Blog ciencia-ficción

Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

Universo de pocos

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domingo, 26 de junio de 2016

"Relojes de hueso" de David Mitchell

Relojes de Hueso de David Mitchell
            Crispin Hershey, protagonista de uno de los capítulos de Relojes de hueso, recibe por su último libro una crítica demoledora: “¿Qué por qué «Eco debe morir» es una porquería tan desagradable? Primero, porque Hershey está tan preocupado por evitar los clichés que tortura todas y cada una de sus frases como si fuesen yanquis soplones. Segundo, porque la subtrama fantástica choca de forma tan violenta con las pretensiones de ser un “Informe sobre el estado del planeta” que da miedo verlo. Tercero, porque ¿qué mayor muestra de que un acuífero creativo se ha secado que el hecho de que el escritor cree un personaje que sea escritor?” ¿Juego de espejos? ¿Una muestra más del sentido del humor de David Mitchell? Porque de alguna manera, aunque parcialmente, las razones que argumenta el crítico podrían atribuirse a Relojes de Hueso. Puede que Mitchell se esfuerce más que en otras ocasiones en encontrar la metáfora justa. Es verdad que el libro contiene una arriesgada trama fantástica y también es cierto que uno de sus protagonistas es escritor, sin embargo la novela está muy lejos de ser una porquería. Al parecer, y aunque Mitchell dice que se ha mirado a sí mismo y exagerado sus peores defectos para crear a Crispin Hershey, muchos han creído ver en el personaje creado por el autor un trasunto de Martin Amis. El libro está lleno de referencias a personajes reales y  también a viejos conocidos de sus libros anteriores, yo he identificado solo a unos pocos, pero forma parte del atractivo del libro descubrirlos por uno mismo.

            Crispin Hershey es sólo uno más de los personajes que desfilan por la voluminosa novela. En el primer capítulo conoceremos a Holly Sykes siendo todavía una adolescente que se cree, como la mayoría de los chicos a esa edad, más madura de lo que realmente es. El segundo capítulo está dedicado a Hugo Lamb, un joven universitario sin demasiados escrúpulos y a sus trapicheos por ascender en la escala social. En la tercera parte Ed Brubeck, reportero enviado a Iraq, se ve obligado a escoger entre su familia y su labor como periodista. El siguiente capítulo está dedicado Crispin Hershey al que la feroz crítica con la que he comenzado la reseña le cambia la vida. Además, en todos estos capítulos aparecen unos misteriosos personajes que se hacen llamar anacoretas y horologistas que dotan a la novela de contenido fantástico. En el quinto capítulo Mitchell se desmelena y la trama fantástica explota con una intensidad sorprendente en una novela publicada fuera de una colección de género. En un equilibrio circense el autor, gracias a su humor y a su habilidad narrativa, logra superar la prueba, aunque a veces esté a punto de precipitarse y caer en el ridículo. Y es que la batalla final entre el bien y el mal tiene un aire a película retro o a Harry Potter que a muchos puede pillar por sorpresa. Sin embargo, David Mitchell consigue integrar todos estos componentes dentro de la narración sin que la maquinaria chirríe y además se permite inventar una serie de simpáticas palabras como psicoduelo, suasinar, acto de hiato o cineticar para describir algunas de estas acciones fantásticas que practican los anacoretas y los horologistas.

            David Mitchell ha querido confeccionar una obra similar a El atlas de las nubes y a la vez no repetirse, sin embargo Relojes de hueso pierde en las comparaciones. Lo que en El atlas de las nubes eran relatos que podían leerse por separado en Relojes de hueso son crónicas de determinados momentos de la vida de unos personajes que no funcionan por completo independientemente; en este sentido Relojes de hueso puede considerarse más novela que El Atlas de las nubes. Esto no tendría que ser algo malo, lo que ocurre es que al relatar la historia a través de tantos personajes la trama principal queda un tanto deslavazada, algo que en El atlas de las nubes o Escritos fantasma carecía de importancia ya que cada parte tenía suficiente entidad propia. La exhibición de virtuosismo de la que hacía gala con cada relato no se repite en Relojes de hueso. En El atlas de la nubes Mitchell repasaba casi todos los géneros: de aventuras, de viajes, histórico, policiaco, humorístico, cyberpunk, apocalíptico creando para cada uno de ellos una pequeña y fulgurante joya.

