Blog ciencia-ficción

Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

Universo de pocos

Universo de pocos

jueves, 21 de mayo de 2015

Aceptación: qué remedio nos queda

Aceptación de Jeff Vandermeer El título de esta tercera parte de Jeff Vandermeer debería ser Decepción en lugar de Aceptación. No empezaría por la letra "A" como los demás libros, pero es que quizás deberíamos cambiar el resto de los títulos de la trilogía. El primero podría ser Desconfianza, en lugar de Aniquilación, el segundo Desgana en vez de Autoridad. Son los sentimientos que me quedan después de su lectura. ¿Eran necesarios tres libros para contar esta historia? Ya desde los primeros capítulos del libro me cuesta avanzar en su lectura. El autor opta por alternar el punto de vista en cada capítulo: el farero, Control, Pájaro fantasma (la bióloga que regresó del Área X) y la directora de la agencia Southern Reach. La acción avanza en cada uno de ellos de manera que al final confluye en el esperado final. Las idea no sería mala si hubiera algo que contar, pero da la impresión de que el autor se sirve de ello para posponer las explicaciones y ralentizar aún más la acción. Uno termina por cansarse de tantas garzas, chochines y zarapitos. Estamos en el tercer libro de la trilogía y todavía nos sabemos qué puñetas pasa en la dichosa Área X: hay una torre extraña, unos monstruitos y una misteriosa inscripción; todo esto ya se nos había presentado en la primera parte. Y yo quiero saber qué objetivo tiene todo esto. Sin embargo, Vandermeer se empeña una y otra vez en hastiarnos con descripciones coloridas de nutrias, cardos y búhos y de la psique de los antipáticos personajes. ¿Es que existe una relación entre una cosa y la otra? Debo reconocer que no tengo muy claro lo que pretendía Vandermeer con esta obra, aparte de confundirnos y aburrirnos a partes iguales.
COMIENZO SPOILER
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Aquí va mi interpretación. Cada uno de los personajes, tras entrar en el Área X, se transforma en otro ser que los representa o simboliza mucho mejor que su original. Así la bióloga se convierte en una bestia marina, su marido en un búho y el farero en una criatura obsesionada por la culpa y el pecado. Los que regresan del Área X parecen burdas copias sin alma.
FIN SPOILER
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Planteada de otra forma y con muchísimas menos páginas Vandermeer podría haber escrito una hermosa novela.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Demasiada Autoridad

Autoridad de Jeff Vandermeer Por desgracia, esta segunda parte de la trilogía no cuenta con dos importantes aciertos de la primera: brevedad y legibilidad.  Autoridad de Jeff Vandermeer en lugar de centrarse en el Área X, que era lo que todos los lectores de la primera parte esperábamos con moderado interés, se desarrolla ahora en las oficinas de la agencia Southern Reach.

El protagonista, conocido como Control y con un importante historial de fracasos, ha sido nombrado director de la mencionada agencia de investigación. La trama gira una y otra vez hasta el hartazgo en torno a unos personajes que en lugar de intentar resolver las incógnitas suscitadas en el Área X se hacen la vida imposible. El pasado del protagonista, su madre y su abuelo, que pertenecen al servicio secreto, acaban por enredar aún más la historia y relegar la explicación de los misterios planteados en la primera parte. Excepto algún momento interesante protagonizado por uno de los personajes más conseguidos Whitby, el libro se hace pesado y pastoso como las pilas de compost en las que se han convertido los archivos de la anterior directora y que el protagonista se ve obligado a estudiar.
 Le sobran muchas páginas al libro, y yo, como lector, hubiera preferido que en lugar de perderse en el kafkiano fracaso de la agencia Southern Reach, Vandermeer no hubiera esperado hasta el final del libro para regalarme un caramelo. Un dulce que se hace esperar demasiado pero que consigue que me compre el último libro de la trilogía: Aceptación.

viernes, 24 de abril de 2015

Van una psicóloga, una topóloga, una antropóloga y una bióloga..

