Blog ciencia-ficción

Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

Universo de pocos

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lunes, 30 de septiembre de 2019

"De la carne” de Santiago Eximeno

"De la carne” de Santiago Eximeno
            Hacía tiempo que tenía curiosidad por leer algo de este autor. La oportunidad surgió este verano cuando en la librería Espai 14 de Mahón me encontré con un ejemplar de De la carne. Me llamó la atención que el prólogo estuviera fechado en Menorca, isla en la que no vivo pero a la que me siento unido desde la infancia. “Impresiones privadas”, una editorial formada por un grupo de amigos que no veía otra manera de dar a conocer su obra, lo ha publicado.

            Eximeno parece haberse especializado en el relato de terror y aunque en el libro podemos encontrar cuentos fantásticos, de ciencia-ficción e incluso algún que otro realista todos resultan a su manera perturbadores, incluso espeluznantes. Se le nota cómodo con el terror. Eximeno se maneja con soltura y parece conocerse al dedillo los recursos del género, tanto es así que la mayoría de los relatos dan la impresión de haber sido escritos con una enorme facilidad. Comentaré sólo algunos de ellos.

            El abrazo es un buen ejemplo de lo que escribe Eximeno. Parte de una idea extraña, en este caso un insólito implante que sustituirá los pulmones de una mujer enferma, para contar una inusual historia de relaciones familiares. Sobrecogedor.

            Mesa es otro de los relatos que quedan fijados en la memoria. Eximeno se atreve con una idea arriesgada y sale bastante airoso del trance. Echo de menos una explicación de cómo se ha llegado a ese absurdo pero la originalidad de la propuesta sirve para compensar la falta.

            Acéphale es uno de los relatos más largos del libro. En esta ocasión Eximeno no parte de una premisa original como en otras ocasiones pero el relato está bien escrito y se lee con agrado. El título del cuento hace mención a una sociedad secreta fundada por el escritor George Bataille. No son necesarios elementos fantásticos para arrastrarnos hasta un final oscuro como los que le gustan al autor.

            No te olvides de darle cuerda es un pequeño y delicioso cuento como los que nos contaban de pequeños y cuya gracia estriba en su sencillez más que en su originalidad.

            Last exit for the lost es un relato distópico con un tono muy similar a otras dos narraciones incluidas en el libro: ¡Estamos embarazados! y Miembros de la compañía. La primera se desarrolla en Marte y es además una historia de feroz supervivencia pero en las tres  nos encontramos con sociedades muy condicionadas por sus leyes y gobiernos. En una impera un comunismo despiadado, en otra se promueve una humanidad sin emociones y en la última nos hallamos con un futuro desolador en que todo es comerciable. Podría argüirse que se ciñen demasiado al esquema típico de utopía clásica y que resultan demasiado obvios.

            En Noverim Te (del latín déjame conocerte) Eximeno se inventa una mitología con un monstruo hediondo llegado de no se sabe dónde, que a pesar de lo peligroso y repulsivo que es a atrae a masas de turistas del mundo entero. La economía del país depende de ello y el gobierno no se detiene ante nada para mantener apaciguada a la bestia y obtener beneficios. Eximeno también aprovecha para burlarse del turismo masificado y de ciertos turistas que pagan por ver cualquier cosa. 

            Eximeno es un buen artesano, un buen contador de historias y se nota que disfruta poniendo sobre el papel las muchas ideas que se le ocurren. No es fácil escribir un libro de relatos que sea del todo redondo. Por lo general suelen ser irregulares y contienen relatos muy buenos alternando con otros que son prescindibles. También puede ocurrir que después de leer unos cuantos acabemos por descubrir la formula o pautas que acostumbra a utilizar el autor, y algo de esto último ocurre en De la carne de Santiago Eximeno, que por lo demás se lee con agrado y nunca aburre, lo que ya es bastante.

