Blog ciencia-ficción

Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

Universo de pocos

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martes, 26 de mayo de 2020

"El océano al final del camino” de Neil Gaiman

Portada de "El océano al final del camino”  de Neil Gaiman
            A veces los libros más fáciles de leer son los más difíciles de reseñar. Eso es lo que me ocurre con El océano al final del camino de Neil Gaiman. Tal vez sea porque se trata de una novela muy sencilla que llega directamente al corazón con un argumento mínimo en la que no suceden muchas cosas. Para explicarla hay que dejar a un lado la razón y dejarse llevar por las emociones, convertir luego esas sensaciones que el relato nos ha transmitido en palabras ya es más complicado, al fin y al cabo al autor le ha supuesto escribir todo el libro.

            Gaiman es un escritor de sobra conocido por todos, que empezó su carrera literaria como escritor de cómics, una carrera que iría ampliando con la escritura de novelas y de guiones para series de televisión. Mi primer contacto con él es de hace poco tiempo, a través de un libro de cuentos titulado Humos y espejos, una antología que contiene algunos relatos muy buenos junto a otros que se notan claramente de encargo. No debe ser su mejor libro, en cualquier caso me gustó su manera limpia de escribir y su particular modo de enfocar la fantasía. Hasta entonces lo había rehuido por considerar que su obra estaba dirigida a un público sobre todo infantil.

            Debo decir además, que soy un tanto puntilloso a la hora de escoger lecturas de género fantástico. Hay un cierto tipo de literatura fantástica de la que huyo como alma que lleva el diablo. Hay temas (siempre queda algún resquicio para las excepciones) que no dan más de sí como los vampiros, los dragones o los escenarios medievales con reyes, princesas y vasallos. Tampoco me gusta que los hechos sobrenaturales sucedan sólo cuando le conviene al autor, ex profeso para salir de un atolladero argumental. Lo que quiero decir es que huyo de relatos con embrujamientos, con magos y brujos omnipotentes en los que el conflicto se prolonga de manera artificiosa cuando al final todo podría resolverse con una varita mágica. Esto reduce bastante las posibilidades y me hace descartar grandes clásicos de la literatura fantástica que prefiero no mencionar. Pero ante todo busco que, por muy fantástica que sea la historia, tenga que ver con la realidad que vivimos, que no sea un mero ejercicio hueco de creatividad.

            Pues bien, precisamente muchos de estos elementos negativos que he mencionado antes son los que emplea Gaiman para escribir El océano al final del camino. En la novela todo parece suceder por antojo del autor, las luchas entre las fuerzas del bien y del mal a las que asistimos se rigen por leyes que Gaiman da la impresión de improvisar según su conveniencia. Y tampoco parece que haya un propósito claro para lo que sucede, un trasfondo alegórico que lo enlace con el presente, que como he dicho antes es por lo que me atrae la fantasía. Digamos que la novela tiene todo lo que me disgusta y, sin embargo, debo decir que funciona. ¿Y cómo es eso posible?

            El mundo fantástico en el que nos sumerge Gaiman no es un fin en sí mismo sino un sugerente vehículo con el que trasladarnos a la infancia y hacer que pensemos y sintamos como si fuéramos niños. En fin, que nos despojemos de la piel encallecida de adulto y creamos que esas cosas maravillosas y siniestras que imagina: polillas, pájaros del hambre, agujeros de gusano.., son posibles. Como decía al principio de esta reseña Gaiman aparta a un lado la razón y se emplea a fondo en despertar en nosotros esas emociones de nuestra niñez que habíamos olvidado, y además quiere que las sintamos con la intensidad de un niño. Es un poco como lo que hacía Bradbury en muchos de sus relatos, impregnados de una nostalgia a veces un tanto sentimental y llenos de esos iconos de la infancia norteamericana como son halloween, los porches al atardecer y las ferias ambulantes.            

