a lo que se considera el fandom son ignoradas. Suelen estar publicadas por colecciones no especializadas y estar escritas por autores ajenos al mundo. Puede que exagere, pero a veces hasta tengo la sensación de que son rechazadas y de que sus autores son considerados unos intrusos que no saben lo que es la verdadera ciencia-ficción. Lo curioso es que cuando se trata de clásicos indiscutibles como 1984, Frankenstein o el Cuento de la criada ya nadie duda en destacarlos entre sus novelas favoritas de ciencia-ficción. Parece como si el hecho de pertenecer a una minoría les hiciera más exclusivos. A muchos hasta les gusta que les llamen frikis. Yo nunca me he sentido un friki por leer ciencia-ficción. Es una afición que debo a mi padre y no me considero un raro por ello. Bueno, a lo mejor es que soy más raro de lo que pienso y soy un friki entre los frikis.

            Esta inopinada reflexión surge de mi sorpresa por los pocos comentarios que ha provocado Los tiempos de odio de Rosa Montero en el entorno del género. Sobre todo tratándose de una novela de una autora conocida, con varios premios en su haber y reconocida periodista. El libro, con una trama policiaca, pertenece claramente a la ciencia-ficción.

            Rosa Montero no trata de abrir nuevos caminos en el género, ni sorprendernos con avances científicos inéditos. Como ya hiciera en la novela anterior situada en el mismo mundo, El peso del corazón, se limita a manejar con destreza ingredientes muy conocidos ya empleados en películas y novelas del género. La protagonista, Bruna Husky, se inspira en los Nexus de la película Blade Runner, una criatura artificial con fecha de caducidad a la que apenas le quedan tres años de vida, lo que permite a la autora lamentarse de la fugacidad de la vida.

            La trama en sí no es especialmente original. Lizcano, ejem..., Lizard, el amor de Bruna Husky, ha sido secuestrado por un peligroso grupo terrorista junto con otros rehenes. Los terroristas  amenazan con matar a un rehén por día si no se cumplen sus exigencias, que por otro lado son muy justas. Esto obliga a Rosa Husky, ejem..., Bruna Husky a emprender una carrera contrarreloj para salvarlo. Las pesquisas llevan a Bruna por antros de perdición, a tratar con contrabandistas, a adentrarse ilegalmente en un mundo artificial digno de George Orwell y a descubrir al obligado y  todopoderoso grupo secreto, cuyo origen se remonta a la antigüedad (en este caso a  la época del Greco). La mayoría de estos elementos, como ya he dicho, son habituales en los thrillers y en las películas de acción por lo que no puede decirse que constituyan un prodigio de imaginación; pero Montero los maneja con soltura y habilidad para que no chirríen en exceso y aporten dinamismo al relato. Si algo no le falta a la novela es acción. La autora no da tregua al lector.

            El sombrío futuro que describe Rosa Montero tiene mucho que ver con los tiempos convulsos que vivimos en la actualidad, con gobiernos que parecen estar atados de pies y manos por las grandes corporaciones, las cuales campan a sus anchas beneficiándose de recursos tan básicos como el aire que se respira. Los abusos contra los que menos tienen propician la aparición de líderes populistas, grupos terroristas y salvadores del mundo. Lo curioso, es que tanto unos como otros luchan por reivindicaciones muy justas, aunque con métodos más que cuestionables. Este trasfondo social no convierte a la novela en una obra política, Montero se decanta más por lo humano y nos habla sobre todo de la necesidad de amar y del miedo a morir.

            Una novela entretenida, escrita sin demasiadas complicaciones, cuya lectura la autora  intenta hacer lo más asequible posible, supongo que pensando en un público poco acostumbrado al género. Y es que cualquier cosa que al lector le pueda despistar sobre ese futuro es aclarado sin titubear. Es tanta la diafanidad y nitidez que veces creo estar leyendo una novela dedicada a un público juvenil. En lo que Rosa Montero destaca sin lugar a dudas es en su facilidad para narrar, lo hace con sencillez pero con nervio y brilla sobre todo a la hora de plasmar las emociones humanas.  Estamos ante un libro que se lee con agrado, con una divertida revelación sobre el origen de su protagonista, Bruna Husky, como colofón, un libro que hará las delicias de los seguidores de Rosa Montero.