martes, 17 de septiembre de 2019

"Anatomía de un jugador” de Jonathan Lethem

"Anatomía de un jugador” de Jonathan Lethem            “Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia-ficción”, reza la cabecera de este blog. Los que lo siguen saben que esto no es cierto y que en este blog he reseñado muchas veces novelas que no pertenecen al género. Escribí esa cabecera por el cansancio que me producían las interminables y desde mi punto de vista estériles discusiones motivadas sobre si el término ciencia-ficción era el más adecuado o no. Claro que entonces no se hablaba todavía del famoso “procés” y mi grado de tolerancia no se había tensado hasta los niveles actuales. Todo esto viene a cuento de que las últimas novelas que he reseñado tienen más bien poco de ciencia-ficción. Anatomía de un jugador utiliza un elemento, sólo uno, característico del género como es la telepatía pero no creo que eso convierta la novela en ciencia-ficción. La razón de esta traición al lema del blog es que a pesar de la cantidad de libros que se publican del género en España, últimamente me atraen más las novelas que tienen una relación sutil con él, eso que en estos tiempos en que hay un nombre para todo (generalmente en inglés) se llama “slipstream”. Este término como sabrán se debe a Bruce Sterling. Aquí tienen una lista de ejemplos elaborada por él mismo y Lawrence Person: http://home.roadrunner.com/~lperson1/slip.html.
 
            Lo cierto es que Jonathan Lethem empezó escribiendo ciencia-ficción. Sus primeras cuatro novelas: Gun, with Occasional Music (1994), Amnesia Moon (1995), Cuando Alice se subió a la mesa, 1997) y Paisaje con muchacha (1998) lo son sin lugar a dudas. Las dos primeras siguen inexplicablemente sin ser publicadas en España. Lethem es un autor siempre interesante aunque su búsqueda por encontrar nuevos caminos y renovar géneros populares lo coloque muchas veces en un difícil equilibrio que lo hace bascular entre los sublime y lo grotesco como ocurría en Chronic City, última novela que había leído hasta el momento. En Anatomía de un jugador el autor se muestra algo más contenido, lo que lo aleja de la extravagancia de la novela antes mencionada, pero que por otro lado hace que en ocasiones la novela se haga menos entretenida.

            El protagonista, Alexander Bruno, es un profesional del backgammon, cuya capacidad de leer la mente de sus adversarios le hace imbatible y le ha permitido hasta ahora vivir de una manera desahogada. Sin embargo, desde hace un tiempo una mancha ha comenzado a nublar su campo de visión poniendo punto final a su buena racha. Finalmente Bruno acaba siendo hospitalizado y sólo un excéntrico cirujano en California está dispuesto a extirparle el tumor que causa la mancha. A lo largo de la novela Bruno se encuentra con personajes muy diversos, desde el ya mencionado cirujano que cambia su rostro, hasta un antiguo compañero del instituto que ha prosperado inesperadamente, pasando por el encargado iconoclasta de una hamburguesería, una prostituta alemana y la imprevisible novia de su amigo del pasado. Bruno parece ejercer una profunda atracción sobre todos los que le rodean, algo que lejos de proporcionarle una ventaja acaba jugando en su contra y provocándole todo tipo de penalidades. Tanto es así que, sobre todo al final de la novela, resulta un tanto desesperante ver al protagonista caer cada más vez bajo sin que acabe  de reaccionar.

            Aunque el backgammon sea una parte importante de la historia (incluso la numeración de los capítulos está relacionada con el juego) no es necesario estar familiarizado con sus reglas para disfrutar de la novela. La tensión del juego está bien narrada y el autor se las arregla para que las partidas resulten emocionantes. El problema de la novela está en su irregularidad, y es que se alternan momentos brillantes por los que compensa leer el libro con otros en los que apenas sucede nada y que tienen poco interés. Uno de los más brillantes y en los que Lethem se luce realizando una difícil fusión entre lo más hilarante y lo más desagradable es la escena de la operación quirúrgica  a ritmo de Jimmy Hendrix. Merece la pena.

            En las críticas se habla de que el tema del libro es la identidad, y puede que haya bastante  de cierto en ello. En la novela nadie parece ser lo que aparenta, empezando por su protagonista, y cuando llegamos a su tramo final el texto nos impele a preguntarnos cuántos Brunos existen o han existido en realidad. ¿Somos como nos ven los demás, como creemos ser o como queremos que nos vean los demás? Y puestos a hacernos cuestiones trascendentales, ¿este humilde blog trata sobre ciencia-ficción o sobre cualquier otra cosa? ¿Se puede acabar así una reseña?

domingo, 14 de julio de 2019

"Nueve cuentos malvados” de Margaret Atwood

"Nueve cuentos malvados” de Margaret Atwood            Al final los cuentos de este nuevo libro de Margaret Atwood han sido menos malvados de lo que me esperaba. Lo cierto es que Nueve cuentos malvados ha sido un poco menos de todo, menos emocionante, menos excitante y menos fantástico de lo que pensaba que me iba a encontrar. También hay algo menos de acción de la deseada, aunque esto queda plenamente justificado por la elevada edad de sus protagonistas.

