Blog ciencia-ficción

Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

Universo de pocos

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domingo, 29 de enero de 2017

"Futuros perdidos" de Lisa Tuttle

Futuros perdidos de Lisa Tutle            Por alguna extraña razón éste es uno de los libros que más me ha costado reseñar. No se trata de una novela con una estructura especialmente compleja y su lectura no entraña tampoco una gran dificultad. A decir verdad, Lisa Tuttle escribe bien y se hace entender sin problemas. La obra no es enrevesada ni tampoco es necesario tener grandes conocimientos de ciencia, en concreto de física cuántica (disciplina que se menciona durante más de una ocasión en la obra), para su comprensión. Supongo que debe ser por todos estos motivos, en definitiva porque no hay nada que destaque especialmente, por lo que me cuesta tanto realizar una reseña de esta novela, que, por cierto, fue nominada para el premio Arthur C. Clarke en el lejano 1993.
 
            Futuros perdidos es la historia de Clare Beckett una mujer que por elección propia lleva una vida rutinaria sin apenas sobresaltos hasta que una mañana se despierta al lado de alguien  al que apenas conoce. A partir de ese momento Clare comienza a recordar acontecimientos de  su vida que nunca han podido suceder. En su mente esos recuerdos aparentemente falsos se confunden con los verdaderos sin que a veces Clare pueda distinguirlos. A las pocas páginas descubrimos además que algo terrible ocurrió en el pasado cuando ella era todavía una adolescente, algo que la atormenta y desgarra por dentro, algo por lo que Clare sería capaz de hacer lo que fuera para que no se hubiera producido. Tan fuertes son esos deseos de modificar su pasado que sueña con vidas alternativas. Sin embargo, y para desgracia de Clare, no le es posible controlar esas vidas. En manos de otro escritor podría haber dado como resultado una obra enrevesada y confusa, pero Tuttle sabe controlar el material que tiene en sus manos sin artificios o extraños experimentos formales y sin perder en ningún momento el rumbo de lo que quiere contar.
 
            Todos en nuestra vida nos hemos preguntado alguna vez qué hubiera ocurrido si hubiéramos tomado una decisión diferente a la que en su día tomamos, y seguramente hemos especulado sobre ello y sobre los efectos que podría haber tenido en nuestra forma de ser. Nuestra vida está llena de decisiones importantes que han tenido consecuencias. ¿De qué manera  hubiera afectado a nuestro presente si hubiéramos elegido estudiar algo diferente? ¿Qué hubiera ocurrido si me hubiera atrevido a decirle a aquella compañera de clase que me gustaba? ¿Qué hubiera ocurrido si..? El tema es interesante y otras novelas, como Volver a empezar de Ken Grimwood o Las primeras quince vidas de Harry August de Claire North, lo han abordado de manera diferente. Tuttle se vale de ciertas hipótesis de la mecánica cuántica que aventuran la existencia de múltiples universos para darle una mayor verosimilitud a su historia. Si aceptamos esta conjetura, cada vez que tomamos una decisión escogemos de entre uno de los infinitos cursos posibles que podría seguir nuestra vida. En los años en que se publicó por primera vez este libro la idea era realmente original, pero últimamente incluir cualquier cosa que tenga que ver con la ecuación de Schrödinger y el colapso de la función de onda se ha puesto de moda por lo que Futuros perdidos ha perdido gran parte de su fascinación original.
 
            A la novela no le falta interés y Tuttle logra sacarle partido a un personaje corriente que lleva una vida sin demasiadas emociones gracias a los diversos mundos alternativos a los que la autora lo enfrenta. Una novela correcta que sin embargo, no ha logrado impresionarme excesivamente. Tal vez en esa corrección, en ese transitar por los caminos más lógicos esté el fallo de la novela, y es que Futuros perdidos, a pesar de todos su méritos, en ningún momento me llega a sorprender.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Cuento:"Luz"

A pesar del título Luz no es un relato especialmente luminoso, más bien todo lo contrario. Sin embargo, me ha parecido la mejor manera de acabar un año que para mí ha sido francamente sombrío. Espero que este año que viene sea mucho mejor para todos.