            En El océano al final del camino no encontraremos porches ni ferias ambulantes pero si a una abuela entrañable que prepara las mejores tortitas a la plancha para desayunar, a una niña intrépida y mágica y a una niñera completamente detestable. Nos reencontraremos con el miedo a la oscuridad y a lo desconocido y nos encontraremos también, y eso resulta más inesperado en este tipo de relatos, con el recelo de un niño hacia su padre. Gaiman no parece echar de menos su infancia, lo que de verdad echa de menos es volver a sentir como cuando era niño. Al cerrar las últimas páginas de este no muy extenso libro uno no puede sino participar de ese mismo sentimiento.

viernes, 15 de mayo de 2020

"Regreso a Belzagor” de Robert Silverberg


Portada de "Regreso a Belzagor”  de Robert Silverberg            Con la pila bajo mínimos debido al confinamiento toca releer. Es algo que quería hacer de todos modos debido a que las novedades que llegan están en exceso subordinadas a los premios y por más que los blogs se rindan ante ellas a mí me resultan la mayoría de las veces decepcionantes. He escogido esta novela de Silverberg porque tengo la impresión de que en su día no la supe apreciar como merecía. Es posible que sus alusiones al cristianismo siendo yo un estudiante de ciencias me causaran rechazo o puede que echara de menos más acción. No lo recuerdo, en cualquier caso debo decir que su relectura ha supuesto para mí un enorme placer.
            Regreso a Belzagor es una especie de revisitación en clave de ciencia-ficción a El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. El confinamiento nos vuelve un poco locos a todos, así que he cogido mi viejo ejemplar de Alianza Editorial de la estantería, que me costó 250 pesetas, le he quitado el polvo y me he enfrascado en esas páginas de letra diminuta, a veces emborronada, en ese texto denso e intrincado como la selva que recorre Marlow en busca de Kurtz y creo que yo también he visto el horror, sí, el horror. O eso, o he cogido el coronavirus. Bueno, en resumen, que me he leído los dos libros de seguido con el propósito de escribir esta reseña.
            Llama la atención que los personajes de Regreso a Belzagor sean hombres y mujeres pertenecientes por completo a la época en que fue escrita la novela. Silverberg la publicó en 1969 y transcurre en un futuro lejano en que el hombre ha alcanzado otros planetas, sin embargo las motivaciones que les impulsan no se alejan demasiado de las nuestras. El autor no está interesado en este caso en predecir cómo será el hombre del futuro, lo que quiere es hablarnos del deseo del ser humano por trascender, de la culpa y del amor y lo hace desde la perspectiva de un escritor de los años sesenta. Sus protagonistas no son desde luego esos completos extraños que imagina Peter Watts en Visión ciega o esos individuos deshumanizados que protagonizan muchos de los relatos de Greg Egan. Es posible que a los jóvenes de hoy las preocupaciones de un escritor nacido en 1935 les resulten igual de chocantes y que temas como la expiación de la culpa o el pecado les parezcan algo del pasado. Más aún en un mundo como el nuestro en el que impera la iniquidad y en el que las mentiras de nuestros gobernantes elegidos democráticamente no tienen consecuencias.

             Los pecados en los que incurrió Gundersen, protagonista de la novela, en su primera visita  a Belzagor y de los que desea redimirse después de ocho años de ausencia palidecen frente a los cometidos por el Kurtz de El corazón de las tinieblas. Kurtz tampoco parece que tuviera la menor intención de expiarlos. El horror en el que cae y del que habla al final de la novela me recuerda a esa regresión al salvajismo que sufren muchos de los personajes de las novelas de Ballard. Esa selva oscura,sofocante, amenazadora y primigenia actúa como un catalizador sobre la mente de los que se internan en ella. Ballard utilizaría años después ese recurso en muchas de sus novelas catastrofistas, en las que una inundación o una sequía propician que los individuos retornen a la barbarie. El horror parece estar dentro de todos nosotros, sólo hay que darle la ocasión para que salga.