            Con lo que si me he topado es con descripciones muy detalladas de personajes, sobre todo  de su forma de ser. Atwood no deja ningún rasgo, característica, manía a la imaginación del lector. Sabemos cómo les gusta vestir, lo que comen, su filias, sus fobias, su relación con la familia, su pasado o si les pica el cuero cabelludo. En cualquier caso hay que reconocer que Atwood escribe muy bien y lo que en otro escritor resultaría imperdonable se hace más o menos llevadero gracias a la sutil ironía, al afilado humor y a la lucidez de la canadiense. Los retratos de los tipos humanos que realiza son perfectos y seguramente habrá muchos lectores que disfruten con este tipo de literatura.

            Los tres primeros relatos del libro Alphinlandia, El aparecido y La Dama Oscura  giran alrededor de una escritora exitosa creadora de un mundo fantástico llamado Alphinlandia. Sus novelas parecen desarrollarse en ese universo fantástico en el que vuelca parte de su vida real. Amigos, amantes, enemigos del mundo real lo habitan y la autora aprovecha para vengarse a su manera de ellos. El relato tiene detalles interesantes y se ve que Atwood disfruta describiendo a sus protagonistas pero lo cierto es que se me ha hecho pesado a ratos.

            Una impresión muy diferente me ha provocado Lusus naturae. Se trata de un relato de vampiros muy breve, escrito de una manera racional, y que contrasta precisamente por su concisión frente al resto de relatos. Narrado en mi primera persona es uno de los más logrados.

            El novio liofilizado parte de una idea interesante y el relato está bien resuelto, pero de nuevo queda deslucido por el excesivo detallismo con que se retrata a los personajes, lo cual entorpece el discurrir de la trama.

            En Sueño con Zenia, la de los colmillos rojo brillante Atwood recupera antiguos personajes de una de sus novelas La novia ladrona; hombres y mujeres de cierta edad por los que me cuesta interesarme. Algunos golpes de humor propios de Atwood logran relanzarlo.

            En La mano muerta te ama el protagonista vuelve a ser un escritor, en este caso de novelas de terror. Un éxito temprano e inesperado le persigue durante toda su vida. Atwood se burla de los best seller de terror y de las rebuscadas interpretaciones que realizan los críticos  de una novela escrita en tres semanas y que según su propio autor “fue inspirada por una musa casposa, hortera y folletinesca”. Divertido y mordaz a la vez.

            Colchón de piedra es un entretenimiento policiaco de la autora con una venganza y un crimen perfecto de por medio.

            A la hoguera con los carcamales es un distopía tan sugestiva como  inquietante por lo real que resulta. Está protagonizada por una anciana que vive en una residencia y que padece el síndrome de Charles Bonnet, que le hace ver enanitos. En el exterior un gentío proclama que ha llegado su hora. Bien contada y con unos estupendos protagonistas.

            Los relatos que integran Nueve cuentos malvados son sobre todo concienzudos retratos de personajes. Atwood se propone que sean de carne y hueso, y a mí parecer invierte un exceso de recursos para su construcción, lo que va en detrimento del ritmo narrativo. Algunos de los tipos humanos (sobre todos los de los ancianos) se repiten y tengo la sensación de que las reflexiones sobre la vejez, sobre el absurdo que rodea al éxito literario o sobre el feminismo que vierten son las de la propia Atwood. Humor, ironía, lucidez pero también, ¿por qué no decirlo?, una pizca de decepción.

lunes, 17 de junio de 2019

"Zombi” de Joyce Carol Oates

"Zombi” de Joyce Carol Oates            Cuesta creer que una mujer de físico frágil y con aspecto inofensivo como Joyce Carol Oates sea capaz de escribir una novela tan dura como Zombi. Ya en otros relatos Oates había dado muestras de poseer una imaginación tortuosa y siniestra a la que no le importa escarbar en los lodazales más inmundos del alma humana pero en esta novela se ha superado con creces. Zombi nos introduce en una mente desquiciada capaz de los actos más atroces y Oates consigue, aunque nos resistamos, que nos convirtamos en Quentin P, y les aseguro que no resulta nada agradable.