     

LUZ
por Carlos Morgenroth
  
Esperamos nuestro turno para entrar en el cuarto de luz. Rodeados por la oscuridad sólo nos oímos y tocamos. Nos vestimos de tinieblas. Nos alimentamos de negrura. Respiramos la noche. Podemos tocarla y tenemos que esforzarnos para movernos por ella. A veces parece resistirse y nos cuesta atravesar la sustancia de la que está hecha.
Y esperamos nuestro turno en la cola interminable. La espera es larga. Todo para un breve instante de luz. Será sólo un momento, un fugaz destello en toda nuestra vida. Luego volveremos a nuestra oscuridad perpetua. Respiraremos de nuevo las sombras, beberemos la misma helada tinta y cubriremos nuestros cuerpos ateridos de un manto de negritud. Volveremos a amarnos a ciegas. Moriremos.

domingo, 18 de diciembre de 2016

"El gigante enterrado" de Kazuo Ishiguro

El gigante enterrado de Kazuo Ishiguro            Cada novela de Ishiguro es un acontecimiento, por el tiempo que transcurre entre cada una de sus obras (han pasado diez años desde que publicara Nunca me abandones) y por tratarse de uno de los escritores británicos actuales más importantes. Ishiguro construye sus obras con la minuciosidad y delicadeza de un orfebre, cada adjetivo, cada palabra parecen escogidos cuidadosamente para crear en el lector el efecto o la emoción que el autor pretende. Cuando leo sus novelas muchas veces tengo la sensación de que algo importante se me escapa, de que entre sus palabras siempre queda una brizna inalcanzable, quizás en esa ambigüedad radique el secreto  de sus historias para calar hasta lo más hondo en el alma de sus lectores. Así me ha ocurrido desde que leí su primera novela Pálida luz en las colinas hasta Nunca me abandones, que era hasta hoy su última novela. Ambas son obras de temática muy diferente, la primera con una protagonista marcada por la tradición del Japón de los años cincuenta, un país que vive aún traumatizado por la reciente guerra mundial, y la segunda protagonizada por unos adolescentes que no se resignan a su sombrío final en un futuro cercano. Nunca me abandones fue la brillante incursión del autor en la ciencia-ficción, una obra magnífica que no me canso nunca de recomendar. Sin embargo, Ishiguro al igual que hacen otros autores reconocidos (como por ejemplo Margaret Atwood), se resiste a considerarla ciencia-ficción. Y eso que cada vez más escritores que no pertenecen al ámbito del género, entre ellos Philip Roth, Cormack McCarthy o Michael Chabbon, se han valido alguna vez de temáticas clásicas de la ciencia-ficción para narrar sus historias. ¡Qué le vamos a hacer! Se ve que dentro de la “gran literatura” aún no está bien visto etiquetar una novela como ciencia-ficción, aunque no haya lugar a dudas de que lo es. Si Flores para Algernon es ciencia-Ficción, ¿cómo no va a serlo Nunca me abandones? Asimismo, aunque su autor se resista a admitirlo, El gigante enterrado es una novela de fantasía.