Aniquilación de Jeff Vandermeer Aniquilación de Jeff Vandermeer nos sitúa desde las primeras páginas en uno de los escenarios más atractivos y misteriosos que puedan imaginarse: el Área X. Un lugar extraño y letal que pudo originarse en una catástrofe medioambiental y que la empresa Southern Reach desea explorar.

Sabemos desde el comienzo que ha habido otras expediciones que se han internado en el Área X y que han fracasado. En este primer libro se narra lo que ocurre en la décimo segunda misión y yo, como lector, me froto las manos esperando un relato lleno de maravillas y de intriga. Y lo cierto es que en cada página nos topamos con un nuevo misterio: túneles que no son lo que parecen, un tenebroso faro, criaturas extrañas, monstruos surgidos de la peor pesadilla de Lovecraft, personajes que se comportan de manera extraña empezando por la protagonista, hipnotismo etc., un cóctel atrayente y explosivo, utilizando, eso sí, ingredientes un tanto tópicos, que no acaban por conseguir el efecto deseado. La historia, que en ocasiones me hace añorar La Piel fría de Albert Sánchez Piñol, no logra emocionarme ni intrigarme la mitad que aquella. Por un lado los irritantes y titubeantes personajes no ayudan a conectar con la historia, por otro la acumulación de misterios me hacen desconfiar de que el autor pueda darles una explicación plausible que no sea del tipo todo es un sueño o todo ocurre en mi imaginación. En cualquier caso puede que el problema sea mío por ser demasiado suspicaz, quizás esté equivocado y Vandermeer lo tenga todo perfectamente atado.

La novela al menos es breve y se lee con facilidad. Esperemos a la segunda entrega.


martes, 14 de abril de 2015

¡Viva Yegorov!


El imperio Yegorov de Manuel MoyanoLa originalidad de El imperio Yegorov  de Manuel Moyano no reside tanto en lo que cuenta como en cómo lo cuenta. Con esta declaración no pretendo subestimar la trama, que es realmente absorbente. En este sentido el comienzo con el descubrimiento de una extraña enfermedad en Papua-Nueva Guinea, con los Hamulai (nativos de la isla), la historia de amor y el exotismo del paisaje resulta irresistible. El autor nos traslada desde el Pacífico a Japón, pasando por el sur de Estados Unidos y Rusia, en un torbellino de acción que nos deja sin aliento. La novela la conforman treinta y dos documentos tal y como se anuncia al principio del libro, y es que Manuel Moyano se vale de todo para contar su historia, desde la nota preliminar hasta los agradecimientos finales pasando por cualquier tipo de documentos: diarios, cartas, informes detectivescos, etc. No existe un protagonista, ni un hilo narrativo en el sentido tradicional, y en eso creo que reside su mérito. Además se lee en una tarde. ¿Qué más puede pedirse? Quizás uno se quede con las ganas de saber más detalles de lo que se nos narra. No se puede tener todo.
De lo que más me alegro es de que este tipo de ficción se tenga en cuenta en premios tan importantes en nuestro país como el Herralde de Novela, en el que quedó finalista.