             Portada de la edición alemana de "Regreso a Belzagor" Volviendo al libro de Silverberg, en él también nos encontramos, y no por mera casualidad, con un personaje que se llama Kurtz. Se trata de un hombre sin escrúpulos ni inhibiciones que es condenado a su propio infierno, un trasunto claro del Kurtz original. En cambio Gundersen tiene poco que ver con el Marlow contradictorio de Conrad, alguien fascinado y repelido al mismo tiempo por la figura de Kurtz y con una actitud ante los nativos y la compañía que explota los recursos muchas veces de una irritante ambigüedad. Silverberg hace que su protagonista sea mucho más transparente, un hombre que en el pasado se vio cohibido por las convenciones sociales y que creyó como muchos otros que su cultura era superior, un hombre que siente que fue injusto con los seres oriundos de Belzagor y que ahora a su regreso desea ganarse su perdón. Parecidos físicamente a los elefantes, los nildores fueron utilizados en el pasado como bestias de carga. Son capaces de comunicarse con los humanos pero el hecho de carecer de tecnología, de tener un aspecto vulgar y de que se pasan el día pastando favoreció su menosprecio y maltrato. Cuando Gundersen al comienzo del libro regresa a Belzagor, el planeta está gobernado por los nildores, que ahora gozan del respeto de los pocos humanos que quedaron después de la descolonización. Además de los nildores existe en Belzagor otra especie inteligente, los sulidores, con un aspecto que se asemeja más al de los humanos. Son también bípedos, pero sus garras y sus tres metros de altura no los hacen especialmente entrañables. A pesar de sus notables diferencias los nildores son herbívoros mientras que los sulidores son carnívoros, ambas especies mantienen una sorprendente relación de concordia.

Portada de la edición inglesa de "Regreso a Belzagor"

             Gundersen emprende un viaje a la región de las Brumas para asistir a una ceremonia esencial a la que se someten los nildores. Se trata de un rito del que apenas se sabe nada y al que los nildores deben acudir en precisos momentos de su vida. La novela cuenta ese viaje, que no es sólo un sugestivo recorrido por la selva y por el macizo de Belzagor sino también un viaje introspectivo y al pasado. El mundo que nos ofrece Silverberg es deslumbrante, colmado de vida, de una vida pertinaz que puede resultar terrorífica por lo extraña que es; sin embargo es un mundo mucho menos amedrentador que el África de Conrad: un infierno que vuelve locos a todos los que se adentran en él. A lo largo del recorrido Silverberg nos ofrece imágenes inolvidables de la selva con su protagonista cabalgando sobre los nildores, que nos evocan de inmediato las aventuras de Edgar Rice Burroughs. Silverberg logra aunar la ciencia-ficción de paisajes exóticos de la época “pulp” con una ciencia-ficción intimista y de mayor ambición literaria.

            La conclusión de la novela (aquí se aleja por completo del libro de Conrad) me recuerda a otros libros de Silverberg como La faz de las aguas y en cierta manera también a Tiempo de cambios pero sobre todo me trae a la mente un conocido relato de George R. R. Martin titulado Una canción para Lya. En ese sentido la novela de Silverberg es un claro exponente de su tiempo. La comunión entre conciencias era entonces lo que ahora es la digitalización de la mente. El cielo al que aspiraban los hippies frente al deseo de evadirse a otras realidades de los “geeks” de la actualidad. Dos maneras de lograr en definitiva lo mismo: liberarse de la carne.

            Pocos autores de ciencia-ficción pueden presumir de una obra con tantas novelas memorables como Robert Silverberg. Lo curioso es que su brillante carrera, que obtuvo el respaldo de la crítica, no cosechó los premios que cabría esperar. A pesar de las numerosas ocasiones en que fue nominado no llegó a ganar nunca el Hugo a la mejor novela. Regreso a Belzagor es una novela imprescindible en la biblioteca de cualquier aficionado a la buena ciencia-ficción, un libro fascinante e intenso que no ha perdido vigencia.




lunes, 27 de abril de 2020

"La colina de Watership” de Richard Adams


"La colina de Watership”  de Richard Adams            Me siento culpable. Mientras el resto del mundo estaba pendiente del coronavirus yo me preocupaba por unos conejos, unos conejos que ni siquiera son reales, que son tan sólo unos personajes de ficción surgidos de la pluma del escritor británico Richard Adams. En momentos como los que estamos viviendo en que las cifras de muertos han excedido todo lo imaginable, en que el comportamiento de algunos que se llaman políticos es deleznable y el capitalismo parece estallar en las narices del mundo globalizado es bueno contar con libros así y poder abstraerse durante unas horas de la deprimente realidad.