            Lo primero que me llamó la atención de esta novela cuando comencé su lectura es la manera en que está narrada. En un primer momento me chocó por su ingenuidad y por su falta de modernidad, sobre todo al estar escrita por un autor que no se caracteriza precisamente por ser convencional. Como muestra, unas frases:
            “Pero regresemos a Axl y Beatrice. Como decía esta pareja de ancianos vivía en la zona más alejada de la red de madrigueras,...”
            “Acaso os resulte sorprendente lo poco que esa pareja conversaba mientras caminaba, ellos que tantas cosas tenían que decirse”
            En una entrevista Ishiguro declaró haber reescrito la novela por completo debido a que a su mujer no le había convencido el tono en que estaba relatada. Por lo tanto cabe suponer que la voz elegida para el narrador en su versión definitiva ha tenido que ser muy meditada por el autor.  Se trata de una voz de otro tiempo que me traslada a un remoto lugar de Inglaterra donde me imagino sentado al amor de la lumbre escuchando absorto a un anciano lugareño contarme este cuento. Porque al final El gigante enterrado no deja de ser un cuento tradicional, con caballeros, hechizos, ogros y dragones al que Ishiguro dota, eso sí, de su particular personalidad. Los protagonistas de esta aventura, en lugar de ser la habitual pareja de jóvenes enamorados con un esperanzador futuro por delante, son una pareja de ancianos que apenas recuerdan su pasado, un ayer en común que por alguna razón temen desvelar. En la novela de Ishiguro el mítico caballero de la tabla redonda Sir Gaiwan es un viejo algo desquiciado y quijotesco que apenas puede con su armadura. Y el dragón es un dragón que no da ningún miedo. Los personajes de El gigante enterrado no son desde luego como uno esperaría que fueran en una novela de caballería.

            Según mi parecer estamos ante una sorprendente y hermosa novela de fantasía muy recomendable con la que sin embargo Ishiguro no alcanza la perfección de su anterior novela. Esa acertada metáfora de lo que implica la vida, Nunca me abandones cala mucho más hondo que esta reflexión pesimista sobre la imposibilidad de perdonar. Según mi humilde opinión el mensaje que transmite El gigante enterrado queda demasiado manifiesto y a pesar del bello y ambiguo final, marca de la casa, desluce en parte su acabado. Aún así temo que Ishiguro tenga razón y que sólo un olvido generalizado de los horrores permitirá que alguna vez vivamos en paz. Así que busquemos un dragón cuanto antes.

domingo, 27 de noviembre de 2016

"Apocalipsis suave" de Will McIntosh

Apocalipsis suave de Will McIntosh            Conocía a Will McIntosh por su relato Frigonovia publicado en España en la antología editada por Mariano Villarreal A la deriva en el mar de las lluvias y otros relatos, ya reseñada en este blog. Un relato con una idea muy original a la que el autor no logra sacar todo el partido,  aún así con el suficiente interés como para querer leer algo más de este autor neoyorquino. La oportunidad ha llegado con esta obra publicada por Gigamesh, una editorial que con el derrumbe de la Factoría de Ideas parece haber salido de su estado de semi letargo lanzando en unos pocos meses más libros que en el último lustro. El título Apocalipsis suave no deja lugar a dudas de que se trata de una novela apocalíptica, la única diferencia con respecto a otras obras, y que llamó mi atención, es que en este caso la causa no se debe a un cataclismo, la Tierra no colisiona contra un asteroide, ni se desata una guerra atómica, ni tampoco se propaga un virus mortal, la causa es más compleja y actúa mucho más lentamente, aunque con la misma crueldad. La originalidad de McIntosh consiste en imaginar un futuro en el que la crisis económica mundial  ha terminado por enquistarse sin que los diferentes gobiernos puedan ponerle remedio. Las consecuencias sobre la población con menos recursos se van agravando paulatinamente y con los años terminan por afectar a todos, de ahí el título: Apocalipsis Suave. Una idea que a priori parece interesante.
 
            La novela me ha gustado y no me ha gustado. Esta contradicción totalmente incomprensible ha confirmado algo que me venía inquietando desde hace algún tiempo, que no soy una persona única y monolítica, que al igual que España es una nación de naciones, yo soy una persona de personas.
 
            La parte de mí, digamos que la más emocional y menos reflexiva, ha disfrutado sin ningún pudor con esta breve novela situada en un desolador futuro próximo. Y es que a mi yo de corazón impresionable le resulta muy fácil dejarse llevar por la prosa diáfana de McIntosh y sumergirse en las peripecias de su protagonista, Jasper, sufriendo cada desengaño, cada padecimiento y cada pérdida con la misma intensidad que el propio protagonista. Sin embargo, a este yo sensiblero y blandengue aún le queda la suficiente capacidad de raciocinio como para reconocer que Jasper es inmaduro y pueril. Aún y todo, se hace querer y está lleno de buenos sentimientos. Además, según la opinión de este yo, la novela está llena de acción y no aburre en ningún momento, con un final que, aunque esperado en este tipo de novelas, le resulta sobrecogedor y le arranca más de un lágrima.
 