viernes, 15 de febrero de 2019

"Herederos del tiempo” de Adrian Tchaikovsky

"Herederos del tiempo” de Adrian Tchaikovsky            Herederos del tiempo es la primera incursión en la ciencia-ficción del escritor inglés Adrian Tchaikovsky y es también la primera novela suya en ser publicada en España. Su irrupción en el género fue todo un éxito puesto que su obra fue premiada con el premio Arthur C. Clarke en 2016. El acierto de la novela estriba sobre todo en haber sabido contar la historia de una civilización extraterrestre, creíble, coherente y muy diferente a la nuestra pero que al mismo tiempo no resulta del todo insondable. El truco de Tchaikovsky se debe a que las criaturas alienígenas que nos presenta no lo son del todo, sino que son el resultado de la evolución acelerada de una especie terrestre.
            La humanidad ha alcanzado en el futuro grandes avances tecnológicos, sin embargo, en otros aspectos aún no ha progresado lo suficiente y sigue sin saber resolver sus desavenencias de una manera pacífica conduciéndola al borde de la guerra. Una guerra que probablemente sería catastrófica para la Tierra y condenaría a la raza humana al exterminio. La doctora Kern para garantizar su supervivencia ha concebido un controvertido proyecto que consiste en terraformar varios planetas en los que una vez que resulten habitables pretende desembarcar familias de simios. No se trata de monos normales, Kern les ha inoculado un virus que acelerará su evolución hasta la inteligencia. Su misión será preparar el camino a los futuros colonos humanos que más adelante se asienten en el planeta. Como es de imaginar las cosas no sucederán como estaba previsto.
            La novela está formada por dos tramas que se entrecruzan. En una de ellas se nos narra el progreso de los extraterrestres desde que comienzan a utilizar la primera herramienta hasta culminar en una sociedad avanzada y cooperativa. La otra trama está protagonizada por los únicos seres humanos que quedan y que a bordo de la Gilgamesh buscan un planeta en el que poder establecerse. Es cierto que la trama con los extraterrestres es la más original y fascinante de las dos, pero también es cierto que cuando confluyen la novela alcanza los momentos más excitantes y emocionantes.
            Algo que me ha sorprendido ha sido el narrador escogido por Tchaikovsky para contar  la trama alienígena. Un narrador en tercera persona que es claramente humano y que cuenta y explica todo para hacerlo comprensible a un lector que también lo es. Tanto es así, que hasta los nombres que se asignan a los personajes principales proceden de la cultura humana. Al principio esto me impidió sumergirme del todo en la historia, pero la imaginación de Tchaikovsky para recrear esta curiosa civilización, las soluciones tecnológicas que inventa, la descripción de cómo evoluciona esta sociedad al final consiguieron que me olvidara de este obstáculo y que me quedara enganchado.
            Menos sólido se muestra el autor en el tratamiento y elección de los personajes humanos, que por lo general están poco desarrollados y carecen de carisma. También parece evidente que la trama que se desarrolla en la nave espacial se ha estirado para dar tiempo a evolucionar a las criaturas de la otra historia que transcurre en paralelo. Personalmente el uso que hace de la cursiva para diferenciar los pensamientos de los personajes del texto narrativo me parece una solución muy poco elegante. A esto hay que añadir los errores de edición, de los que Tchaikovsky no tiene culpa, que se suceden con más frecuencia de la deseada, sobre todo teniendo en cuenta que el libro no es precisamente económico.
            Pero todo esto carece de importancia frente al derroche de ingenio y creatividad de la que hace gala su autor. Tchaikovsky ha creado un escenario propicio para la aventura, con inteligencias artificiales esquizofrénicas, con una civilización de criaturas de aspecto repugnante llena de imaginación e instantes de tensión insuperables. Una telaraña tejida con imaginación que te acaba atrapando.

lunes, 28 de enero de 2019

"La mirada perversa” de Edogawa Rampo

"La mirada perversa” de Edogawa Rampo            Contemplados desde occidente los japoneses siempre nos han parecido extraños, seres casi de otro planeta. Informaciones recientes no hacen más que confirmar esta impresión. Una gran parte de jóvenes japoneses se abstienen de tener relaciones sexuales (no me queda muy claro si por timidez o por comodidad) y en su lugar prefieren aliviar su libido con la ayuda de artefactos eróticos que son de uso generalizado en el país. Establecer vínculos sociales debe resultar tan difícil que muchos optan por volcar su cariño en mascotas robotizadas. ¿Y qué me dicen de los hoteles cuyas habitaciones son nichos? Podríamos pensar que todas estas rarezas de la cultura nipona son recientes y consecuencia de una sociedad avanzada y que muy pronto serán adoptadas en occidente. Sin embargo, tras leer La mirada perversa de Edogawa Rampo he de pensar que esta rareza viene de lejos.