            La colina de Watership es el libro ideal para ello. No vengo a descubrir nada, la novela fue publicada en 1972 y se convirtió rápidamente en un éxito en el Reino Unido. Una fama que por cierto no llegó a España, donde sigue siendo un libro bastante desconocido. Supongo que el hecho de que esté protagonizada por conejos ha podido influir en que muchos lectores lo descartaran creyendo que se trata de literatura infantil. Puede que el libro estuviera en un principio destinado a un público infantil, aunque visto ahora con la perspectiva del siglo XXI en que los niños están sobreprotegidos y existe una desmesurada preocupación por lo que es o no adecuado para ellos (aunque luego puedan acceder desde sus móviles a cosas peores) cuesta un poco creerlo, sobre todo porque el libro no evita la violencia y algunas de las escenas que se narran pueden llegar a ser bastante cruentas. Desde luego no se trata de la típica historia edulcorada protagonizada por animales a las que nos ha acostumbrado Walt Disney.

            La novela está protagonizada por unos conejos muy humanizados. Hablan, sienten como los humanos, valoran la amistad, son compasivos con los que sufren, poseen sentido del humor y disfrutan como el que más con una historia bien contada, pero al mismo tiempo el autor los ha dotado de una entrañable y convincente idiosincrasia conejil. Por poner un ejemplo, a los pobres conejos no les resulta nada fácil controlar su miedo, un miedo que los supera y que los puede llegar a paralizar, algo que supone una enorme desventaja cuando tienen que salir huyendo con rapidez. Además su inteligencia es limitada, resolver problemas que para un humano no más inteligente que Trump no revestiría ninguna dificultad supone para ellos todo un reto. Cruzar una carretera, un bosque o a atravesar un río se convierte en una arriesgada aventura. Cada uno de los protagonistas posee una cualidad que lo hace único e insustituible dentro del grupo: Avellano es un líder indiscutible, su hermano Quinto, un visionario, Pelucón es el fortachón y bonachón escudero, Zarzamora es quien se ocupa de resolver los problemas más complejos y Diente de León es el contador de historias que necesita toda sociedad para olvidarse de los problemas por unos instantes. Todos ellos se acaban convirtiendo en héroes aunque para ello deban primero encontrar su lugar en el grupo y comprender que hay tareas que deben delegar en favor de los que están mejor preparados.

            El relato comienza con la visión terrorífica de Quinto, un conejo menudo y asustadizo,  que presiente el fin de la madriguera. Él y su hermano, Avellano, no logran convencer al consejo pero sí a unos pocos conejos para buscar más allá de donde nadie ha llegado el lugar propicio para cavar una nueva madriguera. Para los conejos este viaje por tierras inexploradas (en realidad la inofensiva campiña inglesa) es como viajar a otro planeta. En su periplo descubren plantas desconocidas, espeluznantes líneas de alta tensión, ven pasar un tren, que para ellos es un objeto inexplicable, y contactan con otros conejos que se comportan como verdaderos marcianos. Hay escenas realmente memorables, momentos de enorme tensión y dramatismo que merecen la pena, sobre todo al final del libro cuando tienen que defenderse en los túneles de los invasores. Menos me han gustado las descripciones poéticas con las que arrancan algunos capítulos, algo afectadas, que por suerte no se prolongan demasiado.

            Bueno, ¿qué más puedo decir?  La colina de Watership es un libro de aventuras como hacía tiempo no leía. Sin duda, la mejor novela de conejos que he leído nunca.

miércoles, 8 de abril de 2020

"La luna y el sol” de Vonda McIntyre


"La luna y el sol”  de Vonda McIntyre            Con esta atípica novela de fantasía histórica Vonda McIntyre ganó el premio Nebula en 1998. No era la primera vez que se lo otorgaban, en 1978 lo había obtenido por su novela Serpiente del sueño, que un año después merecería el premio Hugo y el premio Locus. Según explica McIntyre en el comentario que aparece al final del libro la concepción de la historia también fue bastante curiosa. Nació como guión para una película en un taller de escritura en el que participaba la escritora, el Writers Film Project, impulsado por Amblin Entertainment y Universal Studios. En lugar de descartar parte del material que prolongaría en exceso el guión cinematográfico prefirió aprovecharlo y escribir en paralelo una novela que se convertiría finalmente en La Luna y el sol. Lamentablemente la película, en la que Pierce Brosnan interpretaría a Luis XIV, estaba preparada para su estreno en 2015 pero por una razón que no alcanzo del todo a comprender  (coincidió en el tiempo con La forma del agua) nunca llegó a los cines.