            Mi lado más racional está en completo desacuerdo.  A éste la premisa inicial del relato de contar lo que podría suceder en el mundo en caso de continuar la crisis le parece interesante, pero cree que el autor termina por traicionarla. De esta manera la historia acaba convirtiéndose en una novela apocalíptica más, con las habituales bandas de asaltantes, robos en supermercados, virus letales y gente capaz de hacer lo que sea, por terrible que pueda parecer, con tal de sobrevivir. Mi lado más cerebral, y por lo tanto más cenizo, es incapaz de disculpar el cúmulo de casualidades en las que se apoya la trama. Jasper parece tener el don, no sé si afortunado, de congregar a todas sus ex, y es que llegando al final de la novela, en uno de los momentos de mayor tensión, todas terminan a su lado. Sin embargo, este otro y frío yo no es del todo inmune a las emociones y reconoce que el autor, a pesar de la poca verosimilitud de la situación, sabe manejarla con solvencia y logra momentos de intenso dramatismo.
 
            Dentro de mí surgen más voces que no quieren ser menos y que también desean ser escuchadas en este blog. Voces a favor y en contra. Una, de sesgo ecologista, apoya las advertencias contra los desastres ambientales, por el contrario a otra voz le parece inverosímil y simplista todo lo que tiene que ver con el bambú modificado. Otro yo con aspiraciones literarias se burla del estilo ingenuo con el que la obra está escrita. Son muchas voces... No puedo seguir, antes he de poner orden a este lío y detener tanto afán de protagonismo. Tal vez un virus como los que proliferan en esta novela acabe con esta esquizofrenia y logre un reseñador más ecuánime. Tendréis que esperar a la próxima reseña para averiguarlo.

martes, 15 de noviembre de 2016

"El problema de los tres cuerpos" de Cixin Liu

El problema de los tres cuerpos de Cixin Liu
            Por varios motivos El problema de los tres cuerpos era una de las novelas más esperadas del 2016. Había sido muy elogiada el año pasado en muchos blogs tras ser traducida al inglés. No es frecuente encontrar literatura china en las librerías y menos aún novelas de ciencia-ficción, supongo que esta peculiaridad o rareza ha acrecentado la curiosidad de muchos aficionados que como yo estamos siempre a la caza de algo distinto. Además el año pasado ganó el premio Hugo a la mejor novela, siendo la primera vez que una obra escrita en un idioma diferente al inglés lo obtiene. Antes de seguir comentando la novela de Cixin Liu no puedo resistirme a hablar de los premios Hugo.

            En los últimos años se han producido muchas polémicas en su concesión, pero desde que comenzaron a otorgárselos a Lois McMaster Bujold por cualquier novela de la serie de Miles Vorkosigan que publicara o ya cuando en el 2001 consideraron que una novela de Harry Potter  merecía el premio le perdí por completo el respeto. Después del enorme esfuerzo de muchos autores para que la ciencia ficción dejara de considerarse un género infantil y fuera tratada con respeto resulta que le conceden el premio más importante del gremio a una obra escrita para niños. No tengo nada en contra de las novelas de Harry Potter, y seguro que se merecen muchos premios (Rowling ha ganado incluso el Príncipe de Asturias), pero premios para novelas infantiles o juveniles.