             Relojes de hueso mejoraría bastante con algunas páginas menos. Aún así es un buen libro del que quiero resaltar su perfecta construcción de personajes, algo a lo que Mitchell ya nos tiene acostumbrados y es que este hombre posee una capacidad especial para ponerse en la piel de sus protagonistas. Sin embargo, a pesar de todo, no he podido evitar sentirme algo decepcionado tras terminarlo. Además de que las diferentes tramas que lo componen me han resultado menos imaginativas que en sus libros precedentes, para mí carecen de la frescura de la novedad. Por último quiero señalar que Mitchell ha escrito posteriormente otra novela titulada Slade  House que tiene relación con Relojes de hueso. Espero que pronto la traduzcan, no pienso perdérmela.

martes, 14 de junio de 2016

"Aurora" de Kim Stanley Robinson

Aurora de Kim Stanley Robinson             Algunos fragmentos de Aurora, con sus descripciones rigurosas, sugestivas y hermosas del cosmos me han evocado al Clarke de hace muchos años que ya casi había olvidado, al de Cita con Rama o al de 2010: odisea dos. Con Aurora Robinson parece haberse propuesto escribir la novela definitiva sobre naves generacionales, pero como veremos en esta reseña la historia sigue un derrotero bastante diferente al de otras novelas.
 
           La epopeya que narra Robinson está protagonizada por los descendientes de los voluntarios que ciento setenta años antes se embarcaron en una gran nave rumbo al sistema Tau Ceti. Allí les aguarda Aurora, una luna con muchas posibilidades de ser habitable. Ninguno de ellos escogió estar en la nave, fueron sus tatarabuelos los que decidieron por ellos y Robinson deja claro en la novela que fueron unos irresponsables y se muestra en contra de este tipo de proyectos que considera experimentos con escasas probabilidades de éxito. Este manifiesto pesimismo para el público que lee sus libros, fundamentalmente aficionados a la ciencia-ficción que sueñan con que el hombre pueda vivir algún día en otros planetas, resulta provocador, una bofetada en pleno rostro.
 
            Se esté de acuerdo o no con la tesis del autor, la novela logra que nos lo creamos. Y ahí radica el mérito del autor, en hacer verosímil el grandioso escenario en el que transcurre la historia. Robinson se toma su tiempo describiendo pormenorizadamente la nave, los dos anillos que la forman con sus diferentes biomas y los problemas que surgen derivados del aislamiento y del inevitable deterioro sufrido tras navegar durante más de un siglo por el espacio. Porque lo cierto es que ni los personajes que habitan en la nave son especialmente interesantes ni la escritura de Robinson, que tiene cierta tendencia a divagar, resulta destacable. En ocasiones el mismo autor parece que fuera víctima del algoritmo voraz del que tanto habla en su novela y quedara atrapado en un agujero negro de verbosidad del que no pudiera salir hasta vaciar su mente contándonos con pelos y señales lo que en ese momento le absorbe el seso. Robinson dedica varias páginas a explicar la construcción de una rampa necesaria para que los vehículos puedan continuar su ruta por la inexplorada Aurora. Con notorio afán didáctico nos aclara cómo cortan la roca, la forma que deben darle, cómo deben colocarla, el cambio de sierra..., se trata de varias párrafos que pueden saltarse sin ningún problema.
 