            La luna y el sol daría lugar a una entretenida película de amor y aventuras. No cabe duda de que la trama parece concebida para la gran pantalla, contiene los ingredientes idóneos para que así sea: un escenario espectacular, como es el Louvre durante el reinado de Luis XIV, unos personajes inolvidables como el propio Luis XIV o el papa Inocencio XII, una protagonista femenina adelantada a su época, un enano muy listo que aconseja al rey (¿no les suena?), una sirena... y un plantel larguísimo de interesantes secundarios. Por si esto no fuera suficiente, la novela cuenta con una historia de amor inolvidable.

            La novela relata el interés que despierta la llegada de una criatura marina a la corte de Luis XIV tras haber sido capturada por el padre jesuita Yves de la Croix a instancias del Rey Sol, no porque éste tenga una especial fascinación por la ciencia sino porque piensa que le permitirá alcanzar la inmortalidad. La protagonista de la novela es la hermana de Yves, Marie-Josèphe, que acaba de llegar de un convento situado en la colonia francesa de la Martinica. Se trata de una mujer muy ilustrada, versada tanto en ciencias naturales como en dibujo y en música, que se cartea hasta con el mismísimo Newton. Vamos, una joya pero que por otro lado nada sabe sobre ciertos aspectos de la vida, digamos más mundanos. Su inocencia en este punto es tal que ignora la existencia de la prostitución. La joven colabora con su hermano en sus estudios y es ella quien al final acaba  ocupándose de la bestia y de establecer una estrecha relación con ella.

            McIntyre nos relata la vida de palacio con enorme solvencia y también sentido del humor.  La novela está llena de momentos humorísticos como cuando se nos describe el despertar del rey al que deben asistir cada mañana por obligación sus más allegados, o el celo que ponen todos a su alrededor para que no vea nada que le pueda incitar o importunar, ya sea el tobillo de una joven o la boñiga de un caballo. Los retratos humanos que hace la autora tanto del rey, como de su esposa (Madame de Maintenon), de su hermano Felipe y de su amante masculino, del conde de Chrétien o del papá Inocencio XII son magníficos y son los que sustentan principalmente el relato. Menos conseguidos están los dos hermanos, Yves y Marie-Josèphe. Él es el típico sacerdote que se debate entre sus convicciones religiosas y científicas, por otra parte sus cambios de parecer o de actuar parecen estar muchas veces al servicio de la trama. Ella resulta demasiado perfecta y su desconocimiento de algunos temas, como he comentado antes, por mucho que haya sido educada en un convento resulta poco verosímil.

            La autora coquetea con la ciencia ficción, esto se ve en el interés de su protagonista por la ciencia o en el rigor con que su hermano realiza una disección, sin embargo el hecho de que la Atlántida sea el origen del pueblo del mar o de que la bestia sea una sirena me hace pensar que la intención de McIntyre es la de crear una fantasía clásica con la imaginería típica. Esto le permite además ciertas licencias como eludir dar demasiadas explicaciones sobre la forma en que Marie-Josèphe se comunica con la sirena o sobre ciertos acontecimientos prodigiosos que se producen al final de la novela. Puede que al principio la autora se detenga en exceso en la vida de palacio y que la historia tarde en despegar, lo que puede desanimar a los que busquen más acción. En definitiva, se trata de una agradable fantasía feminista, una sorprendente mezcla de cuento infantil, romance y novela histórica muy al gusto de Hollywood.

miércoles, 25 de marzo de 2020

"La Brigada de luz” de Kameron Hurley

"La Brigada de luz”  de Kameron Hurley            Una reseña.
            Un título potente. La. Brigada. De. Luz. Una autora, Kameron Hurley.
            Tropas en un futuro de mierda.
            Déjà vu.
            Viajes en el tiempo. Luz de esperanza.
         ¿Por qué tantos puntos y aparte? ¿Y por qué tantas frases sin verbo? De esta manera he querido imitar el sofisticado estilo de Kameron Hurley. Pero dejémonos de bromas y centrémonos en la reseña.