            Esta inoportuna reflexión llena de prejuicios me sirve para hacer hincapié en lo sorprendente que me ha parecido este libro. Más teniendo en cuenta que los relatos que contiene fueron escritos hace 90 años. Pero es que los años 20 fueron un período de ruptura: eran los años locos, el charlestón estaba de moda, las mujeres empezaban a fumar cigarrillos y se cortaban el pelo a lo garçon. Japón, tras una breve etapa democrática y en pleno esplendor económico en parte gracias a su cooperación con Estados Unidos, se ve muy influenciada por occidente y los vanguardismos tan en boga en Europa y Norteamérica calan también en Japón. Edogawa Rampo es un buen ejemplo de ello.

            Este curioso nombre es el seudónimo con el que Taro Hirai firmaba sus libros y deriva de la manera en que los japoneses pronuncian el nombre Edgar Allan Poe. Rampo era un gran aficionado a la literatura de misterio (de ahí el seudónimo), aunque de los relatos que componen La mirada perversa sólo el primero, El que pasea por el revés del techo, puede encuadrarse dentro del género. La mayoría de ellos nos presentan unos personajes muy peculiares, por no decir claramente perturbados con aficiones que rayan la extravagancia. Es el caso de El que pasea por el revés del techo, en el que nos encontramos con un tipo amoral, caprichoso e indolente. También en Pulgarcito baila se nos da a conocer a unos seres crueles capaces de lo que sea por obtener sólo un poco de diversión. Se trata de un relato situado en el ambiente de las ferias y el circo que recuerda a la película La parada de los monstruos de Tod Browning, aunque ofrece una visión mucho más cruel y desesperanzada del mundo. Junto a La oruga es uno de los relatos que más me han impresionado. En éste último, Rampo alcanza los niveles más altos de sordidez y de morbosidad posibles. Una historia terriblemente desagradable protagonizada por un hombre que, como consecuencia de las heridas sufridas en la guerra, ha perdido brazos y piernas y también la posibilidad de hablar. Rampo vuelve a crear dos personajes poco corrientes, un mutilado y su esposa, y nos cuenta una de las relaciones más raras que he podido leer. En Un amor inhumano nos hallamos de nuevo ante un extraño joven retraído que prefiere pasar el tiempo a solas en lugar de estar con su mujer o de relacionarse con otras personas. El relato aunque algo previsible no carece de interés. El resto de los cuentos, El infierno de los espejos y El hombre que viaja con un cuadro en relieve, quizás estén demasiado supeditados a unos efectos ópticos que han quedado superados. En este último nos encontramos con un Rampo mucho menos provocativo y terrible por no decir entrañable y es el único relato que puede considerarse fantástico.

            La mayoría de las historias se basan en un hecho sorprendente y misterioso o en una idea provocativa muchas veces escabrosa cuya explicación el autor demora hasta el desenlace final. En algunas ocasiones Rampo posterga en exceso la resolución y pone a prueba la paciencia del lector. La fórmula acaba por hacerse algo repetitiva, pero en cualquier caso se trata de una antología insólita, con unos relatos únicos escritos hace casi un siglo que pertenecen a una cultura, la nipona, muy diferente a la nuestra y unos personajes increíbles; sólo por esto merecen la pena ser leídos.

lunes, 14 de enero de 2019

"El pescador" de John Langan

"El pescador" de John Langan
            “No me llaméis Abraham: llamadme Abe”. Así evocando al Moby Dick de Herman Melville comienza esta estupenda novela de John Langan titulada El Pescador. A pesar de este inicio me parece que el libro tiene más que ver con las pesadillas de Lovecraft y de Poe (sobre todo del Poe de Las aventuras de Gordon Pym) que con los abstrusos simbolismos de Melville.