            Sin duda la gran protagonista de la novela es la nave y la inteligencia que la maneja. Ella es la que a instancias de Devi, otro personaje significativo, narra la mayor parte de la historia. Con su creciente verborrea, su particular sentido del humor, y su desvelo por todos los que viven en su interior acaba por convertirse en el personaje que mejor me cae del libro. Desde luego, mucho más simpática que la eternamente descontenta Devi, encargada de que en la nave todo funcione, o incluso que Freya, su esforzada hija, que intenta seguir sus pasos. Por desgracia la inteligencia artificial en ciertos momentos parece haber heredado la tendencia a divagar de Robinson y nos regala también algunos párrafos bastante tediosos sobre la consciencia y sobre la forma de enfocar el encargo de resumir su historia desde que partieron de la Tierra.
 
            A pesar de sus defectos y de su final excesivamente largo, Aurora es un gran libro que yo recomiendo sobre todo a los que les gustan las novelas sobre viajes en el espacio basados rigurosamente en la ciencia. La dilatada aventura de los viajeros, aunque su desenlace pueda parecer decepcionante, no deja de ser asombrosa y resultar fascinante. Lástima que no esté narrada con la garra que merecería. Lean y juzguen.

sábado, 14 de mayo de 2016

"Inversiones" de Iain M. Banks

Inversiones de Iain M. Banks El primer libro que leí de Banks fue La fábrica de las avispas, un libro impactante que me gustó tanto que me empujó a hacerme con todo lo que se podía encontrar traducido del autor escocés en España. Novelas como Pasos sobre el cristal, El puente (mi preferido después de La fabrica...) Un jardín de piedra, etc. fueron cayendo ante mis ávidos ojos, mientras no podía creerme que hubiera encontrado semejante filón literario. Entre lectura y lectura, en algún momento, no sé exactamente cuando, supe que Banks además escribía ciencia-ficción. Aquello parecía un sueño hecho realidad, sin embargo, como suele ocurrir a menudo el destino no pone las cosas fáciles y para entonces las novelas de ciencia ficción que se habían publicado de Banks estaban descatalogadas. Años después, cuando volvieron a ser editadas por "La Factoría de Ideas", mi entusiasmo por Banks se había templado tras la decepción que supuso El Negocio o el poco interés que me habían suscitado sus últimas novelas mainstream publicadas en España. Tampoco ayudaron a avivar la vieja pasión el hecho de que la mayoría de las novelas de ciencia-ficción de Banks pertenecieran a una serie, la de La Cultura.
 
Al parecer Banks había escrito varias de estas novelas con anterioridad a La fábrica de las avispas aunque no consiguió publicarlas. Pensó que tendría más posibilidades con una novela fuera del género y con esa intención escribió La Fábrica de las avispas. Lo curioso es que la concibió como si se tratara de una obra de ciencia-ficción protagonizada no por un alienígena sino por un adolescente perturbado que vive en una isla en lugar de en otro planeta. La novela fue un éxito rotundo y Banks consiguió su propósito de ver publicadas sus otras obras, aunque tuvo que añadir a su nombre una M y convertirse en Iain M. Banks para distinguir su carrera como escritor de género de la de escritor mainstream.
 
La primera novela de ciencia-ficción que leí de Banks fue El Artefakto y he de reconocer que se me atragantó lo suficiente como para que pospusiera mi primer contacto con La Cultura varios años más. Con El jugador, ya perteneciente a la serie, Banks volvió a conquistarme. Se dice que esta obra e Inversiones son las novelas menos representativas de la serie.
 