            Existe una edición en castellano de Nuevas Ediciones de Bolsillo del 2003 de esta novela que casualmente estuve buscando hace un año sin éxito. Por suerte La Biblioteca de Carfax lo ha vuelto a publicar este año poniendo fin a mi búsqueda. Me llamaba la atención que una autora del prestigio de Oates hubiera escrito sobre zombis, algo que el título parecía sugerir. Los que como yo lleguen a la novela con esa idea puede ser que se lleven una decepción, porque no aparece un sólo muerto viviente. El zombi del título no deja de ser un proyecto delirante de su trastornado protagonista, un joven de treinta y un años que desea crear una especie de esclavo para que le obedezca en todo y satisfaga sus necesidades sexuales. Llegados a este punto en que en lugar de un zombi tenemos un psicópata sexual y asesino en serie, podríamos pensar que nos hallamos ante una más de las muchas historias que se han publicado, y sobre todo filmado, sobre el tema, sin embargo Oates opta por aproximarse al tema de una manera distinta. No hay una intriga policiaca para descubrir al criminal, sabemos quién es desde el principio, tampoco hay un experto Morgan Freeman en mentes trastornadas que gracias a su sagacidad prediga sus pasos. Sólo tenemos a un vulgar psicópata, Q_ P_ , siglas con las que aparece en el libro, que intenta sobrevivir y esconder sus perversiones al mismo tiempo que practicarlas. El gran reto de Oates reside en contarlo todo desde su punto vista, en meternos en esa mente enferma, primaria, pero lo suficientemente lúcida para saber que lo que hace no está bien. Lo hace tan bien que a veces hay que detenerse y relajarse mirando fotos tontas de gatitos entrañables en twitter antes de proseguir con la lectura. Escrito a modo de diario el libro está lleno de mayúsculas que son como gritos o amenazas. Las frases son simples, en ocasiones pueriles y algunas páginas se completan con dibujos que van desde lo más escalofriante, por ejemplo cómo realizar una lobotomía, hasta la ilustración de un indefenso pollito.

            Quentin está en libertad condicional por acosar a un menor. El padre de Quentin es un hombre de bien, catedrático de la universidad local, que ha podido permitirse contratar a un abogado lo suficientemente bueno y falto de escrúpulos como para conseguir una pena bastante favorable. Así y todo, la familia apoya a Quentin y se resiste a creer que sea un monstruo. Su padre niega la realidad hasta tal punto que aún alberga esperanzas de que en el futuro su hijo se convierta en un ingeniero. Se trata de un hombre con una buena reputación en el pueblo y que cuenta entre sus amistades con nada menos que con un premio Nobel; un padre, cuyo hijo no puede ser de ninguna manera homosexual ni menos un depravado.  A pesar de las injusticias que  rodean a Quentin no es fácil comprenderlo, ni sentir compasión por él. No hay un final posible, la vida de Quentin prosigue con sus mentiras, con sus planes macabros y sus irrefrenables ataques de lascivia mientras su familia mantiene la esperanza de que todo siga normal.

            Zombi es un retrato impecable, duro y sin miramientos de un ser repulsivo, no apto para todos los públicos.

jueves, 13 de junio de 2019

"Rosalera” de Tade Thompson

"Rosalera” de Tade Thompson            Con Rosalera Tade Thompson recupera un tema tan querido a la ciencia-ficción clásica como la telepatía. En los años cuarenta y cincuenta se abusó hasta tal punto de los poderes mentales que después de los setenta, y salvo alguna excepción como El hombre vacío de Dan Simmons o más recientemente La extraordinaria familia Telemacus de Daryl Gregory, apenas se han escrito novelas que tengan la telepatía como protagonista; y eso a pesar de las grandes obras que ha dado el subgénero como El hombre demolido de Alfred Bester, Muero por dentro de Robert Silverberg o El Mulo incluido en Fundación e Imperio de Isaac Asimov.