            Tras perder a la mujer con la que se había casado hacía pocos años la vida de Abe deja de tener de sentido. No logra desembarazarse del dolor que siente por no tenerla a su lado e intenta mitigarlo con una buena dosis de alcohol diaria. Una mañana, sin embargo, se levanta con la necesidad acuciante de ir a pescar, algo que no había vuelto a hacer desde la infancia. Gracias a esta actividad casi olvidada Abe logra salir del pozo de desolación en el que había caído. Otra pérdida, en este caso la que sufre su compañero de trabajo, Dan, debido a un accidente de tráfico en el que pierde a su mujer y a sus dos hijos estando él al volante, hará que la vida de ambos dé un vuelco. Unidos por la misma afición salen a pescar los fines de semana hasta que un día Dan le propone pescar en el arroyo del Holandés, un paraje que ni siquiera aparece en los mapas, allá por las montañas Catskill. De camino se detienen en un bar y hacen partícipe de sus intenciones a su propietario. La idea no parece gustarle demasiado y para disuadirlos cuenta una historia macabra ocurrida en un pueblo  próximo al arroyo que fue anegado con el fin de construir un embalse. Lo que cuenta deja a ambos sin palabras.

            Este relato titulado Der Fischer: un cuento de terror ocupa más de la mitad del libro. No puede decirse que integrar un relato dentro de otro sea algo nuevo, es algo habitual en la tradición de los relatos de terror, lo que llama la atención en este caso es su larga extensión que supera incluso a lo que se supone es la trama principal y me hace dudar de cuál de las dos narraciones originó la novela. Este recurso, como digo, suele ser frecuente en este tipo de relatos, y sirve para crear un determinado clima de miedo gracias a la anticipación de algunos de los horrores futuros. La reiteración dota además a lo que se cuenta, por terrible o inverosímil que parezca, de una mayor veracidad y prepara al lector para lo que va a suceder. La novela sigue estos preceptos del terror clásico con rigurosidad y eficacia.

            Pero sin lugar a dudas, más allá de los horrores que se cuentan, de lo que puedan atormentarnos las criaturas híbridas que se describen o de los paisajes alucinantes que se evocan, lo que convierte a El pescador en una obra que la hace diferente es su espléndida prosa. Una prosa límpida, vibrante y elocuente que logra que nos veamos inmersos en la acción como si fuéramos un personaje más de la novela. Sus descripciones son tan vívidas que no echamos de menos el cine en 3D con sonido Dolby ni a jugar con la consola a juegos que son cada vez más realistas. En este sentido cabe destacar el magnífico trabajo realizado por Alberto Chessa en la traducción del texto.

            Con esto tampoco quiero que se piense que la trama es desdeñable, el retrato que hace de los dos hombres tras sufrir una pérdida es conmovedor. Lo cierto es que todo el libro puede considerarse el grito desesperado de quién ha perdido un ser querido. Además es fácil dejarse seducir por las historias secundarias que componen el libro. ¿Cómo olvidarse de la pobre Lottie, que debe enfrentarse en un momento dado a su propia perversidad? ¿Cómo no dejarse intrigar por el misterioso pasado de Rainer o sentir compasión por Jacob, cuya vida quedará para siempre marcada por lo que tuvo que hacer? Reconozco que hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto con una novela de terror. Un terror clásico que debe mucho a Lovecraft aunque más moderno y dinámico pero sobre todo sin los excesos en la adjetivación a los que nos tenía acostumbrados el autor de Providence.

            Así que no espere más, no se resista, muerda el tentador anzuelo que le tiende John Langan y déjese arrastrar por El pescador, no se arrepentirá.