martes, 31 de marzo de 2015

Embassytown: dos voces

Embassytown es la tercera novela de China Miéville que leo y he llegado a la conclusión de que es un autor capaz de lo mejor, pero también de lo peor. Nadie duda de su enorme imaginación, aunque en ocasiones se le escapa de las manos. En esta novela hay ejemplos de ideas buenas, originales y descabelladas. Por ejemplo, la premisa inicial de unos alienígenas llamados Anfitriones incapaces de mentir y por lo tanto de fantasear es interesante (no estoy seguro de que Miéville haya sido el primero). El idioma que hablan estos seres debe ser hablado simultáneamente por dos voces diferentes (los Anfitriones poseen dos bocas) y para comunicarse con ellos los humanos preparan desde que nacen a los embajadores. Se trata de dos personas con una relación muy estrecha entre sí que viven como si fueran siameses. Por alguna razón dos humanos cualesquiera simulando las dos voces del idioma Anfitrión no son inteligibles por estos. La sacrificada vida de los embajadores resulta conmovedora y acaba por interesarme más esa parte de la narración que todo lo demás. La ambición y la imaginación desatada del autor no se contentan con estas ideas, cada una daría para un libro, y además añade un nuevo concepto, el ínmer, una especie de hiperespacio mucho más guay y mucho más trascendente que el de la ciencia ficción clásica. Porque en las novelas de China Miéville todo es muy profundo. Como ejemplo este párrafo en que convierte la distinción de Saussure entre langue (la lengua) y parole (el habla) en la metáfora de la distinción entre ínmer y manchmal: "Los alcances del ínmer no se corresponden en absoluto a las dimensiones del manchmal, este espacio donde vivimos. Lo mejor que podemos hacer es decir que el ínmer subyace o sobreyace, infunde, es una base, es langue de la que nuestra realidad es una parole, etcétera."
Y luego están los símiles. Se supone que son una treta que utilizan los alienígenas para incorporar nuevos términos a su lenguaje. Para ello representan aquello nuevo que quieren incorporar a su lenguaje, pero no pueden imaginar, haciéndolo real ante sus ojos. Todo esto se me antoja descabellado y absurdo. Además la mayoría de los símiles que menciona me resultan bastante ridículos: "la niña herida que comió lo que le dieron". ¿Para qué puñetas necesitan imaginarse a una niña herida comiendo...? Esto me sobrepasa y el revoltijo acaba por atragantárseme. La insulsa protagonista y la débil trama tampoco ayudan a mejorar mi opinión de la obra.
Gracias a la imaginación de Miéville la primera parte de la novela tiene algunos buenos momentos que merecen la pena, sin embargo al final la historia pierde interés y su pretendida profundidad y trascendencia hace que se desmorone ante nuestros ojos. Cuando logra contenerse, como hizo en La ciudad y la ciudad, Miéville alcanza cotas muy altas de calidad.

miércoles, 26 de junio de 2013

Osama, demasiados callejones sin salida

            Osama de Lavie Tidhar arranca con un detective que fuma demasiado, una mujer hermosa que le contrata para que busque a alguien y un tiroteo en la calle. No parece mal comienzo para una historia policiaca, pero el abuso de las frases cortas, el deambular sin sentido del protagonista página tras página, los callejones sin salida en los que desemboca continuamente la acción, me cansan, me aburren y terminan por desesperarme. El protagonista se pasa medio libro fumando, tomando café y enjuagándose luego la boca con alcohol. Me aburro y mucho. Finalmente, acabo por desinteresarme de la intriga. Tal vez el autor admire la novela negra pero un relato debe contener algo más que continuas visitas a pubs, atmósferas envueltas en humo, opio y puertas que se cierran delante del protagonista. La manera de contar de Lavie Tidhar sustituyendo las descripciones por tediosas enumeraciones de objetos y de personas tampoco me ayuda a interesarme por la historia.

            Últimamente, parece obligado comparar cualquier novela fantástica actual que se precie con la obra de Philip K. Dick. Al menos en esta ocasión es posible encontrar nexos de unión: una realidad alterada o la permanente sensación de no saber qué es real y qué no lo es. Lo que Tidhar no logra es imbuir su relato de la arrebatada locura que parece aflorar en gran parte de la obra de Dick.

            Osama con su reflexión sobre el terrorismo hubiera dado para un buen cuento pero prolongarlo hasta una novela ha sido un error.

miércoles, 8 de mayo de 2013

El placer de leer

Siempre suele ser un placer leer a Ian McEwan pero tras el Accelerando de Stross lo es mucho más. Leo las pocas páginas que componen El placer del viajero y entiendo lo que dicen. No tengo necesidad de repasar las frases una y otra vez para descifrar lo que se quiere decir. Si lo hago es por disfrute y con el fin de que no se me escape nada. Sin digitalizaciones de langostas, sin tanta parafernalia pseudotecnológica, nos emociona, logra crear un clima de desasosiego, incluso de terror y finalmente logra conmovernos. La novela sobre todo funciona por el clima de amenaza que se cierne sobre la aparente calma en que se desenvuelve la historia. No quiero desvelar la trama, pero al final la sensación que le queda al lector es la de que los protagonistas podían haber hecho mucho más para escapar. Léanla, no les dejará indiferentes.