            La autora ha tomado claramente como modelo Tropas del espacio, la famosa novela de Robert A. Heinlein y uno de sus títulos más criticados y polémicos, a la hora de escribir La brigada de luz. No es el momento de defender la novela de Heinlein, sin embargo, algo debe de tener para que sesenta años después de su publicación se siga hablando de ella, un periodo nada despreciable tratándose de una novela de ciencia-ficción. La estructura narrativa, el régimen político que se describe, las batallas, todo estos elementos están tomados de esa novela con la que Heinlein obtuvo en 1960 su segundo Hugo. Aunque Hurley en principio no parece una autora que tenga mucho en común con Heinlein (desde luego ideológicamente se diría que están en extremos opuestos) comparten, sin embargo, más cosas de las que cabría esperar. Por ejemplo, la enrevesada trama central de los viajes en el tiempo parece inspirarse en alguno de los relatos más conocidos de Heinlein como Por sus propios medios o Todos vosotros zombis. Asimismo, ambos escritores poseen una prosa rápida y directa que se demora muy poco en descripciones y que se apoya en los diálogos. Hurley lo imita incluso cuando oculta hasta el final de la novela el sexo de su protagonista aunque la revelación no creo que sorprenda a nadie, es lo mismo que hizo Heinlein en Tropas del espacio con la etnia de su personaje principal. Siempre se ha acusado al autor americano de poner en boca de sus personajes sus propias ideas, bien, pues hasta en ese detalle se asemejan ambos escritores.

            La brigada de luz es una novela trepidante, electrizante, que comienza de una manera muy sencilla y que se va complicando sin que nos demos cuenta. Cuando lo hacemos el lío es ya monumental. Esto es resultado del mayor problema que veo en la novela como comentaré más adelante y que afecta en gran medida a los personajes (no son pocos), que por esta razón resultan casi imposibles de distinguir entre sí. Su conducta apenas se diferencia y conocerlos únicamente por su apellido propicia que nos olvidemos de si son hombres o mujeres, un detalle que ayudaría a identificarlos. Es evidente que se trata de algo intencionado por parte de la autora con el objetivo de hacernos ver que el sexo es un rasgo sin importancia. En ese futuro tan chungo y embrutecido gobernado por grandes corporaciones al menos han alcanzado la igualdad de género. La diferencia entre mujeres y hombres es irrelevante y a juzgar por cómo se comportan la testosterona no parece escasear, tanto es así que se reparte de manera equitativa entre unos y otras.

            La novela de Hurley parte de una idea francamente atractiva. Tras la aniquilación de Sao Paolo, Dietz se alista en el ejército para luchar contra los colonos marcianos a los que se acusa del desastre. El mundo está regido por grandes corporaciones que luchan contra el enemigo común. Cuentan con una ventaja sobre los marcianos: el teletransporte de tropas. Por desgracia se trata de una tecnología que no es cien por cien fiable y cuyo funcionamiento no es del todo comprendido. Dietz lo experimenta en sus propias carnes en varias ocasiones al descubrir que sus viajes no coinciden con el que realizan sus compañeros. Como verán el punto de partida no podría ser más interesante. Lástima que Hurley no le saque más provecho. En parte se debe a que el futuro descrito por Hurley regido por desalmadas corporaciones carece de suficiente entidad pero más que nada por lo obvio que resulta todo, aunque no así para su protagonista, que hasta el final no se entera de nada. Por otro lado el esperanzador y en exceso fantasioso final parece más propio de un público adolescente que de uno adulto y resulta especialmente decepcionante después del cuidado puesto por la autora para encajar cada una de las piezas de la trama.

            Todo esto no tendría tanta importancia si Hurley lograra implicarte en la historia y te hiciera vibrar, pero esto ocurre en muy pocas ocasiones, lo que se debe sobre todo al problema que he mencionado antes cuando hablaba de los personajes y que no es otro que la tremenda vaguedad con la que todo es descrito. Hurley escatima en descripciones y los pocos detalles que proporciona al lector son la mayoría de las veces demasiado imprecisos. Todo esto hace que no sepamos muchas veces si los personajes se hallan en medio de un desierto, en un bosque o hacen cola para entrar en el váter. La novela es entretenida pero no le habría venido nada mal un poco más de luz.