lunes, 17 de diciembre de 2018

"Ciudad nómada y otros relatos”, selección de Mariano Villarreal

"Ciudad nómada y otros relatos”, selección de Mariano Villarreal            Con el cuento Siete cumpleaños, de Ken Liu, se abre la segunda entrega de cuentos seleccionados por Mariano Villarreal titulada Ciudad nómada y otro relatos, que se publicó al mismo tiempo que El viento soñador y otros relatos. Se trata del clásico relato de Liu, mezcla de especulación científica y drama sentimental, en el que el escritor de origen chino parece seguir un patrón preestablecido. Lo cierto es que la formula le resulta rentable a tenor del entusiasmo que genera entre muchos de sus lectores. La primera mitad consigue interesarme, pero la descripción del lejano futuro que realiza en la última parte me resulta fatigosa.
            Blue, de Víctor Selles, es un bienintencionado relato en el que se aborda un tema tan actual como es el de los refugiados. La imagen final es muy potente, pero por desgracia la realidad supera a la ficción.
            Colapso, de Kameron Hurley, es un rutinario relato de aventuras protagonizado por un personaje de brazos musculosos, duro y tenaz, que intenta sobrevivir en un mundo inhóspito. Supongo que su mérito estriba en que dicho personaje en lugar de un héroe es una heroína. Como además la protagonista carece de piernas la autora ha de recurrir a una gran elipsis para que el final sea medianamente verosímil.
            One Hit, de Josué Ramos, es por la originalidad del tema y también por la forma en que es narrado uno de los relatos que más he disfrutado. Una historia que se sale de lo normal y que se aleja de la ciencia-ficción más manida.
            Movimiento, de Nancy Fulda, me produce sentimientos encontrados. Por un lado el tema que propone, el de hasta qué punto podemos inmiscuirnos en la mente de una persona para “sanarla” me resulta muy interesante; por otro lado no comparto del todo su discurso en favor de la no intervención y de lo que es normal. En cualquier caso, un relato con contenido lo cual ya es mucho.
            Tableaux Vivants, de Elain Vilar Madruga, tiene un comienzo inquietante y prometedor, pero luego la historia pierde garra, algo de lo que la autora parece ser consciente porque hasta su escritura se resiente y se vuelve insegura. El final un tanto folletinesco tampoco ayuda.
            Nave nodriza, de Caroline M. Yoachim, es un magnífico y brevísimo cuento sobre una nave inteligente. Imaginativo, conciso y bien escrito. Muy diferente al otro relato escogido por Villarreal de esta misma autora para  El viento soñador y otros relatos titulado La verdad del muro de piedra.
            Felicidad, de Bandinelli, es lo más flojo de la antología. Un relato con una trama deslavazada que no parece conducir a ningún sitio y, entre otros muchos defectos, repleto de símiles a destiempo.
            Con Tras el apocalipsis, de Maureen F. McHugh, volvemos a encontrarnos con una historia postapocalíptica. A pesar de lo trillado del tema la autora logra en ese ambiente de decadencia y barbarie construir una inusual historia entre madre e hija. McHugh consigue darle la vuelta a La carretera de Cormack McCarthy.
            Protocolos de desconexión, de Andrea Prieto, es un interesante relato, sobrio, muy teatral en las formas, cuyo final puede resultar algo abrupto pero que plantea cuestiones morales de relevancia.
            Ciudad nómada, rebaño miseria, de Pablo Loperena, pertenece a ese tipo de relatos de ambientación abigarrada, poblada de multitud de grupúsculos con nombres altisonantes y personajes de mal vivir que se dedican a embaucar o hurtar para salir adelante. Normalmente la trama es lo de menos y lo que se trata es de encandilar al lector con un escenario lleno de colorido pero también rebosante de mugre. Lo cierto es que Loperena no pone las cosas fáciles y nos obliga a sumergirnos en su mundo desde las primeras páginas. Su intrincada creación tiene su merito, pero me deja sensación de "deja vu".

            Mariano Villarreal realiza una gran labor acercándonos a la ciencia-ficción y a la fantasía que se escribe en la actualidad tanto en España como fuera de ella. La mayoría de los relatos escogidos han obtenido un premio o han quedado finalistas, por lo tanto he de pensar que nos hallamos ante algunas de las mejores narraciones publicadas en los últimos años. Es verdad que los relatos tienen un buen nivel con relevantes aportaciones de la escena de la ciencia-ficción actual como Ken Liu, Kameron Hurley, Tim Pratt o Mike Resnick, sin embargo muy pocos de los relatos pueden considerarse rompedores o innovadores. Y no estoy pensando en la forma, los experimentos los carga el diablo, sino en los temas que se abordan. Evidentemente, los zombis y los vampiros deberían ser ya relegados al olvido y buscarse argumentos que enlacen con los temores de la sociedad actual. Cierto es también que el mundo acelerado y cambiante en el que vivimos incorpora cada vez más elementos que hasta ahora hemos considerado pertenecientes a la ciencia-ficción. Supongo que descubrir ideas que no se queden obsoletas a los dos segundos no es fácil y mirar hacia el lejano futuro lo es aún menos.