            Lo siento, sé que no viene a cuento y que Cixin Liu no tiene la culpa pero necesitaba desahogarme. El problema de los tres cuerpos es una novela bastante curiosa. La historia se inicia durante la revolución cultural China con el juicio a un profesor de física de la universidad de Tsinghua en Pekín por unos fanáticos alumnos suyos que le acusan de enseñar teorías reaccionarias como el Bing Bang o la relatividad de Einstein. Más adelante Liu nos traslada al presente en el que científicos de diferentes nacionalidades, miembros de la organización Fronteras de la ciencia, han ido suicidándose en muy poco tiempo sin que se conozca la razón. A parte de esto, unos extraños fenómenos ópticos parecen afectar a un investigador de nanomateriales llamado Wang Miao al que el ejército quiere captar para que le ayude a desentrañar el misterio de los suicidios. Wang Miao es precisamente el protagonista de la novela,  un joven curioso al que, a pesar de todos estos inconvenientes, aún le quedan ganas de sumergirse en un juego de realidad virtual llamado “Tres cuerpos”, que se desarrolla en un mundo con tres soles y cuya trayectoria parece imposible predecir. Liu se las arregla para darle a todo este embrollo sentido y de paso entretenernos. Uno nunca sabe con qué va a sorprendernos el bueno de Liu y esto hace que el libro se lea en un santiamén. La escritura de Liu es clara y sencilla y no se demora en lo superfluo aunque de vez en cuando nos asombra con unos arranques líricos que pueden chocar a un occidental:
            ”La joven guardia y su bandera se precipitaron al vacío, la primera casi más despacio que aquel paño rojo, como si se tratara de un pájaro enamorado del cielo que se niega a abandonarlo”

            Cixin Liu no se molesta en describirnos con excesivo detalle los personajes ni los escenarios, pero gracias a su imaginación logra que esto carezca de importancia como sucedía en muchas de las novelas de la ciencia-ficción más clásica. No se trata de una novela de personajes ni pretende serlo como tampoco quiere deslumbrarnos con su estilo literario. El problema de los tres cuerpos es una obra de entretenimiento sin más pretensiones. Por desgracia no logra mantener el mismo interés durante toda la historia y en su última parte decae ligeramente.

            Liu no carece de humor y hay varios momentos muy divertidos. En particular los capítulos que se suceden en el mundo del juego “Tres cuerpos”, contados a la manera de una fábula en la que hubiera que resolver un problema de lógica, me han hecho pasar muy buenos momentos. Es un libro en el que se habla sobre todo de física y que gustará a los que se interesen por la ciencia aunque creo que no hacen falta grandes conocimientos para poder disfrutarlo. Un libro muy ameno con la pega de que se trata del primero de una trilogía y de que termina de manera abrupta dejándonos con la incógnita de qué pasará.

            En otro orden de cosas me llama la atención que en la portada del libro no se destaque que haya ganado el premio Hugo. ¿Y qué ha ocurrido con los controvertidos prólogos de Miguel Barceló? Ya en Luna de Ian McDonald se prescindió de su habitual presentación.

jueves, 27 de octubre de 2016

"Los muertos" de Jorge Carrión

Los muertos de Jorge Carrión            Cualquier experimento ya sea literario, meta-literario, meta-televisivo o de química inorgánica entraña un riesgo. Recuerdo mis primeras mezcolanzas realizadas con los compuestos del quimicefa que me regalaron unas navidades. A mis doce años lo que perseguía con insensata pasión eran violentas explosiones o espectaculares llamaradas. Antes de abrir el cuaderno de  prácticas que incluía la caja ya me había puesto manos a la obra y vertido en un tubo de ensayo varias sustancias que me habían llamado la atención: unos cristales de sulfato de cobre, de un azul intenso que desde el principio me habían fascinado, y azufre de un amarillo tóxico que prometía grandes peligros. Algo similar ha querido hacer Jorge Carrión con su novela Los muertos. Los reactivos en este caso son los personajes, extraídos tanto de sus series de televisión favoritas como de algunas películas que le han complacido especialmente. El autor se ha dado el gustazo enorme de reunirlos a todos en esta novela. Sin embargo, ni Tony Soprano, ni los personajes de Perdidos ni los de Blade Runner han logrado que al final del experimento mis pupilas se iluminen gracias a llamaradas espectaculares ni que tenga que temer por mis oídos debido a explosiones atronadoras. Si a los doce años yo hubiera dominado mi impaciencia y me hubiera leído el cuaderno de prácticas de quimicefa seguramente tampoco habría visto esas maravillas, pero al menos habría aprendido alguna lección de química. Tras la lectura de Los muertos no me queda ni ese consuelo. La realidad es que no he logrado sacar nada en claro.
 