La verdad es que si la portada no indicara que Inversiones pertenece a La Cultura yo no me habría dado cuenta de ello. El mundo en el que se desarrolla la historia consta de dos soles, también se mencionan algunos animales desconocidos... todo esto nos hace comprender que lo que se cuenta no transcurre en un lejano pasado de la Tierra que se asemeja a la Edad Media sino en otro planeta. Sin embargo, aunque su pertenencia a La Cultura apenas se perciba en la narración, este dato es importante para poder interpretar los hechos, sobre todo en su conclusión. La novela tiene dos partes que se intercalan capítulo a capítulo. Una de ellas está narrada por Oelph, ayudante de la doctora Vossil, médico del rey de Haspidus. A pesar de la admiración que Oelph siente por su mentora, trabaja para alguien al que se refiere como Amo, quien, como muchos otros miembros de la corte, parece desconfiar de la doctora. La otra parte está protagonizada por DeWar, fiel guardaespaldas del Urleyn, protector de Tassasen. La relación que existe entre estas dos tramas aparentemente inconexas y entre Vossil y de DeWar se va infiriendo poco a poco de una manera muy sutil pero muy eficaz gracias al buen trabajo de Banks. Generalmente las intrigas palaciegas suelen aburrirme, pero Banks con su elaborada composición de personajes consigue cautivarme. Quizás haya un exceso de secundarios muy parecidos entre sí que con sus alambicados nombres no facilitan el trabajo al lector.
 
Su apariencia de fantasía medieval no debe engañar a los posibles lectores. Nada tiene que ver con otras novelas de género heroico-fantástico tan de moda últimamente. Aquí no encontrarán grandes batallas, ni dragones, ni luchas encarnizadas a espada, Banks se inclina más por crear unos personajes de carne y hueso en un escenario delimitado, sin realizar esos grandes alardes de imaginación a los que nos tiene acostumbrados. Pienso que no sería difícil convertir Inversiones en una obra de teatro. Da la sensación de que quisiera demostrar que es capaz de escribir una novela de La Cultura más contenida y también más introspectiva. Seguramente no gustará a todos, sobre todo a los más acérrimos de la space-opera. Yo he disfrutado con la lectura de las dos bellas historias de amor y admiración que la componen. Iain Banks demuestra que es un gran escritor, capaz de hacer mucho con muy poco. Por suerte me quedan aún bastantes libros por leer de él. Habrá que darse prisa en comprarlos ahora que "La Factoría de Ideas" se ha ido al garete. Creo que El uso de las armas será el siguiente, y luego.., luego ya veremos. ¡Y quedan aún tantos por traducir! ¡Qué alguien traduzca The Crow Road o Transition!

miércoles, 27 de abril de 2016

"El Sistema" de Ricardo Menéndez Salmón

Portada de "El sistema" de Ricardo Ménendez Salmón Con un título tan pétreo y tan poco atrayente como El Sistema Ricardo Menéndez Salmón parece querer advertirnos de que no vamos a encontrarnos con un texto complaciente y efectivamente así es. Por cierto, la novela ganó el premio Biblioteca Breve 2016.
 
En un futuro indeterminado el protagonista del libro, que se denomina a sí mismo el Narrador, con mayúscula, trabaja como vigía en una de las islas del archipiélago que constituyen el "Sistema". Su vida en la Estación Meteorológica 16 aunque solitaria es cómoda, y aparte de estudiar Historia Moderna y de leer los numerosos informes que llegan del "Dado", organismo un tanto esotérico y misterioso del que emana el poder y que dicta las leyes de "Sistema" su misión principal es la de vigilar la llegada de "Ajenos". Los "Ajenos" no pertenecen al "Sistema" por lo que son rechazados por los "Propios", que temen que con su llegada masiva por mar puedan propiciar la caída de su mundo. El "Sistema" está formado por varias islas: "Realidad" (en la que vive el Narrador), "Empiria" y la "Innombrable", además de otras que no se mencionan. Es fácil establecer una correspondencia entre cada una de estas islas con países de nuestra realidad. Todo en esta novela es simbólico, desde los nombres de las islas hasta los nombres de los personajes pasando por la historia que se cuenta. A veces este simbolismo es evidente, como en el caso de los países a los que se alude con las islas o en el caso de los "Propios" y los "Ajenos", en otros la relación resulta mucho más inasequible como veremos más adelante.
 