             En cualquier caso, con sus defectos y su virtudes tanto El viento soñador y otros relatos como Ciudad Nómada y otros relatos suponen una magnífica oportunidad de conocer literatura fantástica breve reciente por lo que recomiendo su lectura.

jueves, 29 de noviembre de 2018

"El viento soñador y otros relatos”, selección de Mariano Villarreal

"El viento soñador y otros relatos"            El incansable Mariano Villarreal vuelve a la carga con una de sus siempre interesantes antologías. Con una periodicidad saludable, aunque seguramente insuficiente para los aficionados al género fantástico, nos trae relatos inaccesibles para los que no leemos en inglés y de paso nos da a conocer a autores españoles a los que no es fácil abordar. 

            El primer relato del libro es Romance  diferido, de Mike Resnick, y aunque el título pueda sugerirlo, no tiene nada que ver con cierta conocida expolítica entre cuyas aptitudes estaba la de despedir en diferido y la de explicarse con admirable rigor. Se trata de un relato romántico, realmente emotivo contado con una gran sencillez y cuyo gran acierto está precisamente en esa aparente simplicidad. Una historia de amor que no es de juventud como suele ser habitual, sino de un hombre al final de su vida.
            La concubina y el Bárbaro, de Rodolfo Martínez, está bien escrito, bien ambientado y seguramente encantará a los entusiastas de Conan. A mi parecer sería un buen comienzo para una novela, por sí sólo se me queda incompleto.
            Siegaespectros o La vida después de la venganza, de Tim Pratt, es uno de esos relatos ingeniosos y divertidos como los que se escribían antes. Un cuento en el que todo sucede muy rápido y que muy bien podrían haber firmado Fredric Brown, John Collier o Roald Dahl.
            Las cadenas de la casa Hadén, de Ferrán Varela, está escrito con enorme corrección; se trata de un relato sobrio sobre el sacrificio que hace un padre, pero que a mí personalmente me dice muy poco. La historia no parece desarrollarse en ningún lugar o tiempo determinado, pero aparte de eso no contiene más elementos fantásticos.
            En La verdad del muro de piedra, de Caroline M. Yoachim, se pone en cuestión las tradiciones ancestrales, aquellas que, muchas veces a pesar de su crueldad y de su arbitrariedad, pasan de padres a hijos sin generar rechazo alguno, sólo por la discutible razón de llevar practicándose desde hace siglos. Un relato duro y sin concesiones no apto para todos los paladares.
            Rosa de Navidad, de Abel Amutxategi, es una sucesión de tópicos y lugares comunes sobre vampiros y mundos apocalípticos que sólo un vuelco al final del relato habría podido salvar. A Amutxategi le da además por situar la acción en un lugar llamado Blackhill y singularizar como  protagonista a un tipo llamado Farrel Dixon (que  no ha debido ver una película de vampiros en su vida) en lugar de ubicarla en Albacete y hacer que el personaje principal se llame Juan Pérez.
            El viento soñador, de Jeffrey Ford, es un precioso cuento como los de toda la vida lleno de imaginación, tierno, con descabelladas fantasías y personajes encantadores cuyo tono recuerda a Bradbury. Por cierto, no entiendo por qué dejó de publicarse en España a este maravilloso autor.
            En cambio, en  En la isla José Jesús García Rueda se inspira claramente en Borges y en Bioy Casares. Un juego de espejos perfectamente ensamblado y con un final que no se queda atrás.
            En El naturalista, de Maureen F. McHugh, volvemos a un escenario trillado en exceso, en este caso de zombis. Un relato cruel que intenta buscar la originalidad donde es imposible mediante una historia en la que los más despiadados no son los zombis.
            Rojo, de Cristina Jurado, arranca tan fuerte que la narración sólo puede concluir en un festival de sangre y perversión para que la tensión vaya “in crescendo. Sin embargo, las atrocidades que se cuentan en este relato aderezado digamos de una nada sutil poética de la crueldad, no llegan a provocarme ni a horrorizarme y es que ante determinado nivel de horror mis sentidos se saturan y mi mente se protege insensibilizándose.
            El  horror de Valserenosa, de Rubene Guirauta, es un pastiche con monstruo primigenio, cuya originalidad estriba en situar la historia en los Monegros alrededor de 1850. El clima de terror está muy bien logrado así como la imitación que hace de la escritura de la época, pero no deja de ser el típico relato con un monstruo horrible.

            Una selección muy digna que comentaré con más detalle en las conclusiones finales de la reseña del segundo volumen, Ciudad Nómada y otros relatos, que Villarreal lanzó simultáneamente con esta colección.