            He de reconocer que el experimento, novela, teleserie, o lo que sea esto tiene un comienzo fulgurante e irresistible que engancha. Alguien de repente se materializa en medio de la calle, desnudo, sin memoria, sin saber quién es, luego lo golpean violentamente hasta que es rescatado por otro desconocido. Más adelante descubrimos que estas apariciones espontaneas de personas se repiten en diferentes lugares de la ciudad. La trama se va complicando y poco a poco relacionamos a estos aparecidos con personajes de series de tv fallecidos. Sólo unos individuos a los que se llama adivinos son capaces de identificar a estos aparecidos a cambio de dinero.  Todo esto se narra con frases muy cortas en las que predomina la acción. Carrión además juega al desconcierto dejando que muchas escenas queden indefinidas. Tanto es así, que a veces tengo la impresión de estar leyendo un borrador, o un esbozo en lugar de una obra acabada. Para crear aún más confusión el autor nos traslada de una acción a otra sin apenas transición, con un simple punto y aparte. No debemos olvidarnos que estamos ante un experimento literario, así que no hay motivo para sorprenderse, lo extraño sería que estuviera narrado de una manera convencional. No obstante, la primera parte del libro se lee con cierto interés. Eso sí, según avanzamos en el libro la sospecha de que no va a haber nada más, de que todo va a ser un “bluff” va creciendo al mismo ritmo que nuestro desinterés.
 
            El mismo Carrión parece darse cuenta de que el relato es poca cosa, de que necesita añadir algo más para que no sea un simple divertimiento con sus personajes favoritos y decide incluir un ensayo ficticio al término de la primera parte. El problema es que el auto-estudio sobre los personajes de ficción me resulta tan interesante como las disquisiciones sobre el sexo de los ángeles. A continuación ocho episodios más en ese mundo de personajes ficticios resucitados. La confusión aumenta todavía más en esta segunda parte, porque descubrimos que existe más de una versión de cada personaje. Finalmente el libro termina con un nuevo ensayo que le permite al autor explayarse una vez más sobre las series de tv (Carrión es una eminencia en el tema).
 
            En cualquier caso, si eres una de esas personas a las que por encima de todo les gusta experimentar y descubrir cosas nuevas, mi consejo es que en lugar de devanarte los sesos con Los muertos desempolves tu vieja caja de quimicefa y te arriesgues a atufar toda la casa con horrendos efluvios. ¿Que nunca has tenido una quimicefa? Pues entonces, puestos a experimentar, hazte con un ejemplar de Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino y disfruta.

domingo, 16 de octubre de 2016

"Luna. Luna nueva" de Ian McDonald

Luna nueva de Ian McDonald            Resulta que me compré este libro cuando tenía todas las papeletas para tirarlo por la ventana. Es el primero de una trilogía, serie o lo que vaya a convertirse, porque estas cosas nunca se sabe en qué derivan. Las primeras páginas consisten en un mapa de la cara visible de la luna y en el dramatis personae, una clara advertencia de la ardua tarea que nos espera. Como remate final, y como no podía ser de otra manera, nos obsequian con un glosario. No hay mayor placer que saltar página atrás y página adelante para buscar palabras desconocidas. Se trata de un glosario como en las novelas tipo Dune, o cualquier serie de fantasía de esas que llenan las librerías. Por si esto no fuera suficiente para defenestrar el libro, en muchas reseñas lo comparan (juro que lo indican como algo positivo) con viejas series de tv tipo Dallas o Falcon Crest.
 