            Rosalera es el nombre con el que se conoce tanto a la misteriosa cúpula que han creado unos extraterrestres en Nigeria como a la ciudad que se ha formado a su alrededor. En la obra original  escrita en inglés es Rosewater (agua de rosas) y hace referencia de una manera irónica al olor terrible que rodeaba a la zona en sus inicios, cuando aún no existían infraestructuras en la incipiente ciudad, algo que por desgracia se pierde al ser traducido como Rosalera. Una lástima, porque este sarcasmo augura lo que vamos a encontrarnos más adelante: una novela negra, dura, violenta, sin cortapisas, cínica... pero impregnada de romanticismo. Contada en primera persona al estilo de la novela negra americana tiene un comienzo fulgurante que hace que vayamos pasando páginas queriendo saber qué va a pasar después. El protagonista está perfilado de manera correcta y el mundo que se nos presenta con la “xenosfera” como trasfondo resulta fascinante (un mundo que por cierto recuerda mucho al “ciberspacio”). Y es que Rosalera tiene mucho del viejo ciberpunk: su atmósfera decadente, su protagonista escéptico y amoral, una trama detectivesca y grandes dosis de violencia. A esto hay que añadir alienígenas, telepatía y la novedad que supone situar la acción en África en lugar de Europa o EEUU como estamos acostumbrados. Al primer tercio de novela no se le puede pedir más.

            Sin embargo, todo se va volviendo más confuso según avanzamos, la culpa de todo se debe en gran medida a la estructura que sigue la novela. Thompson recurre como ya suele ser habitual en la narrativa actual (véase las series de HBO o de Netflix) a alternar una acción que se desarrolla en el presente con otra del pasado, que luego será necesaria para que todo encaje. Una técnica que si bien puede aportar dramatismo y suspense, también puede servir para encubrir ciertas lagunas argumentales y confundir. En el caso de Rosalera el problema es que las historias se parecen tanto entre sí que uno no sabe muy bien si lo que se nos está contando ocurrió hace años o acaba de suceder. De todos modos se trata de un pequeño inconveniente que con un poco de esfuerzo por parte del lector puede superarse. Más difícil de soslayar es la perdida de verosimilitud que padece el relato. Los poderes fantásticos que adquieren algunos personajes, el recurso a la física cuántica como pretexto para amparar los fenómenos más inexplicables, todo ello va poco a poco socavando el crédito que Tompson ha logrado ganarse laboriosamente en la primera mitad. Por otro lado, el peso de la novela recae en exceso en su protagonista y se echa en falta unos personajes de más enjundia que pudieran darle la réplica.

            El libro no resuelve todos los enigmas planteados, y es que en estos tiempos de optimización de recursos, Thompson, al igual que hacen muchos de sus colegas de profesión, pretende sacar el máximo provecho del tiempo invertido en escribirlo. Estamos ante el primer libro de una trilogía o de aquello en lo que vaya a acabar convirtiéndose, algo que con toda seguridad alegrará la vida a muchos aficionados del género. De todos modos la trama principal de la novela queda suficientemente cerrada y puede leerse sin tener que esperar a futuras continuaciones.

            Rosalera, a pesar de algunos errores de mayor o menor importancia, es una novela muy entretenida, fresca, original a su manera, repleta de acción que sirve de excelente presentación a un autor con un gran futuro por delante.

viernes, 31 de mayo de 2019

"El uso de las armas” de Iain M. Banks

"El uso de las armas” de Iain M. Banks            El uso de las armas de Iain M. Banks es una peculiar amalgama de dos novelas. Una más intrascendente, llena de acción y algo de humor, que entraría de lleno en la space opera más desbocada, y otra más literaria, más intimista y alejada de la ciencia-ficción convencional. Se trata de una mezcla de elementos demasiado dispares que en principio parecen difíciles de conciliar y que a la postre Banks no logra armonizar.

            El protagonista de ambas partes es Cheradenine Zakalwe, una especie de agente secreto que trabaja para la Cultura, esa civilización altruista de un futuro lejano creada por Banks que se preocupa de que mundos más atrasados prosperen y puedan salir adelante. Como muchos sabrán Banks situó gran parte de sus novelas de ciencia-ficción en este grandioso escenario. Hasta ahora había leído las menos representativas de la serie: El jugador e Inversiones, y debo decir que desde mi punto de vista se trata de obras más maduras y mejor acabadas que ésta que nos ocupa. La trama “space operística” de El uso de las armas peca de anodina, carece de brillo y tarda demasiado en despegar. El propio autor no parece tomársela muy en serio y algunos de los episodios y artilugios parecen sacados de olvidadas series de ciencia-ficción de los años cincuenta. Sólo en alguna ocasión, como la fiesta de disfraces que se organiza en una de las naves espaciales, Banks da muestras de lo que es capaz su imaginación.