jueves, 12 de marzo de 2020

"La ciudad que nació grandiosa y otros relatos” de N. K. Jemisin


"La ciudad que nació grandiosa y otros relatos”  de N. K. Jemisin            Nora K. Jemisin ha conseguido lo que ningún otro escritor hasta el momento, ganar el premio Hugo durante tres años de forma consecutiva. Los tres libros que componen su trilogía de La tierra fragmentada,  La quinta estación,  El portal de los obeliscos y El cielo de piedra fueron premiados sucesivamente en los años 2016, 2017 y 2018. No he leído ninguno de ellos y, por lo tanto, no puedo dar mi opinión sobre si esta obra es merecedora de tanto galardón ni sobre la calidad de la misma. Antes de embarcarme en una tarea de tamaña envergadura he preferido aproximarme a su obra a través de este libro de relatos que en España han titulado La ciudad que nació grandiosa y otros relatos y que fue publicado en EE.UU con el título How Long’til Black Future Month, que es también el título de un ensayo que la autora escribió en 2013 y en el que habla de sus problemas con la fantasía desde la perspectiva de una mujer de raza negra. La idea era comprobar si mi creciente desconfianza hacia los premios Hugo, mi poca predisposición a las trilogías y mis prejuicios hacia la fantasía actual, en fin, si todo esto podía verse neutralizado por una prosa extraordinaria o unos argumentos innovadores. No ha sido así, sus méritos, que no voy a negar que tiene, no me han parecido suficientes para acometer semejante empresa.

            Quizás lo mejor del libro sea la gran variedad de géneros y escenarios que surgen de sus  páginas. Hay relatos de todo tipo, desde historias que tienen lugar en mundos de fantasía alejados de la tradición a otros más clásicos pasando por la ciencia-ficción, con muchas de sus variantes: distopía, cyberpunk e invasiones extraterrestres. En sus cuentos hallamos brujas malvadas, dragones bondadosos, alienígenas e incluso inteligencias artificiales, sin embargo esta diversidad es muchas veces sólo formal y las historias que se cuentan, muchas de ellas protagonizadas por jóvenes desarraigadas que se enfrentan a su entorno, apenas varían unas de otras.

            Resulta interesante observar en estos relatos la  evolución de Jemisin como escritora, algo que se aprecia en la mayor complejidad que van adquiriendo los escenarios pero que sobre todo se percibe en la actitud de sus protagonistas, quienes de la ira y de la rabia de los primeros relatos como Los que se quedan y luchan o Bruja de tierra roja pasan a mostrar una actitud más apacible y afectuosa, como sucede sobre todo en el último relato Santos, pecadores, dragones y apariciones en la ciudad que yace bajo las aguas tranquilas y también en el que le precede,  Probabilidades distintas de cero. También se aprecian unos tímidos deseos de innovar en la forma y en la estructura narrativa, todo hay que decirlo, poco afortunados y que no consisten en otra cosa que desordenar la narración como ocurre en  Henosis y en Los evaluadores.

            Estos escenarios cada vez más complejos no van acompañados siempre de una trama más sofisticada, y por lo general pecan de ser algo simples. Una excepción es El narcomante una fantasía bien armada, más equilibrada, sin los excesos de otros relatos. Todo lo contrario ocurre con  Hambre de piedra, un cuento que se desarrolla en el mundo de la Tierra Fragmentada y en el que lo que se cuenta es insignificante frente al universo en que se sitúa. De todos modos no simpatizo mucho con las fantasías en las que los personajes detentan unos poderes extraordinarios que los convierten en casi dioses y más aún si la intención es hacerlas pasar por ciencia-ficción. Tampoco me ha gustado el relato que da título al libro, La ciudad que nació grandiosa, aunque posea sólo un defecto: el de aburrir hasta a las hojas en que está impreso. Resulta curioso que fuera elegido para el premio Hugo de 2017, pero aún más asombroso es que haya podido dar lugar a una novela titulada La ciudad que nos unió y que en breve será publicada por Penguin Random House bajo el sello Nova.

            Jemisin se considera a sí misma activista y esa rabia que lleva dentro marca con frecuencia sus relatos, que adolecen a menudo de cierto esquematismo. He disfrutado más con sus cuentos menos ambiciosos y reivindicativos al estilo de L’Alchimista o Cuisines des Mémoires, ambos relacionados con la gastronomía, o con la apañada distopía La bailarina del ascensor que con sus fantasías más elaboradas. En resumen, una antología que no ha cumplido  en absoluto con mis expectativas y que por tanto me siento incapaz de recomendar.

jueves, 27 de febrero de 2020

"Arañas de Marte” de Guillem López


"Arañas de Marte”  de Guillem López            Tras La polilla en la casa del humo no había vuelto a leer nada de Guillem López, un autor que goza del favor de muchos aficionados al género. Sin embargo, no fue la buena acogida del libro lo que me indujo a comprarlo sino su título tan evocador, Arañas de Marte, y la impactante portada de Santiago Caruso con la que Valdemar ha vestido la edición.