El Sistema es una especie de distopía. Como suele ocurrir en este tipo de obras el protagonista pasa de ser un convencido del sistema a poner en duda sus intenciones y sus resultados. En las primeras páginas se nos dice que el objetivo del "Sistema" es la seguridad y que la felicidad, libertad y justicia sólo son posibles mediante un férreo control del sistema. ¿A que esto nos suena? Todo es tan evidente que se me escapa qué pretende el autor con este simbolismo tan obvio, a no ser que quiera hacernos ver que la historia se repite constantemente. Sin embargo, el libro es todo menos claro, porque aparte de los paralelismos antes mencionados, la novela está llena de elementos más oscuros cuyos significados resbalan entre mis resignadas neuronas. Por ejemplo el de una misteriosa caja que instalan en la Estación Meteorológica 16 o el de un juego al que obligan a jugar al protagonista en la tercera parte del libro.
 
La actualidad del mundo está muy presente así como el destino de la humanidad, sin embargo me queda la sensación de que se quieren tocar demasiados temas. La novela consta de tres partes constituidas por los cuatro cuadernos que el Narrador ha ido escribiendo y que denomina "El cuaderno de él", "El cuaderno de yo" y El cuaderno de tú", escritos sucesivamente en tercera, primera y segunda persona. Además de una cuarta parte con la que la novela concluye.
 
La novela está escrita con una prosa fría y desapasionada que me recuerda a veces a un Ballard al que Menéndez Salmón le hubiera incorporado su gusto por las expresiones cultas y a veces incluso arcaicas. Es al primero que he visto en muchos años escribir quilómetro en lugar de kilómetro. Queda claro que es un tipo culto, al que probablemente le ha costado lo suyo adquirir tamaño saber por lo que no duda en ningún momento en deleitarnos con su erudición. Como muestra un botón. En un momento de la novela varios personajes se proponen escribir una nota, que posteriormente será lanzada al mar dentro de una botella, con las mayores maravillas dejadas por el hombre. ¿Pues qué creen que anotan? Las pirámides, la música de Schubert, Ilíada, Edipo en Colono, Fedro, etc. Se ve que en los últimos siglos la humanidad ha creado muy poca cosa. Y luego para darle un tono más jocoso el autor añade la bullabesa. Podía haber sido la tortilla de patatas o el cochinillo asado, pero seguramente no quedaba igual de glamuroso que la bullabesa y probablemente desentonaría frente a Edipo en Colono.
Menéndez Salmón es un escritor con evidente talento y recursos, aunque a veces suene algo excesivo:
El resto del día mientras imaginas a los viajeros concentrados en la cubierta del Aurora, unidos por su carne destinada a la extinción, puedes escuchar el desplazamiento de los titanes (se refiere a unos icebergs), su materia invisible, muchos metros por debajo de las aguas, espléndida, violenta, una cornucopia del asombro y del poder.

Un libro a ratos apasionante, con momentos de resonancias míticas, en otras cargante, pretencioso, hermético e incomprensible. Da la impresión de que el mismo autor se perdiera en algunos momentos entre sus profundas reflexiones y sus brillantes metáforas. Por último, todo parece perfectamente planificado para llegar a la alegórica escena final, que a mí personalmente me resulta rebuscada y muy poco satisfactoria.

sábado, 16 de abril de 2016

"Nexus" de Ramez Naam

Portada de "Nexus" de Ramez NaamLa acción con la que arranca la novela es prometedora, mediante una escena sexual muy divertida Ramez Naam nos adelanta lo que la droga Nexus es capaz de hacer. Una escena, por la verosimilitud con la que es narrada, digna de un Greg Egan, aunque eso sí contada con bastante más humor del que suele hacer gala el australiano. A partir de ahí la trama se vuelve bastante convencional y lo que queda es un Greg Egan retocado al gusto de Hollywood. Una vez explicado cómo funciona la droga, y esto ocurre muy al principio, para mí la novela pierde interés. Como suele ser habitual en este tipo de historias la droga es codiciada por gobiernos autoritarios y mafias, lo que sirve de pretexto para desplegar todos los tópicos habituales de esto que se ha venido en llamar tecno-thrillers: persecuciones, mamporros, gobiernos sin escrúpulos, entrenadores que además son sabios conocedores de alguna pseudo-filosofía asiática, más mamporros, veteranos de guerra traumatizados y la consabida visita a un exótico país del sureste asiático.
 