            Buena manera de comenzar una novela con todos estos prejuicios. Y con razón me diréis, ¿por qué narices lo compraste entonces? Buena pregunta. A la que intentaré responder sin enrollarme demasiado. Desde hace algún tiempo tenía interés por leer algo del autor de El río de dioses (libro descatalogado desde hace tiempo), además Luna nueva se ha convertido en uno de los libros más importantes del año: ha optado al British Science Fiction Awards y al John W. Campbell Memorial Award (aunque finalmente no ha ganado ninguno), y yo me debo a mi blog por reducido que sea. Así que, básicamente lo he hecho por vosotros, mis queridos lectores.
 
            Dicho esto he de admitir que me lo he pasado moderadamente bien leyendo esta historia, que me ha recordado a algunas viejas películas del oeste; esas con rancias familias muy numerosas enfrentadas entre sí, encabezadas por tercos patriarcas o tenaces matriarcas rivales que se odian a muerte. Líderes que en el ocaso de sus vidas quieren legar toda su fortuna y su poder a sus hijos de la manera más justa, pero sin que su emporio se resienta. Supongo que de ahí vienen las comparaciones con series como Dinastía. Luna nueva lo tiene todo. Sospecho que McDonald lo ha hecho con toda intención escogiendo los ingredientes más efectistas para crear un Best-Seller: hermanos enfrentados por el poder, hijos malcriados, personajes heroicos, juicios por combates, matrimonios fracasados, malos malísimos, traiciones, bodas concertadas, un entorno inhóspito y mucho sexo además de variado. Y le ha salido bien (tan bien que lo van a convertir en serie de tv).  Contada con muy buen ritmo sobre todo en su último tercio, cuando los personajes resultan reconocibles y cercanos y ya no es necesario consultar el listado del principio, McDonald nos empuja hacía un vibrante final lleno de tensión que nos deja con ganas de más.
 
            Desde luego, no es el tipo de novela que yo suela leer. En general, las intrigas familiares y de poder me aburren bastante, sin embargo reconozco el mérito del autor al lograr atrapar a un lector receloso y escéptico como yo con su escritura. Aún así, desde mi punto de vista, la novela tiene varios defectos. McDonald sacrifica en aras de un mayor dinamismo una descripción más diáfana y menos impresionista del escenario, con la importancia que tiene en una novela como ésta. Las ciudades de la luna con sus “prospekt” y sus “quadra” quedan bastante desdibujadas y en más de una ocasión me ha sido imposible visualizar los hechos que se me contaban. Tampoco resulta de mi agrado el folclorismo (he tachado de pacotilla), en este caso brasileño, con el que el autor nos atosiga durante todo el libro con la pretensión de enriquecer su relato. Al parecer McDonald tiene cierta querencia por las culturas exóticas, su libro El río de los dioses se sitúa en la india y ya os podéis imaginar dónde se desarrolla Brasyl. No le encuentro mucho sentido a colocar un “paizinho”, una “madrinha”, una “senhora” o un “mamae” de vez en cuando en medio del texto sobre todo si están hablando entre ellos en portugués. Una corporación, la LDC,  cobra a todos los habitantes de la luna por el aire que respiran, y todos los residentes permanentes llevan un implante (el resto lleva unas lentillas) que les permite saber lo que han consumido, pero en ningún momento del libro se explica cómo impiden que la gente continúe inhalando oxígeno en caso de no poder pagarlo.
 
            En resumen, un libro un poco lioso por la gran cantidad de personajes que lo integran, pero que una vez superados los dos primeros capítulos (por cierto bastante extensos) resulta entretenido y en alguna ocasión hasta consigue deslumbrarnos. El hecho de que en la luna en lugar de derecho penal exista un derecho contractual da mucho juego para una trama de este tipo. La labor de los jueces consiste en establecer si los demandados han cumplido el contrato firmado previamente por ambas partes. De modo que en este mundo creado por McDonald lo que impera es el negocio y no la justicia. No me gustaría vivir en un mundo así, aunque imaginarlo resulte enormemente atractivo.