            La novela comienza con una incomprensible celebración. Hanne y Arnau perdieron a su hijo hace un año a causa de un cáncer y aconsejados por la psicóloga que trata a la madre reúnen  a sus amigos para conmemorarlo. El resultado es que  Hanne sufre un ataque epiléptico. El siguiente capítulo parece retroceder al momento en que Hanne y Arnau se conocieron. Y digo parece, porque existen algunos elementos discrepantes que hacen que los dos episodios sean incompatibles. Este capítulo bien podría ser el comienzo de la típica película de terror con la escena de sexo frenético que precede al susto y que en este caso se plasma con la aparición repentina e inexplicable de un profundo agujero en medio de la casa. En capítulos sucesivos asistimos a diferentes escenas de la vida de Hanne, algunas pertenecientes a su pasado, un pasado que podría o no haber ocurrido y también a futuros alternativos. Una vez que nos hacemos con la mecánica del relato y vemos a donde nos lleva, todo el interés queda a merced de la imaginación de López y en su capacidad para sacarle todo el jugo a la triste, pero, sin embargo, poco sugestiva circunstancia de la protagonista. El propio autor parece impacientarse en un momento dado por lo que termina dejando a un lado las sutilezas iniciales y hace que Valencia y alrededores estallen o se invente una escena de puro gore en el que revienta las vísceras a todo el que se mueve.

            Al principio el relato nos predispone a pensar que todo no es más que fruto de la locura de Hanne, aunque en uno de los capítulos finales se insinúa que todos esos mundos alternativos podrían coexistir y para justificarlo se acude ¿cómo no?, al comodín de la física cuántica. López no descarta ninguna de las explicaciones y deja incluso abierta la posibilidad remota de que todo se deba al ataque de unas arañas alienígenas desde la quinta dimensión. Al no decantarse por ninguna de las explicaciones, la historia queda en un peligroso terreno de nadie, lo que resta eficacia al mensaje que quiere transmitir, el desasosiego que supone vivir la vida. Algo similar a lo que intentó Lisa Tuttle en su novela Futuros perdidos, aunque la escritora norteamericana prefirió escoger una vía más racional y menos visceral que la elegida por López. Pueden leer la reseña aquí.

            Un libro como éste merecería tantas valoraciones complementarias, contradictorias o excluyentes como historias alternativas le son ofrecidas al lector. Una reseña infinita habría dicho Borges. Dada la imposibilidad de hacer algo así, me contentaré con escribir dos conclusiones, para lo que me viene muy bien la frase con la que arranca la novela: “La vida es una sesión de interrogatorio en la que Dios juega a poli bueno y poli malo”.

            Conclusión del poli malo:
             Posee López una gran habilidad para encontrar metáforas, las cuales usa con prodigalidad pero a veces también con cierta temeridad. Las metáforas son muy útiles y contribuyen a la inmersión del lector en la historia, a hacerle partícipe del mundo creado por el autor, aunque también puede ocurrir lo contrario, sobre todo si el autor se afana en querer huir constantemente de lo convencional y en romper tópicos. En cuanto a la trama..., cuando la física cuántica anda de por medio es del todo imposible predecir lo que va a ocurrir. Abrir la famosa caja de Schrödinger siempre da un resultado imprevisible, ya se sabe, lo mismo puede uno toparse con un gato vivo que con uno muerto. Pero a veces, algunas veces, y esto es aún más inaudito, puede que en lugar de un gato encontremos una liebre. Poco importa que esté viva o muerta.

            Conclusión del poli bueno:
            Una novela muy personal, intensa, que parece escrita desde las entrañas; tanto es así, que resulta fácil caer en la tentación de confundir al narrador con el autor, un protagonismo que, sin embargo, acaba relegando al personaje principal a un segundo plano. Tiene López un estilo inconfundible que se apoya sobre todo en frases breves y cortantes. Nos hallamos ante un autor muy seguro de sus convicciones, las cuales deja claramente patentes mediante aseveraciones categóricas. Un libro menos complejo de lo esperado con un buen ritmo, una arriesgada mezcla de drama psicológico, terror y relato “pulp” que al menos se lee de un tirón.