He de confesar que la tremenda simplicidad con la que está escrita la novela, así como el candor que demuestran algunos de sus protagonistas me resultan incluso encantadores. La novela es entretenimiento y no hay que pedirle más, aunque algunos quieran ver en ella una sesuda reflexión sobre el futuro de la humanidad. Por otro lado es de agradecer que Ramez Naam con Nexus no intente escribir la obra maestra de su vida como parecen pretender muchos autores actuales con cada uno de sus libros, escritores a los que muchas veces les puede la ambición por querer abarcarlo todo. Un buen ejemplo sería Neal Stephenson, al que le salen unos tochos que son compendios de la sabiduría humana habida y por haber. Escribir una novela con grandes ideas originales basadas en los últimos avances científicos, protagonizadas por personajes profundos dignos de Balzac y que además se desarrollen en mundos alucinantes pero verosímiles es casi imposible de hacer sin aburrir al lector.
 
Naam al menos es mucho más humilde y renuncia a algunos de esos objetivos. Tal vez a demasiados, sobre todo al prescindir de una trama de mayor profundidad. El tema principal, la evolución de los seres humanos gracias a la droga y los escrúpulos por permitir su libre uso, queda relegado a un segundo lugar con tantas intrigas, disparos y patadas. La acción violenta acaba apoderándose de la historia.
"Alguien golpeó a Lee en el costado. Era Kade, con una patada voladora que lanzó al agente contra la pared. Sam sintió que Lee estampaba la culata de su arma en la cara de Kade y lo tiraba al suelo. Pero por un momento sólo hubo dos hombres a su lado, ambos con la mirada fija en Chuan y las armas en posición de disparar. Sam alargó los dos brazos y los agarró por los cinturones, tiró con fuerza para levantarse de un salto y simultáneamente los tumbó"
Tras varías páginas así uno ya no sabe de quién es el puño que golpea y de quién es el estómago golpeado, pero es que llega un momento que da igual y lo único que desea uno es que se maten de una vez y que termine la escena.
 
Las razones que mueven a los protagonistas, como suele ocurrir en este tipo de novelas, son esquemáticas y primarias. Por ejemplo, la agente de las fuerzas especiales ERD convirtiéndose en adalid de los que luchan contra las drogas, o el protagonista empeñado en convertirse en post-humano a toda costa gracias a Nexus. Por otro lado, la droga además de milagrosa y fantástica, es demasiado perfecta y buen rollista para ser verosímil.
 
Nexus es una novela que parece pensada para ser llevada al cine. Ya puedo imaginarme la película protagonizada por el guaperas de turno, plena de escenas de acción, con caídas desde edificios de veinte pisos rebotando de aquí para allá o peleas en las que atravesar muros provoca sólo unos pocos rasguños. ¡Ah, pero si eso ya ocurre en cualquier película de acción y sin que tengan que drogarse con Nexus!

sábado, 26 de marzo de 2016

"Fuera de quicio" de Karen Joy Fowler

Portada de "Fuera de quicio" de Karen Joy Fowler ¿Qué tienen en común Claire North, Lauren Beukes, Sarah Pinborough, Emily St. John Mandel, Ann Leckie o Rosa Montero? Aparte de tener el dudoso honor de haber sido reseñadas en este blog, todas ellas son mujeres. De las diez últimas entradas que he publicado en Universo de pocos seis corresponden a obras escritas por mujeres, tres a libros escritos por hombres y una es una antología. De las reseñas de autores masculinos sólo una, Trece monos de César Mallorquí es una obra reciente. ¿Se debe todo a un plan para reivindicar a las escritoras? ¿Es que he decidido cambiarme de sexo? (Mi mujer no me lo perdonaría) Nada de eso. He escogido obras más o menos recientes del mercado, que me interesaban y que me parecieron de mayor calidad. ¿Entonces a qué se debe esta proliferación de literatura femenina en el blog? En todas las estadísticas se constata que las mujeres leen más que los hombres, por lo tanto es lógico que cada vez existan más escritoras con cierta notoriedad. También podría tratarse de una mera casualidad. Toda esta concienzuda e inútil reflexión viene a cuento de que una vez más me propongo reseñar una novela escrita por una mujer.