            La otra parte de la novela, claramente diferenciada mediante capítulos en cifras romanas,  está formada por breves retazos del pasado del protagonista, destellos de un ayer que se presiente traumático y que Banks intenta de manera paulatina hacernos sentir más que ver. El problema es que los saltos de una escena a otra se producen sin que el lector disponga de medios para saber el tiempo transcurrido entre ellas y de cómo se ha pasado de una a otra. Por ello algunos de los primeros capítulos resultan desconcertantes, a lo que contribuye en gran medida no saber qué objetivo tienen dentro de la narración. Banks echa literariamente hablando toda la carne en el asador, por desgracia sus  pasajes líricos, sus golpes dramáticos y su intensidad pierden gran parte de su gracia debido a una poco inspirada traducción. He leído otros libros de Banks, eso sí traducciones, pero siempre me ha parecido un autor que domina la técnica de la escritura, con una admirable capacidad para sumergirnos en su extraño y fascinante universo personal, y eso es algo que no he percibido en este libro.

            Los dos hilos narrativos divergen en el tiempo según avanzamos en la lectura. La trama, digamos más literaria, va hacia atrás mientras que la otra sigue su curso natural cerrando a su término el círculo. Sólo cuando llegamos a la revelación final comprendemos cuál es el objetivo de esta enrevesada estructura. Se trata de una interesante y excitante pirueta final que no logra hacernos olvidar las desalentadoras páginas que hemos padecido hasta entonces.

            Espero que esta reseña no espante a futuros lectores de Banks. La fábrica de avispas, Pasos sobre el cristal y El puente además de las novelas mencionadas al comienzo de esta reseña merecen ser leídas con prontitud si aún no lo han sido, por su originalidad, por salirse de lo convencional y por la enorme imaginación que despliegan. Mucho me temo que no serán fáciles de encontrar en las librerías. Es una lástima que en este mercado de premiadísimas y fulgurantes estrellas sólo tengan cabida las novedades y autores clásicos como Banks, Priest, el recién fallecido Wolfe, Le Guin, Farmer y muchos otros queden relegados al olvido. ¡Cuánta falta nos hace otra Minotauro!

miércoles, 8 de mayo de 2019

"Los reinos de Otrora” de Manuel Moyano

"Los reinos de Otrora” de Manuel Moyano            De vez en cuando se agradece tener la oportunidad de sumergirse en este tipo de lecturas, cuentos de toda la vida, relatos sencillos sin más aspiración que la de entretener y la de estimular nuestra imaginación. Y más aún si están tan bien editados e incluyen magníficas ilustraciones como sucede con Los reinos de Otrora de Manuel Moyano. El libro ha sido publicado por  Pez de Plata y el ilustrador es Jesús Montoia. El conjunto recuerda a esos libros de antes de que llegara la televisión.

            Disfruté mucho con  El imperio Yegorov, un libro muy original, muy moderno en la forma y bien escrito, que reseñé hace algún tiempo en este blog. Con Los reinos de Otrora el autor vuelve a demostrar sus buenas dotes como fabulador, aunque en esta ocasión no pretende impresionarnos mediante una estructura narrativa innovadora sino que recupera el arte tradicional de contar. Para ello Moyano se disfraza de trovador y emplea un castellano revestido de arcaísmos para contarnos las aventuras que viven un muchacho huérfano y su tío Nicodemo. Juntos recorren países con nombres fabulosos como Iramiel, Beirán, Isapán... y conocen reyes, granujas y malvados de todo tipo. El libro se compone de siete relatos en los que Moyano demuestra su gran imaginación sin traicionar la naturaleza de unos relatos que muy bien podían habernos contado nuestros abuelos: reyes que no logran engendrar un heredero, un pueblo de enanos irascibles, profecías que marcan el destino de reinos, un caballero antecedente del quijote, tesoros que no son lo que parecen.., en fin un entrañable despliegue de fantasía y de diversión.

            Poco más puede decirse de este libro que se lee como un suspiro y cuyo único defecto es el de ser demasiado breve. Nada mejor que leerse estos cuentos para volver a maravillarse como cuando éramos niños.