Como se dice en la contraportada del libro es mejor abordar la lectura de Fuera de quicio sabiendo lo menos posible de la trama. El título con el que ha sido publicado en España, We Are All Completely Beside Ourselves, me parece muy discutible, pero no esperen que yo se lo traduzca. La protagonista es Rosemary la hija menor en una familia de tres hermanos. Una familia muy peculiar, con un padre que estudia el comportamiento de los animales y una madre que pasa por períodos de depresión. Rosemary es muy pequeña cuando todo sucede y sus recuerdos se confunden, pero lo que está claro es que su hermana desparece y posteriormente también su hermano. Desde el principio intuimos que algo extraño sucede con la familia de Rosemary y es que Karen Joy Fowler juega "sucio", nos hurta datos importantes que luego, pasado un tercio de la novela, nos revela. La narradora, que no es otra que la protagonista, se disculpa por ello. Sin embargo, es gracias a esa ingeniosa treta que la novela cobra fuerza y logra agitar nuestras conciencias. Desde luego no voy a ser yo quién arruine la sorpresa.

En el resumen que se hace en la primera página del libro se dice que Karen Joy Fowler ha escrito varios relatos de ciencia-ficción. Lo cierto es que su nombre me sonaba vagamente, pero no he conseguido encontrar en mis estanterías nada de dicha autora, así que poco puedo aportar sobre esta faceta suya como escritora. Fuera de quicio no es ciencia ficción, sin embargo la ciencia está muy presente en la novela y un tema muy querido para el género como es el de la comunicación entre diferentes especies constituye una parte primordial de la historia, aunque en este caso no se trate de extraterrestres. Tras terminarla nos queda claro que determinados comportamientos de los seres humanos son muy similares al de algunos animales. La posesión, los celos, la competencia e incluso la revancha no son patrimonio exclusivo nuestro sino que tienen un origen claramente animal. A veces con ironía, en otras a través del drama la autora nos muestra que la diferencia entre hombres y animales es mucho más pequeña de lo que pensamos. También es un duro alegato contra el maltrato animal y la inexplicable crueldad de ciertas empresas cuando prueban sus productos comerciales.

Los temas que trata Fuera de quicio son variados. Además de los ya mencionados, el libro nos habla de la subjetividad de la memoria, de cómo nuestra mente maquilla nuestros recuerdos más dolorosos, del amor de hermanos, de la familia, de la infancia y de las cosas a las que hemos renunciado por querer distinguirnos de los animales. En definitiva de lo que nos hace ser humanos. Una emotiva novela, diferente, difícil de clasificar y escrita con gran convicción.

viernes, 11 de marzo de 2016

"Las primeras quince vidas de Harry August" de Claire North

Portada de "Las primeras quince vidas de Harry August" de Claire North El enorme parecido del argumento de esta novela con Volver a empezar, título poco afortunado con el que se publicó en España el libro Replay de Ken Grimwood de 1986, hizo que pasara de largo ante él. Que quede claro que la novela de Grimwood nada tiene que ver con la aburrida película de mismo título y ganadora de un Óscar de José Luis Garci.
 
Tanto en la novela de Ken Grimwood como en la de Claire North el protagonista se ve obligado tras la muerte a vivir una y otra vez su vida, pero conservando todos sus recuerdos de sus anteriores existencias. Algo muy parecido a lo que le sucedía al socarrón personaje interpretado por Bill Murray en la película de Harold Ramis Atrapado en el tiempo que revivía hasta el hastío el día de la marmota. El poco conocido escritor H. Beam Piper con su relato Una y otra vez (Time and Time Again) se adelantó varios décadas a todos ellos y ya en 1947 concibió un bucle temporal de este tipo. En su breve narración nos cuenta cómo un novelista después de morir en una guerra se despierta con todos su recuerdos intactos en su yo de trece años. (Publicado en La Edad de Oro 1946-1947, selección de Isaac Asimov y Martin H. Greenberg).
 
Las buenas críticas, especialmente la muy entusiasta de Odo en su interesante blog Sense of Wonder que declaró Las primeras quince vidas de Harry August una de las mejores novelas fantásticas publicadas el año pasado en España, lograron persuadirme. Hay que decir que a pesar de la similitud de argumentos las novelas de Ken Grimwood y de Claire North son muy diferentes. Tras un arranque muy parecido, Las primeras quince... acaba convirtiéndose en una trepidante historia de intriga y de venganza en la que el afán de superación del protagonista, eje principal sin embargo de Volver a empezar, queda relegado a un segundo plano. En cierta manera me recuerda más al Stone Junction de Jim Dodge. En ambas novelas las acciones del protagonista terminan siendo motivadas por un deseo de venganza, y en ambas existen personajes que aspiran a descubrir un gran misterio que puede ayudarlos a comprender el universo. Si bien en la novela de Dodge el protagonista no renace como Harry August, las diferentes fases de crecimiento por las que transcurre su vida recuerdan mucho a uno de esos renacimientos. En cualquier caso el sueño alucinatorio en que se transforma Stone Junction pertenece a una época muy diferente y se trata de una obra mucho más disparatada en la que el que humor tiene mayor importancia.
 
Dejemos a un lado las comparaciones y centrémonos en Las primeras quince vidas de Harry August. Claire North a pesar de su juventud (cuenta con sólo treinta años) escribe con gran soltura y parece conocerse los trucos de los narradores más experimentados. Sabe cuándo romper la secuencia de los acontecimientos y aplazar las revelaciones para forzarnos a continuar leyendo sin respiro. A veces se vale de pequeñas píldoras con las que nos adelanta de una manera imprecisa lo que va a ocurrir en el futuro, en otras ocasiones nos transporta al pasado para ilustrarnos con un suceso relacionado, tretas que enriquecen el texto y sobre todo incrementan el suspense. Las diferentes tentativas de Harry August por comprender a sus seres más próximos, sus decepcionantes experiencias con la religión, el afán por hacer justicia, el amor, la amistad y sobre todo la venganza configuran una novela con una trama que ya de por sí resulta atractiva. ¿Y es que a quién no le gustaría poder repetir su vida y cambiar algunas decisiones erróneas? La primera parte del libro es magnífica. La segunda también, aunque de una manera muy distinta debido a que North termina decantándose por escribir una novela de intriga. Una intriga muy bien llevada con excitantes aventuras más allá de la vida y de la muerte que logran que la obra gane en ligereza y amenidad, pero que por otro lado hace que pierda en trascendencia y se torne en una historia algo más habitual de buenos y malos.
 
Los personajes son otra gran baza del libro; poco convencionales, realmente interesantes y bien descritos. En particular cabe destacar a los dos protagonistas principales entre los que se establece una intensa y ambigua relación que perdura durante sus múltiples y agitadas vidas.
 
Sólo puedo ponerle una pega al libro. Al final queda la sensación, repetida en muchas otras obras de ficción, de que debe ponerse un límite al conocimiento científico. La figura del científico sin escrúpulos capaz de lo que sea por alcanzar su objetivo es un tópico en el que la autora cae y, aunque no simpatizo especialmente con el villano, al final del libro casi estoy deseando que se salga con la suya.
 
En definitiva, un libro que recomiendo por las razones que he explicado y porque a pesar de sus más de quinientas páginas se hace corto. Lástima que en lugar de Las primeras quince vidas de Harry August no se titulara "Las primeras veinte vidas.." o mejor "Las primeras veinticinco vidas de Harry August".